¡A ponerse las alpargatas!

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Los efectos de la especulación y el acaparamiento hacen que los venezolanos decididos a no meterse a bachaqueros tengan que hacer milagros para llegar a la quincena. Se trata, claro, de una metáfora que indica lo que hay que sudar en la actualidad. El equipo de 15 y Último salió a la calle para ver como está haciendo el venezolano para resolver ante la situación y se encontró con la gente de la Alpargata Solidaria, un colectivo que busca formas alternativas y solidarias no ya para resistir sino para superar la situación.

Por: Lenin Brea

¿Qué es la Alpargata Solidaria?

Es un sistema colectivo para comprar, vender, trocar, donar, prestar o compartir bienes, saberes y servicios de manera solidaria y cooperativa. Nuestros fines van desde facilitar nuestra producción y consumo mediante la asociación, hasta la creación de comunidades económicas populares más allá del mercado capitalista, y la construcción de otro tipo de relaciones sociales y económicas basadas en la idea de lo común.

En el sistema participan mujeres y hombres de muy variadas características, de variadas edades, y de muchas profesiones y oficios. Nos une el hecho de haber participado o querer participar en procesos organizativos alternativos. Por eso en la Alpargata participan varios colectivos como el Ateneo Popular, Tiuna el Fuerte, El Maizal y Retruke. Además estamos hermanados con otras experiencias similares, como la Feria Conuquera. En tal sentido la Alpargata forma parte de un movimiento de movimientos y quiere llegar a ser un colectivo de colectivos.

Para hablar ya de la organización, la Alpargata se divide en cinco ejes. Hay un eje de trueque y venta directa, la idea es no solo promover el intercambio sin la mediación del dinero, sino también la pequeña producción mediante el establecimiento de relaciones entre productores y consumidores. También hay un eje que llamamos banco de tiempo y que trata de desarrollar intercambios con base en el tiempo de trabajo, mediante la prestación de servicios. Tenemos, además, un eje de formación que tiene que ver con la capacitación, pero sobre todo con el intercambio de saberes. Un eje de producción colectiva que trata de juntar medios de producción y fuerza de trabajo. Y un eje de consumo colectivo. Esto sería el proyecto, el ideal. Los ejes que más actividad han tenido son el de intercambio directo y trueque, el de formación, pero sobre todo el de consumo colectivo.

La idea general es promover la asociación y la organización a partir de la economía y de su replanteamiento. Trabajamos también a partir de la idea de prosumidor. Lo importante de ella, a mi juicio, es que intenta poner en relación las dos facetas económicas del ser humano, las cuales por lo general se toman por separado. Se trata de romper con el estatus de asalariado y promover formas comunes de trabajo y consumo. En todo caso la idea de prosumir es algo que se debate en la Alpargata.

¿Por qué se organizaron?

Porque vimos que lo que venía era joropo especulativo y había que ponerse las alpargatas organizativas, asociativas. Hay dos maneras de resistir la situación actual, por una parte tenemos la opción individual a ultranza y entonces la cuestión es “yo me salvo como pueda y los demás que se jodan…”. Es la opción del pequeño comerciante que sube los precios para protegerse y también la del grupo Polar que solo se preocupa por llevarse los dólares. Es también la de los bachaqueros; el bachaquerismo como organización económica está basado en la idea de “sálvese quien pueda”. Es la idea de la economía neoclásica de que cada quien vela por sí mismo y hace todo para sí mismo y su propio goce, y entonces todo vale con tal de que no te descubran, pero radicalizada por la “crisis” económica. Así, el bachaquero mayor jode al menor y este último cree que se la está comiendo, que es más vivo que todos los demás; y no lo es no solo porque le pagan una miseria en comparación con lo que el bachaco mayorista le saca a la mercancía, sino porque a fin de cuentas la plata que hace como bachaquito no le alcanza para comprar todo lo demás –suponiendo que se queda con una parte de lo que bachaquea–. Lo que no ve es que contribuye al aumento general de precios, los cuales son impactados por el aumento de los bienes de primera necesidad. Los únicos que ganan son los bachacos grandes, los pequeños se esclavizan, entran en un círculo vicioso. A fin de cuentas sucede algo similar con el bodeguero, cree que se la está comiendo al aumentar los precios “para protegerse” y no se da cuenta de que llegará el momento en que sus ventas bajarán y entonces a ver cómo va a pagar el alquiler.

La idea, promovida por gente muy inteligentuda como Luis Vicente León, de que el bachaquero no es más que un tomador de precios, un emprendedor, de que bachaquear está bien, es profundamente ignominiosa, pero además es estúpida.

La otra opción es la de la organización para construir formas alternativas de vida económica, hacer redes, asociarse, es decir organizarse para articular poder con base en la solidaridad y la cooperación, esa es la opción de la Alpargata. De un lado hay una necesidad de organizarse para enfrentar la crisis y del otro está el deseo de formar potencia para transformar el actual modo de distribución de una riqueza que es producida siempre de forma colectiva.

¿Por qué crees que ha funcionado más el eje de consumo colectivo?

