Una teoría revolucionaria de la inflación en Venezuela y cómo combatirla

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Por: Luis Enrique Gavazut Bianco

La inflación no es una sola. Existe una inflación de costos, que es la más racional de todas, pues se basa en la necesidad de aumentar el precio a consecuencia de un aumento en los costos de producción. Esta es la inflación que la burguesía venezolana esgrime siempre en su favor, argumentando que ningún empresario en su sano juicio puede “producir a pérdida”, es decir, vender a un precio que se ubique por debajo de los costos totales de producción.

Por supuesto, la inflación de costos es también el argumento fundamental contra el control de precios, porque supuestamente mientras el precio se mantiene regulado por un período dado de tiempo, en ese mismo período los costos de producción aumentan, sobrepasándose un cierto punto a partir del cual el precio regulado no permite cubrir los costos y entonces los empresarios sufren pérdidas, lo cual causa el surgimiento de un mercado negro, donde los empresarios venden fuera de la ley a un precio mayor que sí les permite cubrir sus costos de producción.

También se inventan las mil y una formas para evadir la regulación de precios, siendo una muy difundida en Venezuela la producción de bienes ligeramente diferentes que las especificaciones establecidas en la regulación, para agarrarse de ahí y decir que sus productos no están regulados. Por ejemplo: el arroz “saborizado”, la pasta de “sémola durum mezclada con harina de trigo”, el pan “de orégano”, etc.

Muy distinta es la inflación de demanda. Esta consiste en el aumento del precio porque aumenta la demanda y la oferta no aumenta en la misma proporción. Esta inflación puede ocurrir con independencia total de los costos de producción. Incluso los costos de producción pueden bajar y sin embargo el precio puede subir si la demanda aumenta mientras la oferta no lo hace en la misma o mayor magnitud.

En Venezuela existe una limitación legal a la inflación de demanda, que consiste en la prohibición de remarcar el precio de un producto que ya ha sido colocado a la venta. De tal manera que un aumento repentino de la demanda no tenga impacto inflacionario hasta tanto no se agoten las existencias. Y solo al momento de reponer las existencias con nuevos lotes de producción, podrían aumentarse los precios. Esto da una oportunidad a la economía para que los productores aumenten el volumen de producción, es decir, la oferta, y con ello se compense el aumento de la demanda para que no haya aumento de precios por esta causa.

Estrechamente relacionada con la inflación de demanda está la inflación por expectativas, que es la que se produce procíclicamente cuando la demanda aumenta constantemente porque la gente anticipa que van a seguir aumentando los precios y entonces toman la decisión racional de gastar rápidamente el dinero que poseen antes de que el mismo pierda valor (poder adquisitivo). Este fenómeno se conoce también como la disminución de la demanda de dinero, porque la gente no quiere tener dinero, sino bienes y servicios que le permitan una mejor reserva de valor que el dinero. En Venezuela una reserva de valor predilecta es la divisa, típicamente el dólar americano.

También está la inflación especulativa, que recibe igualmente el nombre de inflación estructural, la cual obedece a la anticipación, pronóstico o profecía que hacen los empresarios acerca de cuál será la inflación de costos en el futuro, específicamente en el momento en que toque reponer los inventarios. Y es en función de esa expectativa o anticipación de la inflación de costos en el futuro que los empresarios deciden aumentar los precios en el presente, es decir, para la venta del inventario actual.

Esta inflación, que se basa en una mera percepción subjetiva de los empresarios, es fácilmente influenciable por la información acerca de factores que afectarán la inflación de costos al momento en que toque reponer los inventarios. Dicha información, como toda información, puede ser veraz o no. Es decir, puede montarse una mentira acerca de cuál será la inflación de costos en el futuro y difundir esa mentira de tal suerte que sea creíble por los empresarios, induciendo con ello un aumento de la inflación en el presente como si realmente los costos de producción hubiesen aumentado, cuando la realidad es que no han aumentado y tampoco tienen por qué aumentar en el futuro.

