Nicolás Maduro, cuatro años: un balance

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En el presente artículo Luis Enrique Gavazut responde a una pregunta tan difícil como polémica: “¿Es Nicolás Maduro un reformista que le entregó la Revolución bolivariana al Imperio?”.

Si la pregunta es polémica esto no solo se debe a la franqueza con que el autor la plantea: de la respuesta que se le dé depende la adhesión de la izquierda revolucionaría y antiimperialista al Gobierno del presidente Nicolas Maduro.

Destaca que el autor la aborda de forma también franca y respetuosa, más aún que la enuncia desde un punto de vista que hace explícito en la primera parte del escrito. Luego pasa a un análisis situacional que desmenuza las principales variables de la realidad nacional en función de evaluar la praxis gubernamental del chavismo, con énfasis en los últimos 4 años.

No adelantaremos palabra sobre las conclusiones a las que llega Gavazut tras su pormenorizado análisis. Puede descargarse aquí una versión en formato pdf de su trabajo.

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Por: Luis Enrique Gavazut

Es de Mao la famosa frase: “El mundo está convulsionado, ¡excelente situación!”. Debo confesar que, posiblemente por mi vocación revolucionaria, yo siento igual que Mao. Me gustan los tiempos convulsos porque claramente nos indican que la sociedad no está muerta, sino vivita y coleando.

Es de Chávez el famoso llamado a la “reunificación, repolarización y repolitización”, lanzado en octubre de 2010, señalando en aquella ocasión que: “La guerra de ahora no tiene rostro, el capitalismo neoliberal no tiene rostro”, e instó al pueblo a tener perfectamente claro a qué lado de la historia pertenecen las grandes mayorías, “al polo del pueblo, obrero, campesino, de la patria, de los que aman a Chávez”.

En definitiva, a eso se reduce todo. A saber exactamente de qué lado de la historia está uno. En el entendido, una y otra vez reconfirmado históricamente, de que solo hay dos polos, solo hay dos fuerzas y ambas son contradictorias. Es la clásica doctrina de la dialéctica hegeliana, concretada en el terreno de la realidad por el materialismo histórico marxiano.

No hay tres, ni cuatro, ni un millón de posiciones ideológicas, solo hay dos. La ideología del pueblo, de la masa, del proletariado. Y la ideología de la élite, de los privilegiados. La ideología del pobre, del asalariado, del que tiene que trabajar para vivir. Y la ideología del rico, del afortunado, del que no tiene que trabajar para vivir.

No se trata de radicalismo, ni de negación de la diversidad de criterios, ni de falsa contradicción trasnochada, ni mucho menos de simplismo mental. No. Se trata de una fuerza de la Naturaleza, de una realidad incontrovertible, de cómo funciona el Universo. Por eso, al final, disfrácese como se quiera, ocúltese como se desee, siempre todo se reduce a esa clásica lucha de clases marxiana.

Con Marx ocurre como con Einstein o Darwin. No por oponerse férreamente a la bomba atómica la Naturaleza de la materia y la energía va a dejar de cumplir sus leyes inexorables. Se podrá atacar a Einstein, pero la energía nuclear es la energía nuclear. No por oponerse al darwinismo, la Naturaleza de la vida va a dejar de cumplir la inexorable Ley de la Evolución de las Especies por Selección Natural. No se trata del deseo o anhelo del ser humano, sino de la cruda realidad de los hechos.

Desde que Chávez advino al poder en 1998, pero con más intensidad durante el gobierno de Maduro, se escucha de parte de diversas voces, tanto de la oposición como del chavismo, que no hay que dividir, que hay que conciliar las posiciones encontradas, que Chávez dividió a los venezolanos cuando dijo eso de que “ser rico es malo” y cuando etiquetó a un sector de la población con el calificativo de “escuálidos”. Recientemente escuché a Oscar Schemmel, entrevistado por José Vicente Rangel, decir que la inmensa mayoría del pueblo venezolano manifiesta en las encuestas que quiere un modelo conciliatorio de sociedad, una sociedad con pueblo trabajador y con élites. Así lo dijo textualmente. Que la gente está de acuerdo en su inmensa mayoría con que existan las élites (por definición, los privilegiados).

La postura de Schemmel es aparentemente razonable, básicamente plantea que la economía debe ser privada, pero regulada con firmeza por el Estado, y que el Estado debe encargarse de mantener el modelo de inclusión social, es decir, redistribuir la riqueza entre los pobres a través de los programas sociales. Sin embargo, preciso es señalar que Schemmel no es para nada original en esto. Lo que plantea es simplemente el clásico Estado de Bienestar Capitalista. El capitalismo con rostro humano, tantas veces condenado por Chávez.

