Silvina Romano: “En la OEA gobiernos neoliberales priorizan pragmatismo de los negocios”

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Por: Salvador Pérez

Considerando la rapidez de los acontecimientos ocurridos esta semana en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la urgencia por comprender el juego geopolítico regional en torno a Venezuela, el equipo editorial de “15 y último” conversó con la doctora Silvina Romano, de Argentina, con la finalidad de abordar la coyuntura actual y realizar un ejercicio prospectivo al respecto.

La doctora Romano es Investigadora Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Investigaciones de América Latina y el Caribe (IEALC) de la Universidad de Buenos Aires. Es miembro del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG). Es Posdoctora por el Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Posdoctora por el Centro de Investigaciones y Estudios sobre la Cultura y la Sociedad (CONICET) de Argentina. Es Doctora en Ciencia Política por el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina; Licenciada en Historia y Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba.

Durante la entrevista, Romano interpreta la posición “pragmática” asumida por el gobierno argentino en esta coyuntura; el rol jugado por la OEA y su secretario general, Luis Almagro, para cumplir con la agenda de Washington en la región; y el consenso regional alcanzado a favor del dialogo y la paz en Venezuela, lo cual evidencia la ausencia de apoyo y legitimidad de cualquier medida que suponga la intervención sobre los asuntos internos. Finalmente –aunque no menos importante- Romano advierte sobre el preocupante “alistamiento” del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para una eventual “intervención” en Venezuela. 

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La posición de Argentina en la OEA sobre Venezuela ha tenido múltiples lecturas durante las últimas horas. Algunos analistas la caracterizan de “prudente”, otros de “tímida”, y afirman que ha sido menos contundente de lo esperado. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Hay dos hipótesis. La primera, es que se trata de una postura pragmática, que caracteriza a cualquier gobierno fiel al neoliberalismo. Ante todo lo que importa es “hacer negocios”, más allá de las “ideologías” y posturas políticas –que según esa visión, no son útiles. La otra hipótesis, vinculada a la primera, es que trascendió (pero no hay pruebas suficientes al respecto) que el gobierno argentino estaría apoyando la candidatura de la Canciller Malcorra a la Secretaría General de la ONU. El Presidente del Consejo Permanente de la OEA es el argentino Juan José Arcuri. Ha trascendido información de que Arcuri convocó inmediatamente a la reunión del Consejo en el día de ayer, para demostrar su oposición a la decisión de Almagro de invocar la Carta Democrática, pues desde el gobierno argentino ahora se afirma que no es necesario llegar a esa instancia. Un dato es que Almagro no asistió a la reunión de ayer y que se le negó la palabra a su portavoz al finalizar el encuentro. Así, el gobierno argentino presidido por Macri, quien mostró en su campaña electoral una total oposición al gobierno venezolano, ahora afirma la necesidad de generar diálogo. La Canciller Malcorra fue contundente: “No hay forma de resolver el problema de un país importando la solución desde afuera”.

Digo que esta segunda suposición se asocia a la primera, porque apoyar la candidatura de Malcorra y dejar de lado la anterior postura de oposición acérrima contra Venezuela, está en sintonía con el pragmatismo de los negocios. Si ahora “no conviene” arremeter contra Venezuela, pues entonces no lo hagamos.

¿Cuál es su lectura sobre lo ocurrido en la OEA y la resolución consensuada del día de ayer?  ¿Qué intereses se encuentran en pugna actualmente y qué países juegan un rol preponderante para su consecución?

Creo que la decisión de la OEA el día de ayer demuestra que no hay apoyo para dar pasos decisivos hacia una intervención directa en Venezuela que pueda contar con la legitimidad a nivel continental. Las provocaciones de Almagro y su insistencia en invocar la aplicación de la Carta Democrática, parece obedecer a la presión de la oposición venezolana en los organismos internacionales. Almagro, al seguir insistiendo en la invocación de dicha Carta a pesar de la decisión casi unánime de ayer, da cuenta de su alineación con la oposición venezolana sin demasiado disimulo. De hecho, resulta sugerente que se permitan el tipo de provocaciones realizadas por Almagro, que generaron una seria tensión en las relaciones interamericanas y pusieron en alerta a los gobiernos, partidos políticos y movimientos sociales de la región. El Secretario de la OEA debería promover el diálogo y la paz, más que la inestabilidad y el caos. Lo cierto es que lo sucedido en estos días sirvió para demostrar el apoyo real que existe a favor del gobierno venezolano en caso de que se quieran dar pasos contundentes para una intervención desde el exterior.

Con respecto a los países que se mostraron inconformes, no sorprende que sean Estados Unidos (que ha declarado a Venezuela como una amenaza a su seguridad nacional); Canadá (que hace tiempo que oculta sus políticas imperialistas tras el liderazgo de Estados Unidos) y Paraguay (que desde que Mauricio Macri anunciara en campaña presidencial que invocaría la Cláusula Democrática del Mercosur, fue el único gobierno que apoyó directamente la propuesta).