En Venezuela, la inflación especulativa viene siendo inducida de esa manera por causa de una información falsa, tendenciosa, que es el marcador de referencia Dólar Today. Dado que la mayoría de los costos de producción en Venezuela son de origen importado, el tipo de cambio en el momento de reponer los inventarios es un dato de información relevante para establecer cuáles serán los costos de producción y por lo tanto anticiparse en el presente mediante el aumento de los precios actuales.

Esta es la inflación inducida a través del ataque especulativo a la moneda para forzar una devaluación real a partir de una devaluación ficticia, virtual, que es el tipo de cambio paralelo Dólar Today.

Otro tipo de inflación usualmente mencionado en economía es la inflación monetaria, es decir, el aumento de los precios que ocurre porque aumenta la oferta monetaria o cantidad de dinero en circulación. Este tipo de inflación suele esgrimirse en contra de la potestad de los Estados de emitir papel moneda “sin respaldo” en las reservas internacionales, o más comúnmente como se le denomina: “emisión de dinero inorgánico”. Se afirma que el gasto público deficitario, soportado en emisión de dinero sin respaldo, es la causa fundamental de la inflación.

Sin embargo, y a pesar de ser la teoría de la inflación más difundida y aceptada entre los economistas liberales, la evidencia empírica no la avala. Cada vez son más numerosos los estudios en diferentes países, incluida Venezuela, que demuestran que las expansiones de la oferta monetaria no se correlacionan con la inflación. En otras palabras, el dinero en circulación puede aumentar o disminuir, y la inflación puede aumentar o disminuir, sin que exista ninguna relación funcional entre ambas variables.

Incluso, existe evidencia contundente que demuestra que el aumento de los precios, es decir, el aumento de la inflación, se produce antes de que ocurra el aumento de la oferta monetaria, lo cual indica claramente que es la inflación la causa de la expansión monetaria y no a la inversa como creen los economistas monetaristas.

Otras teorías o variantes de la teoría monetarista, consideran que son los tipos de interés la causa fundamental de la inflación. Es una explicación muy lógica según la cual al aumentar los tipos de interés, tiene que aumentar la emisión de dinero para poder pagar el interés convenido.

En general, los enfoques monetaristas se basan más en el juego entre la demanda y la oferta de dinero, que en el juego entre la demanda y la oferta de bienes y servicios, para explicar la inflación.

En mis investigaciones acerca del verdadero valor del bolívar frente al dólar americano, próximas a publicarse, analizo el comportamiento de 13 economías petroleras y no petroleras, incluida Venezuela, y llego a la conclusión de que la inflación, que es la pérdida de valor de la moneda respecto de sí misma (a diferencia de la depreciación o devaluación, que es la pérdida de valor de la moneda respecto de otra u otras), está determinada por tres factores que interactúan entre sí en una dinámica compensatoria, a saber: el factor financiero, referido al aumento de las rentas financieras en la economía (las cuales dependen directamente de los tipos de interés), el factor de mercado, referido al aumento más que proporcional de la demanda en relación a la oferta de bienes y servicios, y el factor productividad, referido a la capacidad de la economía para generar riqueza.

Son factores muy similares, sin duda, a los previstos por los enfoques monetaristas, pero con la diferencia crucial del factor financiero, que en mis investigaciones se refiere a la expansión de las rentas financieras, es decir, el interés percibido por el ahorro (interés pasivo), los préstamos (interés activo) y la rentabilidad de la inversión en instrumentos financieros en general; mientras que en el enfoque monetarista se habla del factor monetario, es decir, la expansión del dinero en circulación.

Esa diferencia crucial se traduce en la radical diferencia de que para disminuir la inflación los monetaristas recomiendan la disciplina fiscal y monetaria (disminuir el gasto público deficitario y la emisión de dinero inorgánico); mientras que de mis investigaciones se desprende que para disminuir la inflación por el lado del factor financiero, se precisa minimizar las rentas financieras, es decir, bajar los tipos de interés (pasivos y activos), restringir la actividad crediticia no destinada a inversión productiva, aumentar el encaje legal y minimizar la rentabilidad de la inversión en instrumentos financieros en general.

