¿Qué debería aprender el oposicionismo del 19 de abril de 1810?

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El oposicionismo, en su afán fanático por provocar un desenlace sobrevenido, desvirtúa y corrompe las más objetivas razones para ejercer el derecho a la protesta, invoca demagógicamente demonios que la historia ha demostrado de forma recurrente y clara que terminan arrasando incluso con aquellos que los invocan. El 19 de abril de 1810 es un buen ejemplo de eso. Quieren reeditarlo. ¿Estarán conscientes de todo lo que implica?    

Por Luis Salas

En días pasados, en una entrevista que le hizo Vanessa Davies a Carlos Raúl Hernández –algo así como el último adeco ilustrado, suponiendo que tal cosa pueda existir-, entre idas y venidas en torno al peligro que para el entrevistado encierra la posibilidad de una salida violenta y no constitucional al trance insurreccional planteado por la derecha oposicionista en medio de la actual escenario político, éste termina planteando que tal posibilidad tan solo significaría el comienzo de nuestros problemas:

—“Sin acuerdos no hay cambio positivo. Puede haber una situación peor.”, decía Hernández.

A lo que con sorpresa, la periodista replica: “¿Realmente puede ser peor?

—“A veces pensamos que llegamos al sótano, pero hay como 15 sótanos.”

Si no fuera porque la dirigencia oposicionista y una buena parte de su militancia, demuestran no haber aprendido nada en todo este tiempo, uno albergaría esperanzas en que palabras como las de Hernández los harían recapacitar evitándonos llegar al sótano 15. Pero no, al parecer es inútil. Recurrentemente se lanzan por el mismo barranco sin fondo, pero con el agravante de que no lo hacen solos.

En este sentido, desde el punto de vista de la ironía de la historia, tal vez no sea casual que hayan elegido el 19 de abril para apostar a la salida definitiva, la batalla final, o como quieran llamarla. Y no lo es, porque el 19 abril de 1810, otro grupo político encabezado por los antepasados de la misma clase social que motoriza los acontecimientos de hoy, quiso hacer algo parecido, sin calcular las consecuencias y viéndose luego arrastrados en un espiral de violencia al cual muchos no sobrevivieron.

Debe recordarse a este respecto, que los promotores de los acontecimientos de 1810, fueron los blancos criollos propietarios de grandes extensiones de tierra y esclavos, quienes vieron en la renuncia del Rey Fernando VII la posibilidad de alcanzar la tan anhelada libertad de comercio, pues para el porvenir de sus negocios, no les convenía el monopolio español administrado por la Compañía Guipuzcoana. Sin embargo, para ellos estaba claro que la libertad de comercio no suponía la generalización de otros tipos de libertades. Ni tan siquiera romper en sentido estricto con la Corona Española. Por eso, constituyeron una junta de gobierno que llamaron, nada más y nada menos, que Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, con lo que quedaba claro que la sustitución de Emparan más que un acto revolucionario de soberanía, consistía en un relevo de poder impulsado por una casta que se consideraba lo suficientemente madura para atender a la entonces Capitanía General sin intermediarios.

El problema con esta estrategia es que no previno algunas cosas importantes. O tal vez sí lo hizo, pero terminó subordinando el cálculo a sus ambiciones, con resultados realmente catastróficos. Para explicarlo brevemente, digamos que ante la necesidad de impulsar su plan, teniendo como oponentes inmediatos a los españoles encargados de la administración colonial, la iglesia y el ejército, pero también los pequeños y medianos comercios con una gran influencia sobre la vida cotidiana de la gente, los blancos criollos se vieron en la necesidad de granjearse el apoyo de las masas populares, formadas por esclavos, negros libres, indios manumisos, pardos y mestizos de todo tipo, que eran algo así como el 95% de la población. Ahora, para ganarse este apoyo, algo tenían que ofrecerles, y lo único que tenían para ofrecerles de atractivo a las masas era exactamente eso que no podían darles: el fin de la esclavitud, la repartición de las tierras, la igualdad racial y política.  Sin embargo, lo ofrecieron, pues sin su apoyo no podían presionar a los funcionarios de la Corona ni consolidar su poder.  