¿Estaba Chávez equivocado en esa postura? ¿Puede en realidad el capitalismo, la economía de acumulación privada de la riqueza, conducir a la máxima felicidad social?

Schemmel también opina que el principal obstáculo para que el gobierno resuelva los problemas y salga victorioso del atolladero actual, es que el gobierno chavista sea pragmático y supere las posiciones dogmáticas de algunos de sus personeros. Que hay que superar los radicalismos, los extremismos ideológicos y dedicarse a resolver los problemas materiales de la gente, el desabastecimiento, la inflación, la inseguridad. En esto Schemmel se suma a las posturas asumidas, por ejemplo, por Víctor Álvarez y otros economistas.

¿Estaba Chávez equivocado cuando tantas veces nos alertó acerca del fundamentalismo del mercado? ¿Puede entonces lograrse la superación de los problemas económicos, que todo el mundo tenga un estado de bienestar, si se deja de lado esa postura dogmática y se asume que el mercado sí puede darle la felicidad al pueblo?

¿Pero en dónde está el dogmatismo entonces? ¿En los que propugnan el fundamentalismo del mercado, o en quienes se oponen a ello?

¿Se fijan? Al final, todo se reduce a dos. Dos posiciones, dos criterios, dos posibilidades, dos polos opuestos, enfrentados permanentemente el uno al otro. Es la lógica de la masa vs. la lógica de la élite. La élite promete siempre a la masa que no tiene por qué preocuparse, porque van a tener sus necesidades materiales bien satisfechas; pero todos constatamos, una y otra vez,  que la élite nunca cumple esa promesa. Y la razón de ello es muy sencilla: el capitalismo, el sistema de mercado, de intercambio de valor, de acumulación privada de la riqueza material de la sociedad, no puede hacerlo, es imposible que pueda hacerlo. No para todo el mundo, no para toda la gente, no para todo el pueblo.

Algunos dirán en este punto, que sí puede hacerlo para todo el mundo al menos en lo más básico: alimentos y medicamentos. La pregunta entonces es: ¿Todo el pueblo norteamericano come bien y goza de buena salud? ¿Hasta el último habitante de Alemania come bien y goza de buena salud? ¿Francia? ¿Japón? ¿Suiza? ¿Noruega? ¿Qué país puede ufanarse de no tener pobres? Si alguno pudiera finalmente mencionarse como ejemplo, entonces hay que preguntarse: ¿Y si ese país no tiene pobres, por qué entonces otros sí los tienen? ¿Por qué si la lógica de las élites tiene tantos siglos funcionando, existen tantos pobres en el mundo? ¿Qué pasa con África? ¿Qué pasa con América Latina? ¿Grecia? ¿España? ¿Argentina? ¿Brasil? China es la mayor economía del mundo, ¿no hay pobres en China? India es la economía emergente más pujante del mundo, ¿no hay pobres en la India?

En Estados Unidos, un país donde la pobreza no deja de crecer año tras año, o la misma Alemania, la locomotora de Europa, donde el 20% de la población es pobre, funciona una economía privada con un Estado regulador fuerte y un modelo de programas sociales redistributivos, exactamente el estado de bienestar propugnado y abiertamente defendido por Schemmel, Víctor Álvarez y también por altos funcionarios del gobierno del Presidente Maduro (y también lo sostuvieron y defendieron altos funcionarios del gobierno del Presidente Chávez).

Los más connotados premios Nobel de economía se devanan los sesos para tratar de explicar por qué a pesar del cambio tecnológico y el evidente progreso material de la humanidad, alcanzado bajo el sistema capitalista de acumulación privada de la riqueza, la desigualdad económica es cada vez mayor. ¿Por qué cada vez la humanidad tiene más riqueza, pero simultáneamente la gente es cada vez más pobre o la cantidad de gente pobre no cesa de crecer? La teoría del goteo hacia abajo, que postula que el bienestar de las élites se derramará hacia abajo en la pirámide poblacional, no termina de cumplirse. A pesar de la fortaleza regulatoria de los estados de bienestar más consolidados del mundo (ese estado regulador fuerte que Schemmel defiende con tanta convicción), como los países del norte de Europa, o los modelos de bienestar social de países mediterráneos como Francia, Italia y España, la desigualdad económica y la pobreza no solo no logran erradicarse definitivamente, sino que no dejan de aumentar y aumentar.

¿Qué pasa entonces? ¿Qué es lo que sigue oliendo mal en Dinamarca?

