¿El malandreo a lxs postergadxs?

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Por:  Carmen Lepage

En Venezuela podemos decir que hay inclusión, podemos exhibir y constatar avances en diversos ámbitos de la vida, damos una vuelta por internet y allí está mencionado por las organizaciones internacionales más famosas cómo hemos vencido el hambre, los problemas de salud, el analfabetismo, las diferencias profundas construidas desde la colonia hasta llegar al neoliberalismo de las décadas de los 80 y 90.  Pero debemos admitir lo que no logramos con profundidad, las vainas pendientes, las realidades que permanecen bastante parecidas al pasado porque implican procesos largos de cambio en asuntos tan arraigados como la moral conservadora y su hermana gemela, la doble moral.  Tenemos una deuda con un número grande de los siempre postergadxs en  estos años de tantísimos cambios, la comunidad marica y transgénero. Hoy, el ataque económico y de amplio espectro del que somos objeto nos invita, pistola en mano, a “rectificar” el camino y más que cambiar volver a ser la misma sociedad conservadora que promueve aquello de las minorías.

Lxs maricxs y trans respiran, comen, aman, reflexionan, tienen sentido del humor, problemas, sufren hambre, violencia, necesidades, crean, lloran y se ríen, caminan por la calle, les gusta viajar. Tienen talentos, oficios, capacidades desarrolladas y potenciales como el resto de la humanidad. La mayoría de las minorías tienen como característica la exclusión social laboral y la falta de dinero, son como unxs sirvientes o esclavxs de la sociedad. Marica y pobre, trans y clase media, doblemente jodidxs. Pero como siempre se puede poner peor, también se les reserva, junto a las mujeres, el terrible papel de la explotación sexual, sobre todo a las trans.

La exclusión como negocio y la trampa inclusiva

Hablamos con Chea Rodríguez y con Jesús Elías Gutiérrez sobre el asunto laboral en la comunidad marica y trans. Ella, profesora en la UBV, abogada, activista social, artista y como nos dice: una privilegiada, un caso anómalo dentro de la comunidad trans. Aunque nos cuenta que cada vez que sale a la calle tiene que caminar de frente a los carros, su cédula dice José y sigue sin saber qué baño usar. Él estudió en la UCLA Desarrollo Humano, hoy con beca de trabajo en la Biblioteca Nacional y hace trabajo social en el estado Lara en organizaciones de diverso tipo,  se forma y facilita desde la educación popular en Barquisimeto y también debe padecer y se defiende en su día a día contra la homofobia.

Jesús Elías nos habla de algo clave para el avance de la inclusión laboral de estas comunidades; el inmenso avance en el acceso al estudio, que era un imposible hace casi dos décadas, hoy es una realidad cotidiana. Gracias al estudio gratuito en distintas universidades e institutos públicos a nivel nacional más gente de la clase media y la gente jodida,  sin recursos,  puede estudiar y eso incluye a la población mayoritaria marica y trans. Aunque Chea nos aclara que el maltrato que viven lxs jóvenes transgénero cuando se les empieza a notar sus tendencias es tal, que difícilmente lleguen a la universidad. Para ese momento ya están en la prostitución o en trabajos informales de prestación de servicios. También nos cuenta que lo que suele suceder con lxs que sí estudian es que luego de tener su título en la mano es que comienzan a asumir su identidad.

Ya en el ruedo laboral, esta comunidad lamentablemente suele entrar en la lógica que dentro del devenir

profesional termina replicando los prejuicios y prácticas segregacionistas que hay hacia la mariquera. Jesús Elías caracteriza los casos más frecuentes; quien reniega por presión social de su condición para lograr esquivar las discriminaciones. También quien asume su postura marica y padece la discriminación más directamente, pero se esfuerza mucho por encajar, competir y “servir bien” en sus espacios de trabajo. Estxs terminan surgiendo y se vuelven gays y dejan de considerarse maricxs porque ya tienen otro estatus social, esxs se convierten, son el cliché de la LGBT chic.  Por último está una minoría que asume palante sus decisiones sexuales y de género y se dedica a trabajar en áreas diversas,  académicas, investigativas, sociales, etc. Ámbitos en donde lo central no es el dinero. Suelen dar la lucha política y social necesaria.

El caso primero de la mariquera enclosetada de hombres no deja demasiadas opciones distintas a la promiscuidad y pagar por sexo, denigrando de su condición y la de otrxs por buscar contacto físico y afectuoso. En el segundo sucede lo mismo como consecuencia de las dinámicas impuestas a los maricxs con posibilidades económicas, sobre todo a los hombres, analiza Jesús Elías. Se encarga de dejar claro lo que opera al poner a la mariquera en esa situación de aislamiento y soledad que se disfraza con un ritmo de vida proactivo, de gueto que goza de una intensa vida social. El sentido que tiene la discriminación como negocio porque le adjudica ciertos roles a la mariquera para que se convierta en un consumista de rumba, gimnasios, ropa, sexo, y restaurantes y viajes para los más “exitosos”. También la importancia de convertir a lxs mismxs maricxs en reguladores sociales de lxs otrxs y en sus opresorxs. La mariquera cavando su propia fosa de exclusión laboral, explotación y segregación.

