Aumento de salarios: la (ir)racionalidad empresarial puesta a prueba una vez más

Salarios-

Como suele pasar en estos tiempos en el que muchas revelaciones le llegan a uno frente al televisor, un día viendo en cable chileno un programa británico de concursos, entendí algo que había leído en Joan Robinson, pero que no había captado en su profundidad: que, contrario a lo que plantean los economistas, es incompatible la maximización racional del beneficio individual con la idea de equilibrio general en situación de competencia perfecta, que si es verdad lo primero, no puede ser verdad lo segundo, y mucho menos a la vez.

Y si lo entendí un día viendo televisión, lo que pasa en el país con los aumentos salariales y el comportamiento de nuestros “empresarios” y comerciantes, acabó por convencerme.

El programa en cuestión, llamado Divided, era uno típico de preguntas y respuestas donde los concursantes van acumulando dinero conforme avanzan. Sin embargo, este tenía una particularidad: que los concursantes, desconocidos entre sí hasta entonces, funcionaban como un equipo. Y en consecuencia, en la ronda final debían ponerse de acuerdo en cómo repartir el dinero que habían logrado acumular.

Y allí empezaba lo bueno. Pues a la hora de ponerse de acuerdo, la cosa pasaba por definir lo que cada quien creía merecer, al tiempo que la producción disponía que una de las valijas tuviera el 60% del premio, otra guardara un 30% y la tercera se quedara con solo el 10% del botín. Cada cual contaba un máximo de 15 segundos para exponer sus razones, siendo que por regla general todos argumentaban merecer la tajada más grande, por lo que terminaba resultando imposible llegar a un arreglo voluntario.

Concluido el plazo para que cada uno explayara sus motivos, se ponía en marcha una cuenta regresiva de 100 segundos que a su paso licuaba el pozo final que debían repartirse, de modo que los participantes tenían sobre sí la amenaza de terminar con las manos vacías de no llegar a un acuerdo, lo que pasaba casi siempre.

No sabría decir si los productores del programa querían darnos con ello algún tipo de moraleja, pero lo cierto es, volviendo al inicio, que la conclusión es clara: que en una situación de “libre” competencia, la ambición por querer obtener la mayor ganancia termina siendo incompatible con una situación de equilibrio, pero más aún, con la misma racionalidad que supuestamente sostiene lo primero, pues incluso en el caso de aquellos pocos que lograron llegar a un acuerdo, lo hicieron en un punto en el cual quien finalmente se quedó con la porción más grande acabó con menos dinero que si hubiera aceptado de entrada la tajada más chica.

Algo similar les pasa, como decía, a los empresarios y comerciantes con los salarios: en la carrera por quedarse con la mayor parte del botín, emprenden una guerra contra estos por tres vías: queriendo pagar menos, aumentando los precios, o ambas cosas a la vez, sin tener en cuenta que una vez que lo logran terminan afectados ellos mismos ganando también menos.

El problema es que los empresarios y comerciantes conciben el salario como un gasto. Y siguiendo las reglas contables más básicas, buscan reducirlo. El detalle es que la economía es algo más complejo que la simple contabilidad de una empresa, entre otras razones porque no trata sobre cuentas individuales, sino de fenómenos colectivos que deben ser evaluados colectivamente (es decir, no trata sobre el comportamiento de una empresa aislada, sino de todas las empresas y agentes económicos actuando al unísono y determinándose mutuamente). De tal suerte, por la misma razón por la cual los concursantes de Divided, aspirando ganar lo más solo provocan ganar menos, nuestros “empresarios” y comerciantes al lanzarse contra los salarios licúan la fuente de sus ganancias, que son los salarios de los trabajadores que permiten se vendan las mercancías que comercian.

