Último round / Con o sin billetes de 100

con-o-sin-billetes

Uno tiene derecho a acongojarse,
a sentirse vencido (…)
pero también tiene el deber de levantarse,
 agarrar su cayado, y echar a andar.
G.P.

Por: Jessica Dos Santos Jardim

Corría la tarde del domingo 11 de diciembre cuando el presidente Nicolás Maduro decidió sacar de circulación el billete de 100 Bs. A mí, que llevaba semanas trabajando de corrido tras las intempestivas guardias de fin de semana postmuerte del líder Fidel Castro, me costó digerir la medida. Sin embargo, al rato, ya me había convencido del rotundo éxito de aquella decisión, aun consciente de las incomodidades que podía conllevar, lo asumí como otra especie de necesario sacrificio, celebré, y poquito a poco, sin darme cuenta, la euforia de quien abandona la retaguardia, la defensa, para ir al ataque, empezó a apoderarse de mí. Pocas sensaciones, en la contienda política, son tan sabrosas como esa.

Así que me preparé, desde una postura sumamente individualista, para los pequeños reajustes que debía hacer en los próximos días con el fin de que la medida no me afectara tanto. No podía ser tan complicado, al fin y al cabo, en mi cartera siempre escasean los billetes, de cualquier denominación. Entonces, decidí pedirle a mi jefa uno de los días libres, que por ley me corresponden, para resolver mi único par de pendejadas pendientes.

La primera era acudir al Banco del Tesoro para depositar los 3.540 bolívares que me cuesta el 3er nivel del curso de idiomas de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) y ahí empezó uno de los tantos dramas completamente evitables. Aquel martes 13, la cola para la entidad bancaria ubicada en la esquina de Veroes, en pleno centro de la ciudad de Caracas, era inmensa, aunque yo había llegado 2 horas y media antes de que abrieran sus puertas. Pero, “¿Qué tanto? Apenas abran esto va a fluir”, pensé. Sin embargo, ya eran las 3 de la tarde y yo seguía ahí… parada, hambrienta, jodida, pero mucho mejor que los adultos mayores que estaban a mi lado y para quienes se supone habría “mecanismos especiales”. Me pregunté por qué de cinco cajas solo una estaba trabajando, mientras intentaba adivinar cuánto faltaría para mi turno, pues desde que a algún “genio” se le ocurrió que los bancos te llamen por los últimos 4 números de tu cédula, sin tiempo estimado ni cantidad de personas por delante, una está condenada a la más incierta de las esperas, con un vigilante que no nos dejaba salir porque, no sé bajo cuál fórmula mágica, el intuía que la gente podía “colearse” y un gerente (ya saben, siempre hay alguien que llama al gerente) diciendo: “Esto es lo que hay”. Yo intentaba burlar a ambos personajes para seguir llamando desesperadamente a la UBV, como cientos de estudiantes más, a ver si lograba hacerle entender a la primera universidad creada en revolución, que debían aceptar que el puto pago fuese realizado a través de una transferencia bancaria, en el mismo espíritu de “incrementar las transacciones bancarias por la vía electrónica”, como lo había pedido el mandatario nacional, pero no hubo caso, con nada, con nadie. Mientras tanto, en las pantallas del banco, seguía repitiéndose de forma incansable, y a máximo volumen, la propaganda oficial de la entidad: “Desde que me abrí una cuenta en el Banco del Tesoro solo cosas buenas han llegado a mi vida…”. El chiste se contaba solo.

Al salir, eché a correr a la plaza La Concordia, para poder llegar a la pequeña tienda donde reposaba, reparadísima, desde hace muchas semanas, la tarjeta de mi lavadora, que, por falta de real, yo aún no había podido retirar. Cuando llegué un sucio papel bond pareció cachetearme: “No tenemos punto de venta y no se aceptan billetes de 100. Sin excepción”. Pero, “¿Cómo? ¿Por qué? Si no han pasado ni la mitad de las 72 horas de plazo”, grité. Los técnicos me explicaron que no, que lo sentían mucho, pero acababan de salir de una cola de 8 horas y no pensaban volver a pasar por eso, mientras me entregan una fotocopia con un número de cuenta del Banco del Caribe. Mi experiencia previa no me permitió decirles nada. Me senté en las escaleras a pensar qué hacer con los 35 mil bolos, la mayoría en billetes de 100, que cargaba en mi bolso, para poder activar mi lavadorcita. Unos reales que, por cierto, había obtenido raspando mi tarjeta de cestatickets en el punto de venta de un hijo de p… que me cobró el 15% por la gracia, un accionar que me hacía sentir como la mierda, pues soy de esas que, hasta el sol de hoy, jamás le ha comprado absolutamente nada a los bachaqueros. Pero en esta oportunidad la necesidad me acorraló contra las cuerdas del ring. Dudo que quienes se dejan robar así, lo hagan por gusto.