Pero quien accede al estudio sigue siendo una minoría, la realidad es que la mayoría trabaja en labores informales “feminizadas”, frívolas, que implican como “facultades” alguna veta artística farandulera o ser ordenadxs y limpixs. Empleados en cines, cadenas de comida rápida, centros comerciales, peluquerxs, asistentes en las oficinas, asistentes en programas de televisión, etc.  Por último, pero muy abundante: jibareo y  prostitución, que dependiendo del lugar puede ser muy frecuente en lxs maricxs y siempre más en las trans, que como dice Chea, son los más postergados de la sociedad. Hay varios casos, nos dice Jesús Elías: prostitución forzada desde chamxs por los hombres que le rodean, prostitución forzada porque se convierte en un resuelve de la peladera.  La  promiscuidad que termina siendo una prostitución disfrazada, como tantas otras formas de prostitución. Por ejemplo, ser pareja de alguien que en realidad te lleva a su vida porque te paga todo y te usa como su propiedad privada.  De todos los riesgos de la exclusión la prostitución y el jibareo son las más peligrosas. Mueren aproximadamente tres trans por fin de semana y de paso son invisibilizadas y perdonados sus asesinos, en muchos casos. Esta gente vive entre mafias de las “mamás” cobra prote, policías y demás bichiteo.

El marco legal que incluye pero no tanto

Chea nos habla sobre las leyes que se formularon y aceptaron a partir de 2009, en las que se prohíbe la discriminación por identidad y expresión de género. La ley de Registro Civil (art. 146) permite el cambio de nombre de lxs trans. Pero no hay quienes hayan conminado al Poder Electoral a que haga cumplir al Registro esta función. Por otro lado, el asunto es que no hay instancias adecuadas para hacer reclamos, no están definidas las sanciones legales para quien incumpla, no se describen las formas de discriminación. Entonces, las leyes específicas que mencionan la no discriminación por identidad y expresión de género son, cronológicamente: la Ley de Instituciones del Sector Bancario (2010), artículo 173.6; la Ley Orgánica del Poder Popular (2010), Artículo 4; la Resolución 286 del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, en su 2° considerando y artículos 3.1, 3.2, 4 y 19; la Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda (2011), artículos 5.8 y 14, pero en realidad es más una mención que otra cosa.

Es peor con la Ley del Trabajo, no aparecen la identidad ni la expresión de género, a lo arrecho, a lo patriarcal en HD, como que no existieran, solo aparece la orientación sexual protegiendo a maricxs, gays, lesbianas y bisexuales, pero lxs transgéneros y lxs intersexuadxs están por fuera. Interpreta Chea, y es totalmente lógico, que esta situación es definitoria a la hora de segregar en el plano laboral, abonando el camino para ambientes laborales inseguros en el sector público y privado, en donde quien quiera montársel

a a alguien por maricx o rarx, tiene todo para hacerlo. Contrataciones sin garantías, despidos fraudulentos y directamente la posibilidad de no emplearles.

Finalmente, debido a su posible influencia, hay que tomar en cuenta la presencia pública y notoria que tienen las fuerzas evangélicas y cristianas, lo cual junto a la falta de claridad política puede hacer un coctel explosivo.  La pelea en las calles contra la comunidad marica y trans, les exige abandonar sus prácticas y convertirse a la heterosexualidad como exigencia para formar parte de esta sociedad, un chantaje que va subiendo de tono. Como sabemos estas comunidades hacen vida en todos los ámbitos de la sociedad y desde cada lugar tratan de imponerse. También sabemos que estas iglesias operan a nivel internacional.  Chea denuncia la presencia de grupos religiosos en el Estado semejantes a los que han irrigado el poder institucional en Brasil y que hoy por hoy tienen mucha influencia en las interpretaciones de las leyes. Hay una especie de populismo bien intencionado, nos dice, pero que debe convertirse en real voluntad para la acción, para poder detener esta presión que ejercen y que va en contra de nuestra constitución y su defensa del derecho a la no discriminación y al libre desarrollo de la personalidad.

Lo que queda por delante

El asunto es delicado y debemos entender que esto puede producir un retroceso en los modestos pero tangibles avances que se han dado en los últimos años e impedir los necesarios avances futuros. Entonces el panorama no es esperanzador a vuelo de pájaro. Nuestras luchas son bien incipientes al lado de países como Argentina, Bolivia, Uruguay y algunos en Europa. Y sin gente organizada para presionar y construir un marco legal adecuado para la igualdad, el futuro seguirá siendo la violencia social y la exclusión laboral y económica. Pero además, ese marco legal no tiene vida si no hay fuerza en la calle para hacerlo cumplir y una sociedad sensibilizada, apoyando las profundizaciones necesarias. Si de verdad creemos en la paz, la libertad, la solidaridad, el respeto y el amor seguramente entendemos que estas personas no dañan a nadie con sus elecciones, que es la moral conservadora y la doble moral la que más bien pone en riesgo sus vidas y  convierte en paria a un inmenso número de ellxs, que deben sumarse forzadxs a asuntos delincuenciales a los que no están ligadxs por definición. Hay que hacer el trabajo colectivo y organizado que nos permita continuar siendo referencias de luchas ganadas.

 

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