La paradoja keynesiana de los agregados nos ayuda, una vez más, a comprender esto: si en un contexto determinado un actor económico sube los precios, puede, en efecto, obtener ganancias extraordinarias. Pero si todos lo hacen se genera el efecto contrario. De la misma manera, si en un contexto determinado alguien paga menos puede obtener ganancias extraordinarias, pero a condición de que sus competidores no lo hagan. Pues si todos comienzan a hacer lo mismo, entonces todos los salarios caen y, por tanto, las ventas globales y a la larga las ganancias. Esto es justo lo que está ocurriendo actualmente en nuestro país, donde la depresión salarial provocada por el alza especulativa de los precios induce a la mayoría a comprar solo lo estrictamente necesario en materia de alimentos, fundamentalmente a las redes más concentradas (Polar y compañía). Pero además, como el único en este contexto que no puede ajustar el precio de su mercancía es el trabajador asalariado, que vende su fuerza de trabajo y a cambio recibe un salario (que es el precio de su trabajo) que ni fija ni mucho menos puede variar a voluntad, termina resultando que al reducirse su poder adquisitivo por el alza de los precios, forzosamente a la hora de consumir se vuelve más selectivo y disminuye, reorienta o simplemente suspende la compra de determinados bienes y servicios, lo que se traduce en una caída de las ventas, que empieza por afectar a aquellos que son vendedores o prestadores de bienes o servicios no esenciales o de los cuales más fácil se puede prescindir. La respuesta automática de los comerciantes y productores ante esta situación suele ser subir aún más los precios buscando “protegerse”. Pero está claro que por esta vía lo único que se logra es profundizar aún más la tendencia regresiva, tal y como estamos viendo.

Si en Divided hubiese un árbitro que impusiera los términos de un acuerdo justo, al cual los concursantes no puedieran llegar por sí solos dado que cada uno piensa y actúa egoístamente, la experiencia de irse con las manos vacías podría evitarse. En las sociedades civilizadas ese árbitro es el Estado, el único ente, hasta nuevo aviso, facultado y concebido para pensar colectiva y no individualmente. Por más observaciones que se puedan hacer al desempeño del Gobierno en la superación de la coyuntura que vivimos, parece claro que el presidente Maduro piensa así. Pero está demostrado también que los comerciantes y “empresarios” están resueltos a lo contrario. El drama es que en esta resolución arrastran al país entero con ellos. Son como esos bañistas cuyas imprudencias los ponen al borde de la muerte y que no solo forcejean con quienes los quieren salvar, sino que intentan hundirlos. Incapaces de mirar más allá de sus narices y llevados por una racionalidad pulperil de corto plazo que se vuelve inmediatamente irracional a mediano y largo, nuestros empresarios y comerciantes despotrican contra los aumentos de sueldos por decretos presidenciales y se lanzan inmediatamente contra ellos, sin percatarse de que lo único que logran es hundirse más, hasta ahogarse.

 

11 Comentarios en Aumento de salarios: la (ir)racionalidad empresarial puesta a prueba una vez más

  1. para volver a llegar a un equilibrio entre los precios y la demanda hace falta un gran trabajo tanto en la parte empresarial como en la parte gubernamental y en los organismoa que controlan la poca distribucion de los alimentos

  2. Repito: desde hace tiempo vengo pensando que con cada aumento del ingreso salaria el presidente no solo le manda un mensaje al trabajador de no estar solo, sino que renueva la oportunidad al sector privado/empresarial de la economía Venezolana, para que salga del desmadre en el que están y mejoren sus ventas paupérrimas en rubros descartables por el cliente/trabajador, el problema es que en su mente el odio por el trabajador y en consecuencia por el presidente obrero no los deja ver, Maduro sigue subiendo la apuesta y es la única forma de jugar y negociar con tales mafiosos “empresario”, lo tragicómico es que en reuniones familiares soy casi que linchado por ser el único que defiendo los aumentos, en fin, el asalariado no puede caer en la autodestruccion de molestarse por dicho aumento en su salario, ya que posiciones de esta índole fueran cómicas sino fueran tan trágicas.

    • Lo que le queda a lla gente en medio de la hectombe a la que le somete el poder globall es justificarlo. Es un síndrome de Estocolmo en el que los medios juegan un papel vital…

  3. Ayer conversaba con mi esposa acerca de la “avalancha” de aumentos y entre otras cosas dije(y me pareció una ligereza): “mas que empresarios parecen pulperos que no ven mas allá de su nariz”….hoy te leo: “incapaces de mirar mas allá de sus narices y llevados por una racionalidad pulperil de corto plazo”….no estuve mal, considerando que no estudié Economia. Me niego a ser pesimista, creo que vamos a poder salir de esta situación.

  4. Reflexiones
    No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.

    Pregunta hasta donde nos conviene tener precios mas bajos en comparacion con colombia y todos los paises del caribe que nos rodean, si puede opinar algo se lo agradeceria…..

