Ni se compra ni se vende

NISeCompraNIseVende

Por: Caribay Delgado Medina

En 2010 el gobierno pone una “cuña” en la TV nacional con Memo Morales cantando uno de sus éxitos e invitando, no, implorando a la gente no vender las Canaimitas de sus hijos. Esta fue una de las primeras veces que el problema fue admitido públicamente. Desde entonces el fenómeno persiste en muchas encarnaciones. Vienen a la mente, durante la campaña de las últimas elecciones parlamentarias, esos taxis de Misión Transporte vueltos a pintar como carros familiares, los celulares revendidos a un precio que solo se justifica si tuvieran la carcasa chapada en oro y las decenas de universitarios que orgullosamente exhibían sus tablets Canaima diciendo con cartelitos que ellos no querían regalos sino la posibilidad de comprar lo que les diera la gana o que igual votarían por la MUD. La primera reacción del público chavista, comprensiblemente indignado, fue la de señalar al gobierno de repartir dichos bienes sin un buen criterio, “Se los dieron a puros escuálidos”.

Luego de sobrevenida la derrota, luego de que fueran escrutados todos los factores y las variables que la causaron, luego de un largo y extenuante mea culpa, llegó la hora de dar cuenta de las jornadas para la asignación de los coroticos. Examinemos el caso de los taxis, porque los demás no recibieron mayores respuestas: “Nos pusimos en un plan extraordinario y hermoso de la Misión Transporte de los 100.000 taxis, la voy a mantener, pero con otro método. Nos pusimos a entregar 10.000 taxis y fue peor el remedio que todo ¿o no? Y ustedes vieron que tuvimos que recoger no sé cuántos miles ya que entraron en una dinámica diabólica”, dijo el presidente Nicolás Maduro a principios de año. Pronto, se incentivó la creación de cooperativas de taxistas y todo siguió igual, pero distinto.

Más o menos por las fechas en que esto ocurría fui con unas amigas a una de las reuniones para la proyección del plan de desarrollo comunal de una comuna con la que colaboramos. La hija de una de las comuneras tenía como catorce años y no hablaba casi, pero luego de que los adultos soñaran bastante con asfalto, casas, polleras y escuelas, pidieron su opinión sobre las necesidades de los jóvenes de la comuna, y ella inmediatamente explicó que era difícil llegar al cyber más cercano y que debería haber varios infocentros en el territorio comunal. A la luz de todo lo que estaba pasando, me pareció una genialidad y no he dejado de pensar en ello.

Infocentros hay casi mil en el país, y más en construcción, y es una de las primeras grandes iniciativas en materia de informática que surge en Revolución, pero el infocetro tiene muy poco impacto mediático actualmente, a pesar de sus méritos como espacio casi multiusos de tantas comunidades. Los infocentros no necesitan publicidad porque verdaderamente ni se compran ni se venden.

En Revolución hemos querido seguir resolviendo el tema del transporte público de la misma forma que siempre, dando a los conductores unidades para que cobren a placer el pasaje y pinten el vidrio trasero con los nombres de sus bebés. Les digo que la única diferencia sustancial entre un taxi de la Misión Transporte y un carrito por puesto es que el carrito por puesto atiende a cinco personas y te cuesta menos (en Maracaibo otra diferencia sustancial es que el aire acondicionado del taxi te invita, en sueños febriles, a dejar tu sueldo ahí pegado). Así con todo lo demás.

Si algo como una tablet o un teléfono es propiedad individual es hasta ridículo hacer escándalo cuando quien la posee la vende; no es ilegal, no es nada del otro mundo. Es lo natural(izado) en el capitalismo, donde todo lo privado es susceptible de convertirse en mercancía. No hemos podido ver más allá del velo capitalista de que las necesidades individuales poseen únicamente soluciones individuales, nos hemos dejado entrampar sin ver que las “necesidades individuales”, cuando muchos individuos las comparten, resulta que pueden llamarse también “necesidades colectivas”. Con el pocotón de plata (¡de los dólares que ahorita nos faltan!) que se destinó a la compra de carros, tablets, a la importación de cocinas, neveras, lavadoras de mi “casa bien equipada”, cuántos buses hubieran podido ser ensamblados o comprados, cuántos troles y estaciones del metro, cuántos comedores populares, cuántos infocentros podrían haber sido construidos para que las hijas de las comuneras siguieran viendo el camino al socialismo como algo cotidiano.

En todos estos años la revolución no ha ido hacia un punto de no retorno, al final, eso no existe. En cambio, los personeros del guabineo socialdemócrata que ni huele ni hiede deben irse dando cuenta de que necesitamos gente dispuesta a construir, y de que a la hora de la chiquita lo que deja un saldo organizativo, lo que la gente se une para defender, no son los peroles ajenos, sino las conquistas colectivas.

2 Comentarios en Ni se compra ni se vende

  1. Desde que la joven Caribey Delgado Medina, leyó su discurso el día de su graduación en la L.U.Z. a nombre de sus compañeros graduandos escogida por obtener su grado con honores, cómo reconocimiento por su brillante discurso tuvo la dicha de ser llamada por el Rector "Embustera". Claro, dijo un cúmulo de verdades tanto en la calidad académica, como administrativa y demás violaciones a la Ley y DD.HH de alumnos y trabajadores, he seguido con atención a lo puedo tener acceso. Lo advertido al gobierno nacional con relación al trasporte público en Maracaibo con los autos adjudicados por la autoridad "competente" en aras de mejorar el servicio para los de a pie y menos favorecidos, se ha convertido en una entelequia, nada más lejos de la realidad, por la más corta carrera te cobran "un ojo de la cara". diametralmente opuesto al objetivo oficial. Caribay se refiere a Maracaibo, pero sucede en todo el país.

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