En esta esquina / Autoayúdame

auyo

Por: Carmen Lepage

Entramos al metro, me tocó parada. Esto de que suba a cada rato el pasaje de la camionetica y que la opción subterránea y pública sea tan barata hace que estemos más ensardinadxs de lo usual en el saboteado Metro. Una se queda pensando qué pensarán y planificarán los sindicaleros que han decidido dejar que la situación llegue a este punto luego de haber tenido tantos beneficios estos años. No les deseo suerte con lo que sea que tienen en mente porque eso de pensar solo en el gremio no es muy patriótico que digamos. Había un chamo leyendo. Siempre que veo esa escena trato de mirar a ver qué está leyendo la persona. Ya por el diseño una puede irse imaginando por dónde van los tiros. Estos iban definitivamente por la autoayuda, lógico, en tiempos de crisis, que es también guerra, las estafas revolotean, sobre todo las que juegan con la peladera de la gente y con sus sueños prefabricados.

Iba parada frente al muchacho, lo observaba con detenimiento a él y a su novia. Deben tenerse promesas, esas que hacemos desde el amor romántico, ese amor que nos han vendido como el verdadero. Son muy jóvenes y tal vez quieren casarse y mudarse a algún lugar solxs, tener chamxs, pensé. Parecían muy conservadorxs, diría un amigo brasilero rapero que tengo: son criadxs por la abuela. Me los imaginé en la cama desnudxs y sí, deben ser muy tímidxs, tal vez no sean muy buenxs amantes, una lástima. Me quedé pensando y escribí el guion mental que se me iba ocurriendo, tal vez siendo lo que llaman pesimista. El libro se llamaba no sé qué cosa del emprendimiento, azul gerente las letras del título. Pienso: coño, irán a emprender el bachaqueo que les ofrece quienes quieren que todo retroceda en Venezuela o será que emprenden un trabajo con esos salarios de hambre en alguna transnacional.

Esxs chamxs son del barrio, sus chances con esa gente son mínimos. De repente son de una Misión Vivienda y no saben que por ahí tienen pendiente una ley para quitarles la casa. Todo eso lo voy pensando mientras el chamo le habla a ella de lo que ha leído y mira el libro como si allí estuvieran hechas realidad todas sus opciones de gran futuro.

Recuerdo a Leo Masliah y como no logro cerrar el pico pienso que mejor les advierto sin que nadie me pregunte, como acostumbro. Le digo a mi pana en voz alta: hay un humorista y pianista uruguayo, un tipo con un bigotote que canta y va diciendo cosas. Él dice que los libros de autoayuda ayudan un montón, ayudan al autor a comprarse chécheres, carros, yates, apartamentos, viajes y esas cosas que les dice a lxs demás que tendrán si hacen lo que él les dice que hagan. Mi pana es actor y conoce mi conducta habitual en el metro así que me sigue la corriente, proyecta un poco la voz y seguimos en esa especie de improvisación donde decidimos hablar de política como quien no lo hace, nos divertimos, la drenamos y de paso lanzamos alguna vaina al aire pa que ruede, alguna idea, alguna impresión, alguna pregunta y hasta una sentencia, aunque eso es lo que menos. La gente escuchaba como quien no quiere la cosa.

El punto en todo este negoción de los libros de autoayuda pareciera ser que nos quieren hacer sentir responsables de lo que logremos o no en la vida porque depende de una actitud que llaman “proactiva”. Es decir, las oportunidades están allí para todxs, solo falta que nos leamos algunas cosas, paguemos algún instituto preferiblemente, en el caso de Venezuela podemos ir a alguna de las universidades públicas nuevas y si combinamos esas dos modalidades de estudio pues todo debería salirnos bien, y que nuestra vida finalmente se parezca a las series del cable o la tv abierta. Podemos terminar estando en una especie de Greys anatomy de enfermerxs chic en alguna clínica impagable de Caracas, siendo médica forense Armani en Pacolandia o en una morgue lejos del glamour CSI, si estudiamos alguna vaina de gerencia, derecho o administración terminaremos caminando las avenidas de algún sector financiero de alguna gran ciudad de Venezuela o el mundo. O nos convertimos en lxs oligarcas del barrio o hasta salimos de él. Si somos clase media pues seguro nos superamos muchísimo y terminamos en alguna ostentosa urbanización amurallada, con nombre en inglés. Eso solo depende de que nos autoayudemos apropiadamente.