Lo anterior es necesario hacerlo en el caso de que la economía no genere la riqueza real suficiente (factor productividad) para compensar o justificar esas rentas financieras. En otras palabras, cuando las rentas financieras no están respaldadas en incrementos de la riqueza real de la economía, se produce inflación porque ese enriquecimiento financiero no tiene sustento real, es un enriquecimiento virtual, ficticio, que entonces se diluye a través de la pérdida de valor de la moneda (inflación).

Y aun cuando el factor productividad compense al factor financiero, la inflación también puede aumentar a consecuencia del factor de mercado, que confluye simultáneamente en interacción con los otros dos, y está determinado por los aumentos más que proporcionales de la demanda de bienes y servicios en relación a la oferta, esta última tanto de origen interno (producción nacional) como de origen externo (importaciones).

Ahora bien, ¿qué ocurre entonces en la economía venezolana?

Para entenderlo, es necesario comprender el Ciclo del Crecimiento Económico, que es explicado en los libros de texto de economía universalmente aceptados. Veamos la siguiente figura:

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Todo empieza con un aumento de la demanda, que puede producirse por cualquier causa, como puede ser un simple aumento en la predisposición al consumo por parte de la población o el simple aumento del consumo por crecimiento vegetativo de la población, o un aumento de los salarios.

Cuando eso ocurre y ya la economía se encuentra en el límite de la Frontera de Posibilidades de Producción (FPP), es decir, al límite de su capacidad instalada global de producción, entonces el aumento de la demanda no puede ser compensado a corto plazo (menos de un año) por un aumento proporcional de la oferta, lo cual determina un aumento de los precios (inflación de demanda).

Ese aumento de los precios representa para los empresarios un aumento de su tasa de ganancia o márgenes de beneficio, porque en el corto plazo su estructura de costos totales de producción permanece estable, en particular los salarios, los cuales no aumentan porque los contratos laborales ya están pactados. Así que los empresarios aumentan los precios para satisfacer con la misma cantidad de oferta el aumento de la demanda en el corto plazo (menos de un año), y al hacerlo aumentan sus ganancias.

Luego, ese aumento de ganancias o ganancias excedentarias, los empresarios deciden invertirlas para aumentar el volumen de producción, lo cual determina a su vez un aumento del empleo porque se requieren más puestos de trabajo para ocupar la mayor capacidad instalada de producción que ocurre debido al aumento de la inversión. Esto determina la expansión de la Frontera de Posibilidades de Producción de la economía, es decir, la expansión de la oferta más allá de los límites previos de la capacidad instalada global.

Al aumentar la oferta, los precios bajan, y como hay una mayor demanda de puestos de trabajo, los salarios (que son el precio del trabajo) suben. Al subir los salarios, la población tiene mayor capacidad de compra, lo cual determina a su vez un nuevo aumento de la demanda, reiniciándose así todo el ciclo virtuoso del crecimiento económico.

Si la economía se encuentra por debajo del límite de su Frontera de Posibilidades de Producción (FPP), el fenómeno ocurre exactamente igual, solo que el aumento de la oferta se produce en el corto plazo porque los empresarios tienen capacidad instalada ociosa y eso les permite aumentar el volumen de producción a corto plazo, pudiendo con ello satisfacer el aumento de la demanda sin necesidad de subir los precios, pero aumentando igualmente su tasa de ganancia por la vía de un mayor volumen de ventas. Lo cual les genera también ganancias excedentarias que al cabo, una vez alcanzado el límite de la capacidad instalada de producción, son invertidas para expandir dicha capacidad, aumentando con ello la FPP y reproduciéndose continuamente así el Ciclo Fundamental del Crecimiento Económico.

En la economía venezolana, las cosas no funcionan así. Veamos esta otra figura:

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La teoría del ciclo fundamental del crecimiento económico se estrella contra el muro de la realidad venezolana, porque ocurre un auténtico fallo del mercado que consiste en la ausencia de inversión productiva de las ganancias excedentarias por parte de los empresarios. Este fenómeno ha sido históricamente estudiado en nuestra economía y se le conoce como la huelga de inversiones.

