The Economist / El problema con las ganancias

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Como todo el mundo sabe, The Economist es uno de los medios más encumbrados de las corrientes dominantes dentro del pensamiento único beneficiario del 1% más rico global. Sin embargo, de vez en cuando se permite hacer análisis bastante poco ortodoxos, que entre otras cosas, tienen la virtud de demostrar una vez más lo retrasado –porque no hay otra forma de decirlo- que es el debate económico en la periferia de nuestros países, donde para muchos “expertos” discutir las ganancias de los empresarios es un tabú. Este artículo parece por momentos que fuera escrito para unos de esos portales chavistas tipo Misión Verdad que horrrizan a los bien pensantes de nuestro país. Pero no. No habla de Polar ni de Lorenzo. Habla de los monopolios en la economía norteamericana, del daño que le hacen a la misma y cómo obtienen fabulosas ganancias viviendo de la población asalariada cual si fueran una de esas empresa parasitarias que aquí llamamos.    

Nunca les ha ido tan bien a las grandes compañías en los EE.UU. Tiempos para más competencia.

Por: The Economist

Norteamérica era la tierra de la oportunidad y del optimismo. Ahora la oportunidad es vista como una exclusividad de las élites: dos tercios de los norteamericanos creen que la economía está “arreglada” a favor de los intereses de los grandes. Y el optimismo se ha convertido en ira. La ira de los votantes es la que ha brindado el “combustible” para el surgimiento de Donald Trump y Berrnie Sanders y ha debilitado a candidatos tradicionales como Hillary Clinton.

En las campañas políticas, los candidatos han encontrado muchas cosas a las que le adjudican la culpa, desde acuerdos de libre comercio hasta las imprudencias de Wall Street. Pero hay un problema que el capitalismo norteamericano ha pasado por alto: una corrosiva falta de competencia. El secreto de las compañías estadounidenses es que la vida en su suelo patrio es mucho más fácil, sus rendimientos de capital son 40% más altos en los EE.UU., que lo que son en el exterior. Los beneficios agregados domésticos están casi a niveles de récord en relación al PIB. Estados Unidos está destinado a ser un templo de la libre empresa. Pero no.

Mantenido por los EE.UU.

Fuertes ganancias podrían ser una señal de innovaciones brillantes o sabias inversiones a largo plazo, si no fuera por el hecho de que también son sospechosamente persistentes. Una empresa norteamericana muy rentable tiene un 80% de probabilidad de seguir así, 10 años más tarde.

En la década de los noventa eran solo de un 50%. Algunas empresas son capaces de excelencia sostenida, pero la mayoría esperaría ver que sus ganancias se las lleve la competencia. Hoy, les corresponde “levantar la cosecha” durante más tiempo.

Usted podría llegar a pensar que los votantes deberían estar felices de que sus empleadores están prosperando. Pero si no es reinvertido, o gastado por los accionistas, los altos beneficios pueden afectar la demanda. El exceso de efectivo generado por empresas estadounidenses en el ámbito doméstico, más allá de sus presupuestos de inversión, llegan a 800 billones de dólares al año, o un 4% del PIB. El sistema fiscal les anima a dejar las ganancias que han generado en el exterior, fuera del país. Ganancias, anormalmente grandes, pueden empeorar la desigualdad si son el resultado de precios altos persistentes o salarios deprimidos. Si las empresas estadounidenses bajaran los precios para que sus ganancias se colocaran en los niveles normales históricos, las cuentas de los consumidores serían un 2% más bajas. Si ganancias significativas no están atrayendo nuevas incorporaciones, eso puede significar que las empresas están abusando de sus posiciones monopólicas, o están haciendo lobby para impedir la competencia. El juego puede estar, realmente “arreglado”.

Una respuesta a la era de la hiperrentabilidad podría ser simplemente esperar. Destrucciones creativas toman tiempo: episodios previos de picos de beneficios, por ejemplo en la década de los sesenta, terminaron abruptamente. Los evangelizadores del Valle de Silicona creen que una nueva era de grandes volúmenes de datos, blockchains (cadenas de bloques) y robots están a punto de comerse los gruesos márgenes de exceso de la “América Corporativa”. En los últimos 6 meses las ganancias de empresas enumeradas ha caído un poquito, mientras el petróleo barato ha golpeado las empresas de energía y un dólar fuerte ha herido las multinacionales.

