En esta esquina / Chavistas o no, Comuna Nuestramericana

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Por: Carmen Lepage

Chávez siempre nos impresionó por su inmensa capacidad de rectificar, la consecuencia de ese análisis crítico de lo que se pensaba y se hacía, esa que en él era fortaleza y lo sabía. Lo que la mediocridad suele llamar debilidad y de lo que solo son capaces la gente que se forja el carácter y hace honor a la inteligencia y sensibilidad que lxs define.

Con la muerte amenazante, rondándole, lo vemos con las botas puestas, entrompando al pasado y al futuro, en esa alocución del 20 de octubre de 2012, en una tarde de lluvia abundante en la matria-patria venezolana. Chávez asumiendo su responsabilidad, como siempre lo hizo ante los ojos deslumbrados de quienes nos cansamos de ver a los politiqueros de todas las toldas haciendo esa demagogia asquerosa, pusilánimes intergalácticxs globalizadxs, guiserxs de toda monta nacional e internacional, mafiosxs de todo pelo capaces de desprestigiar hasta sus últimas consecuencia una vaina tan imprescindible y humana como la política.

Chávez, capaz de trabajar con la gente más disímil, el brillante hombre, que supo que sin esa pluralidad, sin aceptarla como condición, no se podía llevar adelante un proyecto que nos pide deconstruirnos, trabajar desde distintos ámbitos, diversos niveles, miradas cruzadas que incluso reposan sobre distintos llegaderos, siempre confiando en nuestra capacidad de transformación, haciendo también del camino un objetivo. Esa siempre fue la fortaleza nuestra y también, como suele suceder, el inmenso riesgo. Hemos andado al borde del abismo y tuvimos y seguimos teniendo gran chance de continuar venciéndolo.

Chávez el profeta imperfecto, el que creía en la capacidad de invitar a pensar, en el derecho a equivocarse, en la necesidad de preguntarnos, de lidiar con “lo otro” con la necesaria conciencia de su poder, más allá de sus concepciones personales. Chávez liberador, raigal, hombre contrario a las colonizaciones, fiel creyente y militante de la palabra y las acciones que demuestran la posibilidad de un mundo mejor, amoroso por justo, inteligente, completo y reivindicador de nuestras posibilidades como seres humanos y consustanciado con nuestro pasado cultural, como indixs que fuimos y somos. Chávez, el creador de posibilidades, seductor, generador de pensamiento. Ese Chávez abarcante, conciliador, por respetuoso y estratega, pero radical, propone UN GOLPE DE TIMÓN.

Le habla a su equipo de gobierno, que tantos errores cometió y sigue cometiendo (incluidxs los que hoy tratan de limpiar su imagen desde el penoso lugar de la traición), le habla como jefe y parte de un todo que debe mirarse por la responsabilidad que significa llevar adelante un proyecto que necesariamente debe estar  inmerso en un proceso político-económico-social que debe transformar nuestra manera de vivir la vida, para proponer y ejecutar políticas públicas capaces de permitir y hasta propiciar una transformación cultural. Le habla a un equipo que parece que no la ve, al menos no en su totalidad, que ha insistido en replicar realidades parecidas o iguales a lo que desde el discurso parece adversar y que cuesta llamar gobierno revolucionario, aunque sí haya estimulado y aceptado procesos que nos han revolucionado en algunas dimensiones, que confundió buen vivir con acceso al consumo de bienes. Que cuando pagó la deuda social histórica que se tenía con el pueblo venezolano agarró impulso pal lado que no era y terminó confundiendo inconsciente y conscientemente, en algunos casos, un capitalismo de Estado rentista con la transición a un socialismo descolonial, que Chávez claramente propone y describe esa tarde-noche en que nos habla de lo que debemos hacer para no perder el poder y fracasar.

Habla desde esa complejidad de la que es capaz de pensar y delinearlo en acciones que muestra concretas en su explicación. Trata de indicar dónde se desatan los nudos que nos ponen en grave cuestionamiento, frente a un pueblo que se cansó de las dinámicas impuestas por esa cultura adeca decadente, facilista y reproductora del servilismo frente a las grandes potencias, esa que nos hace todavía colonia humillada, admiradora de nuestro opresor,  presa fácil de nuestrxs enemigos históricos.

Chávez baja cable a tierra haciendo un paseo por las más resaltantes áreas de trabajo que deben transformarse radicalmente para, más que consolidar, realizar de forma definitiva la propuesta de un socialismo nuestro, de cara a nuestro origen como cultura, de espaldas en lo posible a esta civilización moderna occidental que terminó imponiéndose a sangre y fuego, constituyéndose como la más devastadora y hegemónica de la historia de la humanidad.  Chávez nos habla como a nuestroamericanxs y no solo a lxs chavistas.

