Golpe de Timón: hacia un mundo por y para el ser humano

gavazut

Por: Luis Enrique Gavazut Bianco

20 de octubre de 2012, una fecha sin lugar a dudas memorable. Nunca una intervención televisada de un Consejo de Ministros tuvo tanta difusión posterior, suscitó tanta discusión pública y caló tan hondo en el alma del pueblo venezolano, como aquel histórico I Consejo de Ministros del Nuevo Ciclo de la Revolución Bolivariana, presidido por el comandante Hugo Chávez apenas 13 días después de haber sido electo por cuarta vez consecutiva para la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela. Aun cuando fue el último consejo de ministros televisado correspondiente a su tercer período de gobierno, sin embargo se le recuerda con profunda nostalgia como el primero del nuevo período que habría de iniciar en enero de 2013.

¿Quién no recuerda aquel famoso Golpe de Timón? Quizás precisamente por la fatalidad de haber sido el primero y a la vez el último consejo de ministros televisado de aquel promisorio nuevo gobierno del presidente Chávez, a quien la enfermedad y la muerte le arrebataron la posibilidad de ser justamente él quien hiciera realidad lo dicho en esa pieza magistral de genialidad política; o quizás por las ideas trascendentales contenidas a lo largo de ese discurso; o quizás simplemente –como tantas otras veces así lo hizo– por expresar a través de palabras sencillas y directas el exacto sentir del Pueblo, como si se tratase de una suerte de clarividente capaz de leer el corazón y los pensamientos de todos nosotros.

Comoquiera que sea, no creo exagerar si considero al Golpe de Timón como el discurso más famoso y más trascendente del presidente Chávez, una pieza oratoria e intelectual que resume la suerte misma de la Revolución bolivariana, siempre en la encrucijada y a medio camino entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer…

Son miles los discursos del presidente Chávez que pudieran disputar ese título, pero el Golpe de Timón goza de un rasgo que lo hace único: es una visión por realizar, una hoja de ruta, un reto y una invitación a proseguir sin vacilación por el camino cierto de la revolución, una puerta hacia el futuro erigida aquí mismo en nuestro presente y cimentada en la inmensa fortaleza de las batallas, las victorias y las derrotas, asida con firmeza a nuestra historia, a nuestro pasado, a todo lo que nos ha traído hasta el aquí y el ahora. Es la síntesis de toda la experiencia política de Chávez, quien en vida fuera acreedor de 10 doctorados honoris causa en ciencias políticas, jurídicas, económicas y diplomáticas, otorgados por una policromía de naciones: Corea del Sur, República Dominicana, Brasil, Rusia, China, Bolivia, Siria, Chile, Nicaragua y Libia. Un hombre cuya genialidad política y consagración a las luchas y reivindicación social de los pueblos del mundo le hicieron acreedor de las más diversas distinciones al mérito. El Golpe de Timón contiene en sí mismo el legado todo de Hugo Chávez.

Lo primero que hay que decir sobre el Golpe de Timón, como toda pieza magistral de pensamiento revolucionario, es que se trata de economía. Nunca como en Chávez fue la economía tan consustancialmente política. Aunque a lo largo del discurso hay derivaciones hacia otros temas, como la autocrítica revolucionaria y los medios de comunicación necesarios, no obstante el tema medular es lo económico.

Sin preámbulo alguno Chávez nos adentra en las profundidades más complejas del gran meollo económico de toda revolución: la autogestión. Para ello comienza leyendo una cita tomada de la famosa obra de István Mészáros, Más allá del Capital, contenida en su capítulo XIX, que trata acerca de “El sistema comunal y la ley del valor”: “El patrón de medición de los logros socialistas es: hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático, de control social y autogestión general”.

