Pedagogía del Especulado / ¿Nostalgia por la Cuarta?

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A finales del año 2012 la tasa de crecimiento de la economía mundial fue de 2,4%. Aproximadamente, un punto menos que en 2011 y casi el doble menos que en el 2010.

Esta cifra, sin embargo, resulta  mentirosa, pues está jaloneada por el 7,7% de China. Alemania, la llamada locomotora europea, solo “creció” 0,4% durante 2012, mientras que los Estados Unidos ascendieron 2,2%. En promedio, los países llamados “desarrollados” no crecieron, o lo hicieron en torno al 1%.

En medio de este contexto, Venezuela alcanzó una tasa de crecimiento del PIB de 5,6%. Como se puede ver, más del doble del promedio mundial. Y varias veces más que el de los países “desarrollados” con modelos “exitosos”. Pero además, al contrario también de la tendencia de estos países, se trató de su segundo año consecutivo de crecimiento, siendo que en 2011 alcanzó una tasa de 4,1. Luego de la caída generalizada de toda la economía mundial, entre 2008 y 2009,el nuestro era uno de los poquísimos países del mundo que podía presumir de eso. El PIB per cápita resultó para este año 2012, 3,2 veces más grande que el de una década atrás.

Al mismo tiempo, el desempleo, la informalidad y la pobreza, exhibían niveles mínimos históricos. E inclusive, en materia de precios, la política económica podía alardear de sus logros. La variación interanual del índice nacional de precios al consumidor (INPC), el indicador clásico de inflación, se ubicó en 20,1% al cierre de 2012: una disminución de 7,5 puntos porcentuales con respecto al año anterior.

A este respecto, comparado con la de los gobiernos anteriores, de la política antiinflacionaria del chavismo podía decirse que resultaba todo un éxito. Pues si bien era verdad que la inflación promediaba los dos dígitos (22% interanual), resultaba 37 puntos menos que la alcanzada por el gobierno inmediato anterior (59%). Y 30 menos que el promedio interanual de los dos gobiernos anteriores juntos. Y valga decir que se hizo con controles de precios y cambio.

De hecho, en menos de una década, la política económica de Venezuela ya contaba con varias marcas mundiales. Una de las cuales –la de la lucha contra el hambre- le valió que la ONU diera a su programa para la erradicación de este flagelo el nombre –que aún lleva- del Presidente Hugo Chávez

¿Cómo se hizo esto? A través de una combinación heterodoxa de medidas con la virtud de ir a contramano de la tendencia mundial particularmente en un aspecto: mientras todos recomendaban que había que crecer económicamente y generar riqueza para luego repartirla –teoría del derrame convencional–  Chávez se planteo lo inverso: primero había que repartir mejor la riqueza para solo así garantizar crecer.

De tal suerte, el proceso de inclusión masiva de la población al ejercicio efectivo de sus derechos socio-económicos (traducido en el acceso a la educación, la salud y la seguridad social, y por esa vía, a la tenencia de empleos y, por tanto, de adquisición y/o mejora del poder adquisitivo), de ser una práctica o meta de justicia social, terminó transformando estructuralmente a esta economía en al menos uno de sus aspectos: el de la superación parcial de la restricción interna causada por la existencia de mercados “pequeños”, condición que  no derivaba, de un hecho demográfico (tener una población pequeña) sino de economía política: la exclusión social, la existencia de altas tasas de empleo precario y de desigual distribución del ingreso.

Y conste que contrario a lo que dice el mito esto no fue posible solo porque Chávez tuvo el petróleo a 100 dólares el barril. Pues como hemos demostrado en otra parte,  si bien es verdad que la tendencia del precio del barril petrolero en tiempos de Hugo Chávez fue al alza (exceptuando el intervalo de 2008-2009, como consecuencia del crack financiero internacional en dichos años), no lo es, sin embargo, que durante dicho período el barril haya estado siempre –ni siquiera mayormente– por encima de los 100 dólares. De hecho, el barril por encima de los 100 dólares en promedio anual es un fenómeno más bien excepcional, que ocupa la última etapa del último gobierno del presidente Chávez, esto es, entre 2010 y 2012, siendo que el promedio del período completo (1999-2012) es la mitad: 55 dólares.