No pretenderé yo tener la respuesta definitiva a esa pregunta. Sin embargo, estoy convencido de que el problema está en que el sistema de mercado, la economía de intercambio de valor, es un juego de suma cero, que la riqueza material es finita porque los recursos del planeta Tierra en términos de materia y energía, son finitos, no ilimitados, y esa es la causa, en última instancia, de la desigualdad económica.

Por lo tanto, cuando Chávez, y antes que él Cristo, propugnó la solidaridad, el trabajo voluntario, el trabajo colectivo y el desprenderse de la riqueza propia para repartirla entre los pobres, no estaba desvariando.

Ninguno de los que estamos convencidos de las deficiencias del sistema capitalista y su consustancial exclusión de las mayorías poblacionales del bienestar material, tenemos claro cómo puede construirse y hacerse viable una vía alternativa que permita superar esas deficiencias y alcanzar la igualdad económica sustantiva y el reparto equitativo del bienestar entre toda la humanidad. Pero lo que sí tenemos absolutamente claro es que no será a través del capitalismo con rostro humano, del reformismo, del pretendido estado de bienestar burgués, que solo muestra una ilusión de prosperidad de cara a la galería, ocultando con vergüenza debajo de la alfombra sus “daños colaterales”, es decir, la inmensa masa poblacional excluida y marginada.

¡O inventamos o erramos! Y llegamos así entonces a la gran pregunta que alimenta las tertulias de algunos intelectuales de izquierda, algunos de ellos ciertamente de gran calidad revolucionaria: ¿Es Nicolás Maduro un reformista que le entregó la Revolución bolivariana al imperio?

Desde hace ya bastante tiempo venimos presenciando ese debate, sazonado además por toda clase de imputaciones en contra de Maduro. Que si Maduro vendió el proceso. Que si Maduro les da los dólares a las transnacionales. Que si Maduro vendió el Arco Minero. Que si el desfalco a la nación es culpa de Maduro. Que si Maduro impide la pluralidad política de los partidos minoritarios. Que si Maduro lo que hace es pagar deuda externa en lugar de declararse en default. Que si Maduro mantiene el control de cambio solo para enriquecer a una paca de corruptos. Que si Maduro no radicaliza el proceso. Que si Maduro esto y Maduro lo otro. Así cantan al unísono los detractores del actual comandante de la Revolución bolivariana, algunos de los cuales en su momento no le dijeron lo mismo a Chávez, a pesar incluso de haber estado muy cerca de él. Lamentablemente –porque me consta que muchos son auténticos revolucionarios– cantan cual comparsa asíncrona, junto a la canalla escuálida y mediática que en el pasado cantaron de todo en contra del prócer invicto de la Revolución bolivariana.

¿Lo hacen de mala fe? ¿Lo hacen por convicción? ¿Lo hacen porque les consta? No lo sé y sinceramente dudo mucho que sea porque tengan alguna agenda oculta. Al respecto insisto en que esas posiciones han sido adoptadas lamentablemente por camaradas de gran calidad revolucionaria. Lo único que sí sé es que están equivocados, conclusión a la que he llegado tras un prolongado proceso de observación de nuestra realidad y análisis de los acontecimientos, que me inclina a concluir –siguiendo el principio anglosajón de la “duda razonable”– que no hay evidencia objetiva suficiente para imputarle al camarada Nicolás Maduro la condición de reformista que ha pactado con las élites para entregar la Revolución al imperio, es decir, a los intereses del gran capital.

Y paso a exponer por qué hago esa tajante afirmación.

15 Comentarios en Nicolás Maduro, cuatro años: un balance

  1. Lei cuidadosamente tu enjundioso PDF…estoy seguro de que ningun sujeto que pueda ser incluido en la categoria de los que son “mas revolucionarios que Maduro” o la de los que “tienen mejor formación política y académica” aparecerá respondiendo tus preguntas. Con gran mezquindad no han reconocido el tremendo coraje del Presidente Maduro luchando contra el Mundo, lleva cuatro años “contra las cuerdas”, defendiéndose y contragolpeando, a pesar de que ha sido mucho mas atacado que el Presidente Chavez, tanto en términos cuantitativos como cualitativos.

    • Gracias Josefino, es verdad que hay mucha mezquindad en todo esto. Espero te equivoques y alguno se anime aunque sea a debatir estas ideas sin caer en la descalificación personal como suele ser últimamente su estilo.

  2. Felicito al camarada y amigo Luis Enrique por tan enjundioso y acertado artículo, cuyo enfoque y conclusiones comparto; siempre he sostenido que endiosar a Chávez (o a quién sea) no es de revolucionario y la Derecha, ahora, hipócritamente juega a eso, para atacar a quien hoy interesa derrocar: a Nicolás.