A falta de inversión productiva que permita expandir la capacidad instalada de producción, así como la oferta, el empleo y los salarios, en Venezuela la renta petrolera que se distribuye a través del gasto público (principalmente a través del empleo del sector público, que es el más alto del mundo en proporción a nuestro tamaño poblacional) permite aumentar la oferta por la vía de las importaciones, aumentar el empleo por la vía del empleo del sector público y aumentar los salarios por decreto, sin que ocurra previamente un aumento de la capacidad instalada global de producción, es decir, sin que haya aumentado nuestra Frontera de Posibilidades de Producción (FPP).

Y los empresarios pueden subir los precios indefinidamente, sin que el aumento de la oferta por importaciones los compense a la baja, porque nuestra economía es monopólica y oligopólica, donde unos pocos empresarios de gran capital, transnacional y también nacional, detentan un enorme poder de mercado que les permite fijar los precios a voluntad (no por el libre juego de la oferta y la demanda bajo condiciones de competencia perfecta, que obviamente no existen en Venezuela), y los consumidores pueden pagar los aumentos de precios porque la distribución de la renta petrolera obra el milagro de aumentar el empleo y los salarios continuamente en nuestra economía.

Este es el trasfondo estructural, el talón de Aquiles, la debilidad fundamental sobre la que cabalga la actual guerra económica, cuya definición a la luz de lo expuesto sería la siguiente:

La guerra económica es la agudización premeditada y coyuntural de las debilidades estructurales de la economía nacional en época de disminución significativa del ingreso fiscal en divisas.

¿Cuál es la debilidad fundamental? No es la distribución de la renta petrolera, despectivamente descalificada como “rentismo”. Esa no es la debilidad fundamental, pues no es causa sino consecuencia, no es mal sino síntoma. El mal, la enfermedad, la debilidad estructural esencial, fundamental, determinante, es la ausencia de inversión productiva de las ganancias excedentarias por parte de los empresarios.

Tras producirse aumentos de la demanda, los empresarios no invierten. No expanden la capacidad instalada de producción. Ni siquiera aumentan el volumen de producción a pesar de contar ya de hecho con capacidad instalada ociosa. Lo que hacen es subir el precio. Lo que obviamente indica con meridiana claridad que el problema medular de la inflación en Venezuela es la inflación de demanda que ocurre a consecuencia, no del aumento en sí de la demanda, sino de la ausencia del consecuente aumento de la oferta que debería ocurrir según la teoría del ciclo fundamental del crecimiento económico, pero no ocurre. Como demostración de esta realidad, baste con presentar los siguientes gráficos verdaderamente reveladores al respecto.

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El ligero aumento del empleo manufacturero del sector privado observado entre 1997 y 2011 de apenas 21,5% no obedece a aumentos de la capacidad instalada de producción (según se desprende del estancamiento de la formación bruta de capital fijo del sector privado), sino a aumentos de la utilización de la capacidad instalada ociosa, que siempre es muy alta en Venezuela.

No es así el aumento del salario, del empleo o la distribución de la renta petrolera –mucho menos la peregrina expansión de la oferta monetaria– la causa del problema inflacionario de fondo, sino el no aumento de la oferta por culpa de la decisión de los empresarios de no invertir sus ganancias excedentarias para elevar las fuerzas productivas de la economía nacional, a través de la expansión de nuestra Frontera de Posibilidades de Producción (FPP). Obviamente, esa ausencia de expansión de la oferta por parte del sector privado venezolano, normalmente se ve compensada de manera parcial con el aumento de las importaciones cuando la renta petrolera es abundante y así lo permite. Sin embargo, incluso en las épocas de mayor abundancia del ingreso petrolero, el efecto compensador de las importaciones nunca logra mitigar por completo el impacto de la inflación de demanda que es estructural, histórico, en nuestra economía.