De una u otra forma, todas las revoluciones en definitiva persiguen la conformación de una sociedad diferente a la sociedad de mercado capitalista, una sociedad donde impere la igualdad económica y donde no existan las injustas diferencias de clase. Lo que distingue a una revolución de otra, al menos en cuanto a su visión programática, es precisamente la forma como ha de lograrse ese objetivo. El socialismo opta por hacerse del poder político del Estado y utilizarlo para desmantelar la sociedad de mercado capitalista y sustituirla por la sociedad socialista. El anarquismo plantea el empoderamiento de los grupos o colectivos sociales para que asuman las funciones de la sociedad que mejor provean a la satisfacción de sus necesidades. En Mészáros se conjugan ambas aproximaciones, porque da relevancia a la toma del poder del Estado y al mismo tiempo plantea como eje medular de su propuesta la autogestión, que es la alternativa anarquista frente al modelo hegemónico de la sociedad de mercado.

Y esa es precisamente la fórmula que Chávez siempre persiguió: utilizar el poder político del Estado para construir el modelo de sociedad autogestionaria. Sin embargo, fue víctima –al igual que otros antes que él– de una contradicción insoslayable: la autogestión, siendo como es un planteamiento eminentemente anarquista, se opone al Estado, es decir, no solamente va en contra de la lógica del mercado, sino también de la lógica del poder político burgués.

Y es esa contradicción, con toda la fuerza que se deriva de ser una auténtica contradicción histórica, la que en definitiva queda al desnudo en el Golpe de Timón. Cuando Chávez increpa a los más altos exponentes del poder político del Estado, es decir, a su gabinete de ministros y ministras en pleno, señalándoles el no haberse preocupado, ni mucho menos ocupado, en la construcción y consolidación de las comunas, deja al descubierto en toda su crudeza la contradicción histórica entre el Estado burgués y el poder popular, entre el poder del Estado y la autogestión, entre la sociedad burguesa y la sociedad autogestionaria.

Pudiera pensarse, y seguramente será cierto en algunos casos, que el gobierno bolivariano no es un Estado burgués, porque sus decisiones políticas no obedecen a los intereses de la clase dominante, sino a los intereses de los oprimidos, de los desposeídos, de los excluidos, de los marginados del sistema capitalista, que cada vez más somos casi la totalidad de la población. Sin embargo, el clamor de Chávez en el Golpe de Timón demuestra que la realidad es otra. Así como la condición de clase social a la cual se pertenece, determina en buena medida las necesidades, aspiraciones, expectativas y la propia conducta, observándose muchas veces que el originalmente desposeído una vez que mejora sus condiciones materiales de vida pasando a formar parte de la clase social opulenta, deja de mirar con buenos ojos la ideología emancipadora y abraza en su lugar la ideología de la clase dominante a la cual se opuso alguna vez; de la misma manera cabe esperar que ocurra cuando el dominado accede al poder político del Estado. Lo que una vez fue oposición acérrima, se troca en cómplice aceptación. Al accederse al poder, con todo y sus mieles, se está sometido a una avasallante fuerza “aburguesadora”. Solo una voluntad de hierro, cimentada en las más firmes convicciones ideológicas, puede hacer frente a esa determinación que se deriva de la pertenencia de clase social y política.

No es insólito entonces que un ministro o ministra no se interese por la conformación de las comunas y la consolidación del Estado comunal, porque es justamente esa conducta la que cabe esperar de acuerdo con la lógica de pertenencia a la clase política del Estado burgués. Un estado que, dicho sea de paso, está hecho a la medida del enriquecimiento ilícito a través de la corrupción, constituyéndose por ello mismo en una auténtica fábrica reproductora de la burguesía capitalista y sus lógicas de dominación, ajenas a toda consideración ética.

Inmediatamente a continuación de Mészáros, Chávez hace referencia en el Golpe de Timón a su mentor ideológico Jorge Giordani, destacando la obra de su autoría: La Transición Venezolana al Socialismo, donde Giordani analiza los factores determinantes de esa transición. En palabras de Chávez: “…uno de ellos es la transformación de la base económica del país para hacerla esencial y sustancialmente democrática, porque la base económica de un país capitalista no es democrática, es antidemocrática, es excluyente y de allí la generación de riqueza y de grandes riquezas para una minoría, una élite, la gran burguesía, los grandes monopolios, y de allí también la generación de la pobreza y la miseria para las grandes mayorías”.

