Cruzar los Andes en Alpargatas / Oliver Reina

AndesAlaprgata

Por Oliver Reina

Estaba hace días en un acto político en el que uno de los principales voceros pronunció esta frase, refiriéndose a las duras adversidades a las que debieron enfrentarse nuestros Padres Libertadores durante el Paso de Los Andes allá en 1819. En apretada síntesis concluía que nuestra estirpe viene curtiéndose desde hace siglos y que ahora, con mucho en contra, tocará de nuevo a nuestro pueblo hacer grandes sacrificios en medio de la adversidad para seguir en el camino de la libertad. Ahora bien, ¿de qué tamaño son estos nuevos Andes, en cuánto tiempo los superaremos y en qué condiciones lo haremos?

Sin ninguna intención de escribir como especialista en el área económica sino como un sujeto más que busca informarse, que va al mercado a intentar comprar y que hace su cola de vez en cuando, es obvio que nuestra economía se encuentra afectada desde sus cimientos producto de un siglo de explotación petrolera y de la prácticamente anulación de cualquier otra expresión de la producción, generándose una cultura del rentismo que cruza transversalmente a la sociedad venezolana. El impacto de ello repercute en la raíz de lo económico y en consecuencia, llega mucho más allá, tocando –y trastocando- las más diversas facetas de la vida.

Y como repercute en todo, la cotidianidad es la primera afectada. La inversión de tiempo y esfuerzo en hacer tareas que hasta hace poco resultaban elementales, la sobrededicación necesaria para saldar compromisos cotidianos y el gasto anímico que representa escuchar –en el “mejor” de los casos, vivir, en el peor- las vicisitudes por las pasa el común de la gente en su día a día. Y estas expresiones son apenas la capa más superficial de las dificultades económicas por las que atravesamos, pero no son por ello las menos importantes, como con frecuencia sale a relucir en sondeos de opinión de cualquier tipo, desde las conversaciones más informales con familiares y amigos hasta los de mayor rigor científico.

Pero el problema va mucho más allá. Por el lado de la producción cada fase representa grandes complejidades: la disponibilidad de materia prima, su procesamiento, la producción de bienes, su almacenamiento, su distribución, su comercialización… son muchos los vértices en apenas esta primera aproximación a la producción. Pero luego debemos sumarle nuevos procesos igual o aún más complejos como la importación, la prestación de servicios y cuantas aristas más puedan identificarse en cada uno de los infinitamente complejos procesos de la economía. Sigamos.

Muchas veces ajenos a estas complejidades, los consumidores suelen ver sólo aquello que les impacta de manera directa, como la cola y la búsqueda infructuosa de algún producto que escasea por las más diversas circunstancias –y casi siempre con las más amplias corresponsabilidades-. Y en este complejo proceso social con una afectación transversal a toda la población, el acceso afecta a todas y a todos por igual y la capacidad de compra vulnera principalmente a los sectores sociales asalariados que homónimamente a esta página, vivimos de nuestro 15 y último y que somos la inmensa mayoría de la población).

En medio de este complejo escenario, destaca la madurez que ha demostrado el pueblo venezolano. En una demostración de paciencia –con sus excepciones, muchas veces sobreproyectadas a través de las cajas de resonancia que son los medios de comunicación tradicionales y las ampliamente extendidas redes sociales-, la ciudadanía ha aguantado con entereza la situación, con críticas y comentarios, claro que sí, pero con la seguridad que la situación es transitoria, lo que queda claro con la paciencia que a diario demuestra.

Volviendo al título de este artículo, Venezuela es un pueblo que en los momentos de la historia en que se ha plantado firme en su convicción de ser libre, ha confrontado y superado victorioso las más duras adversidades. En esta ocasión y salvando las distancias, estoy de acuerdo con el símil del compañero orador, diputado del Gran Polo Patriótico para más señas: Si los Libertadores avanzaron en cruzada con el camino más rudo imaginable al frente y sabiendo que enfrentarían el lado más despiadado de la naturaleza, quienes dese nuestros espacios luchamos por el robustecimiento de un proyecto país con la mirada fija en la soberanía y la libertad plena para el desarrollo del pueblo, no podemos hacer menos que emular los esfuerzos, conscientes que la crisis actual es una oportunidad para dar disciplinada y sostenidamente los pasos que mucho antes han debido darse en el camino hacia la superación del rentismo petrolero. Crisis como oportunidad de cambiar, de ser y hacer mejor, pero para lo que es imprescindible que todos los sectores aprendan de los errores incurridos no sólo en el pasado remoto sino también en el inmediato.

Así, el camino que tenemos al frente no solo es empedrado sino largo y empinado. Y como pasó con aquel, hasta nos adversa nuevamente la inclemencia del clima y la negatividad de no pocos que no creen posible la superación de las adversidades y por ende, dan por descontado el fracaso de los logros que nos proponemos, que redundarán en el beneficio del país.

No tengo la menor duda que estos Andes serán también superados y el enemigo tras este escarpado recorrido, también será derrotado. Pero para «hacer bien» todas y todos debemos conocer muy claramente el tamaño de los retos que tendremos por delante. Desde el Estado se debe comunicar con total claridad tanto la dificultad de los retos por los cuales pasamos como las responsabilidades de quienes la tuvieren, para tras ello poder pedir al pueblo en condiciones justas comprensión de los procesos y confianza en las nuevas ofertas realizadas para superar los escollos. Y con ello cada quien sabrá la magnitud de los retos que tiene al frente y la cuantía en la que puede aportar en el proceso de superación, ya a través de acciones que esté en posibilidad de realizar, ya a través de la comprensión que pueda tener y que en la misma medida que sea legítimamente aceptada, aporte más orgánicamente a la comprensión de otros. En este proceso, hacer comunicación legítima, cercana a la realidad cotidiana, es un compromiso ineludible y saber hacerlo, una responsabilidad de vital importancia. ¿Y saben qué convendría por ejemplo para afinar esa necesaria estrategia comunicativa? Ponerse en los zapatos del otro, hacer cola y oír al pueblo, que tiene mucho por decir y en el marco del protagonismo popular, también mucho por hacer. Pues el pueblo no debe ser un recurso semántico para los discursos sino una brújula que oriente efectivamente el poder, que no es otra cosa que el sentido profundo que encierran las categorías de ejercicio directo de la Soberanía y de democracia participativa y protagónica, principios orientadores y transversales de la Constitución Nacional.

Hacer en materia económica y hacerlo bien; comunicar lo hecho y comunicarlo bien. Parece un juego de palabras pero lejos está de serlo. Que hacer bien y comunicar bien vayan de la mano, facilitará que estos nuevos Andes a los que nos enfrentamos y sus duras adversidades también los superemos, más consustanciados entre nosotros, con mejor comprensión de los retos, más conscientes de nuestras posibilidades de aportar y con mayor confianza en nuestras posibilidades.

oliver.reina@gmail.com

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