Combates por la historia / Estrategia multimodal contra Venezuela

Estrategia-multimodal

 Por: Juan Romero

Venezuela es, sin duda alguna, un objetivo de la geopolítica imperial. Y no tememos al llamar el accionar de los EE.UU., la Unión Europea y Japón como un modelo de imperialismo colectivo. Esta obsesión por el proceso político venezolano obedece al carácter subversivo del proyecto bolivariano. Chávez formuló, desde la publicación del llamado Libro Azul (1991), unas directrices que tenían dos objetivos estratégicos: 1) una posición nacionalista y anticapitalista y 2) la profundización de la democracia, más allá de la mera representación política. Ambos objetivos conllevaron una confrontación con los tradicionales intereses que tenía la economía-mundo en Venezuela.

Los intentos de penetración del proyecto bolivariano se ejecutaron desde los inicios. La presencia de actores como Luis Miquilena y Alfredo Peña, entre otros, mostraba un primer esfuerzo de edulcorar el carácter anticapitalista del proyecto. Sus efectos se hacen sentir en ciertas dinámicas de conciliación de clase que se generaron en el período 1999-2000. Sin embargo, será el año 2001 decisivo para la depuración del carácter subversivo del proyecto. La formulación de las llamadas 49 Leyes Habilitantes, en donde resaltaban la Ley de Tierras, la Ley Orgánica de Hidrocarburos y la Ley de la Fuerza Armada Nacional, entre otras, indicaron que las posibilidades de conciliación fracasaban. Eso marcará el inicio de una estrategia multimodal (por la diversidad y complejidad de los métodos de desestabilización empleados) de enfrentamiento con el proceso político liderado por Hugo Chávez.

El punto inicial será el año 2002. Los sucesos de abril señalaron una fórmula base: el empleo de las redes comunicativas para crear “marcos interpretativos” o aproximaciones cognitivas manipuladas sobre la realidad social y política. La repetición de un conjunto de actores señalando que Venezuela vivía un proceso de “cubanización”, era el comienzo. Es lo que denominamos una estrategia de generalización de la realidad. Esa estrategia estaba acompañada por el intento de captación de diversos sectores dentro del chavismo, así como el pronunciamiento de personalidades de sectores diversos de la vida pública. Finalmente, el control comunicacional logró el 11 de abril presentar un “marco interpretativo” creíble: el gobierno de Chávez, el proyecto bolivariano, era “represor”, violador de los DD.HH. Es la tesis del Estado Forajido, planteado por el teórico norteamericano John Rawls. Sin embargo, la estrategia fracasó, pues ese marco interpretativo no afectó las lealtades políticas construidas por el liderazgo carismático de Chávez. Era necesario un cambio en la estrategia.

Ese cambio también significó nuevos actores, el protagonismo de los sectores económicos ligados a las formas de tenencia de la tierra y el control del aparato productivo; asimismo, los resabios del control político sindical y corporativo, representado en la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). Desde finales de 2002 hasta finales de 2003 los esfuerzos por boicotear la economía venezolana generaron más de 30.000 millones US$ de pérdidas por la paralización, pero no fue suficiente para doblegar las bases de apoyo popular. La capacidad de comunicación de Chávez, su liderazgo y la fracturación del bloque opositor, impidió la derrota del proyecto bolivariano, pero mostró el camino a seguir por los actores internos y sus apoyos internacionales: operaciones psicológicas que minaran la sostenibilidad política electoral.

Entre el momento del triunfo en el referendo revocatorio en agosto de 2004, hasta la propuesta de reforma constitucional de 2007, la oposición venezolana entendió la necesidad de “ablandar” los apoyos sociales y morales de Chávez. Comenzó una estrategia marcada por las operaciones encubiertas o black operations, con un notorio sustento de la USAID y la NED. No es que no existieran esos apoyos financieros en momentos previos, más bien esos apoyos se incrementaron significativamente, permitiendo una articulación de medios internacionales, el financiamiento interno y la preparación en métodos de “desafío político”, caracterizados por el tanque pensante neoconservador Gene Shard. Es esta la estrategia multimodal aplicada con total efectividad en nuestro país.

