Combates por la Historia / Polar y la batalla simbólica / Juan E. Romero

Simbolica

Por: Juan Eduardo Romero

La confrontación política en el país tiene un significativo componente simbólico. Ese simbolismo se expresa discursivamente en un conjunto de representaciones o marcos interpretativos muy específicos. Cuando hablamos de marcos interpretativos nos referimos a una herramienta del discurso que permite percibir, etiquetar, identificar la situación concreta en la que nos desenvolvemos. Los marcos interpretativos son parte esencial de los denominados procesos enmarcadores, que son esfuerzos estratégicos conscientes realizados por grupos de personas para forjar formas compartidas de considerar el mundo.

Así, marcos interpretativos y procesos enmarcadores son columnas vertebrales de la batalla simbólica por el ejercicio hegemónico del poder. Ambos se articulan para lograr el convencimiento, la adhesión y la aceptación, que son claves en el control del poder político. La irrupción de Chávez marcó el uso de un discurso político con una gran carga simbólica, principalmente determinada por el hecho de la incorporación protagónica de los denominados sujetos subalternos, definidos como aquellos excluidos e invisibilizados, tanto en la historia como en la política. El punto esencial es comprender cómo el discurso y la praxis política de Chávez permitieron no solo la inclusión como sujetos de derecho, sino como protagonistas de la historia, a los sectores subalternizados.

De ahí, uno de los elementos que nos permiten entender los éxitos políticos de Chávez (triunfante en 17 de 18 procesos electorales entre 1998-2012). La importancia capital de los diversos elementos simbólicos que permitieron la incorporación de los sujetos excluidos como actores decisores en términos electorales, es lo que nos facilita entender la insistencia en el “desmontaje” de esa conexión simbólica con el proyecto bolivariano, encarnado en Chávez y continuado en la figura del presidente Maduro. Ahora bien, esa lucha simbólica se expresa en una lucha entre actores. Los actores emergentes, subversivos en el sentido de oponerse a las formas de control simbólico del statu quo, con Chávez a la cabeza y por el otro lado las tradicionales élites hegemónicas, con un enorme apoyo en la violencia simbólica y en diversas formas de transmisión de habitus que ratificaban esos mecanismos de dominación. Es acá donde entra el papel de Empresas Polar.

Los orígenes de Empresas Polar son bien conocidos. Se remontan al contexto político de la modernización de la sociedad venezolana en las décadas de los 30 y 40, en pleno contexto de la entreguerra mundial y las dificultades expresadas en cumplir las tradicionales importaciones que surtían el mercado interno venezolano. Eugenio Mendoza, abuelo de Lorenzo Mendoza, comenzó su emporio con una empresa ligada  a la construcción (Moises Miranda & Co) en la década de los 30, logró una licencia del gobierno de Isaías Medina Angarita para transformar láminas de zinc y en ese contexto, se articuló para ser parte importante de la creación de Fedecamaras, cuyo objetivo fue enfrentarse a la política económica del entonces presidente de la república.

Empresas Polar, tiene largos antecedentes en su disputa por controlar el poder económico y ejercer presiones sobre el poder político. En los años del gobierno de Pérez Jiménez (1952-1958) pretendió monopolizar parte de la actividad minera en el sur del país, lo que conllevó una confrontación con el dictador, enfrentamiento no por la falta de libertad informativa o por la defensa de los derechos de los perseguidos políticos, enfrentamiento por poder acceder a los beneficios económicos. La irrupción de la democracia representativa en 1958 se tradujo en una articulación con los grupos financieros especulativos, y por supuesto, con los actores políticos de la democracia conciliadora. Su participación en emporios ligados a la agroindustria data de los años 60-70, basado en relaciones con actores políticos ligados a COPEI (como Haydee Castillo) o AD (Pedro Tinoco) . La llegada del ciclo de crisis inaugurado con el Viernes Negro, en 1983, marcó una nueva estrategia, con la que buscó acceder con mayor facilidad a los beneficios derivados de los subsidios en divisas extranjeras. El resultado: un proceso de acumulación de capitales financiado con dineros públicos. Para 1995, se calculaba que Empresas Polar tenía capitales que oscilaban los 2 mil millones US$.

