Adam Smith: “Misión Abastecimiento Seguro es la última oportunidad para que exista libre mercado en Venezuela"

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Este 17 de julio se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Adam Smith. El equipo de 15 y Último viajó en el tiempo y ofrece en exclusiva una impactante entrevista en la cual el fundador de la economía política asegura que si bien eso es cierto, es totalmente falso que sea “el gran profeta del capitalismo”. Además, manifiesta su admiración por Chávez y asegura que para acabar con la especulación hace falta más y mejores controles con una activa intervención del Estado, tal como lo señala en su celebre obra La Riqueza de las naciones.

“La ventaja de ser un clásico –nos espeta de entrada- es que uno sobrevive al paso de los años. Existe un cielo reservado para nosotros, los inmortales de las ideas. Allí paso el tiempo con Carlitos, Carlos Marx quiero decir, viendo con horror en lo que han terminado convertidos nuestros pensamientos. Yo siempre le digo: seguramente tú y yo somos los economistas más aludidos y citados de la historia, pero también los menos leídos y peor entendidos. Con tus ideas justificaron los Gulags, pero sobre las mías se sustentan los peores intereses corporativos, el saqueo de unos países por otros, y siempre en nombre de los “mercados”, engendrando esa horrible cosa llamada neoliberalismo, que de liberalismo no tiene nada, y acabará con la humanidad gracias a unos cuantos sin escrúpulos y otros indolentes de criterio incapaces de enfrentarlos.”

Resulta cuanto menos extraño que nos diga eso señor Smith. Después de todo, es suya la frase de la “mano invisible” y la capacidad autoreguladora del libre mercado o aquello del “egoísmo” como instinto fundamental de la economía. ¿No recuerda eso de que es el egoísmo, el afán de lucro, y no la benevolencia ni el bien común, el motor que mueve al carnicero, al panadero, al cervecero, etc?

“Si, es verdad. Pero como dijo alguien, creo que mi amigo Sigmund Freud -le preguntaré más tarde que lo vea- el problema de las metáforas es que son interpretativas entonces hay que explicarlas y yo no lo hice. Además es una expresión que utilicé una sola vez en una obra de más de 600 páginas (se refiere nuevamente a La Riqueza de las Naciones). También la mencioné en el Tratado de los Sentimientos Morales, pero ese texto claramente trata sobre lo contrario. Mucho más tiempo le dedico a decir porqué eso no tiene sentido y en el mejor de los casos es una Utopía. Pero en manos y en las bocas de los comerciantes terminó convertida en una pesadilla para la humanidad. Fíjate el caso de ustedes los venezolanos”

¿Los venezolanos? ¿Qué tenemos que ver nosotros con todo eso?

Pues en estos días, Carlos (Marx) me decía, medio en serio medio en broma, que FEDECAMARAS era un engendro equivalente a lo que la organización guerrillera camboyana Jemeres Rojos fueron al marxismo o el Estado Islámico y el Levante (ISIS) al Islam: criminales sin escrúpulos que no les importa arruinar un país con tal de imponer su estrechez de miras e intereses personales. FEDECAMARAS no andará degollando gente como el ISIS ni haciendo fosas comunes, pero operan bajo el mismo principio. FEDECAMARAS es una de las pocas organizaciones del planeta entero que ha sido capaz de hacer quebrar a un país tan rico y varias veces, además. Son seres humanos parásitos, como le dice el agente Smith –que no tiene que ver nada conmigo, ojo- a Morfeo en aquella película llamada Matrix, ¿la vieron?”

Sí, claro.  

“Ya que estamos en este tema, y como se que no tienen mucho chance, por más que sean viajeros del tiempo, me gustaría aclararles algunas cosas de mi obra: La Riqueza de las Naciones no es un libro escrito para los capitalistas ni para promover la desaparición o reducción del Estado. Tampoco el libre comercio mal entendido como la libertad de que los comerciantes hagan lo que les de la gana. Por el contrario, es un texto escrito precisamente para lo que yo llamo recurrentemente el Legislador, el Soberano, que es precisamente el Estado. Y fíjate que en varios fragmentos defiendo que hay bienes públicos que deben ser gratuitos y para todos, como la educación y la salud”.

