8-M y la economía como forma de violencia de género y contra la especie

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Por: Luis Salas Rodríguez

Todos hemos escuchado alguna vez la explicación estándar de por qué la gente bachaquea. Y cuando digo estándar me refiero a la que es común entre la gran mayoría de los expertos y opinadores en materia económica: lo hacen por una cuestión de estímulos. El razonamiento detrás es que al haber un diferencial tan atractivo entre el precio de los productos regulados y los de mercado, resulta razonable pensar que a alguien se le ocurrirá hacerse de los primeros para venderlos y obtener ganancias grandes y rápidas.

El mismo criterio aplica a la hora de explicar el contrabando, la corrupción, la especulación cambiaria y cualquier otro comportamiento similar. Se nos dice que sí, que claro que son éticamente reprobables, pero que el problema es que existen estímulos muy grandes, que no solo los explican sino que los justifican.

Esto me recuerda a un escándalo que se formó hace ya un par de décadas a propósito de la política “contra” el acoso sexual aplicada por un gobernador. Nada original después de todo, la misma partía del principio de que las culpables eran las propias mujeres, particularmente por el uso de vestimentas “sugerentes”. Partiendo de este “razonamiento”, el gobernador hizo pública una ordenanza que prohibía el uso de minifaldas y escotes. El propósito: evitar el acoso, no controlando a los agresores, como cabría esperar, sino a las víctimas.

Y es que ciertamente para él, la agresión está mal e incluso es consciente de que se trata de un delito sancionado en ley, etc, pero el delito en cuanto tal no ocurriría, piensa, si no existiese el estímulo previo. El acoso y la agresión entonces no son la causa del delito, sino consecuencias del estímulo femenino. El agresor en última instancia reacciona, como el célebre perro de Pavlov, frente a aquello ante lo cual no puede resistirse.

II

Desde luego que no es lo mismo un acto de agresión sexual o física y de violencia de género que uno de orden económico. No se trata de igualar una cosa con la otra. Pero lo que sí es claro es que existe un piso común a partir del cual ambas formas de violencia, con la excusa de ser explicadas, terminan siendo justificadas.

Y es que en efecto el problema de estas explicaciones es que a la larga sirven para naturalizar cualquier cosa. Pero además, y por esa vía, para hacer que la sociedad entera derive hacia un mar del todo vale, una suerte de nihilismo mercantil que explica por qué una parte de la humanidad se comporta no como seres humanos sino como bichos rampantes que hacen lo que sea por dinero, que pasan sus días y sus noches maquinando maneras para timar a los demás o viendo cómo los joden.

Ya pusimos el ejemplo del bachaquero, los contrabandistas y los especuladores. Pero dado que tales cuestiones las hemos normalizado ya tanto, los venezolanos y las venezolanas, pensemos en el caso de los traficantes de órganos. ¿Se justifica la existencia de los mismos porque existe un mercado cautivo (una demanda) de gente con dinero que necesita órganos (que suelen ser escasos) para salvar sus vidas? La respuesta automática de todo el mundo es: No. Como lo es en el caso del tráfico de mujeres. Pero el problema es que desde el punto de vista de la economía capitalista sí, es legítimo, por más feo que sea, pues se trata de un típico caso en el que ante un bien escaso y una demanda insatisfecha, media un agente que identifica en ello la oportunidad de hacer negocios.

O como diría Smith y aprenden a lo largo y ancho del planeta todos los estudiantes de Economía en el primer semestre, para luego repetirlo toda la vida: “No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo, etc…”.

    III

Los apologetas de la economía capitalista llaman a esto el homo economicus. El homo económico es una simplificación conceptual con la que los economistas explican la naturaleza humana. Según esta, el ser humano cuando participa en el mercado está guiado por su propio interés (egoísmo), a partir de lo cual busca maximizar su ganancia o utilidad. Por tal motivo, es proclive al oportunismo: buscará beneficios al percibir fallos en los precios y las normas. Y por ende se vuelve un sujeto amoral: más allá de todo bien o mal, lo que guía su accionar es la racionalidad con arreglo a fin de ganar más.

Los primeros economistas liberales, Smith mismo y entre otros John Stuart Mill, siempre tuvieron, sin embargo, el cuidado de limitar esto a la esfera del mercado. Mill, por ejemplo, en sus Principios de Economía Política, dice lo siguiente:

“Confieso que no me gusta el ideal de vida que defienden aquellos que creen que el estado normal de los seres humanos es una lucha incesante por avanzar; y que el pisotear al que se queda, empujar y dar codazos al de al lado y pisarle los talones al que va adelante, que son característicos del tipo actual de vida social, constituyen el género de vida más deseable para la especie humana; para mí no son otra cosa que síntomas desagradables de una de las fases del progreso industrial” (Mill. Principios de Economía Política. FCE. P: 641).

