Los Precios Justos: nadie sabe lo que tiene…

editorial

El problema básico del análisis económico es que se ve afectado siempre por tres factores distorsionantes. El primero es que acostumbramos pensar los asuntos económicos partiendo de cómo nos afectan –o peor aún: cómo parece que nos afectan– en lo inmediato. Si tal cosa nos afecta para “bien” pensamos que es buena. Y si nos afecta para “mal” pensamos que es mala. Así de simple somos.

El segundo es que tenemos la tendencia a elegir tomando en cuenta radios de acción muy cortos, sin reparar en las múltiples determinaciones e interacciones que ocurren dentro de un sistema económico, y mucho menos lo que cambian las cosas cuando del plano individual en las que las “decidimos” se enfrentan al plano colectivo en que se llevan a cabo.

Y el tercero que para elegir, por lo general, contamos con una restringida, cuando no adulterada, información de los temas involucrados. Esto es lo que explica que muchas veces nos veamos apoyando medidas que nos perjudican, así a primera vista parezca lo contrario. No es un problema de masoquismo, es de orden perceptivo.

Esto es exactamente lo que les pasa a los comerciantes y empresarios con los salarios y con los precios. En sentido estricto, conciben a los primeros como un costo y a los segundos como la vía de obtener ganancias mayores y más rápidamente. Ambas cosas, por supuesto, son ciertas. Pero lo son dentro del limitado margen distorsionante que describimos al principio. Y es que si bien, en sentido contable estricto, todo salario es un costo que, en cuanto tal, se busca siempre disminuir, en sentido económico amplio es una inversión que realizan los comerciantes y empresarios en conjunto a fin de garantizar el consumo de los bienes que venden. No lo saben ni son conscientes de ello, pero lo hacen. Pues como entendió tempranamente Henry Ford, por más ricos que haya y por más derrochadores que sean, nunca serán tantos ni comprarán tanto como los trabajadores. El detalle es que para comprar necesitan buenos salarios.

En las situaciones hiperespeculativas, como la que vivimos en Venezuela, esto se explica fácil. Empresarios y comerciantes quieren pagar menos salarios, y a su vez vender con los precios más altos para obtener mayores ganancias. Sin embargo, el problema con esto es que aunque desde el punto de vista individual suena lógico, cuando se generaliza se convierte en un problema para ellos mismos. Y es que la especulación y la reducción del salario real que conlleva suele funcionar y ser negocio por un tiempo y mientras no lo hagan todos. Pero a la larga, si todos especulan y reducen salarios deja de serlo, pues al especular al mismo tiempo contra los salarios estos ya no alcanza para pagar las cosas, y por tanto los consumidores van reduciendo su consumo, lo que implica la caída de las ventas y, por esa vía, de las ganancias.

Así las cosas, los célebres, pero vilipendiados y hasta ridiculizados, Precios Justos de Chávez tenían la enorme virtud de ser un precio de equilibrio que garantizara la producción y/o comercialización de los bienes y servicios, reportando ganancia al empresario o comerciante, pero también el acceso del consumidor, acceso sin el cual no hay venta y por tanto tampoco ganancias. Durante su apogeo, consumidores y comerciantes salimos beneficiados, y la economía creció como nunca. Pero la estrecha visión de algunos nunca les dio para entenderlo: conspiraron contra los mismos, y ahora no solo los consumidores vemos perder nuestro poder adquisitivo, sino que los conspiradores, otrora beneficiados de la especulación, padecen dicha pérdida con la caída de sus ventas y ganancias.

Un conocido refrán popular dice “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Suele usarse para temas personales y especialmente los amorosos, pero ahora que gracias a los especuladores ya no tenemos Precios Justos sino Precios Sustos, podemos hacer del mismo una aplicación colectiva y macroeconómica. Sin embargo, comerciantes y empresario deberían ser los últimos en lamentarse de esta pérdida. O al menos, para tener derecho a ello, deberían primero tener la honestidad –si cabe el término hablando de comerciantes y empresarios que operan en este país– de reconocer que tanto por ambición como por ignorancia son los grandes responsables de esta pérdida.

Ellos y la debilidad institucional, claro está, más allá de las individualidades; ellos y los grandes monopolios que son los únicos beneficiados de todo este desajuste.

1 Comentario en Los Precios Justos: nadie sabe lo que tiene…

  1. MANEJO UN PROGRAMA DE PRECIOS SEGUN SUNDEE Y SEGUN LOS RESULTADOS EL GOBIERNO SE METIO UN STRIKE EL MISMO, EL PROGRAMA LES ENCANTA A LOS EMPRESARIOS POR ESO LO ESTAN UTILIZANDO A RABIAR YA QUEDA RESULTADOS INVEROSIMILES Y SIEMPRE CONTRA EL PUEBLO, CLARO EN EL TIPO DE CAMBIO ESTA EL HUECO NINGUNO TRABAJA A DOLAR LEGAL JUEGAN CON EL DOLAR ILEGAL Y ZUAS EL FISCAL NI CUENTA SE DA YA QUE NO SABE AUDITAR EL PROGRAMA

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