Editorial / De minifaldas y aumentos salariales

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Hace unos años, en las postrimerías de la Cuarta, un gris gobernador de estado se hizo famoso por su peculiar teoría sobre el acoso sexual. Nada original después de todo, lo que planteaba era que las culpables del acoso y las agresiones a las que este pudiera llevar, eran nada menos que las propias mujeres, particularmente por el uso de vestimentas sugerentes.

A partir de este razonamiento el gobernador hizo publicar una ordenanza que prohibía el uso de minifaldas y escotes, con la intención de evitar los acosos no controlando a los agresores, como cabría esperar, sino a las víctimas.

Guardando todas las distancias posibles entre uno y otro tema, está visto que un razonamiento similar anima a todos aquellos que se oponen a los aumentos salariales bajo el argumento de que disparan la especulación de precios. Según este, todas y todos las trabajadoras y trabajadores que con lo único que cuentan es con sus salarios para poder sobrevivir, deben limitarse a tener unos de miseria para que los pobres especuladores no se vean tentados a robárselos vía precios. No es que la especulación sea un delito aquí como en cualquier parte del mundo, no. Ni tampoco que en la gran mayoría de los casos la mano de obra tenga un peso entre bajo e insignificante en las estructuras de costos. No. Ni siquiera se trata de dar una explicación satisfactoria de por qué. Simplemente se remiten a la evidencia de que en casos como el actual venezolano, al darse un aumento salarial automáticamente suben los precios. Es una ley natural nos dicen, como la gravedad, no hay vuelta que darle.

Existen en la historia otros casos similares de “leyes naturales” esgrimidas como excusas para cometer injusticias, utilizando la existencia de la injusticia misma. La esclavitud es un buen ejemplo. Desde la Grecia antigua, siempre se le justificó por la vía de la sumisión. Así las cosas, los “expertos” de las cortes europeas argumentaban que la mejor prueba de que los negros habían nacido para ser esclavos, era su “sumisión” a la esclavitud, es decir, el hecho de que la aceptaran “sin protestar”. Claro que se saltaban en esta explicación el que fueran cazados como animales con perros y armas de fuego, toda la ronda de latigazos y castigos a los que eran sometidos cuando no la tortura abierta de algunos no tan sumisos para escarmentar a los demás, o el que fueran arrebatados preferiblemente desde niños para “acostumbrarlos” a ser esclavos. Nada de eso parecía importante. Para los expertos de la época la mejor explicación de que los negros habían nacido para ser esclavos era que los blancos los habían hecho esclavos: punto.

Volviendo al tema salarial, lo que más indigna de esta “explicación” según la cual los aumentos salariales son malos porque generan inflación, no es solo, como decíamos, que se esgrima para resignar a los trabajadores y trabajadoras: debemos vivir como miserables para que no nos especulen. Lo peor es que se esgrime burlándose de nuestra inteligencia, con argumentos realmente pueriles. Y es que si fuera verdad que los salarios altos causan forzosamente aumentos de precios, si se tratara de una “ley natural”, entonces ¿por qué no es verdad lo contrario? La triste verdad del caso es que así como llevar ropa “decente” no evita, ni siquiera reduce, el acoso, tener salarios de hambre no evita que suban los precios. Durante el rally inflacionario que se vivió a partir de 1995, los trabajadores tuvieron tres años con los salarios congelados y eso no evitó que en 1996 llegara a 103% la inflación. Y en la actualidad, hasta los empresarios son conscientes de que el poder adquisitivo (es decir, el salario real en cuanto poder de compra, que es distinto al salario puramente nominal) de las venezolanas y venezolanos no es el mismo que el de hace 4 años. Y sin embargo, los precios siguen subiendo. ¿Y no es exactamente lo mismo que pasa hoy día en Argentina donde las medidas “antiinflacionarias” de Macri y compañía ya doblaron la inflación heredada de Cristina pese a todos los despidos y subsidios eliminados?

Esto pasa porque el tema precios y lo que vulgarmente denominamos “inflación” es un fenómeno mucho más complejo de lo que la mayoría de los “expertos” con sus teorías interesadas y tarifadas nos dicen. Y eso es algo de lo que todos y todas los trabajadores y trabajadoras especulados y especuladas de este país debemos estar conscientes. Eso no significa, desde luego, que un aumento salarial en un contexto como el que vivimos sea suficiente por sí mismo. No lo es. La recomposición del poder adquisitivo necesita el aumento como condición necesaria, pero no es suficiente si no se acompaña con la profundización de medidas destinadas a detener el alza especulativa de los precios que ya no solo está afectando, por cierto, a los asalariados, sino a los propios comerciantes y empresarios, por la caída pronunciada del consumo.

Pero ese es precisamente el punto. Pues así como comerciantes y empresarios nunca renuncian a sus márgenes de ganancias, incluso cuando reconocen abiertamente que son los más altos del mundo dada la incertidumbre en que vivimos, ¿por qué tendríamos los trabajadores y trabajadoras que hacer lo propio con nuestros salarios, si está claro que vivimos la misma incertidumbre pero peor?

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