Latinoamérica: ganar elecciones y la reconquista de la polarización

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Por: Lorena Fréitez

Aún anidamos la duda respecto a si las sociedades latinoamericanas siguen polarizadas o se hastiaron de la confrontación. Los intensos procesos de movilización que marcaron las dos últimas décadas de transformación política en el continente no pasaron en vano, las subjetividades políticas se transformaron. Sin embargo, tendríamos que preguntarnos a propósito de lo ocurrido en Argentina con Scioli y la cerrada victoria electoral del Lenín Moreno en Ecuador, si el diagnóstico que nos ha repetido la derecha, por lo menos desde hace un lustro, sobre el hastío de las mayorías por la política “confrontativa” e “hiper-ideologizada” de las izquierdas en el poder y el ferviente ascenso de “los ni-ni” o “independientes”, corresponde a la realidad o es una estrategia política de socavamiento de las bases populares de estos gobiernos.

El ascenso de movimientos políticos de izquierda de carácter popular a los gobiernos de los países más importantes de la región fue producto del develamiento, la interpelación descarnada, del conflicto de clases que signa la vida social, política y económica latinoamericana. Solo las apuestas políticas que ofrecieron encarar un conflicto social y económico de larga data, ya incontenible, que había condenado a las mayorías a la miseria, fueron las que lograron conquistar a las mayorías y tomar el poder a través del mecanismo que siempre habían servido a los conservadores: las elecciones.  

La polarización social y política que lograron las fuerzas de Chávez, Evo, Correa y los Kirchner fue justamente gracias a su desobediente actuación respecto a las pautas de gestión política naturalizadas por la democracia liberal que se venía imponiendo. Los poderes no son neutrales ni independientes. Quienes gobiernan optan, asumen posiciones en el conflicto político. La ciencia en la política es un instrumento de construcción de verdad y poder. La riqueza es una y se distribuye en función de intereses y fuerzas en pugna. Equilibrar la distribución de beneficios en la sociedad implica restar privilegios a unos para satisfacer derechos de otros. Crecimiento o desarrollo no necesariamente implican bienestar para las mayorías. Estas fueron algunas de las tesis que despertaron a miles del letargo liberal-conservador empujándoles a luchar, a protagonizar cambios profundos en las reglas del juego político y producir nuevas democracias.

Entraba una masa salvaje de gente “no política” a la política para cambiarlo todo. Los primeros años de las tomas del poder, el pueblo hecho torrente rompía los carriles que organizaban al Estado: asambleas constituyentes, políticas express para burlar la burocracia y resolver ya el sufrimiento acumulado, unión cívico-militar para apalancar políticas y blindar la seguridad nacional (sobre todo para el caso venezolano), fueron algunas de las expresiones de este desbordamiento político de los pueblos en un clamor de justicia: restablecimiento de porciones mínimas de riqueza para las mayorías y dignificación del papel político de los excluidos.

La primera reacción de la derecha fue denigrar, subestimar y criminalizar a ese pueblo calificándole de “hordas”, “incapaces”, “malandros”, “violentos” y “feos”. No supieron leer lo que implicaba que la izquierda contara con la mayoría. En los primeros años de antagonismo político intentaron ganar la calle con violencia y tomar el poder político a través de golpes de Estado. Sin embargo, lejos de desmovilizar avivaron la polarización: las clases populares podían ver claramente el rostro retorcido y violento de las clases que, si otrora los trataban con lastimería y benevolencia, hoy ante su insubordinación buscaban aniquilarlos.

Reinaldo Iturriza [1], analizando el caso venezolano, acierta cuando logra identificar el viraje de la política de la derecha. Afirma que 2007 marca el inicio de una nueva estrategia de la derecha, que implicó desactivar el conflicto de clases a través del discurso del diálogo, la pluralidad, la reconciliación y el clamor por la despolarización. Implementaron una política de trabajo en zonas populares que buscó desmoralizar a la base de la fuerzas progresistas, escuchando el normal descontento de una inclusión inacabada; construyeron un discurso que copió los referentes, prácticas y métodos de movilización de la izquierda; apelaron a encuestas y medios de comunicación hegemónicos para posicionar la idea del destacado crecimiento de “los independientes” significándolos como expresión del malestar y hastío por la política “confrontativa”; y fustigaron a los gobiernos con críticas centradas en la ineficiencia y la corrupción. Pese a todo este discurso “conciliador”, la derecha nunca abandonó la polarización como estrategia, cada contienda electoral demostró que lejos de despolarizar, más bien buscaba quedarse sola en los espacios efectivos donde esta se construye: en las clases mayoritarias (populares). Su objetivo: parasitar en el electorado popular descontento o desatendido, con un discurso polarizador en torno al “cambio” y contra los gobiernos “autoritarios”, “estatizadores” y “corruptos”.

