Entre el arco minero y la tercera guerra mundial / Conversando con Julio Escalona

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Por: Jessica Dos Santos Jardim

Cuando me plantee escribir sobre el Arco Minero del Orinoco sentí un poco de miedo, primero porque considero que el tema debe abordarse lejos de cualquier perspectiva que apunte a lo personal y subjetivo, entiéndase señalamientos del tipo: “¿Qué hablas tú? Si jamás has salido de Caracas”, o “Cuéntame ¿cuánto coltán requirió el teléfono inteligente desde el que me estás escribiendo?”, o cualquier otro falso argumento que apueste a poner en duda el compromiso político-social de nadie. Y segundo, porque mi postura no coincide con las dos existentes, y por ende se arriesga, como diría el Che, a recibir disparos de ambos lados: uno que de una u otra forma pareciera negar o desconocer un ya existente y macabro panorama de minería ilegal imperante en la zona (y hasta llega a coincidir en su discurso con ONG’s tan deplorables como PROVEA o la Sociedad Homo et Natura) y otro que considera que la minería puede ser linda y hasta ecológica y a cualquiera que le refute eso le saca un video donde Chávez menciona vagamente el proyecto del Arco Minero.

En total, Hugo Chávez habló ocho veces sobre el Arco Minero, la primera un 24 de mayo del año 2010 reunido con consultores del Banco de Desarrollo de la República Popular de China, la última el 27 de noviembre de 2012 mientras se firmaban acuerdos con la Federación Rusa. En ningún momento, al menos no público o televisado, el presidente mencionó cómo, cuándo o quiénes realizarían esta explotación. Sin embargo, desde el primer capítulo del Plan de la Patria se hace énfasis en el tema minero (en sus puntos 1.2.4., 1.2.4.1., 1.2.6., 1.2.9., 1.2.10., y 1.2.12), mientras que en el tercer capítulo se menciona concretamente el Arco Minero:

3.1.15.8. Incrementar la producción de oro y diamante actualizando tecnológicamente las empresas estatales de oro existente, conformando empresas mixtas en las cuales Venezuela tenga el control de sus decisiones y mantenga una participación mayor del 55% y organizando la pequeña minería en unidades de producción.

3.1.15.9. Conformar empresas mixtas para la explotación y procesamiento de bauxita, hierro, coltán, níquel, roca fosfórica, feldespato y carbón; en las cuales Venezuela tenga el control de sus decisiones y mantenga una participación mayor del 55%.

3.4.2. Promover y acelerar el Desarrollo del Arco Minero.

3.4.2.1. Crear un marco legal que garantice el control soberano y hegemónico del Estado en el desarrollo de la cadena productiva del sector minero y sus actividades conexas.

3.4.2.2. Garantizar la debida cuantificación y certificación de los volúmenes de recursos disponibles en los sectores del hierro, aluminio, coltán, oro y otros minerales.

Yo no voy a fingir que a estas alturas es que vengo a notar que esto de una u otra manera rebate el objetivo 5 (“Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”) ni voy a caer en la diatriba que reza que “Chávez también era un ser humano y tenía derecho a equivocarse”, como si él hubiese sido un incapaz que no percibió la aparente contradicción, tampoco seré la pitonisa que apunte a saber más de lo que ahí se menciona. Tal vez, tras la activación del motor minero que realizó el presidente Nicolás Maduro, yo pudiera sentarme a evaluar cuáles puntos se están o no haciendo, porque antes de eso absolutamente ninguno se cumplió.

“En efecto, la minería en la zona ya existe y actualmente se vive una situación muy desordenada, agresiva, es un espacio que desde hace tiempo viene siendo destruido, un mundo minado por mafias, delincuencia, tráfico ilegal, del cual se han estado enriqueciendo personas sin escrúpulos ni consideración, pero también muchas empresas y países potencias. Por eso algunos actores políticos tienen una posición absolutamente oportunista, por ejemplo, uno de los voceros de la oposición, el señor Américo de Grazia, es de los principales responsables de ese desorden. Ellos saben que la intervención del Estado va a afectar los intereses que ellos defienden y representan”, le explicó a 15 y Último, el economista y analista político, Julio Escalona.

Julio agrega: “Esto hay que explicarlo mediáticamente. En lo comunicacional nos falta mucho porque solo ha calado una versión sobre el Arco Minero. No se ha explicado que son las mafias quienes se benefician del desorden, la falta de políticas y la arbitrariedad que reina en la zona. Hay que evidenciar, por ejemplo, la pugna de intereses existente, quiénes pertenecen a esas mafias que operan en el lugar y que también incluyen a autoridades regionales, a ver si así se entiende la importancia de que exista la presencia del Estado”.

Sin embargo, ¿existe algún mafioso más poderoso que una transnacional?, ¿cambia en algo decirle a un delincuente qué te puede y qué no robar, y cómo hacerlo? “Es que para poder regular la minería o establecer una minería distinta se necesita todo el peso del Estado, asociaciones reales con los pueblos indígenas que son la base fundamental de esa zona, pero también con los mineros ilegales porque también viven ahí y son pueblo, pero lo primero es expulsar a los cabecillas de las mafias que ahí operan, este es el aspecto central. El otro asunto es establecer acuerdos con esos sectores del capital que tú mencionas, las grandes empresas que van a operar ahí, y que deben apegarse al plan gubernamental, beneficiar al Estado y respetar a la naturaleza. Además, si se deja la situación tal y como está también habrá una destrucción definitiva de la región. Ahora el gobierno ha anunciado públicamente un plan y lo ha llamado “minería ecológica”, ya se prohibió el uso de mercurio que actualmente viene siendo utilizado a diestra y siniestra, ahora tiene que haber una fuerte supervisión del Estado”, nos dice Escalona.

