Una “oposición” que nos cuesta demasiado / Luis Salas Rodríguez

Una-oposicion

Mucho se ha dicho y escrito sobre el costo que para el país representa el sector privado parasitario. Es el costo que para Venezuela conlleva el que en su seno se haya desarrollado una burguesía presupuestaria, en el sentido en que su actividad económica no pasa por producir sino por usufructuar la renta pública, bien directamente (créditos blancos, acceso a dólares preferenciales), o bien indirectamente (subsidios fiscales, arancelarios, etc.). O para decirlo en los términos coloquiales de un viejo edecán de Gómez: que se especializó en el arte de arrimar lo suficientemente bien la totuma al pozo del erario público.

También se ha escrito y dicho bastante sobre el costo que representan para el país las ineficiencias públicas y la corrupción. Siendo que esta otra característica es, simultáneamente, resultado y condición de posibilidad de la primera: un Estado con ineficiencias y corrupto, es plenamente funcional a efectos de la apropiación privada, legal o ilegal, de la riqueza nacional.

Pero sobre lo cual no se ha dicho nada es sobre los costos que las acciones de la derecha económica y el oposicionismo han representado para el país. Esto especialmente en el marco de sus recurrentes prácticas insurreccionales, que pasan por sabotear el normal funcionamiento del país y la economía nacional de un modo que es inédito desde todo punto de vista a nivel mundial.

Pero no tan inédito después de todo. Pues resulta comparable de hecho con casos donde hay guerra abierta, como por ejemplo Siria o Irak, si bien desde luego la devastación no es la misma, ni el costo en términos de vidas, ni pasa que el factor armado juegue el papel principal dentro del arsenal oposicionista. Lo cual no significa que no lo juegue ni que todo lo que han hecho no tenga un costo en términos de vidas humanas. Y es que tanto las guarimbas de 2013 y 2014, como el golpe de Estado de abril de 2002, así como el sabotaje petrolero de 2002-2003, dejaron un gran número de ciudadanos muertos y heridos, la gran mayoría de ellos partidarios y hasta funcionarios del gobierno nacional (lo que incluye miembros de la fuerza pública), como lo han sido también todos los que han resultado muertos en manos de bandas paramilitares o de sicarios con vinculaciones directas con partidos de la extrema derecha e, incluso, con cuerpos policiales ligados a los mismos, como es el caso de la Policía de Chacao.

Pero para centrarnos estrictamente en lo económico, consideremos solo un par de variables: PIB y precios, de modo de dar cuenta del impacto que sobre las mismas han tenido las acciones desestabilizadoras de la derecha.

En el caso del PIB, indicador convencional para medir el funcionamiento óptimo o no de una economía, los datos son elocuentes. Si nos vamos al año 2002, el del golpe de Estado del 11 de abril y del comienzo del sabotaje petrolero, ambas gracias le costaron al país una contracción de 8,9%. La misma se vio acompañada de una caída de 14,3% en la demanda agregada interna. Sin embargo, nada de esto se compara con lo ocurrido en el año 2003, y particularmente en el primer trimestre de dicho año.

En efecto, la contracción del PIB causada en el primer trimestre del año 2003, por obra y gracia del “paro indefinido” y el sabotaje petrolero, fue nada menos que de 27,08%, todo un récord mundial. Para que se tenga una idea de lo que estamos hablando, Siria, en cinco años de violenta guerra, lleva una caída interanual del PIB de 5%. Lo cual quiere decir que el PIB de Siria en cinco años ha caído menos de lo que cayó el venezolano en un trimestre, por obra y gracia (otra vez) de la dirigencia oposicionista, que en aquel entonces no se llamaba MUD sino Coordinadora Democrática, si bien siguen siendo exactamente los mismos protagonistas. O dicho al revés: en tres meses dicha dirigencia hundió la economía del país más de lo que los terroristas del Estado Islámico lo han hecho con la siria. El cierre de la contracción del PIB dicho año fue de 9,4%.

De allí en adelante, el PIB venezolano mantuvo un crecimiento sostenido pese a todos los malos augurios oposicionistas. Solo se detuvo en 2009 como resultado de la crisis financiera mundial de 2008 –que entre otras cuestiones supuso una violenta caída de los precios petroleros–. Sin embargo, luego se recuperó. Y Venezuela cerró el año 2012 con un crecimiento del PIB de 5,5%, a la sazón, casi el doble del promedio mundial de entonces y casi tres veces del de los países llamados “desarrollados”, excluyendo China. La economía venezolana creció hasta el primer trimestre del año 2013. De allí en adelante todo el coctel explosivo de ataques especulativos al tipo de cambio, a los precios internos y el estado de insubordinación permanente de la derecha, han provocado una nueva contracción del PIB, potenciado por la caída de los precios petroleros, situación esta donde  también hay mucho de intencionalidad en el marco de la geopolítica mundial.

Del comportamiento de los precios puede decirse algo similar. Sin necesidad de menospreciar la compleja situación actual ni de pretender que con decir que “antes fue peor” basta, lo cierto del caso es que el promedio inflacionario anual de los gobiernos chavistas sigue siendo sustancialmente menor al promedio de los gobiernos inmediatamente anteriores. Es decir, desde 1989 hasta 1998, que incluye los gobiernos de CAP II, Ramón J. Velázquez y Caldera II, el promedio inflacionario anual fue de 52,4%. Mientras que de 1999 –primer año de Hugo Chávez en la presidencia– hasta 2015, el promedio anual fue de 36,3%. Y si sacamos la cuenta solo con Chávez en la presidencia ese promedio desciende a 34%.