A la luz de los últimos acontecimientos electorales, diríamos que este viraje de la derecha si bien no ha sido del todo eficaz, en cuanto solo le ha permitido obtener un triunfo electoral de peso en los últimos 15 años (las presidenciales argentinas en 2015) y solo 8 años después de este recambio táctico, sí ha tensionado con fuerza las expectativas ciudadanas y sobre todo las formas de gobernar de la izquierda en el poder.

Lo más eficaz que logró la derecha fue poner a dudar a la izquierda de sus propias invenciones políticas, forzándole a reinscribirse en ciertos modos liberales de gobernar que: 1) antepusieron gestión a política, acusando castigo de las críticas al “populismo ineficiente” mostraron una alta preocupación por exponer números, defender obras, subirle el perfil a lo jurídico y tecnificar el lenguaje, bajándole volumen a la construcción de políticas en clave de conflicto de clase. Esto trajo como consecuencia la desorientación de las bases y el distanciamiento del tempo real de las calles, preocupaciones y demandas populares con las que siempre habían conectado. 2) Cedieron a las tesis de las debilidades de los gobiernos, sobreexponiendo la gestión gubernamental, mitigando críticas internas y reduciendo la heterogeneidad, cualidad y protagonismo de la participación popular que fue marca de su ascenso al poder. 3) Probaron anzuelo de la diminuta área política que marcaron los conservadores: se obsesionaron con la “pequeña batalla” entre grupos o cúpulas políticas como el distractor perfecto para lograr el abandono del terreno de las disputas reales: los problemas de la gente de a pie. 4) Se creyeron el cuento del crecimiento de “los independientes” y retrocedieron respecto al avivamiento del conflicto como motor de movilización electoral. Pensaron que optando por candidatos moderados que se distanciaran de liderazgos radicales, se tendría la sucesión o continuidad garantizada, trampa que quedó al descubierto ante los ineficaces efectos políticos de la relación Kirchner-Scioli (2015) y la primera vuelta Correa-Moreno (2017).

Al respecto, caben nuevas preguntas a la luz de la trampa conservadora y sobre todo ante la crisis económica generalizada en el continente. ¿Hoy desde dónde la izquierda está polarizando a sus bases? ¿La polarización que provocaron los intensos procesos de movilización política que llevaron a la izquierda latinoamericana al poder, se mantiene y constituye una ventaja estructural de los gobiernos progresistas? ¿Se modificaron los conflictos a partir de los cuales se polarizaron amplias capas sociales latinoamericanas en la década ganada?

Aún no se logran despejar del todo estas incógnitas, sin embargo, desde ya se puede decir que: 1) en América Latina contamos con nuevos sentidos comunes políticos; me atrevo a afirmar que nuestros pueblos están dispuestos a ir por más de lo conquistado y nuestros dirigentes deben colocarse a la altura de estas expectativas; 2) la crisis económica y el desgaste político en el gobierno ha modificado las expresiones del conflicto, la arena de la eficiencia y la transparencia constituyen terrenos de disputa al convertirse en definidores de la capacidad de la izquierda para resolver los problemas económicos; 3) luego de políticas significativas de justicia social e inclusión política, el conflicto de clases necesariamente se expande a nuevas expresiones que lo enriquecen y conectan con nuevos sentidos y expectativas sociales, dando lugar a agendas de luchas desvaloradas o incluso impensadas; 4) la apuesta por una polarización basada en enemigos externos, así como la polarización a partir de la lucha entre grupos, fracciones o partidos dejan por fuera el debate sobre los problemas reales de la población, produciendo extrañamiento y hastío del conflicto político.

