La derecha y el culto al golpe parlamentario

golpe

Por: Victoria Alzur

Uno a uno, los diputados de la derecha brasileña pasan por el púlpito del Congreso Nacional de Brasil, profesando una liturgia expiatoria de un golpe parlamentario en curso contra la presidenta Dilma Rousseff. La fe no se cuestiona, los golpes de Estado tampoco. Golpe es golpe, grita el pueblo en la calle.

El culto a los golpes de Estado en América Latina es de vieja data. Pero la modalidad de desestabilización desde los parlamentos es más reciente. Ocurrió en Paraguay en 2012, cuando en un proceso relámpago, el Congreso de ese país sacó a Fernando Lugo del Poder Ejecutivo. Actualmente, en Venezuela  toman cada vez más fuerza las acciones que desde la Asamblea Nacional se articulan para atacar la gobernabilidad y desestabilizar la democracia presidencialista, vigente de acuerdo a lo que aprobó el pueblo hace 17 años en su Constitución Bolivariana.

El pecado, al menos por el cual se pretende juzgar a Rousseff este domingo -todavía por definir si será de resurrección- es la supuesta incursión en manejo irregular de cuentas públicas por parte del Ejecutivo. Hasta ahora, es solo presunción de culpabilidad. El crimen de responsabilidad es el pecado original. No ha sido comprobado, ningún delito ha sido probado, las pruebas también son inexistentes.

Ver para creer, dijo Tomás el Santo, pero la fe en el golpe -como forma de ascensión al poder de la derecha- viene captando feligreses entre los sectores más reaccionarios de América Latina.

Pareciera traspié político, paradójicamente, los parlamentarios imbuidos en el fervor van olvidando en sus discursos el argumento sobre el cual se basa el proceso de impeachment.  Entonces, la separación de la presidenta de su cargo, legítimamente obtenido en elecciones populares, ya no es la presunción de corrupción, el impeachment -y su poderosa fuerza omnipotente- resolverá desde la crisis del sistema político, el desempleo, la unión de los brasileños, y hasta los problemas maritales. Aleluya! vociferan los detractores de Dilma.

“Por el futuro de nuestros niños y nuestros hijos, digamos sí al impeachment”, dijo un diputado. Otro grupo responde en coro poco celestial: “Fuera Dilma, fuera PT”.

El impeachment es algo así como el retorno de Jesús entre los hombres, de la mano del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) su principal heredero –aliado del gobierno hasta hace algunos días y que ostenta en la actualidad la presidencia de la Cámara baja y alta del Congreso, además de la Vicepresidencia de la República de Brasil-, cuya actuación ha sido a imagen y semejanza de aquel Judas, el traidor.

Cabría citar alguna una parábola pero como la voz del pueblo es la voz del Dios: “Impeachment, sin crimen de responsabilidad, es golpe”.

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