Los Obama se despiden de su única cosecha medianamente buena

obamas-cosecha

Por: Jessica Dos Santos Jardim

En marzo de 2009, a tan solo dos meses de su llegada al poder, la primera dama de los EE.UU., Michelle Obama, planteó tener un conuco en la Casa Blanca. A la hora de empezarlo dijo que motivaba “el hecho de que el pueblo norteamericano se ha visto muy afectado por su estilo de alimentación, razón por la cual un 34% de los adultos son obesos”. Los medios titularon “Michelle lucha contra la obesidad a través de la agricultura urbana”. Al mismo tiempo, en Venezuela, el presidente Chávez hablaba de fundos zamoranos, gallineros verticales, techos verdes, mientras contaba “yo en una esquinita de unos de los edificios de Miraflores tengo cosechado maíz, tomate, pimentón, gallos y gallinas, yo he recogido huevos de ahí”, pero la prensa ridiculizó la iniciativa mandándola al olvido, hasta que en el año 2013, dada la crisis económica y alimenticia, Maduro la retomó.

El primer día que Michelle Obama inauguró su conuco también invitó a 23 escolares a plantar con ella e insistió en que “siempre hubiera niños para ayudar y ver cómo crecían los vegetales”. También contó que al principio “cometió el error de poner demasiadas flores alrededor, que acabaron comiendo espacio a las verduras” y además “no estaba preparada para las tormentas casi tropicales habituales en Washington en primavera y que le estropearon sus cultivos”.

Después de eso, Michelle Obama hizo un “jardín polinizador”, es decir, una pequeña sección con flores con el objetivo de evitar la muerte de los insectos polinizadores. “Este jardín va a contribuir a solucionar el problema de la muerte de las abejas. Las abejas se están muriendo. Ni siquiera sabemos por qué, pero están desapareciendo y puede ser un problema para el planeta, porque no tener insectos que polinicen las plantas puede afectar nuestras fuentes de alimentación”, dijo Michelle. De más está mencionar la hipocresía que esto revierte si se investiga las verdaderas razones de la desaparición de las abejas: la mezcla de pesticidas y fungicidas, de las principales transnacionales estadounidenses, que contaminan el polen que las abejas recolectan para alimentar sus colmenas.

Lo más curioso es que Michelle Obama admitió que su principal temor es que “no sabía si estaba permitido dentro del gobierno estadounidense (que se supone ya era su esposo) sembrar en la Casa Blanca”, pues la zona está catalogada como “parque nacional”. De hecho, la última mujer (siempre fueron mujeres) que intentó plantar “tomates y lechugas” en la Casa Blanca fue Eleanor Roosevelt. Pero, fue más bien un acto simbólico para “animar a los estadounidenses a hacer lo mismo durante la escasez tras la Segunda Guerra Mundial”. Sin embargo, Eleanor tuvo problemas con el terreno y las semillas, y nadie comió de lo que se plantó allí. En cambio hace un tiempo hubo imágenes ahí del chef español José Andrés recogiendo verduras para el gazpacho y el resto del menú que preparó para los líderes invitados al G-8. También fue Letizia, reina de España, quien acababa de ser nombrada embajadora de nutrición por la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura, dependiente de la ONU) quien recientemente ha mostrado inquietudes sobre la nutrigenómica, es decir, cómo afectan los alimentos nuestras células, sin que nadie la acusase de “jipi”.

Con el paso del tiempo, Michelle Obama añadió a su conuco un portal de madera, baldosas de piedra, mesas y bancos fabricados con madera de árboles provenientes de Monticello, la finca del presidente Thomas Jefferson en Virginia; de Montpelier, el hogar del presidente James Madison; y de la casa de Martin Luther King en Atlanta (Georgia). También en el lugar se observa una piedra que reza “Huerto de la Casa Blanca fundado en 2009 por la primera dama Michelle Obama con la esperanza de crecer en una nación más sana para nuestros hijos”.

Por aquellos días la primera dama relató: “Como tantos escolares estadounidenses, una tarde de mi niñez volví a casa con una semilla que había germinado en un vaso de papel. Sin embargo, la horticultura no era una afición habitual en el barrio en el que crecí. Yo crecí en el South Side de Chicago, lo mismo que mi padre y mi madre. La familia de mi madre era numerosa, y en su casa siempre había alguien ocupado en cocinar alguna cosa para los niños. Lo normal era que preparasen ingredientes frescos comprados a un comerciante que recorría el barrio en un camión cargado de frutas y verduras frescas, que llegaban directamente de las granjas. Mi padre había trabajado en uno de esos camiones en su juventud. Cuando mi madre era una niña de cinco o seis años, al principio de la Segunda Guerra Mundial, su familia contaba con una parcela en uno de los huertos colectivos del barrio. La gente cultivaba maíz, tomates, judías verdes, guisantes y espinacas. Pero, en mi niñez, este tipo de huertos habían desaparecido. Al igual que los camiones con verduras. En su lugar, ahora todos comíamos productos del supermercado. Pero con independencia de lo que cocinara, cada cena incluía por lo menos una verdura de algún tipo. El postre era algo especial que se reservaba solo para los domingos”.