Fue por este motivo que la moderada estrategia mantuana, se vio de inmediato desbordada por la necesidad de granjear simpatías populares que no compartían no solo por convicción, sino porque la base de su poder como clase se basaba precisamente en la esclavitud, el latifundio y la desigualdad.  Fue éste el motivo también por el cual la independencia venezolana no se limitó a un trámite resuelto en una o dos batallas más o menos importantes como pasó en el resto del continente, sino que se transformó en una cruenta guerra a muerte que duró más de una década y se transformó en esto porque al intentar recoger la oferta libertaria, terminaron exasperando al pueblo llano.

Las ansias de libertad, igualdad y justicia de unos terminaron enfrentadas con el oportunismo e hipocresía de otros, lo que atizó el odio social incubado por siglos de desprecio racista y clasista. Lo peor del caso es que no aprendieron la lección. Y años más tarde, cuando los descendientes de los sobrevivientes disolvieron la República Gran Colombiana, dejando sin efecto las órdenes de Bolívar sobre acabar con la esclavitud, democratizar la tierra y el poder político, abrieron de nuevo la puerta a la guerra de todos contra todos. En cinco años de guerra federal, murieron más venezolanos que durante la de independencia, estamos hablando de más de 100 en una población que apenas superaba el millón de habitantes, a los que habría que sumarles los muertos en la larga serie de guerras civiles menores y rebeliones locales que sacudieron al país durante todo el siglo XIX y hasta la primera década del XX.

Lo que el 19 de abril de 1810 demuestra, más allá de lo establecido por la historiografía convencional, es que resulta en extremo peligroso despertar demagógicamente el odio social, de clase, racial y de cualquier otro tipo, tanto para los receptores de dicho odio como para aquellos que lo despiertan. Es lo que ha pasado en otras latitudes, en la Alemania nazi, por ejemplo, y pasa hoy día en Siria, donde diga lo que diga la mediática comunicacional, el gobierno ha tenido que liberar poblaciones que terminaron prisioneras de los mismos demonios que ayudaron a invocar. Pero en nuestro caso actual puede que la amenaza sea todavía mayor, pues no solamente pasa que existe un pueblo que tiene demasiado internalizado derechos que no está dispuesto a perder y que un hipotético gobierno de derecha no puede conceder por más que ofrezca en su demagogia, sino que esta derecha demagógica apuesta a la utilización de fuerzas de choque a medio camino entre el fanatismo y el mercenarismo que ya han demostrado que lo mismo les da atacar chavistas que oposicionistas e incluso entre ellos mismos.

La escena está servida, esperemos, por el bien de todos, que la razón se imponga y la irresponsabilidad organizada del oposicionismo sea superada por la sensatez de la mayoría, como por suerte ha sido hasta ahora.

2 Comentarios en ¿Qué debería aprender el oposicionismo del 19 de abril de 1810?

  1. Hay una diferencia clave entre los mantuanos que tiraron aquella “parada” y este “sancocho” de oligarcas con blancos de orilla, a saber: ¿Quien dirige?….aquellos iban por su cuenta, estos por cuenta del Gobierno de los EE.UU.. Unas pocas veces he escuchado decir: “cuando no sepas lo que estás haciendo….hazlo con mucho cuidado”. Creo que el oposicionismo no ha calculado bien, sencillamente porque no son ellos los que hacen los cálculos, es más, creo que no conocen todo “el plan”…..y nunca les van a contar como va a ser el “después”….ahí es donde sueñan….la Luna es pan de horno….creo que serán bloqueados, arropados y desactivados durante las próximas 24 horas….soy optimista, a pesar de la reunión entre Pastrana, Uribe y Trump….la presión de todos cachorros de alfombrita con Santos a la cabeza y el posible suceso de falsa bandera buscando el casus belli.

  2. “Reflexiones”
    Yo en lo personal apuesto por mi pueblo mas del 85% aunque no todos apuestan por el gobierno estan llenos de sabiduria y conciencia y saben que no conviene
    reaccionar por adelantado,, pero si en el momento justo,, hay demostraciones varias acuedense como sucedio en el 2002 agitacion violenta , calma y reaccion.

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  1. No habrá “¿tú sabes quién soy yo?” que valga – 15 y Último

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