Los ingresos y la inflación. Análisis histórico en Venezuela

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Por José Gregorio Piña T.

Esta breve nota pretende ser continuación, y un poco una respuesta, al artículo de Luis Salas Rodríguez, publicado en este mismo portal web (15yultimo.com), titulado “¿Quién fue primero: el aumento salarial o el de los precios? Adam Smith te tiene la respuesta” [1]

En principio, debemos precisar una vez más que, desde el punto de vista de quien depende del ingreso por su trabajo, lo importante no es tanto el alza nominal de los precios, sino la capacidad adquisitiva que mantenga, lo que se denomina el Poder Adquisitivo Real.

En efecto, ya escribimos en junio de 2014 [2] que la inflación es simplemente la expresión de la capacidad de los actores económicos para fijar a su mejor conveniencia los precios de bienes y servicios y, en ausencia de factores de control, elevarán dichos precios tanto como les sea económicamente favorable; o como bien expresó Juan F. Noyola: «la inflación no es sino un aspecto particular de un fenómeno mucho más general de la lucha de clases».

En términos concretos, la formación de los precios de bienes y servicios es tan sólo la expresión monetaria de relaciones sociales de producción, en las cuales los distintos actores económicos, antagónicos o no, imponen hasta donde pueden su respectiva capacidad frente a la del resto, para maximizar su ganancia, conforme al tamaño e influencia de los medios de producción que poseen, con el único límite de que actores económicos o políticos contrarios los contrarresten; conforme el respectivo Estado, como factor regulador, se incline hacia distintos sectores según sean los intereses a los cuales obedezca.

En el contexto generalizado de los mercados, el factor Trabajo, la mano de obra, pasa a ser también una mercancía y, por lo tanto está igualmente sujeta a que los actores económicos le fijen un precio, el cual, de manera similar a los bienes y servicios, dependerá de la correlación de fuerzas actuantes en el mercado. Ese precio es llamado genéricamente “salario”.

Así las cosas, la inflación puede tomar dos vertientes; una, la promocionada y oficializada, el alza de precios de bienes y servicios que mide indirectamente el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en cada país; y otra forma, insidiosa, intencionalmente ocultada, que consiste en disminuir el precio del factor Trabajo, disminuir los salarios.

Y eso es precisamente lo que ocurre en los EUA. Muy recientemente fue publicado un nuevo informe del Instituto de Políticas Económicas, con sede en los EUA, donde una vez más se evidencia esa realidad: la inflación encubierta por la depauperación acelerada de los salarios.

En efecto, según el estudio en los últimos 35 años hasta hoy, los salarios del 80% de los trabajadores y trabajadoras en los EUA, a pesar de la creciente productividad de toda la economía (que revela una mayor acumulación de plusvalía), se han estancado o disminuido desde 1979, y esa situación de los salarios se extiende incluso a aquellos que tienen un título universitario.

Por otra parte, el desempleo en EUA en la última década se ha duplicado hasta rozar el 10% total, y según la Administración de la Seguridad Social (USA SSA, por sus siglas en inglés) casi el 40% (61 millones de asalariados) percibe a la fecha menos del Nivel Oficial Promedio Nacional de Pobreza; mayormente porque un creciente número de personas sólo tiene empleos temporarios por pocas horas diarias.

En el mismo lapso de 35 años, la inflación en los EUA, aunque “técnicamente” baja, ha acumulado un crecimiento del IPC de 232,7%. El resultado global es que los ingresos medios de los hogares estadounidenses han disminuido en términos reales en 40% en los últimos 30 años.

Tal disminución del poder adquisitivo real de los asalariados en EUA, aun en un entorno “técnicamente” de escasa inflación, revela cual debe ser la verdadera lectura del fenómeno inflacionario, no sólo en su exacta determinación numérica, sino en su valoración: lo esencial no es el alza del IPC, sino cuál es el impacto sobre el poder adquisitivo real de los asalariados; ya que los propietarios de los medios de producción suelen cabalgar la inflación porque pueden fijar los precios.

A lo anterior, se debe añadir lo que NO hay en los EUA, y que aquí tanto la derecha abierta, como la quintacolumnista plantea eliminar: las misiones de alimentación, la atención médica gratuita, la educación gratuita para todos los niveles -incluso el universitario-, subsidios en la electricidad, gas y transporte, etc.

Por razones de espacio, sólo referiremos algunos puntos de comparación con los EUA, donde oficialmente 47 millones de personas no comen los suficiente ni en cantidad ni calidad; donde 54 millones de personas no tienen acceso a ningún tipo de asistencia médica; donde al menos 16 millones de personas no tienen ningún hogar: no es que vivan en un sitio inadecuado o ubicado en un sitio precario, no, es que sobreviven, y mueren, literalmente en la calle; donde 61 millones de personas devengan por debajo del Salario Mínimo, y donde denunció la parlamentaria demócrata Frederica Wilson que cada día más personas están comiendo Perrarina.

Añadamos solamente otro dato de este mismo mes de la situación de los asalariados en los EUA: los estadounidenses más ricos viven en promedio 15 años más que aquellos compatriotas que se encuentran en lo más bajo de la escala de ingresos, según un estudio publicado hace dos meses en la revista American Medical Association, reseñado por la agencia DPA. De esta manera, según el trabajo de expertos económicos de la Universidad de Stanford encabezado por el economista Raj Chetty, el dinero y el lugar de residencia determinan la esperanza de vida en Estados Unidos.

