Obama y el Asedio del Estado Imperial. Vientos de guerra del Por-Venir / Miguel Ángel Contreras Natera

Obama

Las bases del imperialismo estadounidense se establecen en el marco de la Segunda Posguerra con los lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki que marcaron el inicio del dominio militar global. La Declaración de Panamá en 1939 establece los cimientos de una extensión ilimitada marítima y terrestre del imperialismo estadounidense, al incorporar una visión abstracta del concepto de hemisferio Occidental. Simultáneamente, esta concepción del espacio vital logra ampliar los alcances programáticos de la Doctrina Monroe en el continente. En el contexto de la Pos Guerra Fría -con el celebrado Fin de la Historia de Francis Fukuyama- se inicia una ofensiva continental con el propósito de sentar las bases político-institucionales del credo neoliberal mediante el Consenso de Washington. La Iniciativa para las Américas realizada por George Bush en el año de 1991 se inscribe dentro del conjunto de readecuaciones regionales para construir los soportes institucionales de la financiarización de la economía. El ALCA en tanto ampliación de los alcances de esta iniciativa suponía la creación de un mercado hemisférico que implicaba contener el crecimiento de las economías del sudeste asiático. El fracaso político-comercial del ALCA en la Cumbre de Mar de Plata en 2005 puede interpretarse como un punto de inflexión fundamental en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina y el Caribe. Las alianzas programáticas entre los gobiernos de Hugo Chávez, Lula Da Silva y Néstor Kirchner lograron configurar un bloque histórico de amplias resonancias regionales en la dirección de una concepción pos-neoliberal. Pero, sobre todo, en tanto facticidad histórica significó la derrota global de la política de la Doctrina Monroe en la región.

Posteriormente, el presidente George W. Bush intenta reestructurar el fracaso del ALCA con la firma de tratados comerciales bilaterales con gobiernos inscritos en la lógica neoliberal. Está última iniciativa de dominación de espectro completo permite la creación del Tratado del Pacífico Norte como un pivote central del institucionalismo estratégico estadounidense en contra de la profunda influencia comercial y política de China. Conjuntamente con el Tratado del Atlántico Norte, el Plan Puebla Panamá y el Plan Colombia se rediseña la arquitectura militar y económica del Neoliberalismo Disciplinario Global. En la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, el presidente Barak Obama delinea y profundiza los elementos centrales de su estrategia hacia la región. Con un lenguaje sencillo y amable, hipócritamente moderado, virtuosamente lleno de lugares comunes interpela a la región con su llamado a no discutir el pasado sino pensar el futuro. Prometiendo, en ese mismo lugar, impulsar la relación entre Estados Unidos y Cuba en una nueva dirección. En este sentido, se inicia un proceso de readecuación geopolítica de los poderes fácticos estadounidense a los procesos cambiantes en América Latina y el Caribe en el contexto de la emergente crisis financiera global de 2008 (quiebra de Lehman Brothers). Una estrategia que fusiona acciones políticas e institucionales en tres ámbitos diferenciados entre sí. Primero, la ampliación de los alcances de los regímenes legales transnacionales aumentando la influencia performativa del Tesoro y la Reserva Federal de los Estados Unidos en la construcción de una nueva arquitectura financiera global. Segundo, el uso de la diplomacia por coerción que establece nuevas formas de intervención imperial ancladas en la ficción liberal de separación de poderes. Entre los casos emblemáticos tenemos los golpes de Estado a Manuel Zelaya en Honduras y Fernando Lugo en Paraguay. Incluyendo el acecho mediático constante hacia Brasil y Venezuela. Por último, una cimentada estrategia comunicacional contra las experiencias políticas que le disputaron el liderazgo regional. Principalmente, para contener el alcance geopolítico de nuevos ordenamientos institucionales propuestos por el presidente Hugo Chávez como líder regional y global. Varias serían las interrogantes a dilucidar en esta dirección ¿Cuál es son los conflictos latentes y manifiestos entre los Estados Unidos y América Latina? ¿Es posible pensar alternativas regionales en el contexto del recrudecimiento de la actuación imperial estadounidense?

En su reciente viaje por Cuba y Argentina el presidente Barack Obama amplía los alcances de la estrategia de dominación de espectro completo en la región. Dos aspectos resultan medulares: el primero, se refiere a la integración y ampliación de la globalización neoliberal hacia Cuba y Argentina con la política del olvido del pasado en cuanto reinscripción de las intervenciones imperialistas estadounidense en América Latina. La segunda es la sistemática campaña de Restauración Neoliberal que tiene como objetivo central borrar material y simbólicamente cualquier alternativa anticapitalista, antiimperialista y socialista en la región. La nostálgica restauración neoliberal supone revivir los conceptos de mercado, sistema de precios, inflación y autonomía del Banco Central en clave neoclásica soslayando el contexto de la crisis global. Crisis que incluye la guerra de divisas, la recesión y la deflación de las economías industrializadas en un contexto de intensificación de la acumulación por desposesión. La causa estructural de la crisis financiera se convierte en recomendación de política económica con el retorno de la fraseología neoliberal. Los pliegues de la estrategia de dominación espectro completo supone la diseminación de bases militares, la privatización de los recursos naturales y la intervención política en el marco de la profundización de los desplazamientos de los procesos de acumulación globales hacia el sudeste asiático. El escenario regional es simultáneamente un escenario global en tanto los Estados Unidos en cuanto Estado Imperial precisa clausurar el conjunto de relaciones económicas, políticas y militares que se han fortalecido entre China y América Latina, entre Rusia y América Latina. Los recientes fracasos en Ucrania y Siria del Estado Imperial estadounidense en su política del Gran Oriente Medio apuntan a un rediseño estratégico de los conflictos regionales. Rediseño que incluye el uso de armas atómicas de alcance medio. Cuestión esta última que supone un cuestionamiento a los Tratados de Proliferación de Armas Nucleares firmados desde la década de los setenta por las dos potencias mundiales y ratificados en el 2009 por el presidente Barack Obama. La crisis global que es simultáneamente política, económica y civilizacional confronta en un campo de fuerzas al neoliberalismo disciplinario con el conjunto multiforme de alternativas sistémicas que se han expandido en el siglo XXI. Por tanto, el Estado Imperial necesita debilitar los procesos regionales autárquicos que disputen en términos contra-hegemónicos la globalización neoliberal. La facticidad histórica nos indica que se avecinan vientos de guerra entre la barbarie capitalista y proyectos políticos de inspiración contra-hegemónica que vislumbran un conflicto global.

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