Y destaca seguidamente el presidente Chávez en su Golpe de Timón los cinco elementos que Giordani plantea para el proceso de transición al socialismo, a saber: la democratización del poder económico; el cambio del rol del Estado para ponerlo al servicio de las necesidades de la población y la defensa de la soberanía nacional; la autogestión productiva colectivista; la democratización de la planificación en las relaciones productivas; y la autonomía del país frente al capitalismo internacional.

Y en el contexto de esa hoja de ruta asumida por el presidente Chávez para la auténtica transición al socialismo bolivariano, sentencia la siguiente advertencia: “…pudiéramos estar haciendo cosas buenas, pero no exactamente lo necesario para ir dejando atrás de manera progresiva y firme el modelo de explotación capitalista y creando un nuevo modelo: el socialismo venezolano, bolivariano, del siglo XXI”.

Esa es sin duda la gran pregunta que cada día debe hacerse el gobierno bolivariano: ¿Estamos haciendo lo necesario para ir dejando atrás de manera progresiva y firme el modelo de explotación capitalista?

¿Cómo puede haber un socialismo autogestionario y al mismo tiempo capitalista? ¿Cómo puede ser el socialismo compatible con la economía de mercado y la propiedad privada y estatal de los medios de producción? Esta ha sido desde siempre la gran interrogante de la Revolución bolivariana, pero no solo de ella, sino de todas las revoluciones de la historia. Es y sigue siendo, más que una interrogante, un reto hacia el futuro de nuestra revolución y de cualquier otra: el reto de hacer nacer lo nuevo en medio de lo viejo, de parir el Hombre Nuevo de un vientre materno perteneciente a otra Humanidad. De engendrar la autogestión social de las entrañas del mercado capitalista. Preciso es decir en este punto que eso nunca se ha logrado. Basta leer el Libro Rojo de Mao para ver cómo ese otro gigante de la Historia se enfrentaba y debatía exactamente ante el mismo dilema que tanto angustiaba a Hugo Chávez. Y la historia de la China comunista demuestra que al final no fue hacia la autogestión, hacia las comunas, hacia donde evolucionó ese gran país, sino hacia el capitalismo de Estado y cada vez más hacia el capitalismo de mercado. No será descabellado anticipar que China, al igual que tantas otras grandes economías capitalistas de mercado, evolucionará más pronto que tarde hacia la fase superior imperialista, a menos que el imperio norteamericano se lo impida por la fuerza.

Voceros del gobierno bolivariano aseguran hoy en día que la incompatibilidad entre socialismo y empresa privada “es un dogma” y que ahora la Revolución bolivariana se centra en apoyar y fomentar el surgimiento de empresarios que no se orienten hacia el rentismo petrolero, sino hacia la producción y la exportación. Puesto así, la contradicción histórica entre capital y trabajo se sustituye por una falsa contradicción entre capital rentista y capital productivo, obviando el hecho de que todo capital es en sí mismo rentista y que lo que hace productivo al capital es el trabajo.

Pero además, y más grave aún, esto hace que se olvide que la verdadera concepción dogmática es aquella que trata de imponer el fundamentalismo del mercado como única vía para la organización y desarrollo de la sociedad, negando cualquier otra solución alternativa. La revolución, todo lo contrario del dogmatismo, es escéptica hacia la propiedad privada y estatal de los medios de producción y la acumulación capitalista; duda de sus pretendidas bondades y más aún de que sean la única y exclusiva vía para lograr “el mejor de los mundos posibles”. El pensamiento revolucionario, al igual que el pensamiento científico, es profundamente escéptico, y por ello mismo, permanentemente crítico.