Uno podría preguntarse: ¿Con qué se come la minería “ecológica”? ¿Será el mercurio sustituido por el cianuro? ¿Podrá evitar ese adjetivo la deforestación, contaminación, y prejuicio a las fuentes hídricas, en especial entendiendo que la Cuenca del Orinoco surte de agua a millones de venezolanos mientras la Cuenca del Caroní es vital para el funcionamiento idóneo de las represas del Guri, que como nos enseñó el fenómeno El Niño, es vital también para nuestro sistema eléctrico? ¿Si no hemos podido supervisar ni el cumplimiento de los precios justos podremos hacerlo con un número considerable de compañías transnacionales?

“Se necesitan políticas para ordenar toda esta situación irregular, no hay otra manera, acabar con un proceso delincuencial de este tipo es sumamente difícil, pero al menos ya hay un plan, y la minería ecológica es difícil, pero puede que sea posible. Yo creo que la ecología es una sola, entonces todas esas divisiones de ecología política, ecología esto, ecología lo otro, no sé qué tan útiles sean. La ecología es interrelación, interdependencia, complementariedad y solidaridad. ¿Qué significa eso? Que la naturaleza, el planeta, todas las cosas están interrelacionada, interconectadas, son complementarias y también debe haber una solidaridad. Por ejemplo, el trabajador y el patrono son complementarios, pero no son solidarios entonces esa no es una relación ecológica, las relaciones donde no se cumplen esos 4 principios están fuera del dominio de la ecología. Yo creo que podemos lograrlo”, comenta Julio.

Lo cierto es que cuando los gobiernos son de tendencia neoliberal este tipo de decisiones conllevan a pugnas y represiones que caen en lo sanguinario. Sin embargo, cuando se trata de Estados que intentan un transitar de modelo, la cosa adquiere muchas y distintas tonalidades, lo vimos en Ecuador cuando Rafael Correa decidió explotar el petróleo de la Amazonía o en Bolivia cuando Evo Morales planteó la construcción de carreteras que atravesaran las reservas ecológicas del país.

Además, para nadie es un secreto que más de 180 campos petroleros y gasíferos se extienden por la Amazonía occidental, un área de 688.000 Km2, bajo el control de 35 compañías transnacionales. Esta es la zona más biodiversa del mundo. En una hectárea se pueden encontrar más de 600 especies de árboles, mientras en todo el territorio de Estados Unidos existen solo alrededor de 800. ¿Le importa esto a los poderosos del mundo? ¿Les importa, aunque sea algún pedazo del planeta Tierra?

“Ese es el trasfondo. El asunto es que el capital financiero que reina en el mundo entero ha definido una política que es fascista, malthusiana (una teoría desarrollada por el economista británico Thomas Malthus), por eso son antiecológicos, porque se han planteado la eliminación de tres mil millones de habitantes del planeta que ellos consideran que sobran, lo que ocurre con los refugiados en el mediterráneo donde diariamente mueren miles de personas forma parte de la misma política y es eso lo que están intentando implantar en todos lados. El mundo entero está en guerra y no es por motivos religiosos sino por intereses económicos orientados a las súperganancias. La tercera guerra mundial comenzó hace rato, a veces es sutil, pero igual es guerra. Los poderosos saben que la naturaleza está deteriorándose, y saben las consecuencias que eso tiene para la vida humana, pero ellos esperan crear, desde sus laboratorios, fórmulas para regular lo que están haciendo, es decir, la destrucción de los ecosistemas. Ellos creen poder destruir el planeta y a la par ir creando la forma de que una minoría pueda sobrevivir en esas condiciones o en el peor de los casos abandonar el planeta, y tratar de ocupar otras regiones en el sistema planetario, el presidente Obama en enero del 2014 dijo que EE.UU. estaba explorando el espacio exterior no para hacer turismo sino para quedarse, incluso Norteamérica ha profundizado sus investigaciones sobre los llamados agujeros de gusanos, es decir, los viajes espaciales solo están impedidos por los largos tiempos que se requieren para pasar de un planeta a otro, pero si se lograsen reducir podríamos viajar en minutos, como en la película Stargate, cuando ciertas temáticas llegan al cine gringo es porque ya se están experimentando en serio”, finaliza el economista y analista político venezolano, Julio Escalona.

En esta teoría coinciden también investigadores como el economista canadiense Michel Chossudovsky, o el escritor ruso Daniel Estulin, autor de la trilogía sobre el Club Bilderberg, quien considera que para resolver nuestros problemas la humanidad deberá emigrar a otros planetas, pero los integrantes del Club Bilderberg (a la última reunión asistieron políticos, gigantes bancarios, y empresas como Michelin, Roche, Royal Dutch Shell, BP, Siemens, Google, PayPal, Facebook, entre otros) buscan asegurar exclusivamente su supervivencia. Sin embargo, yo coincido un poco más con lo que respondía Fidel Castro: “No podemos perder la Tierra, que es aún la única manera de no perder todo lo demás que está fuera de ella”.

¿Habrán considerado esto el Estado venezolano y el plan de desarrollo del Arco Minero? Amanecerá y veremos.

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