Golpe de Timón para un barco cargado de juguetes

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Por: Malú Rengifo

1.- El muelle del que parte esta expedición

Es un fenómeno que se repite todos los años: los titulares de la gran prensa, a partir del mes de septiembre, vaticinan el desastre navideño con frases apocalípticas de toda índole: “Este año no habrá hallacas en los hogares venezolanos”, “Niño Jesús hace huelga de hambre y pide al rrrégimen bajarle los dólares para los regalos”, “Este diciembre no va a estrenar ni Mandrake”, “El pan de jamón si acaso será un cachito”, “Los niños jugarán con mocos porque juguetes no habrá”.

La contraofensiva del gobierno revolucionario ante este bombardeo del terror está llena de buena voluntad y es una muestra de un profundo interés por el vivir bien, pero tristemente se traduce en una solución inmediatista, escasamente creativa y soberana: traerse un cargamento de juguetes “made in cualquier lugar del mundo menos este”, y colmar nuestras primeras planas de números rimbombantes que enorgullecen a muchos, pero solucionan poco:

“GOBIERNO BOLIVARIANO TRAJO CHOPORROCIENTOS MILLONES DE JUGUETES DESDE PANAMÁ PARA COLMAR DE AMOR A LOS HOGARES VENEZOLANOS”

Le estampamos por la jeta a la escualidera, en letras grandototas, los choporrocientos millones de juguetes para que dejen de hablar tanto gamelote, pero no nos preguntamos si estamos solucionando nuestros verdaderos problemas a través de la inversión de quién sabe cuántos miles de dólares en corotos de plástico venenoso que tarde o temprano pasarán de moda e irán a dar a los enormes tiraderos de basura que nos sobrevivirán el día que nos extingamos, sin haberles enseñado a nuestros niños nada acerca de nuestro país, nada acerca de quiénes somos, nada acerca de las manos explotadas que fabrican esos juguetes industriales, nada acerca de la independencia, nada acerca de la autogestión.

2.- ¿Qué hace a un juguete ser más juguete que otro?

Al margen de este espectáculo de dimes y diretes navideños, regados por toda Venezuela, numerosos y pequeños talleres artesanales de carpintería, costura, reciclaje, hacen posible a diario el génesis de juguetes de madera que no salen en los anuncios comerciales ni son considerados un objeto del deseo por parte de una población de niños alienados por el bombardeo de una industria cultural foránea y capitalista contra la cual tenemos unas cuantas batallas pendientes por librar.

Como la labor creativa está íntimamente ligada al pensamiento liberador, no es de extrañarse que el pasado 15 de octubre de 2016, al cierre del Encuentro Nacional de Artesanas Muñequeras, la creadora guatireña Rosa Córdova compartiera con sus colegas una serie de datos indispensables para la ejecución de esto que, recordando las palabras de Hugo Chávez cuatro años atrás, me atrevo a llamar el Golpe de Timón para un barco cargado de juguetes: durante la creación de una especie de manifiesto de las artesanas muñequeras, Rosa Córdova propuso que el gobierno, en lugar de importar juguetes, estableciera mecanismos de enlace con lxs artesanxs de la juguetería, quienes de diez en diez rompecabezas, o de cincuenta en cincuenta muñecas, podrían lograr cubrir la demanda navideña con artículos nuestros, impregnados de valores, tradición y arraigo venezolano.

Todo esto sonó muy hermoso, absolutamente todo el público asistente afirmaba con la cabeza escuchando las palabras de Córdova aquella tarde, pero hace falta solo un sencillo ejercicio de imaginación para saber que más de un niño e incluso padres y madres verían con desagrado el recibir por parte del gobierno un caballito de madera, o una muñeca de trapo que evoque tradiciones indígenas. A fin de cuentas los comerciales nos dicen a diario que “nuestros hijos se merecen lo mejor”, y “lo mejor” es una categoría secuestrada también por el Capital para que muchxs de nosotrxs creamos que una Barbie o un superhéroe norteamericano son mejor juguete que los gestados en los talleres artesanales venezolanos. Del cambio cultural que es necesario hagamos para deshacernos de estos estúpidos esquemas hablaremos a continuación.