La estrategia que siempre utilizó Chávez para ir construyendo esa sociedad nueva, fue incorporar elementos socialistas, creados, instrumentados y financiados desde el Estado, permeando todas las capas de la sociedad burguesa. En lugar de erradicar la propiedad privada de los medios de producción, se dedicó a crear y fomentar la creación desde cero de elementos fundamentales de propiedad estatal y de propiedad social que coexistieran con las formas productivas del mercado capitalista y fueran gradualmente sustituyéndolas, lográndose así la transición al socialismo en paz y en democracia, que es el rasgo esencial de la Revolución bolivariana que le diferencia del resto de revoluciones conocidas hasta ahora.

En el Golpe de Timón, el presidente Chávez lo expresa con toda claridad: “El nuevo ciclo de la transición; la construcción del socialismo, de nuestro modelo. Nosotros debemos territorializar los modelos. Yo me imagino, por ejemplo, un sector de Sarría, la calle real de Sarría, el edificio y la panadería, el Pdval y la Farmapatria son elementos nuevos, como de un injerto”.

Es posible, no obstante, que exista un error fundamental en esa aproximación, que consiste en creer que la panadería, el Pdval y la Farmapatria son elementos productivos autogestionarios, cuando en realidad se trata de elementos dependientes de los recursos y subsidios del Estado, que a su vez dependen linealmente del ingreso petrolero nacional. Ya lo han señalado a lo largo de los siglos los pensadores anarquistas, la sociedad autogestionaria no se construye desde el Estado, sino desde las entrañas del colectivo social mismo. Deben ser formas de las fuerzas productivas del colectivo social territorializado que sean auténticamente autogestionarias y autónomas.

Retomando el caso de China, Mao Tse-Tung creó las comunas a finales de la década de los años 50 del siglo XX, en un intento por imbuir los valores comunistas en la sociedad rural de ese país. Se impuso un modelo donde las tierras, los animales, las herramientas y los cultivos tenían que ser compartidos entre todos los habitantes de la comuna, y el trabajo tenía que ser para el colectivo, no para el beneficio individual.

Como alternativa para desarrollar la agricultura, las comunas chinas fueron un fracaso, porque la población rural no se adaptó, no asimiló realmente el nuevo modelo, la nueva forma de vida, los nuevos valores colectivistas. Como consecuencia, y a pesar de todo el empeño de Mao, el modelo agonizó hasta que el gran líder revolucionario falleció en 1976 y fue sucedido por Hua Guofeng, quien allanó el camino para el posterior advenimiento al poder del reformista Den Xiaoping, que a principios de la década de los 80 reinstauró la propiedad privada de la tierra y el trabajo para beneficio particular del campesino, sepultando con ello el modelo alternativo comunal.

A pesar de eso, la legislación china no prohibió las comunas para aquellos casos en que la propia gente, el propio pueblo, manifestase por propia voluntad su deseo de vivir en comuna, bajo régimen de propiedad colectiva. Esto permitió que algunas contadas comunas hayan sobrevivido hasta nuestros días, como es el caso por ejemplo de la poco conocida Comuna de Nanjie, en la zona de la Provincia de Henan, de la cual Michael Bristow de la BBC Mundo publicó en 2009 un interesante reportaje.

Es una comuna agrícola de unos 4.000 habitantes, que cuenta con pequeñas fábricas de alimentos para la producción de cerveza, chocolate, salsa picante y fideos, entre otros rubros. Algunos de esos productos son de alta calidad y de hecho se exportan actualmente hacia países como Australia, Estados Unidos y Canadá.

El estilo de vida es colectivista y eso les permite a sus habitantes gozar de beneficios de protección social que no existen en la sociedad de mercado de China. Aunque el ingreso monetario de cada miembro de la comuna es muy inferior que el ingreso monetario del trabajador promedio en la sociedad burguesa china, sin embargo los beneficios sociales en educación, salud, vivienda, servicios, entre otros, les confieren una estabilidad y una calidad de vida que es la envidia de muchos. La atención médica, la vivienda, el gas, el agua y la electricidad son gratis. La educación también es gratuita y el municipio incluso paga los estudios universitarios fuera de la comuna.