Por lo que te decíamos de la necesidad. En la actual coyuntura resolver la comida es un problemón, no solo conseguirla sino pagarla. De hecho, en la actualidad si se tiene plata se consigue. El consumo colectivo resuelve parte de esa necesidad, pero además deja una saldo organizativo y moral y unos saberes técnicos y políticos.

De una parte implica de por sí la constitución de un poder de compra, te diríamos que juntar plata es en sí un hecho político que implica confianza y compromiso no solo entre los miembros del colectivo, sino también con los proveedores. Nuestra opción es privilegiar a proveedores que compartan nuestros principios y anhelos, lo que facilita las cosas.

Por otra parte está todo el trabajo implicado en la organización y realización del consumo, te hablo de varias horas hombre, como se dice. De ese trabajo resulta un producto y esto es lo fundamental. Este no es solo el saco lleno de hortalizas sanas y sabrosas o unos kilos de granos, sino el aprendizaje colectivo de saberes y el sistema que se organiza.

Además está el hecho de que cada uno de nosotros deja de ser tan dependiente de los canales de comercialización convencionales. Ya no dependemos exclusivamente de supermercados, abastos y mercados. Y menos aún de bachaqueros para comprar nuestras verduras y otros alimentos. Tenemos otra forma de alimentar a nuestras familias. Y eso me parece que nos hace “subir el ánimo”. Sentirnos que controlamos el abastecimiento familiar. Y en este momento hacer algo que te potencia y potencia a un colectivo es bueniiiisimo, es agua clara en el desierto.

¿Cómo funciona el eje de consumo colectivo, es decir, funciona?

Sí, sí funciona, pero requiere trabajo. La cuestión de la organización ha sido fundamental. Cuando empezamos con el consumo todo fue muy rápido y nos organizamos a partir de un comité promotor, el cual, dividido en comisiones, realizaba de forma centralizada todas las tareas necesarias para el consumo. Son varias, la vaina no es soplar y hacer botellas, pero tampoco es una cosa titánica, o quizás sí lo era para los camaradas del comité promotor. Lo era porque un grupo pequeño de no más de 15 personas hacía todo el proceso administrativo para el total de la comunidad de consumidores, que son casi 200 personas. Hay que tener en cuenta que para casi todo el mundo se trataba de tareas nuevas y de hacer algo que nunca habíamos hecho. Esta forma de organización llevó a una crisis, ya que los promotores estaban reventados. Así que en marzo de este año hicimos unas jornadas y asambleas para ver cómo nos organizábamos mejor y distribuimos mejor las tareas. Lo fundamental para que funcione es que el trabajo necesario sea distribuido de la forma más equitativa y para esto se necesitan los saberes que en ese momento solo tenía el comité promotor. Entonces hicimos jornadas de colectivización de saberes y responsabilidades y de todo esto salió la organización por nudos o nodos. Es decir, nos dividimos en grupos pequeños, en cada uno de los cuales hay un delegado de cada una de las comisiones. Esta delegatura es rotativa por cada consumo, los delegados forman un comité organizador por comisiones y así el trabajo se hace más fácil. La forma de organización es más compleja, pero funciona mejor ya que cada nodo se comunica mejor a lo interno y se organiza de forma autónoma con lo que el peso de las tareas se reparte lo más equitativamente posible. No obstante la organización por nodos, mantenemos la Asamblea General como instancia máxima de decisión del colectivo en su conjunto sobre el consumo. La organización por nodos es quizás más administrativa y micropolítica, pero la asamblea, por usar el viejo lenguaje, tiene el poder.

Otro aspecto importante es el vínculo con los proveedores y en especial con Cecocesola, organización que merece su epíteto de “cooperativa de cooperativas”.  Pero no solo hemos trabajado con ellos, poco a poco se van ampliando las posibilidades.

¿Cómo les ha ido?

Hasta el día de hoy hemos organizado seis consumos de hortalizas y verduras de cuatro toneladas y vamos por el séptimo que será el sábado 16 de julio. El precio del kilo de verdura nos salió en el último consumo (18/06/2016) en 352 Bs., y estamos hablando de papa, tomate y pimentón por ejemplo. Desde el primer consumo que hicimos, en septiembre del año pasado, hasta el último, la variación porcentual del precio ha sido de 202% el kilo, lo que parece mucho, pero si se compara con el aumento de precios en un abasto o supermercado la variación porcentual, en el mismo periodo, es de más de 1000% o incluso, dependiendo del rubro, puede llegar a 2000% y más.

Además, hemos hecho dos consumos de granos, uno de casabe, dos de pasta, también hemos hecho microconsumos cuando se presenta la oportunidad y hasta pudimos realizar un operativo de venta de pescado, unos dorados bien sabrosos y a buen precio.

Pero en el marco de los consumos también realizamos trueques y venta directa, es decir, activamos durante la realización del consumo los ejes de venta directa y trueque de la alpargata, así el consumo se transforma en una miniferia, donde por ejemplo se consigue una mantequilla muy sabrosa y jabón.