La clave del éxito vendría siendo pensar en nosotrxs mismxs, únicamente y preferiblemente aprender a llevarnos gente por delante en una onda darwiniana sempiterna, entender que debemos esforzarnos al punto de no tener tiempo para más nada que no sea subir los peldaños que conducen al éxito pensando con una cosa que llaman “optimismo”, que es una suerte de estado de alienación de horario corrido. Cada libro de cada autor o autora nos presenta su propia fórmula. No escriben muy bien, son como los reguetoneros del blanco y negro o la extensión de un programa de esos de concursos. Cero goce. La meta final es poder consumir para parecernos lo más posible al codiciado personaje admirado desde nuestra mirada absorta en la televisión.

La Hoyada hace que el vagón se ensanche un poco, luego en capitolio la vida citadina es más bella y hasta puesto vacío queda. Lxs chamxs siguen allí, con su libro. Pensando que lxs políticxs son malxs y lxs empresarixs buenxs. Como Hillary y Trump. Que lo único necesario para ser felices es el futuro, en el presente todo es sacrificio. ¿Quién habrá escrito ese libro? ¿Ya habrá logrado lo que quiere o aún no se logra parecer a Paulo Cohello, que dicen tiene una especie de maquilita para sacar tantos libros como considere necesario? Y termina una preguntándose por qué será que esta gente no escribe desde estas tierras sobre los esfuerzos colectivos, la producción desde la organización de la misma gente sin tanto jefazgo, de buscarse los propios caminos para armar familias más felices, de gente que vive el presente desde el goce y el trabajo con alegría para liberarnos y no para comprarnos cosas que nos hacen pensar que debemos tener más cosas todavía. ¿Dónde estarán esos libros de anaqueles infinitos que nos digan que nos ayudemos entre todxs en vez de autoayudarnos?

4 Comentarios en En esta esquina / Autoayúdame

    • Hola Rafael. Gracias por escribir hermano. Ante las situaciones de la vida que son tan hostiles como el sistema mundial donde vivimos, lanzamos algunas ideas a ver si vamos avanzando en nuestras opciones de vida. Disculpa el retraso para responder pero como notarás la regularidad de mis escritos se ha visto disminuida, eso responde a problemas tecnológicos severos que he tenido desde diciembre. Saludos

  1. ya que cuentas tu anécdota, te cuento la mía sobre el único libro de autoayuda que compré hace màs de 20 años(y por partida triple, para una amiga, para mi madre y para mí) “Cómo superar las preocupaciones” de Dale Carnegie, si mal no recuerdo porque no lo terminé porque le agregué al título “y no morir en el intento”: en resumen las únicas ideas que me quedaron del librito fueron que no se debe llorar por la leche derramada y que Confucio tenía razón al afirmar que si el problema tiene solución, se resolverá solo y si no la tiene, no debemos perder tiempo buscándola. Cuando veo a la gente perdiendo el tiempo y su dinero en “la culpa es de la vaca”, “quién se comió mi queso” o el que tenía que ver con la compra del primer ferrari, me sonrío porque me dan lástima porque creen en la solución instantánea de sus “preocupaciones” y que se resolverán como cuando abres un paquete de harina precocida, que le echas agua, sal y al budare…esa búsqueda de la inmediatez no nos permite ver más allá y nos limita, llegando a exigir que todo sea ya y porque yo así lo quiero…finalmente serán las personas que conformarán el grupo que, como niño consentido que patalea y grita a su mamá cuando no le compra lo que quiere, quieren “revocatorio ya”, “amnistía ya”, “elecciones ya”, “Chavez vete ya”, “Maduro vete ya” sin pensar que todos esos pedimentos tiene un proceso, que los procesos son preclusivos, como subir peldaños, que para llegar a la cima, debes empezar desde abajo…

    • Hola Laura. Mis disculpas por el retraso al responder, severos problemas tecnológicos me han mantenido alejada de las redes, del internet en general por meses. Tal vez nuestra visión de la vida, desde la cultura de la modernidad occidental nos hace muy malas jugadas. Esa cultura que nos hace emprender un camino contra nosotros mismxs, de paso. Tal vez eso ayude a quéasuntos consideramos problemas y de allí en adelante cómo decidimos solucionarlos para conseguir cosas que nos dicen que son vitales. No desdeña de nuestra mirada individual hacia adentro de nosotros mismxs, pero con un mínimo de seriedad y profundidad. Cuando nuestro ser racional-fisiologico-espiritual se convierte en una tienda por departamentos objeto del mercadeo o de la fragmentación analítica estamos entrampadxs. Y me incluyo. Creo que liberarnos de eso puede ayudarnos a emprender mejores caminos colectivos. Gracias por escribir, esa es la idea, la conversa.

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