A las muchas horas yo ya había resuelto el otro depósito, y cuando pretendía sacar dinero del cajero para poder irme a casa, con un cuerpo que ya no respondía a mis instrucciones, el dispensador de efectivo, que lucía hermosamente despejado, estaba dando… billetes de 100. “¿Qué especie de tragicomedia es esta? ¿Por qué todos le juegan en contra al presidente?”, me pregunté, profundamente derrotada. A la mañana siguiente llamé al técnico de la lavadora, pues había quedado en instalarme la tarjetica esa tarde. Pero el hombre, desesperado, me explicó que no podría, que estaba metido en un infierno llamado Banco de Venezuela intentando depositar los reales que tenía por los trabajos que había hecho durante la semana.

Mientras tanto, se me acabó el efectivo para el transporte, y las taquillas (esto no ha cambiado mucho) solo estaban dando, tras largas y lentas colas-horas, 5 mil bolívares en billetes de 2 y 5. En Caracas, desde hace mucho, hasta los transportistas se niegan a aceptar los billetes de 2, así como te cobran 60, 80, o 100, dependiendo de su humor, del billete que le des, de si los demás pasajeros se muestran solidarios con tu reclamo o no. Pero además, 5 mil bolívares, tomando en cuenta las 4 camioneticas que tomo por día, que se transforman en 6 las tres veces a la semana que debo ir a recibir o dar clases, no me iban a funcionar. Pero, no importa, la medida estaba dando frutos, era positiva, los balances gubernamentales así lo demostraban, y, además, la roncha no era tanta al compararla con todo lo que hemos tenido que vivir este año. O al menos eso creía yo hasta que empecé a escuchar los comentarios de la gente a mi alrededor, los verbos encendidos contra quien, de una u otra forma, termina siendo, para ellos, el único culpable de todo. Ahí empecé a temer por eso que mientan “el costo político”.

Pero faltaba poco, en apenas unas horas se acabaría el plazo ante el BCV, el mismo que era de diez días y luego pasó a ser de cinco, llegarían los billetes nuevos, y listo. Además, se habían habilitado más taquillas del BCV, estaban funcionando las 24 horas, la cola iba a disminuir. Pero llegó el sábado y la cola seguía… El hecho de que mi padre trabaje cerca del BCV era la excusa perfecta para matar esa especie de curiosidad periodística que bajo ninguna circunstancia nos abandona. En los alrededores de la plaza se habían habilitado algunas sillas plásticas, unos cuantos toldos, estaba la Guardia Nacional Bolivariana, los bomberos, y un par de ambulancias. Al transitar al lado de la docena de baños portátiles habilitados en el lugar, colocados justo al lado del grueso de la cola, una entendía rápidamente la necesidad de aquellas ambulancias. El ambiente era inhumano. Y yo me debatía entre dos vocecitas: “¡Yo ni que tuviese los reales de Pablo Escobar haría esta cola!”; y: “¡De bolas que la harías, güevona! ¿O dejarías perder los 35 mil con los que pagaste la tarjeta de la lavadora?”. En eso, empecé a hurgar en los certificados de depósito que le entregaban a quienes finalmente salían del banco, en las cantidades, para mí, exorbitantes que la mayoría de ellos estaba depositando, en sus acentos, en sus aspectos… Y hablando de Pablo Escobar: ¿Por qué ninguno de ellos me parecía el verdadero propietario de aquellas lucas? ¿A cuántos le estaban pagando por ir a depositar esos reales? ¿Realmente alguien verificaría todo eso? ¿Quiénes? ¿Cómo? ¿Los mismos que “no pudieron” detener la fuga de los billetes?