3.- ¿A dónde irá el barco a buscar el tesoro?, ¿hacia afuera o hacia adentro?

“¿Cómo se mide un logro socialista?”, nos preguntaba el comandante Chávez en aquella alocución que buscaba corregirle el rumbo a una Revolución que, como todas, era un proceso rarísimo en constante logro, pero también en constante necesidad de corrección de los errores. Recalcaba la importancia de satisfacer nuestras necesidades básicas, de defender nuestra soberanía y de hacer un cambio cultural que fortaleciera el espíritu comunal, ese “juntarnos”, “pensarnos” y “hacer en colectivo” necesario para construir el único camino verdadero hacia la transformación de nuestro país en una nación soberana: la comuna.

Sin ser estrictamente una propuesta de comuna, las palabras de Rosa Córdova ante sus camaradas muñequeras, estaban también impregnadas de ese espíritu comunal que invita a la unión de las fuerzas, a la priorización de lo nuestro, y a resolver, a través de la autogestión, las necesidades que tenemos como nación. El “con qué jugarán los niños” es una pregunta tan importante como el “qué vamos a comer”, y así como ya muchos somos quienes tenemos clara la necesidad de sembrar y alimentarnos con productos producidos en nuestro país para romper con la tradición importadora que nos esclaviza a través del estómago, la propuesta de la muñequera guatireña pugna porque tengamos clara también la necesidad de romper con la tradición consumista de gastar el dinero del Estado en comprar juguetes producidos en masa por mano de obra explotada en maquilas extranjeras, y que solo refuerzan en nuestros niños estereotipos de belleza rubia y flaca, imponen roles de género, estimulan a la violencia, a la estupidez, a la competencia de todos contra todos, y una larga lista de antivalores que el juguetetradicional, hecho con amor por manos felices de saber que una parte de sí estará jugando con un niñito o niñita venezolana, jamás trataría de inculcarle a nuestros niños.

Cada dólar que el gobierno invierte en traer un castillito de plástico rosado con princesa incluida (doy este ejemplo porque quien suscribe fue parte del grupo de empleados que repartió en diciembre de 2014 los juguetes en el refugio de damnificados de La Carlota, a cargo del MIPPCI, y puedo dar fe de que se repartían castillitos de plástico rosado con princesa incluida) es un dólar invertido en la estupidización y el desarraigo, en la dominación, la estandarización de los gustos e intereses de los niños, y en la dilapidación de nuestra historia, manchada de sangre a manos de príncipes y princesas cuyas vidas siempre fueron tan plásticas y rosadas como el castillito que le regalamos a los niños.

Y además de todo eso, la plata se va para afuera. ¿No sería más inteligente, más revolucionario, como lo sugería Chávez, ejecutar medidas cuyo impacto social beneficie al pata en el suelo, al pueblo, y no al terrateniente, a la corporación, al rico, al foráneo? ¿No sería mejor, como lo sugiere Rosa Córdova, estimular la labor creadora a través de nuestras instituciones, y comprarle en bolívares los juguetes a nuestros jugueteros, que además de no explotar a nadie para la creación de su producto, son gente a la que sí le importa asegurarse de no estupidizar a nuestros niños, sino estimularlos a pensar, a conocerse, a conocernos, a través del juego?

Estamos a punto de terminar el mes de octubre. Los padres y madres que quieran gastarse sus aguinaldos en comprarles estereotipos de la dominación a sus muchachos, bien podrían hacerlo dirigiéndose a un centro comercial a entregarse como esclavos ideológicos del imperialismo, pero el Estado venezolano no tiene por qué ni debe hacer semejante cosa. Como alternativa liberadora, artesanas y artesanos jugueteros de todo el país estaremos de acuerdo en trabajar juntos, y junto a las instituciones, para cambiarle el rumbo a este barco en el que viene montado el niño Jesús, todavía en la barriga de su mamá, con ganas de darle un regalito a nuestros niños venezolanos.

¿Qué mejor forma de comenzar a promover el espíritu comunal, la cultura nuestra, que navegando los mares de la identidad y la soberanía a través del juego y la recreación?

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