¿Es posible un boicot comercial en Venezuela?

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Por: Jessica Dos Santos Jardim

Hace tan solo unos días, la candidata estadounidense Hillary Clinton expresaba “su preocupación por las campañas de boicot”, y prometía que de resultar electa tomaría “acciones legales” para prohibirlas. ¿Tanto peligro representa un boicot? ¿De qué se trata todo esto?

Se supone que un “boicot” consiste en negarse a comprar o practicar cualquier tipo de relación comercial con un individuo o empresa. La duración y alcance del boicot suelen variar tanto como las razones que lo originan, algunas son “estrictamente económicas”, mientras que otras caen en lo “ético”, aunque pensándolo bien: el dinero pareciera ser quien pone a prueba todos los principios.

Si suena tan sencillo, ¿por qué nos resulta un término tan lejano? Probablemente porque es muy poco lo que usted y yo conocemos de Irlanda, pero cuentan que, por allá, en plena guerra agraria entre 1870 y 1890, Charles Boycott, quien era “el encargado” de las fincas de un terrateniente que vivía fuera del país, se negó a mejorar las condiciones de sus trabajadores. Los campesinos se negaron a recoger la cosecha (tuvo que pagarles a trabajadores del norte del país para que lo hicieran), los comercios dejaron de venderle comida, el cartero no le llevó más el correo, y el miedo lo hizo contratar un sinfín de escoltas. Al final, Charles Boyccott quedó solo y arruinado, y la iniciativa que lleva su nombre busca lograr más o menos lo mismo.

¿Funcionaría? Dejemos que hable la historia: uno de los boicot más recordados fue el liderado por Gandhi en el año 1915, cuando llamó a la India a boicotear todos los productos británicos, para revitalizar las industrias nacionales. Seguido por el emprendido contra Sudáfrica durante los años del Apartheid, es decir, un boicot económico (retirar el dinero de los bancos que poseían filiales en Sudáfrica, no comercializar con sus empresas, etc.) y otro deportivo (la exclusión de los Juegos Olímpicos desde 1964, y de las competencias internacionales de rugby y cricket desde 1970).

En esta misma tónica, pero puntualmente en el año 1955, Rosa Parks, una costurera negra, de Alabama, Estados Unidos, se negó a cederle su asiento en el autobús a un blanco, el chofer llamó a la policía y la mujer fue arrestada, pero la comunidad afrodescendiente, con Martin Luther King al frente, tomó las calles e inició un boicot contra esta línea de buses que a los pocos días había disminuido el 65% de sus ganancias.

Como ven, muchos boicots poseen una fuerte carga de consciencia, pero también otra de profunda necesidad. Para bien o para mal, la segunda pareciera jalar más que la primera. En Venezuela, durante nuestros recientes años de bonanza, nunca nos decidimos a hacerle un boicot a las 10 trasnacionales más sangrientas y venenosas que dominan el mercado mundial (Pepsico, Coca Cola, Kraft, Nestlé, General Mills, Kellog´s, Mars, P&G, Unilever y Johnson&Johnson) y tampoco a sus pares venezolanos.

Sin embargo, yo estoy segura de que todos hemos ejercido el boicot al menos una vez en la vida. Por ejemplo, yo nunca compro en el supermercado de la esquina porque su dueño tiene una peculiar y asquerosa manera de acosar con la mirada a cualquier ajetreada compradora, mi familia jamás entra “en la panadería de abajo” porque “son unos cochinos”, los panas jamás toman birras en los chinos de la escalera porque “los hijos de puta nunca prestan el baño”, etc. Sin embargo, las iniciativas individuales suelen estar condenadas al fracaso. ¿Podrán triunfar las colectivas? Desde hace días andan circulando por las redes sociales un par de llamados concretos a boicotear el cambur, los plátanos, el tomate, el pimentón, la cebolla, la panela, el cebollín y los ajos. ¿Serviremos los venezolanos para esto?

