Brexit: la revancha de la common people

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Por: Luis Salas Rodríguez.

Es difícil determinar qué animó a los británicos votar a favor de salir de la UE. Y no porque no existan razones para hacwerlo, sino más bien porque existen muchas y muy variadas. Algunos dicen que fue una manifestación de xenofobia. Ya que los nacionalistas –principales impulsores del Brexit- animaron la propuesta con el fantasma del control de la migración, lo que sin duda tiene popularidad en las masas de votantes tanto por el miedo a la inseguridad, como por el no menos complejo tema de la competencia por los puestos de trabajo y las remuneraciones.

De allí en adelante son cientas las explicaciones. Incluyendo las de corte conspiranóico, como aquella que asegura que habiendo pasado Inglaterra de ser potencia colonizadora de los Estados Unidos a su más fiel pieza en el tablero mundial, los gringos la utilizan para terminar de debilitar y domesticar a la UE.

Como toda explicación de este tipo, estamos claros que ésta última no se puede comprobar. Sin embargo, no deja de ser cierto que los Estados Unidos parecen, en efecto, empeñado de un tiempo a esta parte en debilitar y domesticar a sus “aliados” europeos, obligándoles a hacer cosas tan sin sentido como bloquear comercialmente a Rusia (con lo cual más que Rusia pierde la UE), empujándoles a un conflicto bélico contra esta misma potencia que lo único que les garantizará será la destrucción, o a involucrarse en una cruzada “contra” el terrorismo pseudo-islámico que termina por devolvérseles. Todo esto sin contar los estragos que la guerra monetaria y comercial ha causado en los últimos cinco años. Estragos que han terminado por poner a la UE en una posición subordinada en la negociación del TLC Atlántico que, justamente, adelantan con los Estados Unidos.

Pero como quiera que sea lo anterior, cierto también es que el coro político europeo, tanto de derecha liberal como de izquierda, coincide en que el brexit es malo y que traerá peores cosas tanto para los británicos y europeos como para el mundo en general. La única excepción es el de la llamada extrema derecha continental. La cual ha tomado un segundo aire y llama a multiplicar la experiencia en el resto del continente, utilizando más o menos los mismos argumentos contra la inmigración usado por la derecha británica. Izquierda y derecha liberal europea divergen solo en las razones por la cual el brexit sería malo: la primera porque afirma que se trata de un retorno a los primitivismos nacionalistas y acaba con el sueño de una integración solidaria. Y la segunda, porque pondría en riesgo la integración monetario-financiera e institucional, poco solidaria como sabemos pero, a todas estas, único sostén real de la UE realmente existente, más allá del sueño quimérico de la izquierda europea.

A mi modo de ver, saber cuál será el resultado final del brexit tanto para británicos en particular como para europeos en general y para el mundo todo, es algo que no puede anticiparse. Sin embargo, dicho resultado no depende de la suerte ni del destino, sino de las disputas políticas y económicas que están por venir. Seguramente, los poderes económicos de facto instituidos dentro de la UE ya deben estar actuando en ese sentido, disponiéndose a torcer el brazo a la decisión de los británicos como ya lo hicieron con los griegos hace un año atrás. Los mercados financieros, por su parte, hacen también lo suyo, creando corridas especulativas que lo único que procuran es pescar en rio revuelto ganancias extraordinarias dentro del Gran Casino que hoy es la economía mundial. Algunos dicen que se desatará la nueva gran crisis económica mundial, mucho más severa que la de 2008. Es probable superficialmente hablando. Pues el problema con esta hipótesis es que ignora que dicha crisis no solo no ha terminado sino que cada vez se profundiza más, en cámara lenta y casi diríamos que siguiendo un patrón de demolición controlada, para utilizar una expresión del economista ecuatoriano Pedro Páez Pérez.

Ahora bien, con respecto a esto último, es muy probable a todas estas que haya sido la xenofobia y el resurgir de los nacionalismos lo que animó a los británicos a votar a favor del brexit. Pero aún siendo ese el caso, y sin necesidad de respaldar tales posturas propias de toda derecha de cualquier parte del mundo, no por eso pueden dejar de subestimarse y desde la izquierda simple y llanamente condenarse. Pues puede que estemos asistiendo a uno de los últimos brotes de democracia y anticapitalismo en la actual Europa, solo que confundido dentro de una retórica y un imaginario políticos conservadores, entre otras cosas porque el imaginario político de la izquierda tradicional es incapaz de encontrarse con las demandas populares de una masa ciudadana barrida, precarizada y subyugada por cuanto experimento neoliberal existe.

