En esta esquina / Por donde se rompe la cuerda

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Por: Carmen Lepage

La vida nos pone delante opciones y cada quien, desde su conformación como persona, sus necesidades y deseos, opta, elige. Así se escribe la historia de nuestro andar, con nuestras decisiones o las opciones y decisiones que otrxs, la sociedad,  nos presentan cuando vivimos en situaciones de opresión. También están quienes forman parte de nuestra vida, nuestro entorno y que cuando toman decisiones signan las nuestras.

Una mujer del Cafetal no tiene las mismas posibilidades que una de Sarría. Eso es bien sencillo de entender. Es la lógica de las dinámicas de lo material, lo social, lo cultural y lo político, todos aspectos inseparables. Esas diferencias van perfilando, definen, el andar, el desenlace de la vida de estas dos mujeres. Los sueños y deseos, su condicionamiento, en definitiva el imaginario que tengan a partir de sus condiciones y costumbres cotidianas ayudan a que escojan entre sus opciones, dependiendo del lugar al que quieren caminar, la vida que quieren tener. Claro que querer no es poder, como dice el dicho.

Estaba oscura la plaza, cosa que nunca pasa. Mucho más vacía que de costumbre, claro.  Llegando un camión casi atropella a mi perrita que iba sin cuerda. Para ser un bulevar la velocidad era excesiva. De repente sale gente de distintos puntos de la plaza, se activan los caleteros de la basura que se encargan del mantenimiento de la zona con sus uniformes y todo, vienen con los pipotes rodantes a ponerse detrás del camión. Se arma el enjambre y antes de que abran la puerta trasera ya sé lo que hay adentro del camión. Cero misterios. El bisnes de la comida.

Mirando, con tristeza y arrechera, el espectáculo recuerdo el cuento que una vez me echaron en Paria de que en Río Caribe no se iba la luz sino que la iban, así pueden entrar con más tranquilidad las lanchas que traen la droga de los capos traficantes. No es que no las pasen de día, que de eso algún amigo me echó otro cuento de un encuentro a pleno sol sucrense, sino que es una tendencia más lógica el beta nocturno. Me acerco al camión para ver de dónde es.  Cartel de Pdvsa de uso oficial, verosímil porque estoy en sus predios, veo la placa por no dejar y me alejo un poco a ver de más lejos y cuidar de la perra.

Acto seguido se baja una mujer del camión y viene en son de hembra alfa a buscarme peo.  La escucho atentamente, sus veladas amenazas y malandreo un tanto tembloroso. Concluyo que ella es del barrio pero malandra, que llaman malandra, no es.  Yo no soy del barrio y ella de repente cree que eso me puede atemorizar. Y sí, me atemoriza el contexto y la gente que puede perfectamente joderme en la próxima esquina, pero ya estoy en el medio del asunto y no me queda más que subir la cara y mirarla a los ojos para hablarle claro. Ella defiende su trabajo, yo ironizo sobre lo que llaman “trabajo”.  Aprovecho para decirles que si quieren que nadie vea no sean tan requeteboletas y cosas por el estilo. Que de repente mientras habla conmigo alguien les está grabando desde otro punto. Total que la situación solo se hace más y más triste en medio de un careo sin sentido porque yo no estoy en su contra, hasta que llega quien espero y nos vamos.

También en Sabana Grande y a toda hora operan por cuadra grupos que custodian los botaderos de basura, botaderos que no tienen ni la más mínima infraestructura, dicho sea de paso. Las franelas y cachuchas rojas abundan, unas con membretes oficiales y otras genéricas. Cualquiera con un mínimo de curiosidad y sentido de preservación se fija un poco en lo que sucede en la calle, trata de entender el entramado, pues. Así que si caminas a menudo o pasas en carro puedes notar la situación, si además te tomas el tiempo de sentarte a ver unos veinte minutos ya sabes que la historieta mediática de la gente comiendo de la basura es solo parte del asunto, aquí hay gato encerrao, sin duda. La comida está porque alguien la pone y esos álguienes vienen o del equipo de mantenimiento o de los locales comerciales aledaños, es solo abrir la bolsa y allí está. Pero hay unos personajes que no tocan las bolsas para comer sino que están en la típica actitud de custodia, son varios por cuadra y se conocen todxs porque se comunican de distintas maneras, algo más esperan. Todo indica que hay jerarquías.

Habría que preguntarnos quiénes están detrás de la gente que termina corrompiéndose por necesidad o por ósmosis, lxs que menos ganancias llevan en el asunto. Todo inmerso en unas lógicas que son impulsadas y operadas por quienes realmente detentan o creen detentar el poder político y económico, que creen arrechamente en una sociedad donde no sea posible que la chama del Cafetal y la de Sarría puedan tener opciones más semejantes.

Ese es el panorama a cielo abierto del caretablismo que hoy nos descompone el día y nos hace sentir que todo está perdido, que fracasamos Chávez y nosotrxs. El asunto es si ese es el objetivo, que pensemos eso, que nos dobleguemos porque mejor es asegurar las condiciones mínimas para la paz. El asunto es cuál es la propuesta de paz y de dónde viene realmente y con cuál finalidad, quién se beneficia finalmente de todo este negoción.

El miedo pareciera estar ganando terreno y ese es un triunfo de quienes nos quieren hacer pensar que si nos portamos bien no nos va a pasar nada y nos van a devolver la comida y los corotos pa que compremos bastante y la vida sea mejor. El asunto es si les creemos, si creemos también que solo de eso se trata.  Pero sobre todo el asunto es si nosotrxs de verdad pensamos que la mujer del camión bachaquero con chapa oficial y su marido tienen las mismas opciones y posibilidades de decisión que sus superiores, si creemos que son ellxs lxs que se llevan la tajada en ese negocio y si esa gente que manda es amiga o enemiga de quienes salen por la televisión hablando desde Fedecámaras, Fedeagro y demás organizaciones de empresarios y comerciantes. El asunto es saber quién corrompe a quién y por qué. Quiénes en toda esta historia de verdad están, desde las más altas esferas del poder, para proteger lo que hemos logrado estos años por la igualdad social.

La revolución se hace para que todas esas condiciones que conforman nuestras opciones de vida y nuestra libertad de decidir como personas y en colectivo sean lo más justas y reales posible.  Que quienes ostentan el poder no nos muevan como piezas de ajedrez. Para eso es la comuna,  el chavismo. Para que el Cafetal no esté sobre Sarría a pesar de que en el barrio son muchxs más. Para que no puedan doblegarnos tan fácilmente. ¿Difícil hacerla?, dificilísimo, como nos deja ver Juan Antonio Hernández en su libro Lo que fue dictando el fuego, de la represión hacia lxs revolucionarixs se encarga la inteligencia policial enemiga (él habla de la no tan lejana realidad de los 80′) pero la televisión, la publicidad, el Miss Venezuela, o sea lo cultural mediático, se encarga de joderle el alma al resto de la gente. Nosotrxs somos el resto de esa gente que puede hacer algo para entender que  si nos dejamos estafar quienes se joden somos ese resto de la gente que no es dueña sino de un mandao en forma de negocito que nos pone a pelear en una plaza sin luz, ciega y conciliadora. Sigamos, por todas nuestras luchas y todos nuestros triunfos comunes, no nos dejemos engañar.

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