Adam se levanta y después de hurgar en su envidiable biblioteca vuelve con nosotros: “Por ejemplo, les voy a leer un fragmento de la página 377 del libro: La economía política se propone dos objetivos diferentes: primero, proveer ingresos o subsistencia abundante para las gentes, o con más propiedad, permitirle que se provean de tales ingresos o medios de subsistencia; segundo, suplir al Estado o la mancomunidad de un ingreso suficiente para los servicios públicos. Se propone enriquecer tanto a las gentes como al soberano. ¿Vieron? Yo tampoco dije que el capitalismo es el reino del libre comercio y la libertad de mercado, yo solo lo planteo como una utopía, como una imagen ideal. De hecho, dejé muy claro que la Inglaterra de mis años, en la que estaba naciendo el capitalismo industrial, estaba muy pero muy alejada de mi idea del mercado como libre mercado”.

Explíquese mejor, Sr Smith…

Lo haré textualmente: “Esperar que en la Gran Bretaña se establezca enseguida la libertad de comercio es tanto como prometerse una Oceana o una Utopía. Se oponen a ello, de manera irresistible, no sólo los prejuicios del público sino los intereses privados de muchos individuos. (…) Cualquier miembro del parlamento que presente una proposición encaminada a favorecer un monopolio, puede estar seguro que no solo adquirirá la reputación de perito en cuestiones comerciales sino una gran popularidad e influencia entre aquellas clases que se distinguen por su número y su riqueza. Pero, si se opone, le sucederá todo lo contrario, y mucho más si tiene autoridad suficiente para sacar adelante sus recomendaciones, porque entonces ni la probidad más acreditada, ni las más altas jerarquías, ni los mayores servicios prestados al público, permitirán ponerle al cubierto de los tratos más infames, de las murmuraciones más injuriosas, de los insultos personales y, a veces, de un peligro real e inminente con que suele amenazarle la insolencia furiosas de los monopolios, frustrados en sus propósitos”, señaló tras pasear entre las páginas 414 y 416.

Parece que estuviera hablando de Venezuela…

“¡Si, es verdad! Pero no, estoy hablando de Inglaterra. Y con el paso del tiempo he terminado por convencerme que el capitalismo es exactamente lo contrario al libre comercio, es su negación”.

Ese comentario no caerá nada bien entre sus partidarios, señor Smith…

“¿Cuáles partidarios? Los neoliberales no tienen que ver nada conmigo, pues de liberales no tienen nada. Yo me siento más identificado con Chávez, Néstor, Evo, Correa, y Maduro, que con esos horribles seres. Chávez siempre quiso que hubiese libertad de mercado real, pero entendida como se debe entender: que todos, sin distingo de raza ni condición social, tuvieran acceso a los bienes y servicios que son necesarios para la vida, es decir, no solo la comida y las medicinas, sino también la cultura y la recreación. La idea de “Precio Justo” que Chávez convirtió en ley es de hecho un concepto mío, aunque yo me lo traje de los griegos. El fin de estos precios es que se garantizara el acceso de la población a los bienes y que por su puesto fuera rentable para quien la produce o comercia. Pero no al revés, como se pretende hoy. De hecho, si el bien es inaccesible entonces nadie lo puede comprar (o solo una minoría privilegiada) y entonces no es rentable. Eso le está pasando a muchos comerciantes en Venezuela y ya se están dando cuenta de que la especulación –que es un delito, por cierto- no puede ser eterna: en algún momento la gente deja de comprar porque no puede seguir pagando y ahí viene la crisis”.

Uno pudiera pensar entonces que ¿usted está de acuerdo con la intervención del Estado en la economía? Porque es difícil garantizar el libre acceso de todos y todas a los bienes si el egoísmo de unos pocos poderosos se opone…

“¿No es exactamente eso los que le acabo de decir o es que no escuchan?”, nos increpa, sin gritar, pero visiblemente molesto. “Yo soy un partidario de la intervención del Estado en la economía. El Estado debe intervenir para que los más grandes no se coman a los más chicos. Ese cuento de que el Estado no puede intervenir en la economía no es mío. Es una falacia que inventaron los mismos que me sacaron de las universidades, esos que ya no me enseñan como es, y solo se limitan a decirle a los estudiantes lo de la mano invisible del mercado, al punto que hasta le cambiaron el nombre a la disciplina que yo inventé, porque yo no hablaba de “economía” a secas, yo siempre hablé de “economía política”, pero eso les suena muy subversivo, igual que mis líneas sobre el salario, la explotación, etc., cosas que Marx supo aprovechar muy bien después”