“Yo creo que sí, incluso la convocatoria está rodando de forma espontánea, y viene de muchos y diversos sectores. Además, queremos que el primero de septiembre ejerzamos una huelga de consumo, para devolver, aunque sea por 24 horas, los golpes que nos han venido dando los comerciantes, frenar, por lo menos por un día, a quienes ejercen la usura diaria, y opinan sobre nuestros salarios, pero no les importa lo que pensamos nosotros sobre sus precios. Yo creo que unidos somos capaces de salir de este espiral sin límites a donde nos llevaron quienes están acostumbrados a vivir del sueldo y el trabajo de los demás. Hoy debemos ejercer un boicot al comercio especulativo, a las mafias que ejercen la delincuencia económica a través de una sangrienta política de precios que no se ha podido contener, controlar ni desmantelar. Ya tenemos un aumento de salario, pero esto no será suficiente si no paramos el afán especulativo desmedido contra el pueblo trabajador. Pensamos que desde el poder popular tenemos no solo la facultad sino también la obligación de ejercer un poder que hasta ahora no hemos sabido utilizar: el poder del consumidor”, expresa para 15 y último, Oliver Rivas, integrante de la Red de Defensores de la Seguridad y Soberanía Alimentaria (REDDSSA).

Sin embargo, todavía son muchos los que esgrimen argumentos en defensa del especulador, entre los cuales yo solo rescato, y a medias, dos: los sinceramente confundidos que consideran que los precios de estos rubros tienen algo que ver con “la temporada” de los mismos y los que creen que algunas situaciones en el campo deben ser atendidas. Para los primeros va una explicación y para los segundos un acompañamiento. “En Venezuela, hay dos ciclos, el ciclo de invierno que empieza con la temporada de lluvias cerca de marzo-abril, y el ciclo verano que se da con la salida de las lluvias, donde se siembran leguminosas como caraotas y frijoles, el maíz se siembra durante la época de lluvia, es decir, primero la producción de maíz-cereales, y luego las leguminosas. Algunas fechas han cambiado por el tema de la variabilidad de las lluvias o la fuerte sequía que incide en los cultivos que no utilizan riego como el maíz. Pero las hortalizas, en la mayor parte de los sitios donde se cultivan, por ejemplo, en las zonas andinas y centrales, utilizan sistemas de riego, y por eso la producción es continua, durante todo el año, y se van rotando los rubros: papa, zanahoria, ajos, y en otras zonas, generalmente más bajas, brócolis, coles, berenjenas, pero todo continuamente”, explicó para 15 y último, la ecologista e integrante del movimiento Venezuela Libre de Transgénicos, Ana Felicien.

Ana agrega: “Ahora, el verdadero problema que pudiera influir en esto es el aumento excesivo del precio de las semillas, recordemos que las hortalizas, que son de alto consumo a nivel nacional, utilizan semillas importadas y estas están siendo bachaqueadas, a precios muy especulativos, por ejemplo el costo de 1 libra de semillas de tomate en el estado Lara pasa de los 300 mil bolívares, y no hay ningún control, por eso nosotros pedimos, entre otras cosas, la democratización del acceso a la semilla con investigaciones públicas. Algunas instituciones venezolanas han desarrollado variedades de hortalizas, con precios accesibles y adaptadas a condiciones locales, debemos seguir con eso. Lo segundo es que ha habido robos y graves daños a las cosechas, en Yaracuy se están robando el maíz, los campesinos que accedieron a créditos otorgados por el Estado, y que están a punto de cosechar el maíz para las plantas procesadoras del Estado, son atracados diariamente, grupos delictivos, conformados por entre 20 a 30 personas, llegan en varios vehículos, y se llevan decenas de sacos para revenderlos”.