Así las cosas, entre los diversas imágenes que se han puesto a circular a partir del brexit, hubo una muy graciosa donde sale un pollo con una bandera británica en el lomo, corriendo como escapando de una brasa donde sobresalían unos muslos de gallina marcados con la bandera de la UE. El mensaje del meme es bastante claro: antes de terminar convertidos en carne de parrilla, como el resto de los países integrados en la UE, los británicos, que nunca lo han estado del todo (todavía conservan su moneda, por ejemplo) como quien dice: huyeron por la derecha. Eso no es forzosamente “bueno” pero tampoco tienen porque ser forzosamente “malo”. Y si es malo que no lo hagan por la izquierda, tal vez sea más culpa de la izquierda europea todavía buena parte de ella envuelta en sus contradicciones, prejuicios y temores, que de la ciudadanía británica.

En lo particular, el meme me recordó una película de los años 70 para nada graciosa, pero que resulta una metáfora cuasi perfecta del momento político-económico global actual, este en el cual sobre las ruinas del neoliberalismo se busca imponer un neoliberalismo 3.0 (la expresión es de Alejandro Vanoli) mucho más rudo que lo que hemos visto hasta ahora. La película se llama Bailad, bailad Malditos, protagonizada por Jane Fondo y dirigida por Sidney Pollack.

La película cuenta la historia de un cruel maratón de baile en el que los concursantes tienen que seguir bailando hasta el límite de su resistencia, con la esperanza de obtener un premio de mil quinientos dólares. El contexto del baile es un pueblo norteamericano en los años de Gran Depresión de los años 30 del siglo XX. A cambio de tres comidas diarias, durante interminables semanas, un ejército de perdedores sirve de entretenimiento a un público acomodado que se divierte morbosamente con la degradación física y moral de los participantes. Dicho público paga toda la logística incluyendo el premio, por lo que queda claro siempre que más que a un acto de caridad, los concursantes asisten a una puesta en escena donde el premio funciona como excusa para torturarlos.

La película de Pollack ha sido citada a manudo como un reflejo figurativo de la situación resignada de millones de personas expoliadas y degradadas por la implantación de un estados de cosas económico configurado con arreglo a los parámetros e intereses del capitalismo más salvaje de precariedad laboral, exclusión social y desempleo generalizado. De hecho, quizás lo más desesperante de la película sea que a lo largo de la misma los protagonistas miran reiteradamente hacia la puerta, como deseando escapar del absurdo en el que están metidos, pero aunque formalmente nada les impide hacerlo, por algún motivo no lo hacen y siguen bailando.
Incapaz de imaginar una salida colectiva o al menos digna, Gloria Beatty (Jane Fonda) apela a la rebeldía individual y aislada que la conduce a la desesperación y, finalmente, al suicidio.

Una cuestión destacable de los resultados del brexit, es que en los barrios proletarios de Inglaterra y Gales es donde mayoritariamente ganó esta opción. Izquierda y derecha han apelado, cada cual a su estilo, al prejuicio según el cual tal cosa fue posible por la poca conciencia de los trabajadores asalariados, xenófobos e ignorantes. Posiblemente lo sean. Pero tal vez pasó que estos trabajadores y trabajadoras se cansaron de seguir bailando al ritmo de los sádicos de la troika y las parásitas agencias especulativas, cuya una de sus sedes principales queda precisamente en la cosmopolita y pro-UE Londres, las cuales los han condenado a la precarización y una suerte de nuevo no future post-thatcheriano que no quieren seguir consintiendo. Para mi eso es un triunfo, una revancha de la democracia en cuanto gobierno del pueblo sobre la plutocracia. Quedando por ver si tal revancha terminará degenerando en fascismo o en una democracia postcapitalista. Ahora, si la izquierda sigue siendo temerosa, conservadora y estando desconectada de las demandas más básicas de la common people, la derecha, más hábil y adaptativa, terminará por capitalizarla. Lo que pase hoy en las elecciones españolas ahora marcadas por el “trauma” del brexit definirá en buena parte el resultado de este dilema.

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