La inflación durante el chavismo, por lo demás, ha tenido un comportamiento igualmente marcado por la desestabilización política. De tal suerte que cuando Chávez asume la presidencia, en 1999, encuentra una inflación en 29,9 %, siendo que su primer año de gobierno desciende a 20% y en 2001 logró llevarla hasta casi un dígito: 12,3%. Sin embargo en el año 2002, como resultado de los golpes y la desestabilización de la derecha, la inflación cierra el año en 31,1%. Luego vuelve a controlarse hasta llegar a 14,4% en 2005, después repunta como resultado de la crisis financiera mundial más otros factores internos (la especulación de las casa de cambio, y una secuela de sequías e inundaciones, entre otros) para ubicarse en 27,6% en 2001 y cerrar el año 2002 a la baja:  20%. De allí en adelante la historia es más conocida. La caída de la inflación contra toda lógica económica no solo revierte su tendencia, sino que lo hace de manera violenta hasta llegar a los niveles actuales.

Pero hilando más fino aún, ya para ir cerrando, debemos considerar lo ocurrido en el año 2014 en el marco de las guarimbas y el plan La Salida, que hoy es exactamente el mismo pero más violento, y que de nuevo pretenden imponer a partir de este 1° de septiembre.

Durante el año 2013, la inflación casi se triplicó con respecto a la de 2012. Sin embargo, cerró el año a la baja, pues tras las acciones del gobierno para recobrar gobernabilidad sobre la economía una vez derrotada la insurrección convocada por Capriles Radosnky tras su derrota electoral (insurrección que costó la vida de 11 venezolanos, incluyendo mujeres y niños, todos simpatizantes del chavismo), la inflación bajó el último trimestre. La insurrección de Capriles llevó el INPC a un techo de 6,1% en mayo de ese año. Y tras ubicarse en octubre en 5,1%, el conjunto de políticas que entonces el gobierno nacional denominó Ofensiva Económica logró hacerla bajar en noviembre a 4,8 y en diciembre a 2,2, toda una proeza considerando que se trata de los meses inflacionarios por excelencia. Pero luego vendrían los acontecimientos de febrero de 2014: el Plan La Salida de María Corina Machado y Leopoldo López. En cuestión de meses y durante prácticamente todo el primer semestre que se mantuvo la violencia, una vez roto el diálogo con el gobierno por parte de la dirigencia más extremista de la derecha,  los precios se dispararon, y de hecho todo el sistema de precios internos se desequilibró hasta llegar al stado en que se encuentra hoy.

La cuenta del costo directo del sabotaje petrolero de 2002 sobre la economía nacional se ha calculado en unos 10 mil millones de dólares. Agregándole los indirectos, esa cuenta puede fácilmente duplicarse. Nada más por concepto de no venta de petróleo dejaron de ingresar unos 5 mil millones de dólares. Y teniendo en cuenta que estamos hablando del año 2002, si traemos la cuenta a la actualidad con los valores actuales tanto del dólar en los mercados internacionales como del bolívar, aquellos 20 mil millones de dólares habría que duplicarlos también. Si a esto le sumamos todo el gasto que ha tenido que hacer el Estado en materia de orden público, pago de indemnizaciones a víctimas, reposición de vehículos y obra pública deteriorados, más todos los negocios quebrados durante el paro y los costos asumidos por personas particulares, ¿de cuánto podríamos estar hablando? La economía venezolana que hasta finales de 2012 era una de las que más crecía en el mundo con una tendencia a la baja de la inflación, detuvo su marcha tras los ataques especulativos surgidos luego de que la derecha nacional e internacional decretó “el fracaso del modelo” y se insubordinó, ¿cuál sería la realidad actual de no haber mediado esto? En fin, se  trata la “nuestra” de una “oposición” cuyas prácticas le cuestan al país demasiado.

2 Comentarios en Una “oposición” que nos cuesta demasiado / Luis Salas Rodríguez

  1. Sería interesante calcular el costo de la 5ta. columna entronizada en el Estado en términos de fuga de capitales, los cuales en la 4ta. República eran calculados por algunos analistas a razón de 7 mil millones de USD por año desde mediados de lia década de los 70 hasta finales de siglo. El desangre de divisas producido por el falso control de cambio impuesto desde 2003 hasta la actualidad, por CADIVI y sus derivados al servicio de la burguesía en complicidad con los corruptos traidores a la Patria (muchos de ellos todavía en puestos claves)pudiera llegar a sumar más de 500 mil millones de USD, en una estimación bastante conservadora. Esa ha sido la principal causa que ha llevado al país al punto de una nueva Catástrofe de la que nos hablaba Chávez el 02 de febrero de 1999 en su primera asunción a la Presidencia de la República. Como se reafirma en muchos foros, donde el imperialismo ha hecho más daño es a lo interno del Estado, corrompiendo todas las iniciativas desde su diseño y aplicación para que funcionen como caldo de cultivo que reproduce la descomposición acelerada del mismo Estado y con él, la sociedad entera.

  2. No exageremos; seamos sensatos en las cifras; decir que desde 2003 se robaron más de US$ 500 mil millones “en una estimación conservadora”, a lo que habría que sumar los pagos de capital e intereses de la deuda pública externa, significaría que TODOS, TODOS LOS DÓLARES SE LOS ROBARON, QUE NO INGRESÓ NADA AL PAÍS ADQUIRIDO CON LOS DÓLARES DEL PETRÓLEO. Ser tan poco mesurado e “hipercrítico” es otra forma, a veces involuntaria, de servir a la Derecha.

1 Trackbacks & Pingbacks

  1. Causas y consecuencias económicas del golpe de abril de 2002 – 15 y Último

Deja un comentario

Tu email no será publicado.


*