La actitud de Rafael Correa en las seis últimas semanas de campaña antes del balotaje presidencial ecuatoriano y el triunfo electoral alcanzado, nos ha dado lecciones importantes al respecto. Después de la primera vuelta, rápidamente entendió que debía transformar radicalmente su relación con Lenín Moreno, no solo echándose al hombro la campaña sino sobre todo poniéndole picante: acertadamente decide ir a la reconquista de la polarización, reavivando la política de confrontación como motor de movilización electoral y sumergiéndose intensamente en las calles. El triunfo electoral de Alianza País en Ecuador deja un mensaje claro a la izquierda en el continente: para garantizar la continuidad de los gobiernos progresistas y revolucionarios a favor de las mayorías, es necesario volver a la escena de las disputas reales: los problemas de la gente, y re-ocupar nuestra estrategia estructural: el conflicto y la polarización como origen de una política eficaz por la justicia.

[1] Iturriza, R. (2016). El Chavismo Salvaje. Editorial Trinchera, Caracas.

2 Comentarios en Latinoamérica: ganar elecciones y la reconquista de la polarización

  1. ES DECIR QUE ESTA AUTORA RECOMIENDA POLARIZAR MAS EL AMBIENTE POLITICO, REFORZAR AUN MAS EL BIPARTIDISMO, TIPICO DEL CONSENSO DE WASHINGTON (EXISTENCIA DE DOS OPCIONES, DOS PARTIDOS QUE SE ALTERNAN EN EL PODER, CON MIRAS A DESCARTAR A UN TERCERO QUE ES EL COMUNISMO O “FILO-COMUNISMO”)…
    Esta autora, Lorena Freitez, en sus análisis, manifiestas muchas imprecisiones que la hacen contradictorias, claro ella tiene “el disco duro oficial” del chavo-madurismo, de la burocracia y mientras tenga ese punto de vista errado, expresará muchas imprecisiones y contradicciones; como por ejemplo, la existencias de ni-ni no es producto del socavamiento de las bases, me imagino que por parte de la derecha no puede ser por “obra y gracia del espíritu santo”, pero se equivoca, el la existencia de ni-ni o “independientes”, es producto del fracaso, fracaso por inconsecuencia y en la mayoría de los casos, por traición pura y simplemente, del mal llamado progresismo a las expectativas de las masas (Anti-neoliberales, anti-capitalistas ya que su asunción al poder obedece al colapso del capitalismo salvaje, el fondomonetarismo); ahora el ser ni-ni o independiente, no es malo, implica que no quieren nada con el “progresismo” porque no les ha llenado las expectativas, pero implica también que no quieren volver al pasado, a la derecha, en nuestro caso al puntofijismo. Lo malo, lo pésimo, lo indeseable y anti-democrático, es precisamente, es lo que recomienda Lorena Freitez, que es lo que hace el chavo-madurismo, lo que algunos autores han denominado “la polarización forzosa”, es decir la implantación del bipartidismo, al estilo consenso de Washington (Dos partidos pro-capitalistas que se alternan en el poder, para obstruir a una tercera fuerza que es el comunismo o el “filo-comunismo”) , que es lo que el chavismo esta haciendo desde el CNE, con la figura inconstitucional de la “renovación de nomina”, con ello esta reviviendo la partidocracia típica de la democracia representativa (La revolución bolivariana, es por antonomasia anti-neoliberal, anti-partidocracia, anti-corrupción y de desarrollo integral, “el espíritu del 27-F-89”), y sobre todo esta legalizando un bipartidismo, peor que el del consenso de Washington, un “bipartidismo duro” y “puro”, al menos el puntofijismo dejaba que hasta partidos de la “ultra-izquierda”, sin ninguna opción, como la liga socialista y bandera roja participaran y con ello se daba un manto de pluralismo”, “participación amplia”, el chavo-madurismo no se cuida ni de las formas. Repito, lo malo, es precisamente lo que recomienda Lorena de polarizar (PSUV y MUD), y resulta que esa polarización favorece a la derecha, puesto que el “ni-ni” o “independiente” o aplica “la economía del voto” o el “voto castigo” votando por la derecha en contra del progresismo, en nuestro caso el PSUV. Esto es una contradicción de quien se extraña de la recuperación de la derecha y la prueba la tenemos en Venezuela con la MUD, en donde una organización con fines politico que saca casi 8 millones de votos, no pueda convocar a 20.000 o 30.000 personas, con miras a crear caos e inestabilidad, sencillamente porque su votación fue “prestada”, prestada por el chavismo y la polarización forzosa, en otras palabras la gente no voto por ellos, voto en contra del chavo-madurismo.
    El gobierno del chavo-madurismo mas bien debería darle participación amplia a todas las opciones, a terceras vías sean disidencias del chavismo y/o cuartas vías, sean disidencias de la derecha y así dividirle la votación a la derecha, la polarización forzosa convierte a la derecha en un monstruo, inflado por las fallas del gobierno producto de la traición al ideal bolivariano revolucionario.

