El incendiario discurso de Trump / Análisis post electoral

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Por: Angerlin Rangel

Como bien se sabe, Trump logró posicionarse como la alternativa política del establishment gringo en representación de la casta demócrata y republicana. Su discurso, para nada vacilante, le posibilitó una especie de “asalto” a la democracia, con una mirada de cara a un elector no tradicional, considerado un cliente mediático en el que se posicionó un imaginario de fervor, nacionalismo y extremismo.

Su estrategia principal consistió en convertir el establishment político en el enemigo. No obstante, le gusta presentarse como un “conservador de sentido común”, prosistema pero claramente en contra de quienes lo han estado manejando. Por un lado, el ataque hacia Hillary Clinton a través de una fuga agresiva de información que perjudicó la imagen de la candidata, y por el otro, el fuerte repudio de millones de estadounidenses perjudicados por el statu quo regente. Solo la crisis y el desencanto pueden explicar cómo caló el discurso de Trump.

Se desató una ola nacionalista que generó una audiencia televisiva récord con un candidato que desbordó la prensa nacional e internacional, así como las principales encuestadoras de su país. Sus frases apuntaron a la emoción de la massmedia y no a la lógica de un electorado tradicional, y convirtió cada exposición suya en una cuestión de identidad nacional.

Los analistas señalan que no se trata de que Trump lidere el debate político, sino que él se convirtió en el debate. Desde entonces, no transcurre un día sin que él ocupe grandes titulares, aunque no precisamente porque los medios lo postulaban como ganador. Más bien fue parte de un tratamiento burlesco con serias dudas sobre su posible triunfo. Se hizo evidente la sabiduría convencional de los medios, que no jugaron un papel tímido, plantados en contra de que la posibilidad de tal furor pudiera traducirse en votos.

A todas luces no se podía creer que la población apoyaría a alguien que se burló de un hombre discapacitado, se jactó de agredir sexualmente a una mujer, y al que le brotaba la misoginia, el racismo y el antisemitismo. Ganó contra todo pronóstico y algunos medios tardaron en digerirlo, de estos CNN fue el último canal en reconocerlo como ganador.

Su extremista discurso encendió las alarmas por la forma en que se dirigió hacia aspectos como inmigración o terrorismo. El debate público giró en torno a temas como: género, raza y religión, al tiempo que reflejó el futuro y avivó el resentimiento, así como el tratamiento que esa nación pudiera hacer de los mismos desde esta gestión.

Al respecto, algunos aluden a lo verdaderamente “espantoso” que está sucediendo a lo interno de esa sociedad y vaticinan algunas implicaciones de largo alcance para el futuro inmediato de la política norteamericana. Otros, dibujan un panorama de mayor coherencia desde la Casa Blanca, entre su política exterior y la situación interna que vive ese país.

Si bien es cierto que los resultados electorales no significan el fin del modelo político estadounidense, no es menos cierto que los mismos cuestionan los supuestos que permitieron la llegada de un candidato como Trump al máximo puesto ejecutivo del Estado.
Trump llegó al poder gracias a los votantes de clase obrera blancos, que respondieron a su promesa de restaurar la voz de los olvidados y ahogados por las grandes empresas de Wall Street. Pero sin duda, en su transición, algunas de las voces más destacadas serán las de los asesores que provienen de las mismas industrias a las que se les pide establecer bases de regulación.

Su decisión de nombrar a Stephen Bannon como jefe de estrategia de la Casa Blanca dibuja una severa reprimenda estrechamente asociada con el movimiento que la “ultraderecha” nacionalista blanca ha adoptado. La verdad pienso que no sería muy diferente a lo que hubiera hecho cualquiera a cargo de la administración republicana.

De hecho ya habló de una “plataforma de servicios de salud”, una frase que envía un fuerte indicio sobre el manejo que puede tener, bajo su administración, la industria de dispositivos médicos y de medicamentos.

A lo externo, prometió trabajar por una América fuerte y por una geopolítica con dirección más unilateral. Aunque al respecto, deberá enfrentar la tensión con Europa tras los Brexit, Rusia, un Medio Oriente embarrado en conflictos, mientras que hacia la región deberá lidiar con temas pendientes como: la decisión de seguir o no con la apertura hacia Cuba, el narcotráfico y las relaciones con México, así como el Tratado Transpacífico, la paz de Colombia y es probable que desde lo comercial exista un enfoque duro en el ALBA.

Cabe destacar que el discurso que tuvo mayor énfasis hacia la región y con plus en Venezuela, fue el empleado por Clinton. Quizás por esta razón pienso que la derrota de Clinton significó también una derrota para la oposición venezolana que abonaba grandes expectativas en torno a la candidata demócrata y a partir de los resultados que dieron a Trump como ganador, los pasos de la oposición venezolana se han tornado más tímidos en torno a forzar la salida del presidente Maduro.

En este punto quisiera resaltar el hecho de que el presidente de la Asamblea Nacional en Venezuela, Henry Ramos Allup, ofreció unas declaraciones durante una asamblea de ciudadanos efectuada en Santa Rosa de Lima, municipio Baruta, en las que aseguró que el “referendo revocatorio ya no es viable”, sino que es necesario buscar alternativas para poner fin a la gestión de Gobierno”. Sin ánimos de profundizar en esto, lo importante es reconocer que ciertamente la apuesta violenta o la urgencia de salir del gobierno actual en Venezuela, fue, de un momento a otro, reemplazada por “la necesidad de buscar otras medidas para superar la tensión interna”.  Sirva el inciso para destacar que, a lo menos en el discurso, la línea dura hacia Venezuela y la cuestión de DD.HH. la tuvo Clinton.

En definitiva, el resultado nos dice que: votantes hartos y desconfiados del sistema político vigente eligieron a Trump por representar la innovación y el cambio necesario para socavar el sistema desde adentro. Dicho así, no ganó Trump, perdió Clinton, y esto significó el descontento de la población hacia la política de Obama y el desafío de las convenciones internas de los partidos tradicionales.

Otras conclusiones pudieran ser la lectura de la población sobre un sistema electoral bastante antiguo y la necesidad de replanteamiento que debe hacerse el partido Demócrata. En realidad un partido con aceptación popular que se desvía de su esencia como representante de la voz de un pueblo y que, por el contrario, se convierte en algo corrupto, burocrático y cada vez más distante de su pueblo, se deslegitima y pierde el poder. Bernie Sanders está dando la cara e impulsó la revisión del Partido. Probablemente si no le hubieran obstaculizado su tránsito electoral, este análisis versara sobre otros resultados.

1 Comentario en El incendiario discurso de Trump / Análisis post electoral

  1. Este artículo contribuye gran medida a entender que el impulso de la candidatura de Clinton fue mediático pero se impuso la convicción y fuerza de los conservadores gringo

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