La irrupción de Chávez, y su planteamiento de democratizar el acceso y distribución de la renta petrolera, se constituyó en un peligro a las formas de acumulación, incesante característica de este holding. Uno de los lineamientos simbólicos esenciales del proyecto bolivariano, referido a la incorporación como sujetos de derecho de los grupos subalternizados, chocaba con los intereses de Polar. El uso de la renta petrolera para financiar políticas públicas en forma sustancial, significaba menos recursos a los cuales podía acceder el Grupo Mendoza. Por ello, es significativo el proceso enmarcador generado por Polar, empleando modernas técnicas de propaganda, presentándose a sí misma como una empresa que encarna nuevas formas de “venezolanidad”, pero detrás de su auspicio al béisbol o a la Vinotinto, se esconde su intención de mantener (y justificar) un oligopolio productivo, ligado a la distribución de casi la mitad de los productos perecederos que conforman la canasta alimenticia de los venezolanos (harina de trigo, pastas, mayonesa, margarina, arroz, azúcar, aceite vegetal, etc).

La trampa simbólica es que Polar, a través de todo un aparato basado en las denominadas industrias culturales, se presenta como ejemplo de producción y justicia, cuando la verdad es que su accionar puede ser caracterizado como esencialmente parasitaria. Los procesos enmarcadores se basan en la creación de un paquete interpretativo, que son recursos argumentativos que “modelan” acontecimientos y procesos sociales. Polar “modela” su figuración simbólica como ejemplo tenaz de trabajo y venezolanidad, pero “oculta” el enorme flujo de capital trasfronterizo que mantiene una desinversión constante en el país. Se presenta como un modelo a seguir en cuanto productividad, pero no informa que ha recibido más de 5.000 millones U$ del Estado venezolano, al que acusa de “inepto e improductivo”.

Indica públicamente, a través de una campaña publicitaria, empleando a sus trabajadores que “quiere producir, pero no la dejan”. No indica que las asignaciones de divisas preferenciales (a 6,30 BsF/$) para importar cebada malteada lo hace a 0,56 $ por Kg, cuando el precio internacional es de 0,26; obteniendo una ganancia (a costa de dineros públicos concedidos por el Estado que tanto critica) de 0,30 centavos $. Con lo que ha recibido Empresas Polar para importar cebada malteada, debería tener reservas para producir durante casi 8 años (7,8). Sin embargo, lo que escuchamos decir (y reproducir) al venezolano que desconoce el accionar de la empresa, es que solo Lorenzo Mendoza y su compañía son los que producen en Venezuela y el Gobierno bolivariano no los deja.

El marco interpretativo es que lo privado (Empresas Polar) es bueno y lo público (el Gobierno bolivariano) es lo malo. Ocultan verdades contundentes como lo es el hecho de que ese sector público, que tanto crítica, produce el 98% de las divisas en moneda extranjera. Que ellos (el sector privado) no invierten los enormes recursos y ganancias que perciben, pero por el contrario se consumen el 65% de las divisas que genera el sector público. El proceso enmarcador muestra que todo asunto político constituye un conflicto simbólico por la legitimación de paquetes interpretativos. La Polar construye un paquete interpretativo que muestra al Gobierno como ineficiente, ocultando su responsabilidad en la escasez y el desabastecimiento. El Gobierno señala un paquete interpretativo que muestra cómo viene otorgando (sin interrupción) enormes recursos financieros, en forma de divisas preferenciales para importar insumos y materias primas para la producción de una buena cantidad de productos de la canasta alimenticia y, a pesar de ello, siguen desaparecidos de las mesas de los venezolanos.

La guerra simbólica es una parte importante de la guerra económica y en ella Empresas Polar es un elemento clave en los intentos de derrumbar el proyecto bolivariano.

Deja un comentario

Tu email no será publicado.


*