  5. excelente articulo y muy dictatico,la situacion planteada actual en pais por lo empresarios y comerciantes se le va revertirla masa trabajadora esta tomando conciencia y va descubriendo que empresarios y comerciantes son inmediatamente irracional y no trabajan para el bien del pais y son parasitos y explotadores de la clase trabajdores y esta economia de guerra por la cual esta pasando nos ca dejar un aprendizaje.

  6. Ya lo demostró; matemáticamente, John Nash, quien no era economista, sino matemático; pero recibió un Premio Nobel en Economía por dicha demostración; que no opinión: la colaboración redunda en MAYOR beneficio económico para el colectivo que la competencia. De esto no hablan los “académicos” ni de la Derecha ni de la Izquierda, por no convenirles, no entenderle o porque no lo dijo Marx; pero es el trabajo que desmonta al Capitalismo; a su más sacrosanto postulado: el que la competencia es lo mejor para la economía en general.

  7. Comprendiendo el artículo, no se puede diferir del mismo, sin embargo, nace una duda que es quizás más profunda que lo que se explica, me refiero a la lógica contradicción entre empresarios y asalariados o entre minimizar el costo de la mano de obra y el aumento de la capacidad de compra que beneficia el incremento de la demanda vía incremento de los salarios. La gran pregunta, hasta qué nivel de profundidad estarán dispuestos a llegar la cúpula empresarial y la representación del estado para percatarse de que si bien lo económico es inseparable de lo social y por ende de lo político, se hace imprescindible la negociación con respeto y en atención a los principios de economía política.

  8. ¿Como convencer a CONSECOMERCIO de su irracionalidad?? Sería interesante crear un foro donde se discuta su verdadero papel en la economía.

  9. Excelente articulo. Me parece que confirma en términos sencillos la Ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia en el mercado capitalista. He allí la contradicción fundamental entre capital y trabajo.

    Sin embargo, hay un análisis que se desprende de esta situación, y que, en mi opinión, es fundamental pues define la dirección que debiera debatirse en el proceso revolucionario: Si el empresariado, por sus condiciones materiales concretas, es decir, por su condición de clase, es moral y económicamente incapaz de ir contra la lógica del capital de la máxima ganancia individual en detrimento de las condiciones de vida de la mayoría, ¿por que el gobierno, cuya dirección la ha asumido un partido que pretende ser vanguardia revolucionaria del pueblo trabajador, sigue – como dice el compañero Pedro- “subiendo la apuesta”,negociando con la burguesia cuando el pueblo trabajador no tiene nada que negociar?

    Esta claro que aquí no hay negociación que valga. La burguesía no puede cambiar sus intereses así como el pueblo no puede cambiar los suyos. Son sencillamente antagónicos. Por supuesto que no estoy en contra del aumento salarial, pero ¿hasta cuando vamos a seguir en una posición defensiva desgastante, que por otro lado no se aprovecha en generar el debate en torno – por ejemplo- a este tema sobre el salario, que no es sino un asunto de clase?

    Se han visto casos de empresarios muy “bondadosos” que han “permitido” unas condiciones laborales muy “beneficiosas” para sus empleados. Pero esas situaciones, lejos de poner en riesgo la condiciones de explotación (“acercando al obrero al patrón” caso cooperativismo) lo que hacen es atenuar su claridad: la realidad es que los medios de producción están en manos de la burguesía, y por tanto la producción (o la extracción) , un hecho social, es conducido de manera individual o sectorial en función de pequeños intereses.

    El asunto es que el aumento salarial es una medida totalmente deseada y aplaudible, pero mas lo es el reconocimiento de que no es posible “mejorar” nuestra economía si no se asume la lucha de clases en toda su amplitud. Dicha postura, desde mi perspectiva, cuando es verdaderamente coherente, solo puede conducir a la dictadura del proletariado como programa político de la vanguardia del pueblo.

    No podemos pretender por tanto “salir de esta situación ” esperando que el empresariado responsable tome “conciencia social”, este infantilismo del gobierno, debe ser radicalmente cambiado con un amplio debate programático de las bases trabajadoras, y no en construir a través de la mediatica una confianza en loa lineamientos de los lideres por pura fé.

    Si estas medidas no son tomadas, en lo personal me parece que es síntoma de que la burocracia y los elementos burgueses dentro del gobierno ya le han ganado la batalla a los elementos revolucionarios que el pueblo logro montar junto al Comandante y que la historia nos ha puesto de nuevo entre la espada y la pared, con un Pinochet con la mano en la empuñadura.

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