En esta esquina / ¿Nuestro AMO?

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Por: Carmen Lepage

Es difícil el tema del arco minero (AMO). Es complejo y profundo, como quien dice. Pero además, tenemos esa percepción de que es lejano, abstracto. No nos toca, en apariencia, nuestra cotidianidad, no estamos allí para sentir lo que allá en Bolívar y Amazonas pasa todos los días, no sentiremos de cerca este nuevo proyecto. Y es que nuestros intereses están en conexión con “nuestro mundo”.

No es loco pensar que mucha gente piensa que la política la hacen lxs políticxs desde los partidos y la ecología la hace Greenpeace y sus semejantes y nosotrxs solo podemos estar o no de acuerdo, juzgar o no, hablar de eso o no. Es decir, respondemos tal y como se nos ha enseñado. Vivimos en esa especie de nichos, de partecitas de la realidad donde nos movemos tal y como “el sentido común” nos lo dicta. Debe tener que ver también toda esta cultura medíatica que termina bombardeándonos de tal manera con mentiras y medias verdades , que deja muy poco espacio para pensar, porque además nos digiere la información, nos manipula.

La manera de relacionarnos con las realidades como el Arco Minero (AMO) es un gran obstáculo a vencer. Nos mantienen lejos de la información de temas como este, no solo en Venezuela, sino que es una práctica premeditada y global. La única manera de ser ecologistas es cuestionando las formas de producción que existen y sus objetivos, eso nos lleva a cuestionar un sistema, lo que nos lleva como consecuencia a cuestionarnos la manera como vivimos la vida. No se hace comprando bolsas ecológicas y desconectando el cargador del celular cuando no lo usamos, mientras que las transnacionales hacen represas a diestra y siniestra porque es un inmenso negocio, o derraman petróleo en las aguas impunemente mientras dejan muerte, hambre y desolaciones. Pero, además, tampoco es asumiendo las buenas causas desde esa comodidad de nuestros “munditos”. Pareciera que estar en contra del AMO implica mucho, pero mucho más, que investigar, asumir postura y armarnos un debate público o privado, aunque el debate sea esencial, si es para transformar, claro.

Entonces, tal y como continúan siendo las cosas en este mundo, no habrá mayores obstáculos para que se lleve adelante el AMO, y tal vez no sea mala idea asumir nuestras posturas y propuestas a partir de esa realidad. Eso no significa claudicar, sino organizarnos para luchar, quienes estemos dispuestxs, obviamente. Porque lograr frenarlo en un futuro próximo demanda un inmenso y masivo esfuerzo. Lo lógico es estar en desacuerdo con ese tipo de actividades, porque son un excelente camino hacia la desaparición como especie humana, mientras acabamos con otras.

La única forma de entromparle a la realidad territorial del AMO es que la militancia y dirigencia seria (organizaciones políticas, movimientos sociales, comunas, partidos políticos, etc.) nos organicemos y participemos de un proceso político-social en el territorio donde se lleva a cabo el proyecto, no solo para resistir sino para crear nuevas posibilidades de vida allí donde luce tan imposible. Si creemos en la revolución esto no debería parecernos una locura. Pensar que lo que debe pasar es que el presidente y su gobierno, como dicen muchxs, son quienes deben decidir no llevarlo a cabo se parece a escurrirle el bulto a una realidad que es muy jodida de contrariar. Los hilos de la política mundial no se mueven muy sutilmente, la política se negocia con amenazas en instancias como estos grandes negocios de explotación, donde las mafias de cuello blanco se dan banquete. La correlación de fuerzas es muy jodida y pareciera que se va a la mesa de negociaciones con lo posible, y lo posible depende de nuestras fuerzas internas dentro del Gobierno y Estado y de nuestro país, ante ese primer mundo bastante depredador y pendiente de jodernos y joderlo todo, como es evidente. Por último no es loco pensar que Venezuela, en la crisis multidimensional actual pueda maniobrar en el marco del AMO para alcanzar objetivos políticos que se cree ayuden a resolver esa crisis, por más jalado por los pelos, o desasertado, que eso pueda sonar. Pero son suposiciones, no podemos constatarlo desde este lugar que tenemos de ciudadanxs comunes, que sacan sus conclusiones del mero hecho de observar con un poco de atención e interés la política mundial y local, mientras se trata de inferir cómo operan estas cosas.

Al menos en algunas redes sociales lo que se respira es queja, desinformación en casos, convencimiento de que se entregó definitivamente y apocalípticamente el país. Y una fuerte tendencia a personalizar el asunto. A todas luces el proyecto es demasiado inmenso como para que una o dos personas sean responsables. Es difícil no pensar, leyendo y escuchando ciertas posturas, que hay interés de mal poner a unxs por rivalidades políticas, mezquindades y posibles planes personales que saquen del juego a unxs y meta a otrxs donde anhelan estar, sin importarles lo que se llevan por delante. Ya de esa tela hemos tenido un rollo.

Las negociaciones del AMO se han dado en silencio. Es poco lo que se ha difundido en torno al tema. El presidente ha hablado públicamente en muchas oportunidades y lo defiende porque asegura que es fiable en cuanto a su impacto social, político, económico y ambiental (como un todo). Que es pertinente porque lo que ya ocurre con la minería informal y mafiosa debe detenerse y transformarse, que esto nos hace ganar en soberanía, entre otras razones. La información, al menos desde las instancias oficiales, no es mucha ni detallada.