La existencia de ciertas condiciones internas y externas evitaron durante mucho tiempo su éxito. Esas condiciones estaban determinadas por el liderazgo del propio Chávez, pero su desaparición (¿asesinato?) física en 2013 eliminó esa traba. Una segunda condición es la independencia económica que generó la diplomacia petrolera, que logró recuperar los precios de venta del petróleo. No es casual que desde el propio 2013, desde los EE.UU. y la Unión Europea, se favoreciera la manipulación del mercado petrolero para lograr el descalabro de los precios. A nivel interno la autonomía financiera generada por el petróleo había permitido el desarrollo de una política pública exitosa, en términos de atención alimenticia, disminución de la pobreza, inversión social, entre otros elementos. Desde la caída de los precios del petróleo el esfuerzo para mantener estos indicadores ha sido enorme. Solo quedaba un factor esencial, elemental para el desafío político: el control de las redes de distribución de alimento. En este punto no puede negarse la falla que representa el hecho de que los sectores privados controlan más del 80% de la distribución de alimentos. Los factores económicos aportaron un “marco interpretativo” esencial para minar el apoyo social: el Gobierno es incapaz, pues es encabezado por un actor que no reúne las cualidades necesarias.

Al poner en duda el liderazgo de Maduro, al manipular las redes informativas, al responsabilizar su gestión por el acaparamiento de los principales productos perecederos de la cesta alimenticia del venezolano (pastas, salsas, arroz, harinas, azúcar, etc.), se fue generando una inhibición de los apoyos electorales que explica la reducción de la votación del 6-D (una pérdida de votos superior a los 2 millones 500 mil electores, en relación con octubre de 2012, última elección de Chávez). Debilitado el frente interno, en una situación de “empate catastrófico”, la presión internacional es el punto máximo de la estrategia multimodal.

Lograr que diversos organismos de la arquitectónica del sistema-mundo capitalista declaren al Gobierno venezolano en situación de “crisis humanitaria”, “violador de DD.HH.”, “democracia autoritaria”, en su diseño de la estrategia de retroceso (rollback), puede conducir a una salida electoral de Maduro y, con ello, iniciar el desmontaje institucional de la estructura de reivindicaciones y derechos sociales contenidos en la Constitución. No deja de tener peso la amenaza militar representada por las bases militares del Comando Sur y la OTAN, ubicadas en Panamá, Perú, Colombia, Aruba, Curazao y Bonaire, Honduras, Jamaica, Puerto Rico, Islas Vírgenes, Antigua y Barbuda, Surinam, cuyo apresto operacional se encuentra lista para una acción contra Venezuela, ante la posibilidad de un conflicto social que “amenace” la paz y la estabilidad regional.

La preparación de este escenario se ha dado bien a través de personeros del Gobierno de EE.UU., como el vicepresidente Joe Baden, quién en 2014 en una Cumbre de Seguridad Energética en la capital de EE.UU. advertía de la inminente crisis económica y social del Gobierno de Maduro. O las declaraciones del jefe del Comando Sur, alertando sobre la posibilidad de intervenir militarmente ante un estallido social en Venezuela; o papeles de trabajo como los elaborados por el especialista de la Escuela de Guerra del Ejército de EE.UU., R. Evan Ellis, publicado en julio de 2015, que indicaba la necesidad de intervenir ante la inestable situación de Venezuela. A ello se unen las iniciativas diplomáticas ante la OEA, la CIDH, el Parlamento Europeo, el Parlasur, donde se plantea el “peligro” que experimentan los venezolanos.

Una gran ofensiva comunicativa, diplomática, militar y de acciones de sabotaje económico interno, que buscan crear la oportunidad política para una movilización social que conduzca a una situación de muertos o represión, sirviendo de excusas para autorizar una intervención contra el Gobierno de Maduro. La estrategia multimodal es una amenaza real y terrible contra la región. Ya surtió efectos en Argentina, Bolivia y Brasil, solo queda Venezuela.

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