Con las reformas económicas de 1978, China eliminó los beneficios sociales, especialmente los dirigidos a los agricultores. Estos pueden desde entonces vender competitivamente sus productos en el mercado capitalista, pero no cuentan con ayudas sociales de ningún tipo. Hoy en día, conforme la capacidad del sistema de mercado capitalista para satisfacer adecuadamente las necesidades de la población en general se ve cada vez más comprometida, los agricultores chinos vuelven con asombro su mirada hacia Nanjie. Al parecer, Mao no estaba tan equivocado como les han hecho creer. Pero donde sí seguramente se equivocó fue en creer que la comuna, que el estilo de vida colectivista, que la sociedad autogestionaria se construye, mucho menos se impone obligadamente, desde el Estado. Es la gente, por su propia voluntad y convicción, la que debe abrazar esa nueva fe y comprometer toda su existencia en ella.

¡Comuna o Nada! Esa es una consigna para el pueblo, no para un gabinete de ministros de estado; aunque obviamente es mucho lo que desde el Estado puede y debe hacerse para favorecer la transición hacia la sociedad autogestionaria, siendo obviamente lo primero y principal, el andamiaje jurídico, la superestructura legal que permita la existencia misma de las comunas. En esto ya la Revolución Bolivariana ha dado pasos de gigante, habiéndose promulgado desde hace varios años las magníficas leyes orgánicas del poder popular. Pero si el pueblo no las hace suyas con coraje y determinación, el reformismo y la restauración pueden tarde o temprano lograr su derogación.

El sistema de financiamiento a los proyectos de los consejos comunales y las comunas es también un importante logro de la Revolución bolivariana para impulsar desde el Estado la conformación de la sociedad autogestionaria; pero lamentablemente su manejo es discrecional y está sujeto a la voluntad de determinados funcionarios de Estado quienes muchas veces no están realmente comprometidos con la autogestión. Un poder popular tutelado no es poder. El Estado debe dar rienda suelta al poder popular. Y esto pasa por darle autonomía absoluta en la toma de decisiones y asignación no discrecional de los recursos necesarios para ejecutar esas decisiones. Si la Asamblea de Ciudadanos y Ciudadanas decide desarrollar un determinado proyecto comunitario, el Estado no debe entrometerse imponiéndole instancias de “aprobación” gubernamentales, de las cuales dependa la asignación de los recursos. Dicha asignación debe hacerse sin condiciones, tal como se asignan los recursos a las instancias del poder público burgués, como las alcaldías y gobernaciones; es decir, mediante un mecanismo como el situado constitucional, el cual no depende de “aprobación previa”, sino que es un mandato de ley y luego la instancia destinataria de estos recursos decide la forma en que serán utilizados mediante sus correspondientes presupuestos locales y regionales, que son sometidos a la aprobación de las cámaras municipales y las asambleas legislativas estadales. Las comunas deberían gozar de un situado que ellas mismas decidirían autónomamente en qué utilizar, previa aprobación de la asamblea de ciudadanos y ciudadanas directamente o a través del parlamento comunal.

Los argumentos que suele esgrimirse en contra de empoderar realmente al poder popular de la manera descrita son que “el pueblo no está preparado” o que “el pueblo se corrompe”. Me parece que son argumentos cínicos generados por la propia mentalidad burguesa reformista y reaccionaria, porque las grandes preguntas serían entonces: ¿los alcaldes y concejales sí están preparados?, ¿los gobernadores y diputados legislativos no se corrompen? La trillada ineficiencia gubernamental y las consabidas corrupción y burocratismo, desmienten por completo que los representantes electos del Estado burgués “estén preparados” y sean incorruptibles. Por lo tanto, lo que es igual para el pavo tiene que ser igual para la pava. Si el Estado burgués tiene situado y autonomía, con más razón tiene que tenerlos el Estado comunal. Es más, en la medida en que el Estado comunal adquiera cada vez mayor autonomía y situado, pues tanto menor deben ser para el Estado burgués. Esta es la verdadera vía al socialismo, a la sociedad autogestionaria auténtica. Pero evidentemente eso plantea una lucha, una pugna por la renta petrolera entre el Estado burgués y el Estado comunal, situación que las élites dominantes no están dispuestas obviamente a aceptar de buen grado. Por eso es que creo firmemente que el Estado comunal no se decreta, ni se lo regalan a uno, hay que conquistarlo. El pueblo debe enfrentarse al Estado burgués para construir el Estado comunal. Es una lucha por el poder económico y político. Así de simple. Es una lucha por la independencia popular. Es la lucha revolucionaria.