Pero de un tiempo a esta parte los economistas perdieron este pudor. De tal suerte, en los años 80, pleno auge del neoliberalismo, algunos comenzaron a extender el razonamiento a esferas más allá del mercado. James Buchanam fue uno de los primeros, con aquello de la teoría de la elección pública (public choice), dado lo cual se le premió con un Nobel. Y pocos años después le tocaría el turno a Gary Backer, otro economista norteamericano de la generación Chicago Boys, quien lo extendió a todas las esferas, desde la criminología hasta las relaciones de pareja y parentales, y por eso también ganó un Nobel. El principio utilizado fue el siguiente: si pensamos que el ser humano sopesa costes y beneficios, pondera riesgos y ventajas cuando va a comerciar o invertir, lo mismo vale pensar que lo hace para todas las demás cosas. El homo economicus pasó de ser entonces tipo o momento de la especie, para convertirse en el principio explicador de la especie humana misma. Cuando se trata de dinero y ganancias, todo está permitido y legitimado porque la naturaleza humana así lo dicta.

IV

No voy a extenderme sobre este punto, por más que sea tentador reparar cómo en un mundo como el de hoy, dominado por la especulación financiera, los fondos buitres, la paraeconomía, la acumulación por desposesión y las mafias de todo tipo, tiene sentido que se imponga esta “explicación”. Pero lo que no quiero dejar de decir antes de cerrar, es que justo hoy que las mujeres del mundo y nosotros sus compañeros, protestamos contra la violencia de género en cualquiera de sus manifestaciones y de la desigualdad en las relaciones laborales, debemos extender la protesta contra una forma de comportamiento pseudo-económico que busca normalizarse y legitimarse en una pseudoantropología del egoísmo y el arribismo, sumamente peligrosa, y que, de hecho, es responsable de que buena parte de las cosas del planeta estén como están.

No es la primera vez, de todos modos, que la humanidad se enfrenta contra pseudoconocimientos de este tipo. Al comienzo de la expansión marítima europea, por ejemplo, se justificó la esclavitud de los africanos en razón de la maldición narrada en la biblia de Cam por su padre Noé, quien lo condenó a ser siervo entre sus hermanos conquistadores y comerciantes. Y utilizando recursos similares se justificó la concepción de la mujer como un ser inferior. Y aunque tal vez todavía hoy día la mayoría aún piensa así, afortunadamente son razonamientos que en líneas generales son considerados detestables y atrasados, tanto como pensar que la Tierra es plana o es el centro del universo.

Hubo una época sin embargo en la que por pensar lo contrario de esto último mandaban personas a la hoguera. Y en que hombres y mujeres negros no tenían derecho a beber de la misma agua de los blancos, y las mujeres tenían prohibido votar. Hoy la norma, lo socialmente aceptado, es lo contrario. De la misma manera debemos trabajar para que las mujeres ya no sean abusadas, acosadas, ni discriminadas, y también para que la economía deje de ser ese reino salvaje consistente en dar codazos al de al lado, pisarle los talones al que va adelante, o quitarle la escalera al que viene atrás, para darle la bienvenida a un tiempo en el que todo eso sea el recuerdo desagradable de una época afortunadamente superada.

3 Comentarios en 8-M y la economía como forma de violencia de género y contra la especie

  1. Eduardo Galeano nos habló de como la Utopía se mantiene en el horizonte o se aleja a medida que tratamos de alcanzarla….y entonces pregunta: ¿Para que sirve la Utopía?…y la respuesta es que sirve para eso, para caminar….seguro que otros lo intentaron antes de Cristo, pero no tuvieron mucha “prensa” y no los conocemos y de Cristo para acá hemos estado 2.000 años intentando cambiar el “contrato social”….crucifixiones, hogueras, guerras, exterminio, sabotaje económico…pero hemos caminado y hemos avanzado, hay que seguir.

  2. la viveza del ser humano ocultando su egoísmo siempre estará presente en los distintos ambiente de la vida, que gozamos. el humano esta siempre al asecho del como extraer provecho económicas de las distintas relaciones de su vida, donde solo el estado de derecho actúa como regulador en el sano disfrute de la cuestión económica. solo con leyes y reglamentos que les sean aplicables a los capitalistas-egoístas. leyes que permitan la libre y equitativa distribución de las riquezas emanada del trabajo creador. donde también se permita la educación y culturizar a las personas de distintos géneros, razas y edades con el fin de ir minimizando el egoísmo que produce la ignorancia. solo el trabajo creador y la distribución equitativa de las riquezas hará a un pueblo feliz y contento, hombres y mujeres libres para lo creativo y el desarrollo social.

  3. ¿Qué pasa cuando el homo economicus està dentro de un gobierno socialista? Tenemos a un homo economicus controlando a otros homo economicus. Zamuro cuidando carne y se crean las mafias antirevolucionarias y antichavistas que están poniéndole fin al sueño del gigante. El que tenga ojos que vea.

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