Además está el saldo organizativo del que ya hablamos, que también es ganancia, cada vez se nos hace más fácil y se presentan nuevos retos, lo que indica que todo va bastante bien. Ahora, aprovechando el impulso que ha tenido el eje de consumo colectivo, estamos pensando en cómo darle más fuerza a los otros ejes, que es lo fundamental, ya que sería dar un paso decisivo para salir de la crisis. También está el lado moral, juntarse a trabajar para resolver nuestras necesidades dignifica, ya que estamos trabajando para nosotros y no para un explotador que: o nos expolia con el salario o lo hace con el precio. A esto se suma la alegría que produce trabajar en común con la conciencia de que hacemos lo contrario a los mafia-bachaqueros. El día del consumo en medio del trabajo se respira un ambiente festivo y te das cuenta de que vale mucho la pena, hay un plus, una ganancia además de la comida sabrosa.

¿Cómo contribuye el eje de consumo colectivo a la superación de la guerra económica?

Yo creo que lo fundamental es que si te pones a ver el eje del consumo colectivo lo que hace es sustituir al distribuidor y al vendedor final. Nosotros pagamos nuestro flete y nosotros mismos organizamos los alimentos y los repartimos, te hablo de todo el proceso, desde sacar los permisos para que venga el camión, toda la parte administrativa de juntar la plata, hasta la entrega del saco con los alimentos, de ser el caso, de las hortalizas y verduras. Bueno, si es verdad que la guerra económica se basa en gran parte en manipular la distribución de los bienes, nosotros le estamos pegando donde hay que pegarle. Pero le estamos micropegando, si las organizaciones como la nuestra y las cooperativas como Cecocesola se multiplicaran no habría intermediarios y por ese lado se acabaría la guerra económica.

Está también el hecho de que somos una organización que no depende del Gobierno ni del Estado, sino de forma indirecta. Es decir, por ejemplo, el marco legal vigente favorece este tipo de organizaciones y por eso es bueno y en tal sentido se puede hablar de dependencia, el Gobierno crea por ese lado condiciones favorables. Por otra parte, la autonomía política nos permite movernos de manera flexible y dinámica, en la Alpargata no hay jefes ni cuotas de poder, la gente que participa está pendiente de que las cosas salgan bien y las cuentas estén claras.

¿Cuáles son los problemas que encuentran?

Bueno como ya dijimos han habido problemas organizativos, pero, pese a todo, no graves, porque son esos problemas que ayudan a mejorar. No obstante topamos con un límite en nuestra capacidad de crecer, en el sentido de ampliar la comunidad consumidora. Es un límite técnico, no podemos por el momento manejar un consumo mayor y mucha gente cree que ese esfuerzo hay que aplicarlo al desarrollo de los otros ejes. Es importante que todo esto es en la actualidad un debate en la Alpargata y hay varias posturas y posiciones… no especificaré aquí.

Creemos sí que es importante hacer lo que se pueda para que la experiencia se replique y se multiplique, habiendo muchas Alpargatas habría una red más amplia y sería un buen golpe para los especuladores.

Luego está la necesidad de potenciar los otros ejes y que la comunidad crezca desde el punto de vista de la producción. Hacer crecer la red de productores y que estos intercambien entre ellos materia prima o bienes hechos, es una tarea. Luego está la necesidad de producir en colectivo cosas intercambiables, llegará el día en que consumamos lo que producimos o quizás en que consumamos lo que intercambiamos a otro, y así. En todo caso viendo la situación, es imperativo organizarse y producir. Hay que pensar que las mafias y las transnacionales están bien organizadas. El que no se organice, a fin de cuentas, se las va a ver feas.

¿Cuál es la apuesta de la Alpargata de cara al futuro y los retos que se avecinan?

La apuesta es a la organización y asociación, nosotros creemos que las organizaciones colectivas de prosumidores son una alternativa y una apuesta viable de futuro. Por eso un poco el llamado es a que la gente se organice y estamos a la orden para acompañar cualquier organización de este tipo.

Si nos referimos solo al consumo colectivo creo que es una experiencia replicable. Algunos no entendemos por qué el Gobierno nacional al final decide transar con la empresa privada para la distribución de la comida. Hay que apoyar formas de organización alternativas que en lo posible no nazcan ni funcionen en torno al Estado. Esto no quiere decir que el Estado debe retirarse de la vida pública, lo que es un contrasentido neoliberal perverso, porque a fin de cuentas lo que se pretende es que el Estado descuide a la gente, favorezca a los ricos e invierta en represión. Significa que es necesario replantear el papel de lo público en sus vínculos con lo privado y lo común. En tal sentido es fundamental ahora repensar las formas de distribución de la riqueza pública, porque los fines están bien, lo que está mal es la manera.

Formar una organización de consumo colectivo es muy atractivo desde el momento en que se piensa que al juntar plata es en sí un poder, llamémoslo poder de compra. Y lo es más cuando se piensa en la libertad que una organización de este tipo genera. Libertad con respecto a los especuladores y bachaqueros, con respecto a los productos insalubres y poco nutritivos de las transnacionales.

El ideal sería apuntar a una red nacional de consumidores y productores, quitarle a las mafias distribuidoras su poder. Además, hay que impulsar la producción en común y a pequeña escala, de tal forma que se creen nuevas relaciones económicas.

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