En cuanto a lo que podría suceder en un futuro, creo que lo que trascendió en las últimas semanas sobre el Comando Sur tiene que ser tomado con seriedad. No sólo por el grave hecho que implica la posibilidad de una provocación militar, sino por la “naturalidad” con la que se habla del asunto desde el Comando Sur y desde el gobierno de los Estados Unidos (retomaré este aspecto luego). Lo importante es que la reunión del miércoles da cuenta de que el escenario no está listo para este tipo de acciones. En términos diplomáticos es probable que la próxima carta que juegue la oposición sea en la reunión que Paraguay ha convocado de los países del Mercosur para ver la posibilidad de aplicar el Protocolo de Ushuaia II. Este protocolo, en primer lugar, no está en vigencia. Por otra parte, el Protocolo Ushuaia (1998) que es en el que figura la Cláusula Democrática del Mercosur, para ser aplicado debe contar con el consenso por parte de todos los países miembro del Mercosur sobre el hecho de que se ha roto el orden institucional en Venezuela [1] De acuerdo con lo sucedido en la reunión de la OEA del pasado miércoles, parece que no será tan fácil lograr ese consenso.

Venezuela ha sido presionada durante los últimos meses para aceptar el “apoyo internacional”, ya sea para resolver la supuesta “crisis humanitaria” que alega la derecha nacional e internacional, o para la convocatoria a un “dialogo”. ¿Qué diferencias pueden existir entre llevar el debate a la OEA, la Celac o Unasur? 

La presión para aceptar el apoyo internacional puede ser concebida como parte del mismo proceso de desestabilización. En mi opinión, si se respetara de verdad la soberanía y autodeterminación del pueblo y el gobierno venezolano, no habría demasiado que discutir en los organismos internacionales. O bien, los temas a discutir serían los mismos que aquejan a otros países en los que no se percibe esta permanente presencia de organismos internacionales “vigilando” la democracia, los Derechos Humanos y las condiciones de vida de la gente. Tomemos el ejemplo de México y el escándalo de Ayotzinapa, sumado a que más del 50% de la población está por debajo de la línea de la pobreza. Si bien en los primeros meses en los que trascendió la masacre de Ayoztinapa varios organismos internacionales se pronunciaron, ninguno lo hizo con la contundencia de exigir la renuncia de Peña Nieto por no avalar los Derechos Humanos o  por mostrarse desinteresado en mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población mexicana.

En cuanto al reparto de roles, creo que el Secretario General de la OEA está su alineación con la oposición Venezolana y con Washington, pero parece no haber sido cauteloso en observar las posturas al interior del propio organismo que dirige. Esto sucede probablemente porque al contar con el apoyo del gobierno de Estados Unidos considere que con eso es suficiente. Pero no es así. La Argentina parece asumir un rol sumamente pragmático. No se inmolará para lograr derrocar a Maduro. La Ministra de Relaciones Exteriores, Susana Malcorra fue muy clara: el gobierno de Macri apoya el diálogo, es decir, se pliega a lo que plantee la mayoría en la OEA.

En la UNASUR y la CELAC el debate puede ser más sincero, en términos de que son organismos que surgieron, en buena medida, por las múltiples críticas y deficiencias observadas en el accionar de la OEA en materia de defensa de la soberanía y la autodeterminación –en especial, debido al histórico vínculo de la OEA con los intereses del sector privado y el gobierno estadounidenses. La UNASUR y la CELAC podrían discutir más a fondo las estrategias de desestabilización implementadas contra Venezuela, en lugar de asumir –como lo hace la OEA– que el escenario económico y político que se vive en Venezuela es debido pura y exclusivamente al gobierno de turno. Se espera que los mencionados organismos tengan una mirada más integral sobre lo que sucede en Venezuela.

¿Qué elementos no abordados hasta ahora podrían ayudar a comprender lo ocurrido en la OEA esta semana y la situación geopolítica regional en torno a la situación de Venezuela?

Un elemento clave es el modo en que Almagro contó con el apoyo de la prensa y se sirvió de las redes sociales. Se trata de la decisión de una persona que puso en tensión a un continente. Varios diarios titularon “La OEA aplicará Carta Democrática en Venezuela”. Es decir, lo mostraron como un hecho consumado. Esto es muy grave porque la desinformación lleva al caos y es ese caos el que se está intentando generar para justificar una intervención. En casos como este, es fundamental una reacción rápida por parte de los medios no hegemónicos –como creo que reaccionó Telesur– para dar inmediatamente la “otra información”. El asunto es que cuando se instala la “idea” de que “intervendrá la OEA” se descarta la posibilidad de que la gente piense críticamente sobre eso: ¿para qué actuará la OEA? ¿Por qué ahora? ¿A favor de qué intereses? etc. Y esto es, en buena medida, lo que viene sucediendo en Venezuela desde el primer gobierno de Hugo Chávez. Los medios masivos han difundido hasta el hartazgo imágenes y textos expresamente negativos sobre Venezuela, apuntalando una solo manera de leer la realidad venezolana. Esto contribuyó a que desde fuera, pero también dentro de Venezuela, se construya una imagen de la realidad que no necesariamente coincide con lo que “realmente está pasando” en ese país. El asunto es que es complejo dar batalla desde la contra-información, pero ese es sin dudas el desafío.

Por último, repito lo del Comando Sur. Es preocupante que se difunda sin demasiado disimulo que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos instaladas en Palmerola (Honduras) estarían listas para intervenir en Venezuela cuando sea necesario [2] [3]. Incluso cuando la posibilidad real de que esto suceda sea remota, por ejemplo, es sugerente que de este tema no exista un mínimo pronunciamiento por parte de la OEA, pues implica un escenario gravísimo en términos de las premisas sobre las que se sustentan las relaciones interamericanas. Sin embargo, el secretario General de la OEA prefiere detenerse en asuntos internos del Estado venezolano que de ningún modo podría decirse que implica una “amenaza real” a la soberanía de otros países.

 

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