Nada que no se sepa, el pasado 30 junio, el propio presidente Nicolás Maduro expresaba durante un contacto telefónico con el estado Monagas: “Debemos asumir el tema de las semillas. ¿Cómo vamos a estar importando semillas si somos un país privilegiado? (…) Tenemos que hacernos especialista en nuestras tierras, en el riego, pero esto de las semillas parece que es un tema que nadie quiere solucionar (…) Articulemos con los productores del campo, articulemos con los institutos de producción científica, y universidades (…) Asumamos, debemos autoabastecernos de semillas”. Entonces, ¿toca que lo pida alguien más?

Mientras el tiempo nos responde esta pregunta vayamos dándole curso a otras: ¿Podremos o no llevar un boicot con éxito? Gabriel García Márquez decía que a veces la clave para triunfar es “defendernos atacando”, probemos.

10 Comentarios en ¿Es posible un boicot comercial en Venezuela?

  1. Sí es verdad que hay factores estacionales, como pasa con el tomate, que en invierno hay que envararlo por las lluvias, lo cual sube los costos por alambres, varas, mano de obra, etc., o el queso que en verano es más caro porque el ganado tiene menos alimento y cuesta más producir. Pero lo cierto es que la ola especulativa en general es brutal y ya es un caso de supervivencia. O los ladrones o nosotros.

    • Si, sin duda los hay, y muchos problemas por/para atender en los campos venezolanos también, pero no es eso lo que genera la ola especulativa. Un beso, José. Gracias por la lectura!

  2. Aquí lo único que no es estacionario es la especulación, no dudo de la existencia multifactorial que afectan el nivel de precios, pero el principal es la especulación que existe en la cadena de distribución. Además de los productos mencionados yo agregaría el pan aunque sea por un par de días, ya basta de poner horarios para producir pan.

  3. El boicot es una de las herramientas más poderosas que tenemos les trabajadores para enfrentar a los comerciantes. Demuestra poder de organización y conciencia política. No se puede esperar de la clase gobernante lo que solo puede venir de nosotros mismos, organizados. Incluso, para les que esperan todo de las instituciones del Estado, un boicot bien realizado pone en evidencia la incompetencia de éstas. Precisamente, la acción directa del boicot nace del descontento por tener poco apoyo (o nada) del Estado. Por lo tanto, por cualquier lado que se vea, no apoyar un boicot es estar, conscientemente o no, del lado de los comerciantes. Salud

    • Y si existe ese sector que conscientemente o no le hace el juego a los comerciantes y hasta termina usando los argumentos de quien los jode. Creo que si vamos a ser simples consumidores, que poco o nada producen, al menos no seamos tan pasivos, y golpeemos la ficha acertada para un efecto domino. Yo pienso, sinceramente, que las coyunturas y la propia necesidad (más allá de si es o debe ser o no el motor que nos mueva) se prestan para experimentos interesantes, por ej retirar o sustituir de nuestra mesa los productos que nos vendieron como “básicos” y no son más que veneno, o este tipo de iniciativas (boicot) que apunten a hacernos conscientes de nuestros poderes como gente que se organiza. El reto incluso será mantenerlo en el tiempo cuando todo pase.

  4. Excelente artículo. También he escrito acerca del tema de semillas. Ver en Ensartaos y Aporrea Macupatra: Desde la semilla. Participó en trueques de semillas en Mérida y también en el recién creado Consejo de resguardo y defensa de la semilla autóctona, campesina, indigena y afrodescendiente del estado Mérida: Los mintoyes de Mistaja. Es importante seguir uniendo esfuerzos en colectivo y reforzar la idea con los Clap…así venceremos!

    • Gracias! Revisaré los escritos! Mérida es una hermosa paradoja, ser uno de los estados que más emplea agroquimicos, fertilizantes, insecticidas, etc, pero a la vez tener iniciativas tan valiosas en materia de semillas, preservación de especies, trueque, etc. Hace poco probé por allá los “chachafrutos”, tan sabrosos como desconocidos, nada que envidiarle a las caraotas. Un beso.

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