En mayo del año 2012, Michelle Obama publicó un libro llamado American grown: how the White House kitchengarden inspires families, schools and communities, sobre los menús favoritos de la familia Obama y “las múltiples alegrías” que el mencionado conuco le proporciona a ella. El libro tiene 256 páginas, en buena parte de ellas se alaba el rendimiento del huerto “de un centenar de metros cuadrados” (en la actualidad tiene 140 metros cuadrados) donde ya habían producido “calabazas y unos melones de forma perfecta”, así como “espinacas, hinojo y zanahorias”. Además, el texto promociona “el consumo de alimentos locales, de los productos de temporada, de la agricultura ecológica y de los hábitos de vida saludables”. El libro fue publicado en plena (segunda) campaña presidencial, cuando más se criticaba a Barack Obama por su falta de seriedad a la hora de proponer e impulsar medidas para salvar el planeta, y nadie dijo nada.

En el texto Michelle afirma que sus verduras favoritas son el brócoli, las judías y las zanahorias y propone hacer ensalada de guisantes, hojas de menta y aceite de oliva virgen o tartaleta de espinacas y judías verdes con almendras. Aunque también citó entre sus preferidas la rúcula, un tipo de lechuga que para algunos republicanos es un ejemplo de que “los Obama son elitistas” porque no es “lo que comería habitualmente un estadounidense”. Ya en el año 2007, al principio de la primera campaña presidencial, Barack Obama había sido criticado porque dijo en Iowa: “¿Alguien ha ido últimamente a Whole Foods y ha visto lo que cobran por la rúcula?”. Whole Foods es un supermercado orgánico típico de las grandes ciudades de las costas y que ni siquiera había llegado entonces a Iowa.

Quizás esto no tenga nada de elitista o tal vez sí, porque con “lo orgánico”, “la comida verde”, la industria, la misma que posiciona a los candidatos en EE.UU., hizo un negocio. Pero hagamos una pequeña prueba: cuando usted piensa en los platos típicos de Estados Unidos ¿qué se le viene a la mente?, ¿una hamburguesa?, ¿un perro caliente? En realidad, la comida originaria de Norteamérica estaba marcada por el pavo, el maíz, las habas, las patatas, los pimientos y muchas formas de pepinos, pero el mercado, el fastfood y su atractivo marketing, mataron toda la identidad culinaria de EE.UU., tal cual como lo han hecho en el resto del mundo.

La propia Michelle Obama ha impulsado dos programas públicos relacionados con esto, uno se llama “Let’smove” para fomentar el ejercicio físico. El otro, se denomina “Mi plato” y busca “que los colegios ofrezcan más ensaladas y los niños aprecien la comida mediterránea”. Algunos la acusaron de “intromisión en la vida privada de los ciudadanos” y ella aseguró que “no se trata de que el Gobierno le diga a la gente qué hacer”, sino “de dar información a los padres”. Un dato curioso que ha dado el Gobierno estadounidense es este: “Estados Unidos, se gasta cada año casi 150 mil millones de dólares (120 mil millones de euros) en tratar enfermedades relacionadas con el peso. Es un problema incluso para el ejército. De las 129 mil personas que intentan alistarse cada año, cerca del 41% sufren sobrepeso. En 2004, el 4% de los hombres y el 10% de las mujeres suspendieron el examen físico; en 2010, fue el 48% de los hombres y el 55% de las mujeres”.

Ahora, Michelle Obama dice tener miedo de que el próximo presidente de EE.UU. se deshaga de su huerto como sucedió con los paneles solares instalados por Jimmy Carter y retirados por Ronald Reagan. El diario Miami New Times bromeaba en un artículo reciente diciendo que “si Trump es elegido presidente, probablemente cavará el huerto de Michelle Obama para poner un campo de golf”. Al parecer pronto llegará a su fin la única cosecha medianamente buena de los Obama.

3 Comentarios en Los Obama se despiden de su única cosecha medianamente buena

  1. No se si sea la verdad verdadera, quizás sea solo un pedacito de mundo desde mi visión. De todas todas: me alegra que me leas. Saludos!

  2. Muy bueno el artículo! Desconocía esta faceta de la pareja Obama. Pobrecita, lo más seguro es que pase a mejor vida el huerto presidencial. Jajajaja!!!
    Michelle no es estigmatizada por la prensa, en cambio, en Venezuela el régimen vuelve a los conucos! Jajaja! Nos seguimos leyendo.

  3. Les recomiendo el documental “el peso de la nación”, donde se exponen los problemas del sobrepeso de los EE.UU, y que de la pandemia que exportan…

Deja un comentario

Tu email no será publicado.


*