El teatro tras alguna política / Oliver Reina

Politica

Por: Oliver Reina

Acto I: ¿La política o las políticas?

Lo político, en cuanto a sus estrategias, suele moverse entre las pretensiones de poder de un grupo que propone una determinada agenda y otro que le responde. Y, como casi en todos los otros espacios de la vida, quien toma la delantera suele tener la ventaja. Sobre esta premisa se mueven los distintos sectores políticos en Venezuela y cada cual trata de obtener la ventaja, sin embargo el tema en cuestión es cómo y desde qué táctica buscan ello y es allí cuando es necesario evaluar las distintas prácticas, bajo el entendido de que si se descarrilan pueden romper con los valores más elementales de la verdad y hasta de la moral, derivando en una política que merece ser entrecomillada.

Es fácil que el lector ubique entre las distintas prácticas políticas, cuáles merecen comillas. Van para ello ejemplos en un par de dimensiones. 1) En lo económico, el Estado busca proteger un dólar preferencial para realizar operaciones estratégicas y salvaguardar rubros de primera importancia para la nación, lo cual realiza a la par de factores desestabilizadores que construyen un sistema paralelo soportado en especulaciones y arbitrariedades, que si bien aspiran cubrirse de una pretendida cientificidad a través de cálculos y recálculos amañados, en realidad solo son una tóxica mezcla de intencionalidad política por quebrar lo que existe en lo concreto y en lo simbólico, aprovechando brechas que malas praxis o decisiones inadecuadas de la gestión han abierto. 2) En lo comunicacional, el posicionamiento de consideraciones o matrices de opinión sobre hechos reales o febriles invenciones están a la orden del día, cada una con una muy marcada intencionalidad. Aquí conviene una importante consideración: la decisión de no informar oficialmente nunca conviene como política informativa, pues en este vacío las opiniones, sean cuales fueren y estén o no fundamentadas (pero siendo siempre intencionales), terminan convirtiéndose en “fuentes” empleadas a discreción y a veces repetidas hasta el cansancio –o hasta convertirlas en “verdades” goebbelianas–. A la vista quedan las distancias morales entre los distintos modelos.

Acto II: la política y su moral

Pero aunque el tema de cuán moral es la práctica política, más relevante aún es el impacto que esta tiene en el resto de las dimensiones de lo social. Las explicaciones están de más, pues bastaría que cada uno de quienes leen estas líneas se pregunte cómo el sabotaje económico ha afectado sus vidas y la de los suyos o de qué forma tanto las informaciones tendenciosas como la falta de información oficial perturba la verdad y genera zozobra.

Sumando estos y otros factores surgen escenarios construidos en torno a determinadas intencionalidades, que terminan produciendo a su vez determinadas ventajas. Y si sabemos que es en este juego en el que entre encuentros y encontronazos se bate lo político, es nuestra obligación analizar los escenarios y hallar la manera de obtener todas las ventajas posibles.

Y como todos los sectores políticos buscan lo mismo, la diferencia entre unos y otros debe definirse desde un plano distinto. Es aquí donde las fuerzas revolucionarias están en la obligación de regirse por una moral absolutamente inquebrantable. Así de sencillo. No se admiten medias tintas, simplemente es o no es. Y ello por una razón fundamental: si la razón por la cual se iza la bandera de la Revolución es para hacer del mundo un lugar mejor ante las inmorales acciones de otras formas de organización política, cada acción, cada verbo, cada pálpito debe orientarse por una moral incorruptible.

Y Acto III: el camino hacia la Política con P mayúscula

Hacer lo que se debe y como se debe no siempre es tarea fácil. De hecho suele ser el camino más espinoso y sacrificado, pero es también la única senda posible para quienes desde cualquiera que sea nuestro espacio de brega y de lucha, tengamos como norma hacer realidad una Política con P mayúscula y sin las comillas a las que más arriba nos referimos. Y ese deber ser no debemos perderlo de vista en ningún momento, pues la pérdida del rumbo implicaría una pérdida mucho mayor: la que se deriva de tener la fuerza de la razón, que debe distinguir siempre la lucha revolucionaria.

El camino espinoso, además, no es nada corto. Considerando que algunas de las fallas que estamos obligados a resolver son de carácter estructural y que se arrastran desde hace décadas –para muestra, el rentismo petrolero–, es necio pensar en soluciones mágicas, en especial cuando estamos conscientes que nuestra cultura con demasiada frecuencia se encuentra permeada por el principio de la solución más fácil, que siguiendo nuestra línea narrativa, está lo más alejado imaginable de las espinas.

Un hacer sostenido, disciplinado, profundamente crítico y autocrítico no solo es necesario sino que en los actuales tiempo
s resulta sencillamente imprescindible. Un hacer muy bien pensado y planificado, que levante la bandera de la moral es también condición necesaria y para seguir este rumbo nunca debemos perder de vista que contamos nada menos que con el Plan de la Patria, proyección de país que diseñó el comandante Chávez y que desde su génesis como plan de gobierno del año 2012 –que por cierto, ya va más allá de la mitad de los tiempos para su cumplimiento– señala con gran claridad el rumbo a seguir.

¿Lo que debe venir? La práctica de un hacer pensado y planificado, que necesariamente lleve a un buen hacer, manifestado en acciones ejemplares y contundentes. Solo con ese ejemplo, esa moral, ese impulso y esa fuerza, será indetenible la Política de justicia social que sigue en construcción.

Y antes de bajar el telón…

…una palabra: Paz. Palabra tan sublime para unos como aparentemente tan perturbadora para otros. Las acciones que se conducen a partir de la fuerza de la moral necesariamente apuntarán a la paz y a condenar cualquier manifestación de violencia. Lo contrario es enfrentarse a la moral y por tanto, debe estar siempre y por principio alejado de la política revolucionaria. Bajo ninguna circunstancia es admisible caer en provocaciones o seguir la ruta de quienes no creen en la paz y utilizan tan hermosa palabra únicamente con la intención pragmática de obtener de ella un beneficio particular.

Luchar por la justicia social no puede ser entendido de otra manera que luchar por la paz para hoy y para mañana. Esa es la lucha de quienes apostamos la vida a la construcción de una sociedad mejor, y en ella seguiremos.

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