    Sólo introduzco una precisión cuantitativa: cuando dices que “ingreso petrolero para el Estado era muchísimo menos del ingreso petrolero que incluso hoy, con toda la situación grave que afronta el país, sigue siendo muy superior al que gozó Chávez en sus primeros años de gobierno”, ello es equívoco, porque en realidad el promedio del precio del barril de petróleo durante los 4 años de Nicolás es apenas el 60%, redondeando, del promedio del precio durante los 14 años de Chávez; a lo que debemos agregar que en promedio el US$ ha perdido un tercio de su poder adquisitivo desde los primeros años de Chávez; y que, por lo contrario, la población venezolana ha crecido en 30%; lo que significa que en términos reales Maduro ha manejado recursos en divisas de apenas un 33 %, una tercera parte de los que manejó Chávez; con el adicional, como bien indicas, que Maduro heredó la inversión social acumulada en 14 años, que es irreversible, que implica, entre otros aspectos, triplicar el número de entes educativos y de salud y decuplicar (multiplicar por diez) las pensiones del IVSS y de Amor Mayor, todo ello en un ambiente inflacionario mayor al de todo el período de Chávez
    .

    • Gracias José Gregorio, aprecio mucho tus comentarios y, como siempre, tienes razón en tu análisis cuantitativo más allá de la mera superficie. Cuando se toma en cuenta variables clave como el crecimiento poblacional y la pérdida de valor del dólar americano, ciertamente el escenario para el Presidente Maduro ha sido incluso peor. ¡Un abrazo!

  3. Te conozco sólo por tus escritos y las veces que te visto en tv. Pero este artículo debe ser llevado a las bases y leído en forma obligatoria por todos y cada uno de sus miembros incluida la dirigencia. Sólo tengo una palabra para el EXCELENTE. Mis respetos y un gran saludo. Mejor imposible

    • Gracias Renato, tus palabras me enaltecen y me obligan a continuar rodilla en tierra desde mi trinchera de lucha, que es la trinchera de las ideas.

  4. Extraordinario articulo. Vale la pena difundirlo ,como en efecto lo estamos haciendo. Fidel hizo una definicion del revolucionario donde destaba que una de aus cualidades es: comprender el momento historico. Esos compatriotas que mencionas como revolucionarios, no lo comprenden . Asi atacan a Maduro solicitando medidas suicidas como: levantar de inmediato el control de cambio y otros llaman a no conversar con ningun empresario . Tu articulo contribuye a una mejor valoracion de las actuales circunstancia.

    • Comprender el momento histórico, tener sentido del momento histórico. Muy acertado, José, que lo hayas traído a colación, porque a la final de eso se trata justamente la política con P mayúscula. Se puede tener una posición crítica, pero hay que evaluar el momento y las circunstancias para saber si esa posición contribuye o más bien atenta contra la propia revolución.

  5. Dices que la Naturaleza no se puede oponer a la bomba atómica porque ésta utiliza sus leyes…de la misma manera nunca los economistas de izquierda con toda su sabiduría y buena fé podrán alterar la ley (si se quiere decir “ley natural”) de la oferta y la demanda, que es la base de sistema capitalista, otra cosa diferente es el imperialismo, el cual sí es atacable y tiene probables soluciones.

    • No Luis, lo que digo es que la gente no puede negar las leyes de la energía nuclear solo porque no esté de acuerdo con Einstein, así como la Inquisición no pudo hacer nada respecto de las leyes de la astronomía solo porque estaban en contra de sus creencias religiosas. Las leyes de la Naturaleza se cumplen y punto, independientemente de los deseos y necesidades del ser humano. En cambio, las supuestas “leyes sociales” o “leyes económicas” (que también son leyes de las ciencias sociales), no son tales, dado que dependen de la voluntad, el capricho y el libre albedrío de los seres humanos. Son leyes en la medida en que la gente esté dispuesta en asumirlas como tales, pero no porque sean inexorables con independencia de la voluntad del ser humano (como en cambio, sí que lo son las leyes de la Naturaleza). El ejemplo que tú mismo traes a colación es muy bueno: la “ley” de la oferta y la demanda. Ningún economista hoy día (incluyendo los de escuela liberal) reconoce hoy día la veracidad de la ley de la oferta y la demanda, porque se sabe por una aquilatada evidencia fáctica que dicha “ley” no se cumple en la realidad, sino únicamente en la teoría estilizada de los libros de texto. Y ello es así porque presupone una serie de condiciones (como por ejemplo la competencia perfecta), que simplemente no existen en el mundo real. Las “leyes de la economía” están determinadas por las relaciones de poder entre los grupos de intereses que integran las sociedades humanas y, por lo tanto, no son inexorables, sino caprichosas. Lo que sí ha demostrado ser inexorable en las sociedades humanas a lo largo de la historia es la siempre recurrente y omnipresente Lucha de Clases postulada por Marx, que siempre se presenta ante la igualmente omnipresente desigualdad económica. En mi humilde opinión, creo que ello se debe a que la especie humana, al igual que diferentes especies sociales, como los insectos, tendemos a exhibir un patrón de “colmenización” que conduce a la “estratificación social”, es decir, una situación élite-masa, que inexorablemente determina el fenómeno de la desigualdad y de allí la lucha de clases. Es solo una hipótesis de mi parte. Un abrazo, y gracias por tu comentario.