En ese instante, Adam trajo a colación otro fragmento, por considerarlo muy pertinente para la coyuntura venezolana: “Los planes y los proyectos de las personas que emplean capitales, regulan y dirigen las operaciones más importantes del trabajo y la ganancia es el fin que se proponen con semejantes especulaciones. Ahora bien, la tasa de beneficio no sube, cual acontece con la renta y los salarios, a medida que aumenta la prosperidad social, ni desciende cuando la sociedad decae. Por el contrario, es naturalmente baja en los países ricos y alta en las naciones pobres, elevándose a los niveles más altos en aquellos países que caminan desbocados a la ruina. Por consiguiente, el interés de esta clase (la de los propietarios capitalistas) no se haya íntimamente relacionado, como el de las otras dos (trabajadores asalariados y propietarios de la tierra), con el general de la sociedad. Los comerciantes y los fabricantes son, dentro de esta clase, las dos categorías de personas que emplean, por lo común, los capitales más considerable y que, debido a su riqueza, son objeto de la mayor consideración por parte de los poderes públicos (…) Sin embargo, como su inteligencia se ejercita por regla general en los particulares intereses de sus negocios específicos, más que en los generales de la sociedad, su dictamen, aún cuando responda a la buena fe (cosa que no siempre ha ocurrido) se inclina con mayor fuerza a favor del primero de esos objetivos que del segundo”, leyó rápidamente, mientras nos pidió poner atención en la siguiente frase: “Los intereses de quienes trafican en ciertos ramos del comercio o de las manufacturas, en algunos respectos, no sólo son diferentes sino por completo opuestos al bien público. El interés del comerciante consiste siempre en ampliar el mercado y restringir la competencia. La ampliación del mercado suele coincidir, por regla general, con el interés del público; pero la limitación de la competencia redunda siempre en su perjuicio y solo sirve para que os comerciantes, al elevar sus beneficios por encima del nivel natural, impongan, en beneficio propio, una contribución absurda sobre el resto de los ciudadanos. Toda proposición de una ley nueva o de un reglamento de comercio, que proceda de esta clase de personas, deberá analizarse siempre con la mayor desconfianza y nunca deberá adoptarse como no se después de un largo y minucioso examen, llevado a cabo con la atención más escrupulosa a la par que desconfiada. Ese orden de proposiciones proviene de una clase de gentes cuyos intereses no suelen coincidir exactamente con los de la comunidad, y más bien tienden a deslumbrarla y oprimirla, como la experiencia ha demostrado en muchas ocasiones.

Ahora que menciona el salario… En Venezuela se nos dice que los aumentos salariales, que el chavismo realiza, son un error, así como “el rentismo petrolero” del que supuestamente derivan todos nuestros problemas.

Un día, con más tiempo, les diré unas cuantas verdades sobre eso “del rentismo petrolero” para que no los sigan manipulando con esa frase, incluyendo sociólogos a lo Edgardo Lander, que en el fondo lo que pasa es que les da grima “la chusma” así hayan hecho la carrera académica en su nombre. En cuanto al tema de los salarios, no se puede ver en todo caso separado de los precios y las ganancias capitalistas. Ya comenté lo que pienso sobre los precios, que deben ser justos en cuanto al acceso al bien, no a la ganancia capitalista que debería subordinarse a lo primero. Pero a propósito de la ganancia les quiero leer lo siguiente, solo para que lo tengan presente cuando les digan que es malo que el gobierno les suba el sueldo: En realidad, los beneficios elevados tienden a aumentar mucho más el precio de la obra que los salarios altos. (…) la Porción del precio que se resuelve en los salarios de los trabajadores se elevaría en cada uno de los estadios de la manufactura, únicamente en proporción aritmética a este aumento de los jornales. Pero si los beneficios de los patronos que ocupan esta clase de operarios se elevan un cinco por ciento, la Porción del precio del artículo que se resuelve en ganancia se elevaría en cada uno de los estadios de la manufactura en proporción geométrica a dicha alza del beneficio.(…) Nuestros comerciantes y fabricantes se quejan generalmente de los malos efectos de los salarios altos, porque suben el precio y perjudican la venta de sus mercancías, tanto en el interior como en el extranjero. Pero nada dicen sobre las malas consecuencias de los beneficios altos. Guardan un silencio profundo por lo que respecta a los efectos perniciosos de sus propios beneficios y sólo se quejan de los ajenos”.