Esto ocurre por otro fenómeno tan grave, perverso y determinante como la ausencia de inversión productiva de las ganancias excedentarias por parte de los empresarios (fallo de inversión). Dicho fenómeno es el que ha venido denominándose como fraude importador, un flagelo consistente en la sustracción delincuencial de la renta petrolera nacional por parte de las empresas monopólicas y oligopólicas de gran capital transnacional y nacional que perciben la mayor parte de las divisas provenientes de la renta petrolera que son distribuidas al sector privado y que además controlan en su práctica totalidad el sector importador no petrolero de la economía nacional (para una explicación científica detallada de este fenómeno y las nefastas consecuencias de la penetración del capital transnacional en la economía venezolana, recomiendo leer el siguiente estudio de mi autoría: Teoría rentística de la inversión extranjera no petrolera en Venezuela y sus implicaciones para el desarrollo productivo del país).

De acuerdo con mis investigaciones sobre la asignación de divisas al sector privado (ver Dólares de maletín, empresas extranjeras y modelo económico socialista: ¡ensayo sorprendente!) y el comportamiento delincuencial de los grandes grupos corporativos en Venezuela (por ejemplo: La verdad sobre las listas de empresas de maletín publicadas por el Ministerio Público Y CENCOEX y Procter & Gamble y sus vinculaciones con Empresas Polar, Farmatodo y la ultraderecha), he llegado a la conclusión de que el fraude importador se perpetra principalmente a través de la conocida sobrefacturación de importaciones (over invoicing), un delito ampliamente estudiado y documentado en las ciencias económicas, que está principalmente asociado al monopolio y oligopolio transnacional (precios de transferencia), pero también a los grandes grupos corporativos de capital nacional que controlan las importaciones del sector privado en la economía venezolana.

El impacto inflacionario del fraude importador no solamente se produce al impedir la debida compensación de la inflación de demanda por la vía de aumentar la oferta a través de las importaciones, sino también al trasladar a la estructura contable de costos de producción los precios sobrefacturados, lo que determina un aumento de la inflación de costos.

Como demostración con evidencia objetiva de que ni los aumentos salariales, ni la expansión de la oferta monetaria, son los determinantes o causas de la inflación en Venezuela, conviene analizar los siguientes gráficos.

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Fuente: elaboración propia con base en datos tomados de http://www.bcv.org.ve. Estadísticas del BCV.

En esta gráfica se observa claramente cómo los aumentos de la tasa de inflación anteceden en el tiempo a los aumentos en la tasa de variación del índice de remuneraciones a los asalariados, lo cual demuestra que los aumentos de salarios no son la causa de la inflación, sino al revés: son los aumentos de precios, una vez que han ocurrido estos, los que determinan los aumentos de salarios que usualmente el Ejecutivo Nacional se ve obligado a decretar para ir compensando la pérdida del poder adquisitivo de la población trabajadora.

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Fuente: elaboración propia con base en datos tomados de http://www.bcv.org.ve.

En esta otra gráfica se observa con claridad que al igual que ocurre con los salarios, es el aumento de los precios el que antecede en el tiempo a los aumentos tanto de la base monetaria como de la liquidez monetaria, no al revés como afirman los monetaristas. Esto es perfectamente lógico, tal como lo ha explicado reiteradas veces el Econ. José Gregorio Piña, miembro del Observatorio Económico de la Presidencia de la República, según cuyas investigaciones queda en evidencia que el aumento de los precios impone la necesidad de una mayor cantidad de medios de pago (oferta monetaria), los cuales aumentan por dicha causa, no al revés. Pero además se observa en la gráfica un revelador subperíodo (2002-2007), donde claramente la correlación entre la oferta monetaria y la inflación es inversa, lo que contradice por completo la teoría monetarista de la inflación.

Por si el fallo de inversión productiva del sector privado y el fraude importador fuesen poco, el fenómeno perverso de la inflación de demanda no compensada con producción ni con importación y la inflación de costos abultados por la sobrefacturación de importaciones, se ve agravado por el que he dado en denominar como “factor financiero”, consistente en el aumento continuado de las rentas financieras (este sí es un “rentismo” improductivo y nefasto, el rentismo financiero, a diferencia del rentismo petrolero que se fundamenta en la producción petrolera, que es producción económica real, no virtual o meramente financiera), sin que concurra compensatoriamente el “factor productividad”, es decir, sin que aumente la generación de riqueza material real de la economía por culpa justamente del fallo fundamental del crecimiento económico venezolano que se debe, preciso es decirlo una y mil veces, a la ausencia de inversión productiva de las ganancias excedentarias por parte de los empresarios.