  6. 2Para analizar?

    Hay un estado emocional ,, toda persona que logra insertarse en relacion al capital para trabajar ,, por muy pequeño que sea comienza a sentir y tener toda clase de sentimientos , con respecto a la inseguridad de retroceder nuevamente y es donde comienza su lucha, entre lo racional e irracional resultando lo segundo favorecido contal de mantenerse en su tan anhelada
    prosperidad, por eso es que vemos que las personas cambian y quedamos sorprendidos es una lucha dura ,, ser rico es malo claro que no, lo malo es
    como te manejas,,, te conviertes en un verdugo … que va creciendo a medida que prospera,…..

    • Hola Herre, muy cierto lo que dices. Es el gran dilema de toda revolución: en la medida en que tiene éxito, hace que millones de personas cambien su condicion de clase social; pero justamente eso es lo que termina por derrotar a la revolución, porque las personas estamos determinadas por la clase social a la que pertenecemos. Por eso el viejo análisis de Marx sigue siendo cierto: solo se puede optar a un mundo mejor si se acaban las clases sociales. Y la gran pregunta sigue también siendo la misma: ¿cómo hacerlo?

  7. Solo una pregunta: ha habido la mas horrorosa corrupcion durante el gobierno de Maduro, a lo cual llegas solo echando cuenta de los ingresos petroleros vs el estado de bienestar o es que el estilo de todo gobierno de izquierda de no presentar nunca ni medio parrafo rindiendo cuentas de nada esta tambien en eso de ser otro complaciente mas al escribir un prometedor titulo como “Nicolas Maduro, cuatro años: un balance”

    • Hola Manuel, comparto tu indignación frente a la corrupción. No comparto sin embargo tu afirmación de que la corrupción ha sido mayor ahora que antes. La corrupción siempre ha existido en Venezuela, y tampoco es cierto que sea mayor en Venezuela que en otros países similares al nuestro, y también distintos. La corrupción es un problema inherente al sistema de acumulación de riqueza individual. Claro que puede y debe y tiene que combatirse mucho más; pero por más que se combata no se acabará mientras la sociedad gire en torno a la realización de ganancias personales, en lugar de en torno al bien común y compartido. Tampoco estoy de acuerdo con que los gobiernos de izquierda no rinden cuentas. Allí está la Contraloría General de la República que demuestra lo contrario. El problema no es la rendición de cuentas, sino la falta de contraloría social efectiva porque el sistema de democracia burguesa representativa impide que sea el mismo pueblo quien se meta en los organismos públicos y en las empresas privadas a revisar sus cuentas y libros y a interpelar a sus responsables. Allí está la Ley Orgánica de Contraloría Social, pero falta el Reglamento para que la gente pueda realmente utilizarla, y también ahí está la Ley de Infogobierno, pero falta la ley de publicidad de la información pública para que tenga verdadera fuerza en nuestra sociedad. En lugar de impulsar golpes de estado y terrorismo, lo que hay que hacer es impulsar este tipo de legislaciones e instrumentos que le den cada vez mayor poder al pueblo, con transferencia efectiva de competencias y funciones que hasta ahora están secuestradas por el estado burgués.

  8. Dr Gavazut : debo felicitarlo su excelente articulo, pero tengo una inquitud : la ma yoria de los partidos socialistas o social democratas que han tenidi funciones de gobierno, vease Chile con Bachelet (dos veces) o Hollande en Francia han tenido como bandera un programa de economia mixta privada y/o publica, con fuerte regulacion estatal en busqueda del estado de bienestar y sin embargo al llgar al poder tratocan sus propositos y desarrollan un sistema marca ydamente neo liberal con extensass privatizaciones mayor de psigualdad social

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