Por eso el presidente Chávez lo dijo textualmente como sigue: “…independencia o nada, comuna o nada”. Sin comuna no hay independencia. La independencia no se logra manteniendo el mismo sistema político y económico, tiene que ser reemplazado por el Estado comunal y las formas productivas autogestionarias. Esa es la lucha a la que en definitiva nos empuja el Golpe de Timón.

Pero el presidente Chávez quería que fueran los ministros quienes se pusieran a la vanguardia del pueblo para construir las comunas, que todo el poder del Estado se pusiera al servicio de la sociedad autogestionaria. ¡Qué titán revolucionario! El arañero resultó ser más quimérico que Don Quijote. Y lo impresionante es que hacía realidad sus quimeras. Por eso es y será siempre nuestro Gigante.

Prosigue diciéndonos así: “Las fábricas construidas con fines capitalistas llevan las marcas indelebles de su “sistema operativo”, la división social jerárquica del trabajo en conjunción con la cual fueron construidas. Un sistema productivo que quiere activar la participación plena de los productores asociados, los trabajadores, requiere de una multiplicidad de procesadores “paralelos”, coordinados de la manera adecuada, así como de un correspondiente sistema operativo que sea radicalmente diferente a la alternativa operada de manera central, trátese de la economía dirigida capitalista o de sus bien conocidas variedades poscapitalistas presentadas engañosamente como ‘planificación’”.

Otra puerta al futuro. La primera aproximación a este ideal es el control obrero, una gran deuda todavía de la Revolución bolivariana. Pero más allá, es imperativo infundir en las bases populares la cultura del asociacionismo libre y en igualdad de condiciones, lo que no debe confundirse con igualación indiscriminada del trabajo y el aporte individual de cada quien. Tampoco la solución mágica está en la mera conversión de la propiedad privada en propiedad colectiva. El éxito de esta propuesta ideológica pasa por conjugar de manera efectiva la innovación y el trabajo con el capital necesario a cada emprendimiento requerido para el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad. Mi propuesta en este sentido es la empresa mixta Estado-Pueblo, donde el capital productivo lo aporta el Estado –sociocapitalista– y el capital intelectual lo aporta el pueblo organizado –socioindustrial–. Y más aún, para montar y coordinar esa complejísima red de procesadores paralelos de la que nos habla Chávez, o la red de sistemas paralelos coordinados planteada por Mészáros, no librados al principio de orden espontáneo del sistema de mercado, es imperativo desarrollar una disciplina científica que sea la herramienta de conocimiento fundamental para semejante empeño. En otra ocasión he propuesto la creación de la carrera universitaria de Ingeniería de Desarrollo Social, una ingeniería en ciencias sociales que coloque al servicio de la sociedad autogestionaria todo el poder del conocimiento científico moderno.

El presidente Chávez no nos invita a profundizar el capitalismo, fomentando la creación de empresas privadas. Todo lo contrario. Nos invita a crear formas productivas nuevas, alternativas a la empresa privada capitalista.

