En esta esquina / Ni lo uno ni lo otro

Ni-una-cosa-ni-la-otra

Por: Carmen Lepage

En la camionetica, en el quiosco, la parada, la farmacia, el metro, el mercado, en las redes, se oye sobre todo la queja, esa criticadera (que no crítica) que no pareciera llevar nada a ningún lado.  Ese hablar sin acción, ese sufrir plagado de tan pocas convicciones en nuestras capacidades y  posibilidades. Ese lugar propicio para que el clientelismo, del que también tanto nos quejamos, se instale y terminemos pagando chantajes. Ese condenarnos a morir en la orilla mientras señalamos a otrxs como lxs culpables de la desgracia de turno.

Vivimos la imposicion de un sistema que sostiene el poderío de esta civilizacion occidental, violenta en todos los ámbitos, este mundo de convicciones que logaron instalar desde el poder represor: el de los hombres sobre las mujeres, de los ricxs sobre lxs pobres, de lxs blancxs sobre lxs negrxs e indixs, de la cristiandad como base moralizante, del saqueo de riquezas del norte sobre el sur. Y ahora, aquí estamos en esta gran genialidad eurocéntrica que tiene al mundo sumido en este hervidero de injusticias, convenciéndonos de que es la naturaleza humana, con un planeta agotado.

Este sistema mundial se oxigena la sangre a punta de elecciones, candidatxs. A punta de apariencias.  ¿O es que escoger entre opciones que no escogemos nosotrxs es algo honesto, el ejercicio de la libertad? Hay  unos métodos electoreros más corruptos que otros, más evidentes en sus trampas que otros, unas alianzas de élites más evidentes que otras. Casi siempre el mejor ejemplo es EUA, que luce imbatible de fondo y de forma. Pero el resultado es el mismo: se imponen presidentes que son piezas en el engranaje de élites económicas que deciden el destino de la humanidad. Parece que son, a lo sumo, una veintena de familias las que ponen la música que se baila. Deciden quién es buenx o malx, si Chávez era el mismísimo demonio o no, si se debe erigir a Trump o al Papa como el nuevo líder mundial o no.

Esa queja sin destino, la que oímos sin cesar en las calles, la he oído terminar en un: “Ni unxs, ni otrxs, ninguno sirve”. Coño, cuando oigo eso me entra un frío del que aparece cuando caemos en cuenta de algo insalvable. Esa opción es una falsa opción. Suponiendo que de verdad verdaíta esta gente no vaya a votar, estamos irremediablemente entrampados en el juego de poder mundial. No votas hermanita, e igualito gana alguien y se convierte en presidentx. No importa cuánto nos rebotemos. Si no construimos opciones reales gana Trump, el dueño de la mafia de la comida basura, el gerente de Coca Cola o el politiquero de carrera. Cuando el viento sopla a favor aparece una opción real, unx políticx serix. Pero eso sigue sin depender de nosotrxs.

Tal vez sea que hay distintos niveles de poder y distintos conceptos de poder. Que cuando nos asquea el más alto nivel de poder, podemos pensarnos cómo hacer en nuestras cuatro calles más cercanas para no depender tanto de las supuestas soluciones que nos da una gente que anda en otra, en la suya. Que si queremos tener una vida más placentera, ser capaces de resolver los problemas cotidianos de la vida sin andar jodiendo a nadie con saña, se puede. Que Dios no tiene que andar ocupándose de cada ínfimo aspecto de nuestra vida y el libre albedrío es una opción.  Que de lo que tanto nos quejamos y nos autocompadecemos puede que de repente y tal lo podamos resolver, si es que queremos esas cosas que tanto alabamos, como la ecología, la justicia social, el amor y la paz, la reconciliación. Si eso es lo que queremos, en lo que creemos,  entonces votar es solo un acto pragmático necesario para lidiar con ese poder de las altas esferas, mientras todxs nosotrxs creamos nuestras opciones del día a día. Votar para tener en primera fila al menos malx, la mejor opción impuesta.

Pensemos tal vez en bancos propios y vecinales, o comunas, o centros de producción de artículos básicos, bibliotecas, teatros, en vez de esa sicología de junta de condominio que ve su ombligo mientras espera, en un limbo, que el próximo alcalde sea buenx, o el próximo presidente, o el próximo líder mundial, o el artista internacional baje línea. Tal vez la mejor opción no está en las urnas, en la lloradera ciudadana, sino en hacernos cargo de nuestro entorno. Tal vez es dejar de confiar en un súperpoder y creer en quienes nos rodean y en nosotrxs mismxs. Entender que el poder no es uno solo.

8 Comentarios en En esta esquina / Ni lo uno ni lo otro

  1. Excelente refección, solo por medio de la participación y de la acción solidaria podremos enfrentar esta época de oscuridad en la que nos a sumido un sistema mundial patriarcal, autocratico y jerárquico instalado a sangre y fuego por las élites!

    • Gustavo recibe un saludo y disculpa no haber rendido antes. Asuntos tecnológicos me mantienen desconectada mucha tiempo. Gracias por comunicarte

    • Hola Fanny.Gracias por participar con tu comentario. Esa es la idea. Poder hablarnos y así hacer de lo que se escribe una conversación útil. Creo que hay suficientes experiencias o procesos en este momento y estos años pasados en que queda muy claro la importancia de habernos capaces de producir lo que n, organzacirnos es el comienzo. Hagámoslo!

  2. Excelente reflexion Carmen, el preámbulo de nuestra carta magna define y describe al ciudadano que demanda nuestra sociedad participativo protagónico corresponsable.

    • Hola José. Si, así es. Ahora que esos derechos que hemos ganado , con la constitución, ese enfoque también, creo que debemos defenderlo con hechos cotidianos. Gracas por participar. Hablándonos llegamos a mejores caminos.

  3. El autogobierno. La organización del pueblo. Las cooperativas. Los consejos comunales. Las comunas. Son vías y caminos que tenemos que creer, crear y profundizar. Legados de nuestro comandante eterno.

    • Hola Ricardo. Gracias por escribir. Si, Chávez nos abrió el camino con un esfuerzo inmenso. Creo que nos hace falta hacerle honor a ese legado con trabajo conjunto. Estamos de acuerdo.

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