Quienes se han tomado la tarea de investigar, analizar y opinar ruedan por algunos medios sus escritos. Se firmó un decreto presidencial, primero para emprender el proceso, que según afirman algunxs, inauguraría una suerte de zona franca minera bajo la coordinación militar exclusiva que contempla la suspensión de derechos constitucionales que, en primer lugar, afectan a las etnias que allí habitan. De eso difieren parcialmente otros análisis que aseguran que hay posibilidad de la participación de distintos tipos de empresas, lo que abre la oportunidad a los habitantes de la zona, e incluso de las comunas, de participar, de conformarse en el territorio y generar condiciones favorables, considerando que ya allí el panorama es bien jodido con el enjambre mafioso que opera. Se expone que las negociaciones nos favorecen poco o nada. Se habla de traición a Chávez a pesar de que otrxs aseguran que incluso el nombre del Arco lo acuñó él y que no es muy difícil saber que estaba eso en planes. Que será una devastación en distintos ámbitos. Se habla del AMO como algo terrible, pero no se dice tanto de la faja gasífera y petrolera. Los artículos con posturas encontradas en cuanto a si debemos apoyar o no el AMO están en internet y buena parte de ellos contiene información que podemos verificar si es cierta o no, esto no es más que un escuetísimo resumen para familiarizarnos un poco con el contexto.

No es difícil estar de acuerdo con que el saqueo continúa en los países ricos en recursos como el nuestro. Tampoco que pareciera una imposición de lxs colonizadorxs, que hoy podemos reconocerlxs como gobiernos poderosos y empresas transnacionales de distintos ámbitos que fabrican el marco legal para su economía, los organismos internacionales y las políticas que las facilitan. Sabemos que hacen invasiones sangrientas y prolongadas a países con el objetivo final de controlar sus recursos. De hecho podemos pensar con facilidad que declaran amigos o enemigos a los gobiernos menos poderosos según se dejen joder o no, o cuanto se dejen joder. El papel de países como el nuestro está definido en las lógicas del neoliberlismo globalizado, que también es imposición de esta “civilización occidental”. Pensar que podemos decidir suena a ingenuidad. Solo oponernos desde la enunciación y acciones aisladas puede parecer querer ponerse es una postura de superioridad moral. La que nos evita la responsabilidad de trascender la palabra y entrar en diálogo con la realidad. Lo que sí pasa es que políticos y empresarixs de mucho o poco pelo se suman o no al negocio que sí o sí hay que llevar a cabo, y que de hecho ya está andando, que la corrupción esté presente desde su misma concepción.

Estos son asuntos que implican tanto dinero, tanto poder de las más altas esferas de los dueñxs del mundo, que quien decide realmente meterle las manos a esta lucha puede terminar con un mosquero en la boca. Hay gente que en la militancia le va la vida. Entonces es mejor mostrar el debido respeto y responsabilidad, y sin duda hay quienes lo hacen. Hace un poco más de seis meses asesinaron a Berta Cáceres en Honduras, porque lideraba una lucha en contra de uno de estos monstruos del ecocidio, aún no hay justicia y el tejido es tan complejo que puede implicar traiciones duras de tragar. Pero la lista es inmensa. Sin ser especialista lo que sí puede confirmarse es que las luchas de lxs indixs por su territorio, con o sin aliadxs externxs, ha sido exitosa en algunos pocos casos y ha implicado muertes en las comunidades afectadas.

Los análisis tratemos de hacerlos haciéndonos algunas preguntas que pueden guiarnos a un acercamiento, yo hago algunas pero cada quien que haga las que considera necesarias: ¿Es mejor que la situación de la explotación minera se mantenga como hasta ahora, pensando en el impacto social y del ambiente? ¿Es realmente imposible que a través del proyecto se mejoren las condiciones tecnológicas de explotación para aminorar el daño al medio ambiente? ¿Es posible negociar con transnacionales honestas, estas existen? ¿La única razón posible para negociar el AMO es para conseguir dinero rápido por la caída del precio del petróleo? ¿Realmente es rápido el dinero? ¿Y a qué precio, lo que incluye no solo los monetarios sino sociales, políticos, ecológicos, etc?¿Por qué hay que indemnizar a Golden Reserve y darle tantas ventajas? ¿Todo, todito, todo el Gobierno está de acuerdo con el proyecto y las condiciones en que se está dando o existen tensiones internas, a qué se deben estas tensiones si existen? ¿En los países solo mandan los presidentes y deciden todo como ellxs quieren o hay que decidir según las fuerza que existen objetivamente y en relación con las tensiones internas? ¿Chávez habló alguna vez, estuvo involucrado en el proyecto del arco minero, estaría su gente de confianza en las propuestas estratégicas en torno al AMO que se diseñaron? ¿A quiénes podría beneficiar que se diga que el AMO es culpa de una o dos personas? ¿Cuándo se habla de militares metidos en el negocio se dan nombres, listas de nombres, se aclara si hay grupos, se personaliza? ¿Qué podemos hacer en el territorio para que nos constituyamos en fuerza capaz de ejercer presión, pero además de generar una realidad mejor que la actual, tenemos fuerza para eso, estamos dispuestxs?

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