Frontera colombo-venezolana ¿De qué nos sirve?/ Conversando con Luis Gavazut

ColomboVenezolana

 

Por: Jessica Dos Santos Jardim

Yo aprendí a querer a Colombia leyendo a nuestro Libertador. Aun se me eriza la piel con la descripción que realizó Bolívar de Santa Marta en aquella carta que le envió a su prima, Fanny Duvilar, el 6 de diciembre de 1830: “Tengo frente a mí el Mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la Sierra con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros sueños, y sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz”. Yo pude entender a Colombia tras los cuentos variopintos de una especie de noviecito barranquillero a quien quise mucho alguna vez. Luego me interesé en el tema fronterizo de la mano del libro Vivir en frontera, pero solo sentí la complejidad de sus dimensiones cuando me acerqué tímidamente a las líneas invisibles que separan una nación de otra.

En estos espacios reinan dinámicas y formas de sobrevivencia muy distintas, sumadas a la coexistencia entre las autoridades legales e irregulares que se desenvuelven con fluidez ante la resignación, el miedo o la naturalidad de los demás. Hace no mucho abundaban los relatos de mujeres de El Amparo, estado Apure, que al sentir los dolores de parto, preferían ser trasladadas en una canoa al Arauca colombiano, a donde llegarían en tan solo un minuto y medio, en vez de recorrer los 30 kilómetros que las separaban de Guasdualito, cosa que ocurría a la inversa en el eje Puerto Santander-Boca del Grita-La Fría. Hoy tal vez sean millones los venezolanos que nacieron en Colombia, los colombianos que nacieron en Venezuela.

Precisamente, hace muy poco, en el muelle de Puerto Ayacucho, estado Amazonas, ante la inmensidad del río Orinoco, sentí que con tan solo estirar la mano podría acariciar el poblado de Casuarito, Colombia, que se erigía ante mis ojos. Pero, por primera vez, mi interés netamente social, logró enfocarse en otro, el económico. Por aquellos días, cuando aún las fronteras permanecían “cerradas”, los habitantes de Amazonas aprovechaban la ribazón (afluencia súbita de peces a la orilla) para llevarse un sinfín de pescados a Colombia, vender un par de kilos allá les permitiría comprar de vuelta todo el camión de la feria socialista del pescado y les quedaría vuelto. Pero fue oficialmente el pasado sábado 13 de agosto cuando se anunció la “apertura gradual” de las fronteras colombo-venezolanas tras un año de “cierre”. Vale preguntarse: ¿Trae esto algún beneficio tangible para Venezuela desde el punto de vista económico?

“Mira, desde el punto de vista estrictamente económico, para Venezuela no hubo nada negativo con el cierre de frontera. Es decir, no se afectó para nada los puestos de trabajo, ni el Producto Interno Bruto, tampoco hubo una caída perceptible de nuestras exportaciones, ni empresas que se hayan ido a la quiebra por eso. Al contrario, el cierre de la frontera contribuyó positivamente a disminuir el índice de desabastecimiento en el estado Táchira y en estados circunvecinos, y a controlar un poco la inflación en esas zonas. Por otro lado, significó un gran ahorro de divisas por la disminución de la venta de gasolina subsidiada legal y la robada a través del contrabando de extracción. Así que desde el punto de vista económico tener la frontera cerrada era una ventaja, y si los controles hubiesen sido más efectivos, eficientes, y expeditos, el efecto habría sido muchísimo mejor”, nos explica Luis Enrique Gavazut, investigador en Ciencias Sociales y parte del equipo de analistas económicos de 15 y último.

Entonces, ¿para qué coño la abrimos?: “Porque no podemos obviar el hecho de que ese cierre de la frontera determinó un incremento de otros tipos de forma de criminalidad, conflictividad social, aumento del contrabando de extracción por otros puntos, así que poniendo todo esto en la balanza, pues, el Ejecutivo consideró que la tensión diplomática con Colombia era innecesaria, y además podía ser utilizada para potenciar aún más la matriz de crisis humanitaria en Venezuela y darle otra excusa a la comunidad internacional, recuerda que las presiones geopolíticas siempre son un riesgo para la estabilidad”, agrega Gavazut.

Ahora bien, la apertura de la frontera vino acompañada de varias medidas: horarios específicos para el tránsito, expedición de un documento de facilitación fronteriza, creación de un centro binacional para la lucha contra el crimen transnacional, reactivación de un comité técnico binacional de salud y el inicio de una evaluación sobre las relaciones comerciales. ¿Responde algo de esto a las problemáticas que nos llevaron a cerrarla?

“Los elementos fundamentales que motivaron el cierre de la frontera desde el punto de vista económico fueron dos: mitigar el contrabando de extracción que llegó a ser 40% de toda la disponibilidad de alimentos de Venezuela, es decir, 4 de cada 10 productos. Y por el otro, controlar el ataque especulativo a la moneda, o sea, el denominado bolívar Cúcuta, cuyo proceso de generación se gesta en la frontera entre San Antonio del Táchira y Cúcuta, debido a la vigencia de la resolución número 8 del banco de la República de Colombia que permite la doble cotización del bolívar respecto al peso colombiano: una que depende del banco de la República y otra en la calle a través de lo que ellos llaman los profesionales del cambio y la moneda, es decir, las casas de bolsa de Cúcuta donde el tipo de cambio es establecido por las mafias”, nos recuerda Luis Enrique.

