Nudo crítico petrolero: dilema estructural venezolano

Pozo petrolero
Pozo petrolero

Por: Angerlin Rangel

La historia de la humanidad está repleta de conflictos generados por la escasez de los recursos naturales. En los últimos tiempos el petróleo ha sido el elemento clave en la escena internacional. Lo que en gran medida explica la evolución de los conflictos e invasiones emprendidas desde los grandes centros de poder, cuyas noticias no ilustran la verdadera situación de violencia a las que se exponen los países con riquezas energéticas y, por el contrario, a menudo la violencia es utilizada como eufemismo por las corporaciones mediáticas que presentan tales realidades como si se tratara de un legítimo y democrático proceder.

Así es como vivimos, ante una sobredosis de malas noticias económicas con el denominador común y principal responsable: la caída de los precios del petróleo. Hay que recordar que esta industria, desde 2014, redujo sus ingresos a un 70% en solo 18 meses, siendo esta una de las principales causas de la caída multimillonaria del sector, asociada entre otras cosas, a la falta de consenso en torno al congelamiento de la producción internacional.

A este respecto, el secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Mohammed Barkindo, recientemente, en una  entrevista otorgada a Telesur, llamó la atención sobre el escenario actual del mercado petrolero en el cual, según su percepción, se ha registrado un aumento de la producción y de la oferta en el mercado, que ha conducido a un nivel de inventarios sin precedentes.

De modo tal que el período de recesión, como consecuencia de la sobreproducción, ha llegado a tal punto que muchos analistas y expertos de la materia consideran que es la peor crisis de la historia del petróleo, superando el caos que generó el declive en la década de 1970. Afirmación basada en secuelas que pudieran desencadenarse tras el cambio de cotización del crudo.

Crecen las expectativas en torno a la reunión extraordinaria que se desarrollará entre el 26 y el 28 de septiembre en Argelia, donde se espera que el cartel pueda concretar acuerdos para que los precios del petróleo suban entre 10 y 15 dólares por barril, como mínimo. Sobre esto ya Arabia Saudita y Rusia, que no es miembro de la Opep, acordaron cooperar, y dijeron que podrían limitar su bombeo futuro.

En las últimas semanas la idea tuvo cierta acogida por parte de gigantes como Rusia, Arabia Saudita e incluso Irán, que en ocasiones anteriores se había mostrado totalmente en contra de la propuesta. A este respecto, en mi opinión, se trata una de las cuestiones fundamentales para la evolución próxima de nuestro país.

Mientras tanto, algunas proyecciones indican que el crecimiento global de la demanda de petróleo durante este año se espera que aumente en alrededor de 1.3 millones de barriles por día, y del suministro de petróleo fuera de la OPEP se prevé una contracción de alrededor de 660.000 barriles por día.

Así las cosas, por la entidad del tema que se aborda y por la magnitud de los intereses que afecta, los posibles acuerdos serán medulares para el rumbo de la política económica nacional. Las señales giran en torno a generar un equilibrio entre oferta y demanda que permitan girar la crisis hacia un mercado estable.

Bajo este precepto, ojalá que confluyan, en conjunto con las fuerzas del mercado, la cooperación entre los países productores reunidos esta semana en Argelia. En definitiva la voluntad en torno al futuro de la industria es lo que en el tiempo dará lugar a la devolución de la estabilidad. 

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