  2. ALERTA CON LA HERMANA ECUADOR: ¿LA SEGUNDA URUGUAY?
    En verdad he debido decir “alerta con alianza país ¿unos segundos tupamaros?”, porque en realidad los pueblos, el Uruguayo como interrogativamente el ecuatoriano (Aun no ha pasado nada, aunque hay graves indicios), no tienen la culpa de las traiciones o inconsecuencias de sus dirigentes; y digo esto porque he notado una conducta muy diferente del Ecuador del ALBA, del Ecuador de la revolución ciudadana inicial, del Correo primigenio; y esto lo podemos notar en: 1) La diferencia tan estrecha de votos por las cuales gana las elecciones, la misma votación de Dilma 51%-49% o 51%-48%, los pueblos agradecen, los pueblos son agradecidos, independientemente de las campañas de guerra sucia, difamatorias y calumniosas de las derechas, si se ha hecho bien, han debido haber ganado por un margen mas amplio (55%-60%, que no son márgenes naturales de una revolución, los cuales deben ser cercanos al 66%, dos tercios de la población), y no por la minima diferencia, esto es un indicio que no ha gobernado bien ni ha gobernado para todos. 2) Las amenazas del presidente electo a Assange, quien esta exiliado en la embajada de Ecuador en Londres, quien lo mando a no opinar de política. 3) y 4), pero lo mas grave, que son los indicios mas fuertes, es que no hemos visto a Ecuador, batirse por Venezuela, en la OEA, en contra del hegemon imperialista, como lo han venido haciendo Bolivia y Nicaragua, con mucha dignidad y decoro, apoyar a Venezuela ahora, no es “apoyar” a Venezuela simplemente, es luchar en contra del dominio imperialista yanqui en la OEA, que la convierte en un “ministerio de colonias” de Washington; espero que sea una táctica electoral simplemente, ya que el chavismo venezolano “raya”, “quema” porque el mundo esta conteste de la corrupción y el derroche de oportunidades que ha tirado por la borda la “revolución bolivariana” de Chavez y Maduro, una vez superado el momento electoral, espero que Ecuador rescate su posición combativa y anti hegemónica en la OEA, al estilo Patiño y el actual canciller quien es una persona bastante inteligente y preparado; pero el indicio mas grave aun, o cuarto, es 4.1.- El reconocimiento de los gobiernos de derecha del continente al triunfo de Lenin Moreno, Brasil, Paraguay, Mexico y sobre todo Argentina; y 4.2.- Pero aun peor, es el reconocimiento del propio imperio al triunfo de Lenin Moreno, dejando “ensartado” al banquero corrupto Lasso, a quien mandaron a desconocer las elecciones y cantar fraude, USA lo deja solo porque “el imperio no tienen amigos ni enemigos perpetuos sino intereses” y ahora se trata de “aislar” a Venezuela en la OEA y al grupo ALBA, andan detrás de Venezuela y es preciso “negociar” con Ecuador, lo que implica darle concesiones, como “reconocerle” el triunfo electoral y tratarlo como “igual”; espero que sea un mero “coqueteo” de la derecha continental y su amo yanqui, y se quede en eso, en un mero coqueteo que no va a surtir ningún efecto ni Ecuador, o la alianza nuevo país de Correa se va a dejar seducir por esos “cantos de sirena” imperiales.

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