El último round / Las matas que matan

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Por: Jessica Dos Santos Jardim

Voy rodando por la autopista José Antonio Páez, pendiente de reconocer el mastranto a la orilla del camino, pues meses atrás me enseñaron a transformarlo en un potente repelente. Empieza a sonar la Rafacharaca productiva de Gino González: “Una vergüenza desconocer a las plantas cuyas sustancias te aportan la sanación y que al doctor vayas por lo más pueril porque ni siquiera sabes pa’ qué sirve el toronjil”. De pronto, un cartel me hace frenar de golpe, hay un pequeño local donde venden más barato (o menos caro, que no es lo mismo) el aceite mineral que necesita mi carro. Mientras espero mi turno, empiezo a ojear la edición del diario Últimas Noticias que se encuentra en el mostrador de la tienda: “Niños mueren por consumir plantas medicinales”.

No consigo disimular mi indignación. Alzo la mirada con la avidez de quien necesita conseguir un interlocutor válido. Hablo sola. Me marcho molesta. Me duele que la gente no consiga los medicamentos que requiere. Recuerdo mis diversos viacrucis buscando algún fármaco, las historias de familiares, amigos, compañeros de trabajo, algunos casos “leves” y otros profundamente complejos. Pero, en ese preciso instante, me desagrada en igual medida la satanización de lo natural: ¿Te mata la planta o tu desconocimiento de la misma? ¿No morirías si te tomases las sustancias químicas sintetizadas, en su cajita bien de pinga, con su sello de laboratorio de lo más nítido, pero sin las indicaciones adecuadas?

En la casa que habitan mis padres abundan las plantas medicinales. Para cada rama hay una vieja receta, para cada receta un alivio profundo, ninguno de nosotros ha muerto ni tan siquiera se ha intoxicado por eso. Pero hace días supe de una compañera que le dio un té de anís estrellado para los gases a su bebé recién nacida y tuvo que salir corriendo a la clínica ¿Quién tiene la culpa? ¿El anís estrellado?

El capítulo me recordó que hace unos cuantos años yo andaba sumergida en el estado Apure, cuando los mosquitos del lugar empezaron a hacer fiesta conmigo, un compa veguero me dijo con picardía: “Si usted aceptase que yo le hiciera unas vísceras, unos riñoncitos y unos hígados, pues no habría mosquito que se le acerque”. En efecto, esas carnes contienen tanta vitamina B12 que efectivamente no hay mosquito que se atreva a posarse en tu piel, pero en aquel entonces yo no lo sabía. Incrédula y “picada”, en todo sentido, empecé a caminar por la llanura y no dudé en zamparme unos frutos lindos que vi. Minutos después, los retorcijones de vaina me permitieron devolverme: “Rubia tenías que ser”, me dijo entre risas el mismo llanero. Así supe que aquellos frutos son mejor conocidos como “los mata rubias” o “mata suegras” y son unos laxantes naturales que en exceso pueden generar la muerte.

En aquel momento pensé en la historia del senderista estadounidense, Christopher McCandless, quien falleció en agosto de 1992 porque consumió las semillas de una planta llamada “alpino sweetvetch” que contienen L-canavanina, un aminoácido relativamente inofensivo para una persona bien alimentada, pero tóxico para alguien desnutrido o físicamente estresado.

Entonces, no se trata de que lo natural sea “bueno” o “malo”, sencillamente las plantas tienen propiedades (principios activos), niveles de toxicidad, mecanismos de acción, formas puntuales de preparación y consumo, según las necesidades. De esto saben que jode nuestros viejos y viejas, pero es uno de los tantos conocimientos que se han “extraviado” por completo en el traspaso generacional.

Otro ejemplo se evidencia en los irresponsables titulares de los medios de comunicación venezolanos (privados y estatales) que califican la yuca amarga como la nueva “asesina silenciosa”. Es verdad, la yuca amarga posee 50 veces más cantidades de cianuro que la dulce, pero usted ha comido casabe ¿cierto?, ¿y sigue vivo? Entonces la yuca amarga no es un veneno. Solamente debe someterse a un proceso de preparación específico. Yo he hecho casabe casero y harina artesanal con yuca amarga y acá estoy, escribiéndoles, sana y salva.

Pero además la yuca amarga posee una cáscara mucho más adherida, no tiene la venita o hilo del medio, al hervirla es durísima y se pone amarilla y… amarga, incluso al punto de ser insoportable para el paladar. Ah, pero nosotros ya ni siquiera sabemos eso. Este sistema ha hecho que estas temáticas no nos importen, robó nuestro conocimiento de larga data ancestral, y nos hace nacer y morir ajenos a este despojo, pagando con creces nuestra ignorancia impuesta.

Fíjense, en Venezuela existen entre 20 y 25 mil especies de plantas diferentes, de las cuales 1500 son usadas en la medicina comercial (sí, eso que usted compra en la farmacia es hecho a base de plantas), además otras 600 han sido examinadas, y 40 de ellas son sometidas a estudios intensivos, pues a los laboratorios le parecen altamente eficaces como “analgésicos y antivirales”. Pero a la industria le interesa que seamos “brutos”, y por eso logran colocar en nuestros labios los argumentos que han creado a su conveniencia: “Las matas matan”.