“Tenemos que asociarnos con los pequeños productores, pero tenemos que injertar la propiedad social, el espíritu socialista, a lo largo de toda la cadena, desde el trabajo de la tierra, donde se produce el mango, la guayaba, la fresa, hasta el sistema de distribución y consumo de los productores que de ahí salen”.
(…)
“¿Dónde están las zonas productivas de Ciudad Caribia? Ya hemos entregado bastantes viviendas ahí, pero la zona industrial no la veo. Y recuerdo haberlo dicho hace años, cuando empezamos ahí, y fuimos, y caminamos: allá está El Junquito, allá está el mar, Dios mío, aquí es bien bueno el frío de la noche para el turismo, hacer unas posadas, que ya deberían estar hechas”.
(…)

“Inauguramos hace poco la carretera Mamera-El Junquito. Díganme si han visto la primera granja ahí, colectiva. Recuerdo que hace como tres años fui por ahí, y la primera imagen que tuve, qué potencial tan grande, qué territorios tan bonitos, qué colinas tan hermosas, qué clima tan hermoso. Terminamos la carretera y no hay una sola unidad productiva que hayamos creado nosotros. Creemos que la carretera es el objetivo, ¿será el ferrocarril el objetivo?, ¿será la carretera el objetivo? ¿O cambiar toda la relación geográfica-humano socioterritorial y cultural de sus inmediaciones a lo largo de un eje? Este último sí es, pero a veces no lo queremos entender, a veces no, casi nunca lo entendemos”.

El presidente Chávez lo dice así muy claramente, el Estado tiene que asociarse con los pequeños productores, bajo modalidades asociativas que promuevan la propiedad colectiva, social, conformándose redes socioproductivas encadenadas donde el Estado y el pueblo organizado se asocian. Como ya lo dije, eso puede lograrse mediante la conformación de empresas mixtas Estado-Pueblo.

Se piensa que con solo darle un crédito a una cooperativa –o a una empresa privada mercantil– ya está listo el asunto. El Estado tiene que montar las posadas de Ciudad Caribia (aportar todo el capital) y asociarse con los innovadores, trabajadores, emprendedores comunitarios que van a encargarse de esas posadas. El Estado sociocapitalista, el Pueblo socioindustrial. Esa es mi fórmula para ir haciendo realidad la visión de sociedad a la que nos invita el Golpe de Timón. Obviamente el presidente Chávez pensaba en una zona industrial montada por el Estado para el pueblo organizado de Ciudad Caribia. No pensaba, claro está, en una zona industrial de empresarios capitalistas privados.

Recientemente escuché al presidente Maduro decirle a sus ministros y ministras que se le dan y se le dan dólares y recursos a los empresarios privados, los cuales prometen y prometen que van a producir, y nunca terminan de cumplir esa promesa. Es propicia la oportunidad, dado que también ha sido el presidente Maduro quien ha decretado el mes de octubre de 2016 como el mes del Golpe de Timón, para ofrecerle todo nuestro apoyo para que retome el espíritu y la hoja de ruta del Golpe de Timón, en franca, abierta, clara, nítida dirección hacia la sociedad autogestionaria, 180 grados aparte de la sociedad burguesa de mercado capitalista.

El nuevo modelo productivo, social, territorial, no se construye convocando al sector privado, al empresariado capitalista, sino construyéndolo el Estado directamente con el pueblo organizado. Jugándosela con las bases populares. Confiando realmente en la necesidad de empoderar al pueblo. Ese es el reto que el presidente Chávez nos lanzó a la cara a todos los revolucionarios en aquel memorable Golpe de Timón. Ese es el camino. Es el camino de la comuna de Mao Tse Tung, de la economía sin mercado, comercio ni dinero de Piotr Kropotkin, de la autogestión anarquista, de la sociedad comunista de Carlos Marx y Federico Engels, de los soviets de Wladimir Ilich Lenin, del Estado comunal de Hugo Chávez.

Es el camino hacia la utopía realizable que se adentra en lo más profundo de los anhelos inconfesados del ser humano. El camino hacia la República de Platón, la Utopía de Tomás Moro, la Edad de Oro de Miguel de Cervantes, la Ciudad del Sol de Tommaso Campanella, la Nueva Atlántida de Francis Bacon, y hasta la aldea conductista Walden Dos de B.F. Skinner. Es también el camino hacia el cristianismo primitivo y hacia el modo de vida colectivista indígena originario. Pero no es una vuelta romántica a un pasado aldeano, sino el salto exponencial hacia un futuro mejor.