 

Desafortunadamente, los signos son que las empresas involucradas en este espiral de ganancias se están “enredando” más, no menos. Microsoft está generando el doble de las ganancias que generaba, cuando los reguladores contra los monopolios la investigaron en el año 2000. Nuestro análisis de los datos del censo sugieren que dos terceras partes de las 900 y pico industrias de la economía se han concentrado desde 1997. Una décima parte de la economía está a la merced de un puñado de empresas, desde la comida de perros y baterías hasta líneas aéreas, telecomunicaciones y tarjetas de crédito. Una “ola” de fusiones por un valor de 10 trillones de dólares, desde 2008, ha incrementado los niveles de concentración (monopólica) aún más. Las empresas estadounidenses involucradas en estos acuerdos de negocios han prometido bajar los costos en 150 billones de dólares o más, que le agregarían un décimo más a las ganancias generales de la empresa. Muy pocas tienen planificado trasladar las ganancias a los consumidores.

Hacerse más grande no es la única manera de aplastar a los competidores. A medida que la malla de la regulación se ha vuelto más densa, desde la crisis financiera de 2007-08, la tarea de navegar las aguas burocráticas se ha vuelto más fundamental para el éxito de las empresas. El gasto para el cabildeo ha aumentado en un tercio en la última década, a 3 billones de dólares. Un dominio de las reglas de las patentes se ha convertido en esencial en el cuidado de la salud y en la tecnología, las dos industrias más rentables de Estados Unidos. Y las nuevas regulaciones no solo garantizan que la gran banca esté adentro, sino que mantiene a los rivales afuera.

Al tener un limitado capital de trabajo y menos recursos, las pequeñas empresas luchan con todos los formularios, el cabildeo y la burocracia. Esta es una de las razones por la cual la tasa de creación de pequeñas empresas en Estados Unidos ha estado en sus niveles más bajos desde la década de 1970. La habilidad de las grandes empresas para entrar en los nuevos mercados y asumir “socios” más flojos se ha mutado por unas nociones ortodoxas entre los inversores institucionales que dicen que las empresas deben centrarse en una actividad y mantener márgenes altos. Warren Buffett, un inversor, dice que le gustan las empresas con “fosos” que las protegen de la competencia. America Inc. ha cavado un “foso defensivo gigante” alrededor de sí mismo.

La mayoría de los “remedios” que los políticos proponen para resolver los problemas económicos de Estados Unidos empeorarían las cosas. Impuestos más altos podrían desalentar la inversión. Los “saltos” en los montos de los salarios mínimos desalentaría la contratación. El proteccionismo daría aún más ventajas a las empresas dominantes. Mejor, desatar una ola de competencia.

El primer paso es poner la mira en los posibles “participantes” mimados. Modernizar el “aparato” contra los monopolios ayudaría. Las fusiones que conducen a cuotas elevadas del mercado y demasiado poder para fijar los precios, todavía tienen que ser reglamentados. Sin embargo, las empresas pueden extraer rentas (ingresos) de muchas maneras. Las leyes de copyright y patentes deben aflojarse para evitar que los empresarios le sigan sacando el jugo a los viejos descubrimientos. Grandes plataformas tecnológicas como Google y Facebook deben ser vigiladas estrechamente: podrían no ser monopolios que extraigan renta todavía, pero los inversores las valoran como si fueran a serlo algún día. El papel de gigantes gestores de fondos con intereses cruzados (crossholdings)  en las empresas rivales, también necesitan un examen cuidadoso.

Libérenlos

El segundo paso es hacer la vida más fácil para los emprendedores y las pequeñas empresas. La preocupación por la expansión de la burocracia y por el Estado regulador debe ser reconocido como un problema, no descartado como “habladurías locas” de personas que pertenecen al movimiento antigubernamental de Tea Party’s. La carga que pesa sobre las empresas pequeñas por leyes como Obamacare ha sido significativo. Las reglas, que controlan a los bancos, las han llevado a atender clientes pequeños, menos rentables. La difusión perniciosa de licencias de oficio ha sofocado a los emprendedores. Hoy un 29% de las profesiones, incluyendo estilistas y la mayoría de los trabajadores de la salud, requieren permisos, de un 5% en la década de 1950.

Una ráfaga de competencia significaría más perturbaciones para algunas empresas: empresas en el S & P 500 emplean aproximadamente uno de cada diez estadounidenses. Pero crearía nuevos puestos de trabajo, fomentaría mayor inversión y ayudaría a bajar los precios. Por encima de todo, sería llevar a cabo una especie “más justa” del capitalismo. Esto levantaría el ánimo de los estadounidenses, así como su economía.

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