¿Por qué Luis Vicente León odia los CLAP?

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Las recientes declaraciones del conocido mercenario económico y ahora ¿humorista? Luis Vicente León – publicadas en el portal de oposición PRODAVINCI- en las que califica a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, mejor conocidos como CLAPS, de “bachaqueros” y “monstruos”, no desentona con el relato discriminatorio, racista, reduccionistas y tergiversador que él mismo ha venido desplegando en los últimos años.

Atrás quedaron aquellas primeras apreciaciones de León, donde definía el Bachaquero como un “emprendedor”, un “espontaneo”, coloreándolo como un capitalista primitivo en medio del “fracaso del socialismo bolivariano”. Ahora, cuando frente a la caotización de la distribución, la cartelización de la producción y la manipulación de los precios de las divisas en el mercado secundario el chavismo ofrece una respuesta, este acróbata del lenguaje y la ideología for dummies hace un nuevo salto semántico para resignificar al chavismo organizado de “bachaquero”. Es decir, los bachaqueros, que antes eran buenos emprendedores cuando nacieron para terminar de caotizar la producción, ahora pasan a ser malos sujetos por la simple y llana razón de que bajo su figura se puede estigmatizar a los chavistas. Todo gracias, entre otros, a esta suerte de quimera tropical a medio camino entre el cinismo político de un Joseph Gobbels y el exhibicionismo mediático de las Kardashians.

Los CLAPS, como su mismas siglas lo desgranan, han surgido como organizaciones locales para el abastecimiento, el consumo y la producción a nivel comunitario, y sobre todo se vislumbran como dispositivos de recomposición de estructuras políticas de base popular erosionadas sistemáticamente por la guerra mediática, la torpeza partidista y, sobre todo, por el desbarajuste económico que actores como Luis Vicente León estructuraron, auparon y alcahuetearon para tirar por tierra al gobierno de Nicolás Maduro. Cierto es que falta mucho por avanzar, también que por sí solos Los CLAPS no van a resolver los problemas del país -algo que desde este mismo espacio hemos planteado: la necesidad de complementar y articular con otras instancias y procesos-. Ahora bien, también es cierto que tienen mucho potencial, sobre todo para la rearticulación de las fuerzas populares heridas por el bachaquerismo, la especulación y la corrupción.

Independientemente de cualquier otra apreciación sobre los CLAPS, la proliferación de estos discursos propios del resentimiento y la defensa de privilegios de clase, no contribuye a la normalización del hecho económico ni a la disminución del malestar social -y claramente estos no son sus objetivos, sino todo lo contrario-. Ellos no solo lo saben, sino que elaboran sus cálculos precisamente sobre la base de prejuicios, reconociendo en la práctica que sus negocios dependen de la proliferación del odio social, la división y el caos en la vida de la mayoría del pueblo. En resumen: El problema de Luis Vicente no son los CLAPS. El problema es que no le agrada la posibilidad de la paz económica y la justicia social, ya que sus denigrantes chistes y peores análisis se quedarán cada vez con menos audiencia -y él con menos ingresos-.

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