En lo personal, imagino ese futuro como aquel donde reine el amor fraterno, en lugar de la violencia; la alegría colectiva y la paz interior, en lugar de la enfermedad; el medio ambiente sano, en lugar del ecocidio; la abundancia para todos, en lugar del hambre; la satisfacción de necesidades, en lugar del consumismo; el libre consumo, en lugar de la acumulación; la despersonalización del poder, en lugar de la dominación; y la sabiduría, en lugar del oscurantismo. Un mundo por y para el ser humano.

3 Comentarios en Golpe de Timón: hacia un mundo por y para el ser humano

  1. El sistema de China no debe, a mi juicio, ser calificado etrictamente como capitalismo de Estado; los privados están sujetos a la dirección y control del Estado; y ha sido la vía para sacar de la miseria a 700 millones de personas en menos de 40 años. China no ha mostrado en 5 mil años de historia vocación imperialista; y hoy, en alianza casi forzosa con Rusia, es la ÚNICA posibilidad de que el Imperio estadounidense no termine de dominar militarmente a todo el resto del Mundo; y para eso China y Rusia están actuando. Sobre ese largo y muy complejo tema geopolítico he disertado en varias oportunidades; y envié un material de audio, para su transcripción, al editor jefe de esta página “15yultimo”, el cual estoy a la espera de que sea prontamente publicado.

  2. Excelente artículo y propuestas incluidas, aunque creo que el campo semántico no se puede abandonar. No podemos repetir, ni mucho menos promover, criterios que se sostienen en principios eurocéntricos coloniales. Cuando nos hablan de modernización, Venezuela y todo el tercer mundo en su conjunto, puede dar muestra de ese proceso que ha dejado sendas marcas de injusticia social, desigualdad, pobreza, exclusión y contaminación. Esto lo digo en atención a la propuesta de crear una carrera de “Ingeniería de desarrollo social”. Hay que cuidar el lenguaje porque en su significante guarda mucho de su significado y las analogías saltan para alimentar tendencias que debemos superar. Ni ingeniería ni desarrollo ni mucho menos conductismo.

    • Hola Dennis, gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo contigo en el asunto de la semántica y la simbología. El Comandante siempre se cuidó mucho de eso. No obstante, creo que con la ciencia y la técnica ocurre como en el caso de la bomba atómica. ¿Son la ciencia y la técnica las culpables del uso que el ser humano les da? Ambas pueden usarse para el bien o para el mal. En sí mismas son amorales. Así que el término Ingeniería únicamente denota una disciplina técnica. Como la Ingeniería Química o la Ingeniería Aeronáutica. La culpa de que a las ingenierías se las utilice para la dominación, no es de las ingenierías, mucho menos del conocimiento científico, sino de los seres humanos que las utilizan para explotar a otros seres humanos. Si prefieres llamar a la ingeniería algo así como “saberes técnicos” o “saberes prácticos para el ser humano”, por mí está perfecto. No es cuestión de nombres, sino de conocimiento. En cuanto al desarrollo, la crítica actual al “desarrollismo” no plantea que la sociedad no deba perseguir su desarrollo, lo que plantea es que el actual “modelo de desarrollo” conduce a la Humanidad al desastre ecológico y social, y por lo tanto hay que pensar “alternativas al desarrollo”. Es posible que la alternativa idónea sea por completo distinta al “ideal de progreso” que ha signado a la modernidad. Habrá que pensar y construir esa alternativa. El Estado Comunal planteado por la Revolución Bolivariana pudiera ser un excelente punto de partida para esa proeza civilizatoria. En mi propuesta de Ingeniería de Desarrollo Social, de lo que se trata es de poner el conocimiento técnico al servicio de la sociedad para el desarrollo de formas alternativas de organización social, tales como redes de agentes, colectivos cooperativos coordinados, modelos para el manejo complejo de decisiones colectivistas, entre otras. Un abrazo, y gracias nuevamente.

Deja un comentario

Tu email no será publicado.


*