Justamente, cuando me encontraba en esas, se da un nuevo anuncio del presidente Maduro: el traslado de los billetes había sido saboteado, el de 100 seguiría en circulación hasta el 2 de enero. Entonces, todos pensaron que se trataba de un burdo rumor, hasta que la GNB lo confirmó, pero ¿dónde se hacen los billetes?, ¿ya no estaban listos?, ¿por qué los anunciamos sin tenerlos en nuestro poder?, ¿y las monedas? Después del 2 de enero, ¿cuál será el plazo para depositar?, ¿en los bancos o en el BCV?, ¿querrá la gente aceptar los billetes?, ¿qué pasará con los que aún están en Colombia?, ¿el golpe a las mafias cucuteñas había sido un nocaut o se estaba convirtiendo en una tierna caricia?, ¿sí?, ¿no?, ¿por qué?, ¿podía alguien explicármelo, así, sencillito? Al día siguiente hubo “En contacto con Maduro”, el presidente felicitó a Merentes y saludó a Chino y Nacho… A las horas, llegó el primer contingente de billetes…y el pueblo seguía confundido.

En las redes sociales el chavismo se batía en un sinfín de opiniones. Unos emitían críticas quejumbrosas y otros criticaban las críticas. La mayoría intentaba entender, desde la rabia, la preocupación e incluso el humor, qué estaba pasando. Algunos apostaban a la “estrategia perfecta” y otros al “exceso de improvisación”, aunque ninguno de nosotros sepa, a ciencia cierta, lo que ocurre ahí donde se bate el cobre. Por un instante, yo, la ávida de explicaciones, agradecí no tener que conducir mi programa radial en vivo sino hasta el 2 de enero, porque, de repente, ya ni yo sabía qué coño decir. Qué comunicadora tan mala…

Recordé el viejo chiste de mis amigas: “Cuando Dios repartió la paciencia, Jessica segurito estaba en otra fila… haciendo un reclamo”. Sonreí. Respiré. “Si pude esperar tantas horas en el Banco del Tesoro, ¿qué importa darle un chance más a este nuevo e intenso capítulo de la historia venezolana?”. De todas formas, acá estamos y acá seguiremos… con o sin billetes de 100.

20 Comentarios en Último round / Con o sin billetes de 100

  1. Jessica, qué buen artículo, pocas veces se encuentran cosas así en la red. Te felicito porque tu artículo nos hace recordar que no somos los únicos que no tienen ni la menor idea de lo que está pasando. Saludos!


  2. “No lo van a impedir los generales,
    ni adorables doncellas pervertidas,
    ni apelables procesos judiciales,
    ni perros, ni cometas, ni suicidas.

    No lo van a impedir ni prohibidos,
    ni novios convencidos y hechiceros,
    no lo van a impedir las soledades
    a pesar del otoño creceremos”.
    Letra y música de Amaury Perez Vidal (1979)

  3. CHAVEZ DIJO EN UN DISCURSO ANTE LOS CANDIDATOS A DIPUTADOS A LA ANTERIOR ASAMBLEA:”CUANDO LLEGABA UNA ORDEN DE GOMEZ A ALGÚN ESTADO SE DECÍA: LAS ORDENES SE CUMPLEN PERO NO SE ACATAN” ASÍ PASA CON INSTRUCIONES QUE YO HE DADO CON RESPECTO AQUE NOSOTROS DEBEMOS TENER EL MONOPOLIO DE LAS IMPORTACIONES. AHORA CON NICOLAS, YA ORDENÓ QUE LIBERARAN LAS CUENTAS DE LOS PENSIONADOS PARA QUE PUDIERÁMOS MOVERLAS POR INTERNET, Y NADA QUE ACATAN LA ORDEN. LOS BANCOS DEL ESTADO ESTAN SUMADOS A LA CONSPIRACIÓN PARA DERROCARLO CREANDO MALESTAR A LOS USUARIOS QUE NO VACILAN EN DECIR:”POR CULPA E'NICOLAS”. YA SABEMOS QUE CHAVEZ NO PUDO DESMONTAR LO QUE ENCONTRÓ COMO ESTADO Y TUVO QUE CREAR LAS MISIONES PARA BAYPASEAR LO EXISTENTE PERO SE HA SIDO MUY NEGLIGENTE PERMITIENDO TANTO ENEMIGO DEL PROCESO AL MANDO DE LAS INSTITUCIONES Y VEMOS CONSTERNADOS COMO PERMANECEN SECUESTRADAS MI CASA BIEN EQUIPADA, VENEZUELA PRODUCTIVA, MISIÓN VIVIENDA, Y UN BOCHORNOSO LARGO ECÉTERA

    • El arte de la guerra no aplicado. Muchas ordenes no acatadas, muchos enemigos en nuestras propias filas, y lo más desesperante es eso, que al final, para muchos el culpable es y siempre será el que emite las ordenes y no el que no las acata.

