¿Expropiamos o erramos? (II Parte)

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Allí donde se están haciendo cosas de manera distinta, eso no se observa, no se difunde en los medios privados, tanto nacionales como internacionales.

Carolina Salazar

Para continuar promoviendo el debate sobre las denominadas “expropiaciones”, es decir, sobre la política de nacionalización, ocupación, recuperación e intervención de empresas privadas por parte del Estado venezolano y por trabajadores que se han organizado con el fin de responder a esta política nacional, publicamos la segunda parte de la entrevista realizada a la psicóloga social Carolina Salazar, quien está desarrollando el proyecto de investigación: Empresas recuperadas, ocupadas y nacionalizadas en Venezuela (periodo 1999-2016). Desafíos de la autogestión.

Es preciso recordar que Salazar es psicóloga social con estudios en Ciencias Políticas en la Universidad Simón Bolívar, profesora del Programa de Formación de Grado de Psicología de la Universidad Bolivariana de Venezuela y estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela.

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Existe una fuerte dependencia del sector privado venezolano del capital extranjero en cuanto a suministro de materia prima (tecnología, maquinaria y todos aquellos elementos que se incluyen en la fabricación de un bien o producto), es decir, para operar la mayoría de esas empresas deben importar una gran parte de equipos y materiales que no se fabrican dentro del país. ¿Eso sucede con las empresas que han sido recuperadas, nacionalizadas o expropiadas por el gobierno nacional? ¿Qué sucede allí?

En el marco del primer encuentro de Economía Política Marxista, realizado en los espacios de la Escuela Venezolana de Planificación, decía la profesora Judith Valencia, a propósito de las empresas recuperadas, que la discusión sobre el tema del control sobre los medios de producción en este momento de la Revolución bolivariana es ineludible y obligatorio, y que es impensable sin simultáneamente revisar críticamente esa política.

A propósito de eso fue muy pertinente el planteamiento de la profesora Judith cuando planteaba que no era suficiente con ocupar y tomar los medios de producción, y apuntaba a la necesidad de comprender el proceso productivo, es decir, comprender cómo funciona el aparato productivo mundial. Se refería a la necesidad de identificar cómo está amarrada esa fábrica ocupada-recuperada, al aparato productivo nacional a través de patentes, insumos, tecnología, monopolios, cartelización, concentración y centralización de los grandes capitales.

Salir del ensimismamiento nuestro por el peso de esas experiencias no es poca cosa. Desde el punto de vista humano y social la lucha que esos trabajadores han dado al pasar dos años sin percibir ningún tipo de remuneración, casi dos años acompañados por familias y vecinos, ocupando una empresa, sin estar el tema jurídico resuelto, además, expuestos a todo en ese resguardo de las instalaciones y la maquinaria, eso, en sí mismo, tiene un valor tremendo, una fuerza como experiencia. Pero, prevalece la necesidad de evaluar eso de cara al funcionamiento del aparato productivo nacional, entender el peso de lo tecnológico y también el funcionamiento de la monopolización y hasta la cartelización, si se quieren condiciones para hacer viable la continuidad en el tiempo de estas experiencias. En tal sentido hay un elemento que es pertinente para efectos de la autocrítica y de la revisión de lo que son las políticas nacionales, porque la intervención del Estado se necesita creo yo, no solo para efectos de facilitar recursos financieros a esas experiencias, por supuesto también está el tema del encadenamiento.

En este punto vale la pena preguntarse ¿cómo no quedar entrampado en  asuntos que parecen administrativos, muy concretos y muy operativos, perdiendo la visión estratégica de una economía que además estamos pretendiendo derrumbar?, porque es lugar común que pretendemos transformar la economía, pero también es un hecho que se admite la necesidad de la convivencia de estas dos formas, lidiando con los retos que eso supone.

¿Esas experiencias, únicamente se han dado en Venezuela o también existen experiencias de este tipo en otros países de la región?

Si comparamos la experiencia argentina, por ejemplo, con las empresas recuperadas por los trabajadores en Argentina, vemos que resaltan las posturas de algunos autores, entre ellos, la de Andrés Ruggeri del programa de Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires (que es una experiencia interesantísima del programa de Facultad Abierta), quien plantea la discusión sobre el tema de la economía social y solidaria en el marco de la implementación de políticas neoliberales, que es eso que se ha llamado el tercer sector de la economía, que ni es el público ni el privado y que surge en las figuras de cooperativas o fundaciones, pequeños emprendimientos, micro-financiamientos. Se trata de un sector que termina siendo no solo funcional, sino que además, en una aseveración bastante ruda, es prácticamente una economía programada. Él plantea que termina funcionando como una suerte de nueva forma de redistribución, como mecanismo incluso de contención de la pobreza, la marginalidad, la exclusión que el propio sistema de acumulación capitalista va generando.

Entre ese y el caso venezolano hay una diferencia importantísima. Ruggeri decía que “a veces se le atribuye a la lucha de los trabajadores una grandilocuencia extraordinaria asumiendo que es la voluntad de los trabajadores avanzar hacia otra economía”, y eso no es así. En el caso argentino fue la necesidad lo que prevaleció, por la necesidad de defender los puestos de trabajo los trabajadores resisten, ocupan, resguardan, luego reactivan y todo lo que le sigue, pero inicialmente es un tema de necesidad y pudiéramos decir que en el caso venezolano también sucede los mismo, hablando de empresas de propiedad social como Alfareros del Gress del estado Lara, la Empresa de Propiedad Social Directa Comunal Beneagro, que es una antigua Planta Souto… nada más y nada menos que una trasnacional como la Souto.

