En 6 años jubilaré, ¿será júbilo?

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Caer en la miseria después de una vida entera de trabajo: esa es la suerte de muchos trabajadores chilenos tras la privatización del sistema previsional. Verónica Andrade tiene el coraje de exponer lo que la jubilación significará para ella y su esposo. Espeluznante.

 

Por: Verónica Andrade

 

Nací en 1962, tengo 54 años, estudié y he trabajado, tal como lo vi en mis abuelos y en mis padres. Trabajé como bióloga y además como pedagoga, en esta última actividad tuve muchas satisfacciones y aplausos, flores para el día del profesor y algunos reconocimientos especiales por hacer las cosas como yo creía que se debían hacer. Realicé un magister en Ciencias Biológicas porque es mi pasión.

 

Ya me siento cansada, no creo que sea por flojera, sino más bien porque por muchos años he trabajado casi 16 horas diarias. Cuando se trabaja en educación no es solo la clase o la asistencia a los consejos de profesores, reuniones de apoderados, sino todo lo demás que hay que trabajar en casa en las horas de descanso. Es decir llenar un montón de formularios y papeles que difícilmente alguien lee, preparar las clases, hacer las presentaciones, preparar las pruebas y luego corregirlas, hacer las pautas de corrección para trabajos de búsqueda de Información bibliográfica y luego revisar, y todo ese trabajo se realiza en el hogar.

 

La verdad es que mi trabajo como profesora me ha encantado y el de bióloga también, son parte de mis pasiones y lo que ha hecho que mi vida se llene de alegrías y tenga sentido. Hace 6 años fundé y dirijo un Museo de Historia Natural en un pueblo pequeño que ha sufrido por más de 50 años el embate de la contaminación, tengo sueldo de profesora 44 horas y pese al poco dinero me hace muy feliz este trabajo.

 

Pero hoy tengo 54 años, hace 11 años, cuando yo tenía 43 años y mi esposo 49, recién pude optar a tener un contrato indefinido y por lo tanto pudimos optar a tener la casa propia. Encontramos una casa de madera en Concón a pocas cuadras de la playa, la cual nos costó 30 millones de pesos. Mucha gente me dijo que estaba muy barata y que me había encontrado a “la virgen atada en un pañuelo”, debe ser que me dicen que tuve suerte. Sí, la verdad es que me encanta mi casa, le he puesto mosaicos en la terraza, mi esposo ha arreglado un jardín de cactus hermoso, la pintamos de color blanco por fuera, le hemos puesto más ventanas para que entre la luz del sol y hemos cuidado cada detalle porque esperamos sea la morada donde viviremos nuestros años dorados y los últimos.

 

Cuando pedimos el préstamo para comprar la casa, acudimos al Banco Estado que, por cierto, es de todos los chilenos. Nos prestaron los 30 millones de pesos, pero nos dijeron que no nos podían dar el crédito a 20 años y tenía que ser a 30 años porque nuestros sueldos no alcanzaban para un dividendo tan alto. La situación la aceptamos y nos vinimos muy felices a nuestra casa. Al menos creemos que es nuestra y no del banco. Actualmente pagamos un dividendo de $230.000 pesos mensuales, nos alcanza con algunas dificultades, pero podemos pagarlo. Hemos pagado durante 11 años una suma sobre 30 millones de pesos ¡y ahora la deuda es de 35 millones! A mí las matemáticas no me cuadran.

 

Pero hoy día tengo 54 años y mi esposo está pronto a cumplir 59. Sí, aún somos jóvenes para nuestros padres y ya viejos para nuestros hijos. Actualmente mi esposo está cesante y a esta edad es difícil conseguir un trabajo relacionado con el arte, que es lo que estudió. Hemos recibidos cartas de las AFP de donde nos sacan cada mes partes de nuestro sueldo, es decir, de nuestro trabajo y de nuestro esfuerzo, y nos dicen que yo recibiré una jubilación de $199.000 y por solo 12 años y hasta hace un año mi esposo recibiría $ 100.000. Ahora hace un año que no cotiza. En 6 años más jubilaremos los dos y nos llegará una pensión de $ 240.000 pesos y nuestro dividendo hoy es de $230.000… ¡le tengo terror a la miseria!