Formuladas ya estas precisiones, analicemos el punto focal del artículo de Luis Salas Rodríguez, con estricto rigor numérico; pero ayudándonos con gráficas que nos permitan visualizar mejor y de manera más comprehensiva el fenómeno; y, a la vez, comparando, para contextualizar, con etapas anteriores muy cercanas aún de la misma situación analizada: la relación entre ingresos e inflación; y, por último, para redondear, veamos el panorama histórico global del mismo tema.

Así, en la gráfica 1, observamos el comportamiento del IPC, del Salario Mínimo y del Ingreso Mínimo Legal, medidos con base en el cierre del año 1997; con la salvedad de que hemos utilizado el INPC a partir del año 2008 por razones divulgativas, aunque metodológicamente no sea lo ortodoxo; y aclarando que el INPC ha resultado más elevado en su lapso de medición que el IPC, existente desde 1950 para el Área  Metropolitana de Caracas:

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Gráfica 1. Fuente: BCV, INE y cálculos propios

Se observa en la Gráfica 1 que si bien el Salario Mínimo queda 1,2 % por debajo del INPC proyectado, el Ingreso Mínimo Legal se sitúa 120,8 % (más del doble) por encima del INPC en el lapso considerado.

Ahora, veamos la situación en épocas cercanas previas. Analicemos primero en la Gráfica 2 la situación para los mismos indicadores en el lapso 1986-1996; no sin aclarar que en esa época no existía la ayuda por alimentación y, por ende, el Ingreso Mínimo era igual al Salario Mínimo; que el desempleo era en promedio el doble del promedio de los últimos 15 años; y que más de dos tercios de la población asalariada devengaba el Salario Mínimo o menos.

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Gráfica 2. Fuente: BCV, INE y cálculos propios

Rápidamente se constata la enorme caída del poder adquisitivo real de la población venezolana de más del 80%, sin casi ningún mecanismo paliativo en las políticas de educación, salud o alimentación; en pleno auge de la vorágine privatizadora de los dos paquetes de ajustes impuestos sucesivamente por el FMI, privatización que alcanzó incluso al IVSS hacia el fin de esa era funesta.

Ahora, retrocedamos un poco más atras, una década, hasta el comienzo de la carrera inflacionaria en Venezuela, y para ello nos ayudaremos por una gráfica (Gráfica 3) elaborada por un economista de la élite, Miguel Ignacio Purroy, quien fue Director del BCV y actualmente preside un imortante banco privado venezolano de capital extranjero; gráfica publicada por el BCV en su revista técnica:

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Gráfica 3. Fuente: Miguel Ignacio Purroy, BCV.

Se puede comprobar también una caída del poder adquisitivo real importante, aunque apenas la mitad de la devenida en la década posterior previamente mostrada.

Para concluir con la pregunta de Salas Rodríguez, ensamblemos las cifras y gráficas en una sola curva histórica (Gráfica 4) que contextualice el panorama; para lo cual partiremos, por limitación de la serie del IPC de Venezuela, desde el año 1950:

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Gráfica 4. Fuente: BCV, INE, G.O. fuentes diversas, experiencia y cálculos propios

De la Gráfica 4 podemos extraer varias conclusiones:

•   Se ven reproducidas en una escala mucho mayor las fuertes caídas del poder adquisitivo real arriba mostradas en detalle.

•   Hay un incremento sostenido del poder adquisitivo real (mayor que el incremento del IPC) desde comienzo de la década de los años 50, exceptuando una baja a comienzo de la década de los años 60, incremento real que se detiene en 1975, cuando la pendiente del IPC comienza a elevarse.

•   A partir de 1980, el incremento acumulado del Ingreso Mínimo tiende a estar por debajo del incremento del IPC, a pesar de algunos intentos esporádicos por al menos igualarlo.

•   La mayor caída, como ya se detalló arriba, se muestra en el lapso 1992-1996, coincidiendo, no por casualidad, con la suma de los efectos de los dos paquetes sucesivos de medidas económicas del Fondo Monetario Internacional.

•   Es a partir del año 1999 cuando, de nuevo, el Ingreso Mínimo pasa a recuperarse frente al incremento del IPC; mientras que el Salario Mínimo se recupera a partir del año 2005. En tal sentido, los aumentos en el Ingreso Mínimo sólo compensan la caída acumulada previa desde 1975 hasta 1998.

•   Los lapsos históricos en los cuales el Ingreso Mínimo se ha incrementado y mantenido por encima del crecimiento del IPC, son aquellos lapsos de crecimiento real significativo de la economía, medido por el crecimiento real del Producto Interno Bruto (PIB).

•   Al contrario, cuando la pendiente de incremento del PIB se aplana, es cuando se observan las caídas del poder adquisitivo real y, recíprocamente, aumenta la pendiente de incremento del IPC (INPC desde 2008).

•   Estas variaciones se visualizan mejor, dada la escala histórica de las curvas mostradas, al observar la curva de la relación entre el Ingreso Mínimo y el IPC-INPC. Esta última curva nos sirve como una especie de “lupa”, que nos permite magnificar la escala de lo visto en las otras curvas.

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