En el caso de estas dos empresas, tanto de Beneagro como Alfareros, se da un cierre fraudulento y pudiéramos decir que coincide con la experiencia de Argentina en el sentido de que es la necesidad de resguardar el puesto de trabajo lo que motiva a los trabajadores a las primeras de cambio a permanecer allí. Sin embargo, es decisión de los trabajadores conformarse como empresa de propiedad social, es decir, donde no hay propiedad estatal, no hay propiedad pública sobre esos bienes de producción y lo que se cuestiona justamente es la propiedad privada de esos medios de producción. Y lo que quiero destacar es que si es posible identificar la clara voluntad de los trabajadores por organizarse de esa manera y no de otra. Siguiendo la línea de análisis que plantea Ruggeri, allí están esos elementos.

Según Conindustria en Venezuela se “expropiaron” en una década 1.168 compañías, exactamente entre 2002 y 2012; por lo general, los medios de comunicación social privados del país, así como un gran número de “especialistas” y economistas, aseguran que esas expropiaciones han erosionado la economía venezolana. ¿Son reales esas cifras y puede afirmarse que eso es así?

Es preciso saber y decantar esas cifras según las experiencias que de por sí son totalmente distintas y no son idénticas entre sí. En algunas de ellas las dinámicas se han dado a través de la intervención del Estado y en otras a través de la organización de sus trabajadores por motivos de abandono o cierre fraudulento de esas empresas por parte de sus dueños.

En su momento se hablaron de las famosas quinientas (500) fábricas, después se hablaron de doscientas (200) fábricas. De esas primeras 500 fábricas, allí había algunas que habían sido puestas en marcha o creadas por el Gobierno nacional, entre esas 500 se hablaba de unas 150 en condición de recuperadas y dentro de las recuperadas las empresas de propiedad social son una cifra muy pequeña, es decir, empresas que en la formalidad jurídica adquirieron los trabajadores.

A pesar de que esas cifras no representan un 2, 3, ni un 5% del producto interno bruto de la economía nacional, es perentorio preguntarse qué tan hegemónica es la propuesta y esto toca el tema del Quinto Motor a propósito de la Economía Comunal. Es decir, ¿sigue siendo o nos planteamos que siga siendo la economía de los pobres, la economía de los pata en el suelo nuestros, o descamisados argentinos’, ¿es la economía de los pobres?, ¿es una economía marginal? Es una economía que en tanto concentra elementos estratégicos fundamentales, el tema de la superación de la riqueza para la satisfacción de necesidades contra la idea de la acumulación, y además el tema de la propiedad social de los medios de producción. ¿Qué es lo que debemos seguir haciendo con esa economía?; ¿va a seguir siendo una economía de los pobres, de los pata en el suelo, una economía marginal, que no tenga incidencia sobre los números y las necesidades nacionales? Por eso digo que fácilmente perdemos de vista lo estratégico en todo este asunto, porque si bien esta obra es lo mínimo, ahí tenemos una economía que no es estatal, donde el asunto no está en manos del Estado, el Estado tiene responsabilidad, tiene obligaciones, especialmente de asistencia técnica, por supuesto, financiera donde corresponde, entendiendo el papel en la economía mundial, es decir, la tecnología no es una abstracción, de eso depende la organización del proceso social del trabajo. ¿Qué hacen los trabajadores en esas ocho horas de jornada laboral?, ¿por qué lo hacen de un modo y no del otro? Las implicaciones en materia de seguridad y salud laboral, es decir, hay una cantidad de temas allí, pero volvemos al asunto de fondo que es, ¿qué queremos hacer con esa economía?, ¿es la economía de los pobres? Y por eso te comentaba el debate que plantea Ruggeri sobre el asunto, que claramente no es el único, de la economía social y solidaria, ¿es una economía funcional, acomodaticia?

No pueden caracterizarse todas las experiencias en un mismo paquete, ahora, ¿qué de relevante puede tomarse de ese asunto?, ¿qué elementos relevantes hay  para discutir fuera de la diatriba política de todos los días? Hay fracaso y las razones para ese fracaso, y es que existen algunas cosas que no se han atendido debidamente, pero darle igual tratamiento, igual lectura, pretender un idéntico análisis para experiencias que son totalmente distintas, no es objetivo. Distinta es una empresa de escala industrial de quinientos trabajadores a una empresa más pequeña, además organizada como empresa de propiedad social. Existen niveles para el análisis, el tema tecnológico, el análisis de cadena, el tema financiero, el tema de gestión y por supuesto con la debida claridad en cuentas y el nivel de asesoría requerida en cada uno de esos niveles que marcan la diferencia. Por otro lado, pareciera que seguimos entendiendo, que la economía comunal es la economía marginal, por lo cual permanece marginal en los análisis, sin embargo es allí donde se están haciendo cosas de manera distinta, eso no se observa, no se difunde en los medios privados, tanto nacionales como internacionales.

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