En este sentido, el gobernador del estado Táchira, José Gregorio Vielma Mora, asomó hace un par de días, en una entrevista con Telesur, que Colombia había “acogido de buena manera” la petición de Venezuela sobre derogar “los artículos 40, 70 y 71” de la mencionada resolución. ¿Esto sí sería positivo para Venezuela?:
“Claro, es fundamental para la economía venezolana, porque todo el proceso de formación de precios en Venezuela se establece en función de un método contable que se llama ‘el método del costo de reposición de la mercancía’. Ese método está prohibido mediante una resolución de la Sundee y un decreto presidencial, pero igual lo usan. ¿Qué dice ese método? Algo así: esto cuesta tanto hoy, pero yo no lo voy a vender a ese precio, sino que voy a calcular cuánto me va a costar a mí reponer mi inventario cuando me toque reponerlo, tomando en cuenta la devaluación de la moneda (que es marcada por dólar today y por dólar Cúcuta) y lo voy a vender a ese costo más la ganancia.

”Esa perversión lo que hace es abultar constantemente los precios y llevarnos al límite de la hiperinflación, porque fíjate, ¿cómo calcula dólar today? Su fórmula de cálculo, según su propia página web, tiene dos componentes: el bolívar Cúcuta, o sea la cotización del bolívar en relación al peso colombiano en las casas de cambio de Cúcuta. Es decir, no se toma en cuenta la cotización oficial del banco de la República de Colombia, ni una muestra más amplia del territorio o transacciones binacionales, sino única y específicamente las casas de bolsa de Cúcuta. Y el otro componente es la cotización del peso colombiano en relación al dólar norteamericano pero allá en Colombia, un parámetro que es absolutamente independiente de lo que ocurre en Venezuela o en la economía venezolana. Es como si nosotros calculáramos el tipo de cambio del bolívar respecto al dólar según el tipo de cambio de la Corona Sueca, un absurdo total, porque las economías de Venezuela y Colombia no guardan ninguno tipo de relación funcional de equivalencia que te permita matemáticamente hacer ese tipo de conversión o regla de tres, eso es lo que convierte el método de cálculo de dólar today en algo irracional, sin basamento de ninguna índole”, expresa el investigador Luis Enrique Gavazut.

Pero, entonces: ¿En que se apoya Dólar Today para hacer esto así y por qué no hay medida alguna que los detenga?: “La excusa que da dólar today es que supuestamente hay muchos venezolanos interesados en comprar dólares en Venezuela y como no los consiguen, porque existe un control de cambio y están escasas las divisas por la caída de los precios del petróleo, pues se van a Colombia y compran pesos colombianos en esas casas de bolsa y con esos pesos van y compran dólares en cualquier espacio de Colombia. Pero eso es una falacia porque no es la demanda de dólares por parte de Venezuela la que impacta en el bolívar Cúcuta, porque si así fuese el bolívar Cúcuta debería fortalecerse y pasa todo lo contrario. Esa terrible devaluación del bolívar en la frontera obedece a la demanda de bolívares a cambio de pesos colombianos, es decir, a los que les interesa tener bolívares es a las mafias que allí operan, a las casas de bolsa les interesa entregar pocos pesos a cambio de muchos bolívares, para cruzar la frontera, comprar mercancías baratas en Venezuela, y devolverse a venderlas allá, un negocio con ganancias gigantescas, y la única manera de que ese negocio sea factible es devaluando el bolívar. Esto requiere controles por parte de las autoridades de Colombia, incluyendo la derogación de esa resolución numero 8, pero también otras legislaciones departamentales, por ejemplo, la que permite que la gasolina venezolana sea extraída, legalizada, y exportada por la estatal colombiana EcoPetrol o la que deja matricular de forma legal carros robados en Venezuela”, finaliza Gavazut.

¿Figurará esto entre los 480 acuerdos bilaterales que se encuentran en revisión? ¿Formará parte de alguna de las mesas de diálogo? Hay respuestas que reposan en los inaccesibles libros del tiempo. Mientras tanto, Venezuela mantiene la palabra de Chávez aquel agosto del año 2010: “Yo le reitero y le ratifico –así como García Márquez, el Gabo, en aquella gran novela El amor en los tiempos del cólera, así como Florentino Ariza llegó a hablarle a Fermina Daza recién enviudada, después del llanto, en el medio del llanto y le dijo ‘Fermina, después de 46 años, tres meses y diez días con sus noches, vengo a ratificarte mi amor eterno’– así le digo yo a Colombia. Después de todos estos avatares, después de todas estas tormentas, Colombia vengo a ratificarte mi amor que será eterno”. ¿Y correspondido?

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