Es tiempo de salir de este laberinto. Vayamos Venezuela adentro, vejez adentro, a rescatar los saberes populares, si no seguiremos en lo mismo: a merced de un tipo que probablemente nunca ha sembrado ni tocado una mazorca de maíz, pero nos ha hecho creer a nosotros, los verdaderos inventores de la arepa, que sin su harina precocida e inorgánica estamos jodidos. No sigamos permitiendo que nos aparten del país que íbamos a ser. Nosotros teníamos una nación apegada a la tierra, en la que a la gente no le daba vergüenza sembrar, construir sus casas, cocinar en ellas, coser ropa, pero estalló el boom petrolero y nos pusieron a imitar a otros e hicieron que nos diera asco estas cosas, en especial a nosotros, los jóvenes.

De hecho, la Segunda Encuesta Nacional de Juventudes, hecha por el Ministerio para la Juventud y el Deporte, arrojó que del total de jóvenes venezolanos que trabaja, el 89% lo hace en el sector servicios y solo el 10% se dedica al sector productivo. Debemos darnos cuenta de que el futuro será inclemente con nosotros si la alegría que proporciona la tierra no nos emociona, si seguimos permitiendo que nos enlaten el corazón, para venderlo como “progreso”.

9 Comentarios en El último round / Las matas que matan

  1. Pregunto si la comunicadora social y camarada que escribe el artículo verificó primero si la supuesta noticia era cierta, y sin tan siquiera el titular se correspondía con la nota o si era acá en Venezuela. Al respecto del más reciente montaje mediático, aclaro que lo de los “bebés en cajas de cartón” es en Finlandia, país de los más ricos y de mayor desarrollo humano del planeta, pero que por razones históricas ya superadas conservan esta peculiar costumbre hoy, en pleno año 2016.

  2. Si la noticia era en Venezuela o fuera de ella me parece irreievante al igual de que si era cierta, lo relevante es el titular y la desinformación que pudiera producir sl lector, para mi es un excelente preámbulo para este extraordinario trabajo de investigación lleno de estadísticas y de una información valiosísima del por qué debemos regresar a nuestras raíces y seguir la senda al país “que ibsmos a ser”

  3. Felicitaciones Jessica Dos Santos Jardim “Jardín de Saberes a quien honor le hace” Que maravilla! recomiendo ampliamente este escrito sin perdida alguna, LÉALO, ASIMILE Y COMPARTA, RESCATEMOS NUESTROS SABERES!Éxitos!

  4. 1. Sería una idea que en tus viajes por trabajo y placer en vzla y sus pueblos entrevistes y grabes tal cual investigadora, etnóloga y antropóloga a sus viejos, a sus campesinos y sus historias viejas y olvidadas. Sus recetas y prácticas. Algo así hizo Armando Scanone…y en parte Valentina Quintero o sumito, aunque no sean tus modelos a seguir.

    2. El MPPC debería (o ya lo hace?) recopilar la raíz: ese saber que se está perdiendo con cada abuelo que tiene 60 y más. Podría sonar o ser anticuado, pero como parte de la independencia alimenticia/cultural sería interesante evaluar tal investigación. Resulta que hasta el otro tío de los venezolanos (no simón, sino nuestro bocón trump venezolano) lorenzo mendoza se robó hasta el vocablo indígena de erepa (o arepa) de la lengua cumanagota al referirse a su producto cuando antes lo hacíamos de grano puro de maíz…insólito.

    Seguro hay esfuerzos aislados…

    3. Importantísimo lo de 89% de la juventud trabaja en el sector servicios, ¿por qué? Ganan menos (plata) como empleados en la ciudad pero amplían su cosmovisión en algunas dimensiones.

    Otra cosa es ser dueño de tierras y otra trabajar la tierra de alguien más allá de la eliminación del latifundio. Muchos campesinos no se ponen de acuerdo al momento de trabajar la tierra y salen pleitos: otra vez la unidad suprema (cultural e ideológica) del fin a pesar de los medios y formas. El qué, el cómo, y el para qué.

    Saludos y éxitos.

    • 1. Algo de eso hemos hecho. Pero reina el desorden y la falta de tiempo. Vamos a ponerle más corazoncito.
      2. No he encontrado esas investigaciones, no desde lo institucional, aunque si las he buscado, esperemos que desde ese sector también anden en eso.
      3. El sueño impuesto de las ciudades:
      “…de la miseria rural
      pasa a la miseria urbana
      no porque le da la gana
      sino por su derechito
      de buscar una salida
      y la miseria en la ciudad
      al menos es divertida…” cantaría Alí.
      Besos!

  5. Qué buen articulo, camarada. Gracias por los datos.
    En el estado Aragua se va a realizar un encuentro nacional de jóvenes ecologistas. La temática va orientada al daño que ha causado el capitalismo al ecosistema -queremos usar esta información para facilitarla por allá-.
    La Corriente de Jóvenes Antifascistas y Antiimperialistas cree que serviría de mucho si nos acompañas ese día -02 de diciembre-.
    Si lo deseas, puedes colaborar con cualquier manifestación artística revolucionaria que vaya con la temática del evento.
    Si quieres comunicarte conmigo escribeme a: internacionalismo31@gmail.com

    • Uy… Que tarde vine a leer este comentario. Disculpenme! Gracias por la invitación. Pendiente para una próxima. Saludos.

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