Que lo asumido como dirigencia del proceso se transforme es imprescindible. Como el mismo comandante dijo, “es una orden”, y quienes se consideren o enuncien su chavismo tienen esa tarea por cumplir, porque así es la cosa cuando tú andas diciendo que alguien es tu jefe y no tienes complejos con eso. Lo otro es todo, menos lealtad y ética. Un proceso revolucionario sin el apoyo, al menos parcial, de un gobierno amigable, en una realidad mundial de orden fascista, como la actual, es doblemente complicado, cuando no imposible.  Es decir, si esa dirigencia desinteresada en el golpe de timón, por las razones que sea, de una vez por todas no reacciona, lo único que nos queda es el arduo, largo y complejo trabajo de la organización territorial sin las mínimas o grandes alianzas que pudimos lograr en estos años de chavismo cívico-militar. Lo más inteligente para el alto mando y para todxs nosotrxs es entender la importancia de trabajar juntxs.

Pero ese mensaje, el del Golpe de Timón, también es con nosotrxs, quienes no formamos parte del alto mando y del funcionariato que en gran medida es burocrático, que está atrapado en las lógicas de una estructura que le pone corsé a las profundas transformaciones, esas que necesitan de lo que se ha llamado una nueva institucionalidad, una nueva manera de hacer política.

La propuesta que pone sobre la mesa, pensada a profundidad, es la de lo comunal, que no es más que la materialización de todo lo que allí Chávez expone. Chávez y quienes con él desarrollaron esa idea (esto incluye al pueblo organizado), nos convocan a una revolución cultural que implica un compromiso inmenso, de alto impacto. Uno que nos tenemos que chambear nosotrxs mismxs y que además construye la posibilidad de mandarnos a nosotrxs mismxs, desde un tejido de filigrana que, como Chávez mismo resalta esa tarde, una y otra vez, no puede ser descordinado, mandón, competitivo, sino capaz de una dirección colectiva y regionalizada, que incluye a Raquel y todo aquel, académicxs, servidorxs públicxs, campesinxs, estudiantes, malandrxs, gente marginada de las dinámicas sociales y económicas, etc. Un tejido armado desde lo asambleario, desde la autogestión, para la economía productiva, para el desarrollo y uso de la tecnología en favor del acceso de todxs a la satisfacción de las necesidades reales, que no del consumismo propio del capitalismo elitesco, desde la educación liberadora y no esta que nos domestica. Lo que él mismo llama democracia liberadora, basada también en la cultura del trabajo colectivo.  El basamento legal está, ha sido creado, no hay razones para pensar que no tenemos las herramientas. Su aplicación no solo depende de los gobiernos, sino de nuestro empoderamiento desde los espacios en los que estamos, luchamos, construimos.

Tal como están las cosas debemos pasearnos por escenarios posibles: si tenemos la realidad comunal instalada en el territorio, no es el fin una derrota electoral. Si no la armamos estaremos en una situación de riesgo mucho mayor, ante las imposiciones neoliberales que vendrían. Claramente lo dice Hugo: “comuna o nada, si no nos damos cuenta de esto estamos liquidados. Seríamos nosotros los liquidadores de este proyecto, nos cabe una gran responsabilidad frente a la historia”.

También nos dice: “no es imponer sino convencer”. La labor es seguir trabajándonos en la calle, el campo, para ante todo no dejarnos arrebatar lo ganado en las batallas pasadas, y luego poder profundizar. Chávez le habla a Nicolás en primer lugar, a quien deja encargado, días después, de la conducción de nuestro proyecto. No lo olvidemos, no dudemos del trabajo que juntxs pensaron y que hoy se bombardea desde distintos flancos, unos más evidentes que otros. Esa tarde-noche nos dice Chávez que él tiene el poder para lanzar misiles a quienes quieran torcer esta voluntad de empoderamiento y organización popular que nos incluye a todxs para ser capaces, desde la unión, de dar la pelea. Porque solo como bloque lo lograremos, como se hace en las guerras. Preguntémonos si el ataque a Maduro no es sino el ataque a que nos engranemos con él y sus aliadxs, para que no sea posible que consolide el poder necesario para lanzar sus misiles compartidos con Chávez contra quienes no creen en un Estado comunal que nos encauce a nuevos rumbos de paz social, economía productiva a todos los niveles, y de poder político colectivo.

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