 

Si esta no es la peor forma de agresión a los trabajadores de este país ¿qué es? Recuerdo que cuando mis abuelos jubilaron les dieron una indemnización, creo que se llamaba desahucio y se compararon un auto, salían a pasear en las mañanas, en las tardes, al fin podían estar juntos sus últimos años, incluso el sueldo les alcanzaba para invitarnos a pasar con ellos todo el verano. Mi padre era funcionario público y recuerdo que compró una casa Empart, porque antes las cajas de previsión construían casa para sus imponentes y eran de muy buena calidad. Tiene una buena jubilación y pueden pasar la vida en júbilo.

 

¿Pero qué nos queda a nosotros?, solo la pobreza, la indigencia ya que además el Banco Estado –que es de todos los chilenos– nos quitará nuestra casa. Hemos conversado largamente con mi esposo la situación y no nos queda otra cosa que luchar para que este sistema cambie o si no en el año 2022, es decir, en 6 años más deberemos tomar una decisión atroz… el suicidio, porque después de tantos años, solo nos quedarán años de sufrimientos, viviendo en el peor de los abandonos económicos, nuestro mes a mes será en negativo y esa situación no es vida.

 

Esto es una realidad tan cierta como que después del día existe la noche y nosotros ya estamos en el atardecer de nuestras vidas. Esta es una realidad que se gestó a punta de metrallas, por la inmoralidad de los que lucran con la pobreza de otros, es una inmoralidad de los dueños y directores de las AFP que saben claramente que cada día le están haciendo daño a los chilenos, por lo tanto los convierte en delincuentes, es una inmoralidad por parte del gobierno, porque no cuida al pueblo de Chile, solo cuida a los grupos económicos y poderosos.

 

Son inmorales y delincuentes porque causan daño en forma consciente, disfrazan de democracia una institucionalidad que atenta contra la integridad física y psicológica del pueblo chileno, ¡y es ese pueblo que ha votado por ellos!

 

Por estas razones nosotros, los que ya cruzamos el mediodía, no podemos esperar, como alguien decía por allí “los pobres no pueden esperar”. Ya no le puedo creer a la señora Michelle, ni a sus ministros, lamentablemente, no han hecho nada en estos años y no nos quieren escuchar. No la he escuchado hablar de transformación en el modelo previsional, solo de “reformitas” para no asustar a los poderosos, no se plantea el Estado de Chile como un Estado solidario, sino que solo subsidiario, es decir, servil al modelo neoliberal que arrasa con los pobres y vuelve a los ricos más ricos.

 

Hoy día tenemos una sola opción: luchar con todo, participar activamente en cada marcha, en cada movilización hasta que de una vez por todas cambiemos este sistema maldito y los ricos dejen de ser más ricos a costa de empobrecer al pueblo chileno, a los trabajadores de Chile. Solo la lucha nos dará una luz de esperanza para todos los que quedaremos desamparados en unos años, para los estudiantes del futuro, para los enfermos, y es por eso que les pido a todos que no se dejen embaucar por las mentiras que nos bombardearán, “que vendrá el caos, que Chile no crecerá, que no se puede”.

 

Les pido que todos se sumen a esta gran lucha, a cada movilización, a no bajar la cabeza y a no dormirnos, no bajar los brazos ni la voz, porque así juntos, como un solo pueblo unido, con nuestras risas y nuestros llantos, con nuestras esperanzas en las manos limpias y en los labios podremos recuperar lo que nos han robado durante tantos años.

 

¡Los problemas sociales se transforman en problemas políticos y tienen una solución política cuando se llevan a la calle!

 

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