¿Qué ocurre entonces actualmente? Pues simplemente que han venido confluyendo la inflación de demanda (causada por el fallo de inversión productiva del sector privado y el fraude importador), agravada por la caída del ingreso petrolero que permitía compensarla parcialmente con importaciones, la inflación de costos abultada por la sobrefacturación de importaciones y la fijación monopolista de precios, y la inflación especulativa marcada o inducida por el tipo de cambio paralelo. Un auténtico coctel atómico en el proceso de formación de precios de la economía venezolana.

De acuerdo con las investigaciones de la Econ. Pasqualina Curcio, miembro del Observatorio Económico de la Presidencia de la República, la inflación especulativa marcada por Dólar Today corresponde al 70% de la inflación observada en Venezuela a partir del año 2013.

En la siguiente gráfica puede observarse claramente cómo el tipo de cambio muestra efectivamente una correlación sustancialmente significativa con respecto a la inflación, en una espiral perversa, viciosa, donde el tipo de cambio aumenta la inflación y esta de vuelta presiona una mayor devaluación o depreciación de la moneda, es decir, un aumento subsecuente del tipo de cambio, el cual vuelve a determinar más aumento de la inflación… y así sucesivamente ad infinitum.

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Fuente: elaboración propia con base en datos tomados de http://www.bcv.org.ve. Estadísticas del BCV.

Y para terminar de colocarle la guinda al pastel inflacionario actual, a todo lo anterior se suma la cada vez más severa inflación por expectativas, debido a que ya la economía venezolana entró en fase de inflación galopante y es posible que al conocerse las cifras de 2016 hayamos entrado ya en fase de hiperinflación, situación extremamente grave donde ninguna persona desea mantener saldos monetarios, disminuyendo la demanda de dinero a niveles alarmantes, es decir, aumentando de manera exponencial la demanda de bienes y servicios para consumo y reserva de valor.

Hasta aquí podría dejar este artículo, pero no sería justo dejar al lector con el desasosiego de qué hacer. Hace poco, en el portal 15 y último publiqué otro artículo donde expongo con lujo de detalles qué es lo que hay que hacer para evitar la crisis hiperinflacionaria inminente y, más allá de ello, ganar la Guerra Económica. Léanlo: El gran engaño de la importación a dólar today y qué hacer.

7 Comentarios en Una teoría revolucionaria de la inflación en Venezuela y cómo combatirla

  1. Buen articulo..,esta ecplicacion sobre la no reinversion de los privados ..se conoce y mucho sobre todo en analisis sectoriales y en los de ciencia y tecnologia y de gestion tecnologica en el pais (rev Espacios). Particularmte hice estudios sectoriales en pymes 2005-2008(textil,madera,infirmatica,alimentos,metalmecanica,construccion). Hay evidencia suficiente en el pais..de ausencia de inversion, obsolescencia,) Y entonces? Cuales sn las politicas…en cyt, estimulo a la inversion, capitalizac tecnologica…ampliacion. Incentivos a creacion de nuevas empresas. Quien obliga a la banca a accionar productivamente para minimizar este problema estructural?!

