Editorial: Los bachaqueros, ese malestar

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¿Solucionará el combate contra los bachaqueros la situación económica que atravesamos? No realmente, pues los bachaqueros son síntoma más que causa de la misma. Sin embargo, ese no es motivo suficiente para no hacerlo.

Y es que así como la fiebre nunca es causa sino síntoma de algún otro problema que es necesario remediar para eliminarla, suele pasar que si se complica es necesario atacarla para que no cause daños mayores. O simplemente para reducir el nivel de malestar de quien la padece, lo cual no es poco.

A este respecto, desde el punto estrictamente económico, es decir, sin meternos en las igualmente poderosas razones de orden público y seguridad interna que justifican hacerlo, el bachaquerismo –incluyendo el “formal” practicado por comerciantes formales sin lo cual el informal sería imposible- debe combatirse porque sumado a las compras preventivas que realiza la gente (el fenómeno de comprar más de lo normal cuando aparecen los productos o lo hacen a precio regulado, que es el único mecanismo que la gente tiene de protegerse anticipándose al desabastecimiento y la especulación), hace virtualmente imposible la normalización de los ritmos de reposición.

Es decir, por más esfuerzo que se haga subiendo la producción o importando, que ya es un tema dada la restricción externa de divisas, si cuando llegan los productos a los anaqueles los bachaqueros se lo llevan prácticamente todo, no se está logrando mucho. Y como por línea general los productos objeto de bachaqueo son de primera necesidad y demanda inelástica (es decir, las personas  igual tienen que comprarlos pues los necesitan, que es el caso de alimentos y medicinas), está visto que no es por la vía de subir el precio que se desestimula esta práctica.

Y es que uno puede dejar de comprar zapatos o pantalones, si el caso es que no lo encuentra o los encuentra a los precios exóticos con que se encuentran hoy. Pero no puede hacer lo mismo con los pañales, harinas, pastillas para la tensión, toallas sanitarias, etc. Y esto lo saben los bachaqueros y quienes los organizan y promueven. Las personas les compran los productos no porque haya insensibilidad a los precios, en el sentido que no les importe cuánto pagan. Lo hacen porque están obligados a hacerlo, pues normalmente no los encuentran dado que, precisamente, cuando llegan a los establecimientos los bachaqueros ya han pasado por ellos.

Y lo hacen al costo de sacrificar el consumo de otras cosas de las cuales si pueden prescindir. O endeudándose, lo que suele ser peor.

Pero también desde el punto de vista económico los bachaqueros causan otro trío de problemas no menores. El primero es que al volcarse el comercio formal a la informalidad bachaquera, necesariamente la evasión fiscal aumenta y por tanto los problemas presupuestarios del Estado. El segundo, es que si como venimos diciendo la gente se ve forzada cada vez más a comprar lo estrictamente necesario en alimentos y medicinas dados los precios especulativos que ayudan a marcar, no hay economía que se recupere siendo entonces que la recesión será cada vez mayor. Por poner un par de ejemplos: la parte de la población que en este momento puede comprar muebles es realmente muy pequeña, lo que significa que el motor forestal muy difícilmente podrá arrancar pues no tiene mercado que lo permita. Es lo mismo que viene ocurriendo en el sector turismo: si sumado a que por regla general la gente solo vacaciona si genera el excedente suficiente para ello, lo cual cada vez es más complicado dado el aumento de los gastos en alimentos, medicinas y demás bienes y servicios inelásticos (como el mantenimiento de los vehículos), se da la tendencia a dolarizar los precios de los hoteles y servicios turísticos, entonces nadie irá de vacaciones y por tanto el motor turístico no prenderá. Y así sucesivamente.

El tercer problema ya debería resultar obvio a estas alturas: y es que no hay economía productiva que pueda frente a los incentivos que da la especulativa. La economía especulativa, que funciona de hecho como una para-economía en el mismo sentido que se habla de para-militarismo o para-policías, actúa como una suerte de agujero negro que absorbe todas las fuerzas, energías, recursos y ganas de la sociedad que pudieran ponerse al servicio de la producción.

Veámoslo así: en condiciones normales, en sociedades como las nuestras donde el modelo económico predominante históricamente impone como patrón la ganancia individual, rápida y con el menor esfuerzo posible, lo más probable es que las personas prefieran vender tomates antes que sembrarlos. Todos sabemos que la agricultura es una actividad social y humanamente necesaria, seguramente la más necesaria de todas. Pero desde el punto de vista económico no resulta tan estimulante, pues su riesgo es alto, la ganancia que genera es de mediano o largo plazo y por media general no muy elevada. Ahora bien, si esto que ocurre en condiciones normales lo pensamos a la escala hiperespeculativa actual, donde el que vende el tomate le saca con menos esfuerzos mil veces más ganancias que el productor de los mismos, terminamos entendiendo muchas cosas. Pero además, concluyendo que mientras exista ese incentivo perverso, será una actividad poco menos que heroica movilizar a las masas para producir.

Y el incentivo perverso no es, valga aclarar, que los precios fijados por el Estado generen un diferencial con respecto a los precios “reales” del mercado, como demuestra Pasqualina Curcio en un trabajo publicado en este mismo espacio. El incentivo perverso es esa para-economía parásita propia del tipo de capitalismo venezolano montado sobre la práctica de intermediar entre los consumidores y los productos, intermediación que en su degeneración bachaquera actual se funda en la intimidación, el malandreo, la coacción y usura, todos delitos tipificados en las leyes venezolanas y violatorias de todo tipo de derechos: a la vida, a la salud, a la alimentación, a la educación y pare usted de contar. El famoso diferencial de precios es efecto y no causa de la especulación.

1 Comentario en Editorial: Los bachaqueros, ese malestar

  1. por que no se abren todos los contenedores en los puertos y se muestran al publico sus dueños y verdaderos inversionistas y no firmas jurídicas esos son los verdaderos testa ferros y padres de este caos económico

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