¿En serio usted dijo eso?

“No solo lo dije, sino que lo escribí, acá está: página 95 del mismo libro La Riqueza de las Naciones. Pero bueno, muchachos, ya ustedes se tienen que ir y a mi me están esperando Sigmund (Freud), Carlos (Marx) y un francesito llegado hace no mucho y llamado (Gilles) Deleuze, un poco raro pero entretenido el tipo. Vamos a jugar dominó. Pero no quiero que se vayan sin antes decirles lo siguiente: Es mentira que el egoismo siempre mueve al hombre. Solo los espíritus simples dicen eso. Y por su puesto los egoistas. A la especie humana la mueven valores más elevados, como la solidaridad y el amor al prójimo. John Nash, un matemático gringo, escribirá unas páginas memorables sobre eso con un teorema y todo y después se hará una película bastante buena llamada Una mente brillante. Keynes, economista británico, también dirá cosas similares. Hasta yo mismo en la Teoría de los Sentimientos Morales afirmé: “Por más egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la suerte de otros, y hacen que la felicidad de éstos le resulte necesaria, aunque no derive de ella nada más que el placer de contemplarla” y todavía lo sostengo.

John Stuart Mill, economista inglés, hijo de mi amigo James, escribirá palabras hermosas al respecto, en su obra Principios de Economía Política:  “Confieso que no me gusta el ideal de vida que defienden aquellos que creen que el estado normal de los seres humanos es una lucha incesante por avanzar; y que el pisotear al que se queda, empujar y dar codazos al de al lado y pisarle los talones al que va adelante, que son característicos del tipo actual de vida social, constituyen el género de vida más deseable para la especie humana; para mi no son otra cosa que síntomas desagradables de una de las fases del progreso industrial”.

Cuando veo lo que pasa en el mundo en el siglo XXI, cuando veo lo que pasa en Venezuela, me provoca agarrar un dragón y quemar a todos los comercios especuladores y tarantines bachaqueros. Los miserables han convertido el sueño inclusivo de Chávez en una total pesadilla, en la cual la gente pasó de gozar del derecho de la democratización del consumo a la escasez especulativa. Desviar medicina, acaparar productos, contrabandrea, bachaquear, especular, eso no es libre mercado ni nada que se le parezca. Esos son delitos, y ningún delito posee justificaciones válidas. La Polar es una aberración del capitalismo. La Polar es el triunfo del no mercado, de la no libertad de mercado, del no derecho de elegir de la gente. Todos los que la defienden que no digan que lo hacen en mi nombre. Yo no tengo nada que ver con eso.  Y quien me haya leído de verdad lo ha de saber. En más, yo creo que la Misión Abastecimiento Seguro adelantada por Maduro es la única posibilidad de que en Venezuela haya una libertad de mercado real y democrática. Si no triunfa esa misión triunfarán los delincuentes y perderá Venezuela.  Para despedirme los dejo con otra de mis frases, pero de las que nadie cita: “El restringir nuestros impulsos egoístas y fomentar los benevolentes, constituye la perfección de la naturaleza humana… Así como amar al prójimo como a nosotros mismos es la gran ley de la cristiandad, el gran precepto de la naturaleza es amarnos a nosotros mismos sólo como amamos a nuestro prójimo o, lo que es equivalente, como nuestro prójimo es capaz de amarnos.” Eso suena más a la razón amorosa de la que hablaba Chávez que al capitalismo que promueven los “economistas bastardos” (como les diría Marx) ¿Cierto? Pues “En la carrera hacia la riqueza, los honores y las promociones, él podrá correr con todas sus fuerzas, tensando cada nervio y cada músculo para dejar atrás a todos sus rivales. Pero si empuja o derriba a alguno, la indulgencia de los espectadores se esfuma. Se trata de una violación del juego limpio, que no podrán aceptar”, y eso es lo que hacen los especuladores en Venezuela.

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