Una fotografía de la democracia: amenazas y desafíos

democracia

Por: Angerlin Rangel

Tengo la impresión de que al finalizar este año tendrá mayor vigencia el debate sobre la liberación del género humano y la necesaria transformación social. Aunque algunos análisis son dominantemente pesimistas me gusta precisar que el derrumbe de aquella odiosa frase que pregonaba “el fin de la historia” es cada vez más legitimado por la contagiosa idea de cambio y es bajo esta atrevida y estimulante hipótesis mediante la cual este artículo busca reflexionar.

Como se sabe la sociedad latinoamericana amaneció en 2016 con un escenario complejo. Por una parte, la crisis económica como consecuencia de la caída de las exportaciones y el abaratamiento de las materias primas. Por la otra, un panorama electoral que habla sobre el posible y nefasto retorno de las “democracias neoliberales” a la región.

Los pronósticos que alertan e ilustran la crisis regional presentan un Brasil debilitado. Considerando su papel como líder de la economía regional, no es fortuito que se cuelen pocas esperanzas en torno a una franca recuperación que pueda traducirse en estabilidad política y paz regional, más aún con el daño que ha sufrido la democracia del gigante del sur luego de que el senado brasilero aprobara, con 61 votos a favor y 20 en contra, la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y confirmara a Michel Temer como mandatario hasta fin de 2018. Sin duda alguna, este trámite en contra de la presidenta brasilera eleva la temperatura política latinoamericana inmersa, además, en febriles discusiones en torno a la actual presidencia pro témpore de Mercosur.

Por su parte, las corporaciones mediáticas no pueden ocultar la oleada de precedentes peligrosos que se avecinan a partir de los últimos comicios electorales: Perú (abril), República Dominicana (mayo), México (junio). Mientras tanto la campaña electoral tiene el siguiente tránsito: Chile (octubre), Nicaragua (6 de noviembre) y Estados Unidos (8 de noviembre).

A este respecto distintos analistas políticos han mencionado algunas de las razones que pudieran explicar el desarrollo histórico de este proceso latinoamericano (incluso europeo, luego de las elecciones en España en junio) y que explican la gravitación decisiva en la formación de las nuevas democracias. Bajo este precepto el comportamiento electoral no es del todo libre, pues responde a un gen histórico que lo determina.

Probablemente los resultados en lo social no son los únicos logros de procesos iniciados en Venezuela, Bolivia y Ecuador. No obstante un logro siempre digno de mencionar. De hecho, en la actualidad organismos como Cepal trabajan en promover agendas para el desarrollo regional, incluyentes y que prioricen lo social por encima de lo económico.

A este respecto, en su columna de opinión “El desarrollo social inclusivo es clave para superar la pobreza y reducir las desigualdades”. Laís Abramo, directora de la División de Desarrollo Social de la Cepal publicada el 1 de septiembre, resalta el llamado a poner fin a todas las formas de pobreza desde la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. También se expresa un consenso sobre la necesidad de avanzar hacia sociedades más igualitarias, solidarias y cohesionadas.

En alguna medida se logró un despertar de la conciencia ciudadana. La revolución que sigue es la que logró sembrarse. En el tiempo, es la que sirve para volver a forjar y fortificar nuevas formas de democracia. Un sentimiento que termina por trazar la trayectoria del sistema social y el auge de la política, convirtiéndose en una limitante inexorable para el sistema hegemónico tambaleante.

Vientos de cambios estremecen también al gigante del norte. Surgió la posibilidad de que un candidato con profundas raíces en la base social compitiera en la carrera hacia la candidatura presidencial estadounidense. En realidad no es paradójico que en el momento en el que la política en distintos estados toma un giro en torno a la derecha, aún y cuando el discurso de Donald Trump ha tenido un impulso para nada desdeñable, lo cierto es que en EE.UU. el socialismo ha dejado de ser anatema para convertirse en una bandera de cambio.

En consecuencia, la ruta que toman los procesos sociopolíticos no es al azar. La sociedad de hoy ha comenzado a cuestionarse las estrategias políticas convencionales y retumba el llamado a la revolución política y el sentimiento “antiestablishment”.

La verdad es que aunque la izquierda pierda el poder, ya se habrá hecho público y notorio el sentimiento (hondo y con años de gestación) de poca confianza hacia la política tradicional. La hipótesis donde los conflictos y alianzas socioeconómicas son determinantes en los procesos y la dirección del cambio político, cobra fuerza.

En lo sucesivo es importante no perder de vista el carácter mundial de la crisis sistémica que no solo estremece a Latinoamérica. Sus efectos también subyacen en la sociedad estadounidense, como secuelas de la crisis económica que estalló en 2008 y cuyas dimensiones polifacéticas y precarias avizoran el colapso de la primera economía mundial. El mapa de acontecimientos que resuenan, cada vez con más fuerza, traspasa sus fronteras e ilustra, para el conjunto de América Latina, los riesgos y dificultades a los que aún está expuesta nuestra democracia.

La necesidad nos invita a movernos en otra dirección.

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