  4. No es fácil ser revoluvcionario en esta época, pues si los más claros se descarrilan ante la inciertas olas de lo imprevisto y su único grito es la desesperanza, qué quedará para los simples, comunes y de la calle. Dicen que ser revolucionario con el dólar a 100 es de campeones, que serlo con el dólar a 20 es un bien planificada tragicomedia, coño pero ser revolucionario sin un dólar (o billetas de 100,50…) eso si es digno de estremecer; pues, lo irónico es que la mayoria del pueblo chavista (u opositor honesto, decente y pata en el suelo) cree en esta vaina aunque no tenga real y aguanta la pela sin quejarse y sín emitir un insulto a nadie y mucho menos a la dirección politica y militar del pais. Vivo en un barrio y lo más notorio que se escuchó en este incierto momento de las 72 horas fue que por fín se había hecho algo contra los paracos, los bachaqueros y la escuacada comercial que nos tiene jodios. Por fin tubimos otra victoria eṕica que nos guste o no, es del pueblo humilde que sin papa, sin arbolito de navidad, a veces sin clap porque se lo llevan los zanganos del PSUV, sin algún columnista que retrate nuestras vicisitudes (no sé si se escribe así) aun de este color oscuro, seguimos siendo chavistas porque sabemos que no es un partido, ni una constitución, ni un liderazgo que se equivoca o no, somos chavistas porque está en nuestra gen histórico y sabremos aguantar esta y otras, pero nunca chillamos y nos arrinconamos en cuitas pendejas.

    • Quizás lo más difícil sea que siempre aparece alguien que se cree con la suficiente (y por lo general falsa) superioridad moral para medir o juzgar el accionar, el talante o las convicciones del otro (“descarrilar”, “desesperanza”, “chillar”, “cuitas pendejas”, etc), con desconocimiento de causa, e interpretando lo nunca dicho. Por cierto, “Sin emitir ningún insulto y mucho menos a la dirección política”…. chevere y eso de “zánganos + PSUV” como se come? Por ejemplo. Saludos!

  5. Jessica, lo que más me gustó de tu artículo es que proporcionas una lectura de los acontecimientos, de la realidad, desde la esquina opuesta de las altas esferas del poder político de la República; es decir, desde la calle, desde la cotidianidad, desde la gente común y corriente. La visión del pueblo. Un pueblo que a pesar de tanta carga, sigue siendo irreductiblemente chavista, inimaginablemente bolivariano. Te felicito, camarada. ¡Hasta la Victoria siempre!

  6. Y por cierto lamentablemente lo del banco del tesoro y del Venezuela es así, tal cual, esos d los últimos 4 dígitos d la cédula para q t llamen es una locura

    • Horrible… Yo siempre he odiado ir al banco, pero desde que implementaron esa técnica pues sufro más, jejeje. Y ni la alegría ni la esperanza hay que perderlas… vamos con Ali “que no muera la esperanza, ni el combate, ni el amor”. Saludos!

  7. Entre a esta pagina en buscando el articulo de Pascualina Curcio “los Terroristas Económicos y sus…”, y lo encontré, lo leí y lo copie; luego leyendo la columna de entradas reciente vi “Alfredo Maneiro: teorico y militante revolucionario” lo lei y lo copie; ahora he leído este y después de este comentario lo copiare, porque antes quería decirte que me pareció muy bueno, porque denota compromiso, critica, lo escribes como hablamos los comunes de paso me dejaste una agradable sensación que me dibujo una sonrisa de seguro por lo que le escuche a Zapata alguna vez: “el humor es algo serio”. Gracias.

    • Que bueno que te hayas topado con estas líneas entonces… Gracias a ti, por tomarte el tiempo de leer, de comentar, y sobre todo de sonreír! Saludos!

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