Según las cifras oficiales, las políticas de redistribución del ingreso, inclusión social, ampliación de la seguridad social y defensa del derecho al trabajo, el salario digno y los precios justos, supuso que la razón entre el porcentaje de ingresos del 20% más rico y el 20% más pobre que era de 13 veces en 1998, se ubicará en 7,3 veces al cierre de 2014, siendo por tanto que la brecha de ingresos se redujo 5,7 veces en dicho lapso de tiempo. El desempleo pasó de 10,6% a 5,5% en el mismo período. Los ocupados en el sector formal pasaron a representar el 60% de la masa trabajadora, cuando antes representaban menos del 50%. Los beneficiarios de la seguridad social prácticamente se quintuplicaron,  sin contar madres en condiciones especiales, discapacitados y otras categorías vulnerables que también pasaron a ser objeto de protección social por parte del Estado. Por esta vía, la pobreza se redujo del  44% -según línea de ingresos- a 19% en 2014, mientras la extrema pasó de 17% a 6%. Esto trajo como consecuencia que el consumo por hogar se duplicara. Entre 1999 y el 2013, la demanda global creció 118%.

Informes no oficiales de carácter privado reconocen esta transformación. Destaca el caso de los generados por CANIA, una fundación perteneciente al grupo POLAR para la atención en materia de desnutrición.

Todo esto contrasta con la información estadística que sobre la Cuarta se dispone. Y es que durante la última mitad del siglo XX venezolano –que es el “mejor” período de la Cuarta- en promedio, menos de la tercera parte  de la población era perceptora de ingresos fijos: en rigor, sólo la cuarta parte aparece percibiendo ingresos, lo que significa  que el 75% restante de los venezolanos dependía de aquel 25%.

Sin embargo, incluso dentro de esta reducida proporción de perceptores de ingresos, resaltaban notables disparidades. Así, el 45% de los perceptores recibían el 9% del ingreso, mientras que el 49% se concentraba en el 12% de los receptores. Y el 88% del total de perceptores recibían la mitad del ingreso total, mientras que sólo 250.000 perceptores, el 12%, concentraban la otra mitad.

Esto es lo que explica las cifras de desnutrición, desempleo, informalidad y pobreza de finales de las dos últimas décadas del siglo XX, cuando a las distorsiones propias de nuestra estructura socioeconómica se sumó el impacto de las medidas neoliberales más de la decadencia política bajo la cual colapso la República fundada en 1830.

Todo para decir, hoy que se cumplen cuatro años del último triunfo electoral del presidente Chávez, que es verdad lo que decía en una entrevista Roy Chaderton con respecto a que la nostalgia actual de la gente no es por la Cuarta, que la normalidad que añora no es la de esa República bananera de que solo pudo surgir un espécimen como Ramos Allup. La normalidad que la mayoría gente desea y reclama, la nostalgia que siente, es por el bienestar alcanzado en los mejores momentos la década ganada que comenzó en 1999.

Por esta normalidad –anormal dentro de un mundo precarizado– fue que la gran mayoría de los venezolanos y las venezolanas votamos por Chávez en 2012 y no por la propuesta neoliberal y restauradora del candidato de la derecha. Lo que evidencia que era esa la apuesta colectiva mayoritaria, en el sentido de querer que el futuro profundizara en esa dirección. Solo que los neoliberales y restauradores tenían otros planes. Y decidieron que lo que no pudieron impulsar por la vía del derecho (electoralmente), podían imponerlo por la vía del hecho o de facto. Esto último es exactamente la guerra económica: la agenda neoliberal por otros medios, por la vía de torcerle el brazo a la mayoría, de castigarla por no someterse a la pauta de los poderes hegemónicos.

En una editorial publicada recientemente en este mismo medio, se cita un fragmento de Alicia en el país de las maravillas donde la protagonista le pregunta al gato cuál es la salida. Y el gato le responde: eso depende mucho de hacia dónde quieras ir. De la misma manera, la salida a esta situación absurda que estamos viviendo depende mucho de para dónde queremos salir, de a cuál normalidad queremos regresar o ir. Y está claro que, por “normalidad”, en este país hace rato ya no entendemos la de una de mayorías excluidas viviendo de las migajas de las minorías, que es lo que en el fondo y en la forma fue la Cuarta.

2 Comentarios en Pedagogía del Especulado / ¿Nostalgia por la Cuarta?

  1. Para tener un mundo mejor es necesario tomar conciencia y permitir el bienestar de la gran mayoría dejando el egoísmo despojandonos del materialismo y siendo un poco más espiritual. La capacidad de AMAR es infinita

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  1. Chávez y Nicolás, el timón, el barco y las tormentas – 15 y Último

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