    • Hola Laura, gracias por tu comentario. No hay ninguna medida dentro de la lógica usual liberal de mercado que pueda aumentar la inversión privada productiva en Venezuela, porque se trata de un FALLO DEL MERCADO, es decir, una situación donde las “leyes” de la economía simplemente NO SE CUMPLEN. Así que toda la cartilla completa de estímulo a la inversión, capitalización tecnológica, ampliación de incentivos, etc. ES INÚTIL. En cuanto a la cartera de la banca también es inútil, porque puede haber como de hecho hay muchísimo dinero disponible para créditos productivos, no solo de la banca pública sino también de la banca privada, y sin embargo NO HAY INVERSIÓN PRODUCTIVA EN EL PAÍS. El argumento de la “inseguridad jurídica” no es válido, porque no hay ni una sola pyme que haya sido expropiada en Venezuela y además las grandes empresas que fueron expropiadas durante el Presidente Chávez fueron avaluadas muy por encima de su valor real, por lo que a la final esas expropiaciones fueron un gran negocio para los empresarios. Por otro lado, contra ese único argumento en contra de la inversión privada en Venezueal, cabe oponer miles de ventajas absolutas, comparativas y competitivas que tiene Venezuela para producir, invertir y hacer buenos y muy lucrativos negocios. La solución a este FALLO DEL MERCADO es, como bien se sabe, a través de la INTERVENCIÓN DEL ESTADO EN LA ECONOMÍA. En lo concreto, es el Estado quien debe invertir para expandir las fuerzas productivas, en asociación con los innovadores y emprendedores del pueblo. Y las grandes corporaciones productivas del Estado, empezando por PDVSA, deben constituirse en los núcleos para la conglomeración industrial vía sustitución de importaciones creando directamente y llevando de la mano hasta su consolidación a todas las empresas proveedoras de insumos 100% de valor agregado nacional. En cada uno de los motores de desarrollo debe existir un núcleo industrial de propiedad estatal que se encargue de motorizar el proceso de conglomeración. NO SE PUEDE SEGUIR DEJANDO EL DESARROLLO NACIONAL EN MANOS DE LOS PRIVADOS, PORQUE NO LO VAN A HACER.

      • Recuerdo de una conferencia a la que asistí hace unos meses, a una ex seridora pública del Minsterio de Comercio Exterior (de apellido Rosado), que parte también en los fallos de la productividad en Venezuela se debe al monopolio de las patentes que organismos del Estado como el Sapi, permite a las grandes transnacionales. Allí el oligopolio nacional-transnacional que reina en Venezuela impide que los emprendedores (incluyendo muchas pimys) patentizar sus innovaciones en materia de producción agrícola, agroindustrial e industrial, que son los que realmente tienen la creatividad suficiente para elevar la producción nacional.

  2. El amigo Luis Enrique debe tomar en cuenta que mis investigaciones demuestran que la Liquidez Monetaria crece en Venezuela exclusivamente por la vía del crédito bancario, y que el crédito bancario, que es endeudamiento, es usado por los agente económicos para poder asumir el alza previa de los precios; ello con independencia de la clasificación estadística del destino de crédito.

    En cualquier caso, como lo admite Luis Enrique, él señala las “explicaciones” de librito, sobre modelos sobresimplificados; pero todo lo que señala son formas de actuación o manifestaciones de la verdadera raíz del problema; la cual el “librito” busca esconder: la inflación es un fenómeno de la lucha de clases; y en los países donde hay regímenes que apoyan al gran capital (los “price makers”) no habrá inflación nominal significativa, porque las condiciones le garantizan a ese gran capital la tasa de ganancia deseada por otras vías; lo contrario ocurre cuando el poder político no favorece a ese gran capital, el cual busca la apropiación en el destino, originando la inflación. Espero que el editor concluya la revisión de la versión mejorada y actualizada de nuestra obra “El Mito de la Maquinita” y que finalmente salga impresa; ya que en ella demostramos en detalle este punto.

    Y difiero de que Venezuela sea el país con mayor plantilla de personal en el sector público; una vez más es la manipulación de las situaciones: por ejemplo, en los EUA grandes sectores que son indudablemente de exclusiva competencia del Estado, tales como el sistema carcelario o la fuerza armada, son “privatizadas” en cuanto a los beneficios, pero el gasto, incluso mayor, es asumido por el Estado, pero logran la “magia” de que el personal, subpagado, no figura en la estadística como sector público; y también hay en EUA muchas empresas “privadas” pero que el 100% de sus labores o producción son para el Estado.

  3. Excelente y esclarecedor artículo. Se puede entender el sencillo, claro y directo lenguaje de todas las argucias y manipulaciones q hace la burguesía parasitaria y la banca privada para aplicarnos guerra sin cuartel, tanto al gobierno, al Estado y al pueblo trabajador. Pero en manos del gobierno queda la solución. Y debe aplicar la mano de hierro para redirigir nuestra economía. Vivan Chávez y Maduro, carajo!

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