Cerrar las Ciencias Sociales: Venezuela y la Cláusula Sociológica

Foto: Gabriela Camaton
Foto: Gabriela Camaton

Por: José Romero-Losacco

En Venezuela a cada pico en la conflictividad social le acompaña un pico de producción intelectual, la cruda confrontación tiene su corolario en la proliferación de artículos y opiniones que intentan capturar una fotografía del momento por el que pasa el país. De modo que cuando en las últimas semanas hemos vivido este nuevo pico, también hemos leído un sinnúmero de trabajos que intentan poner al día el diagnóstico. De todo lo mirado hasta ahora, quiero poner de relieve la opinión de tres sociólogos: Trino Márquez, Edgardo Lander y Emiliano Terán.

El primero, profesor del doctorado en Ciencias Sociales de la UCV, directivo de una reconocido ONG dedicada a los DD. HH., y defensor del conservadurismo de libre comercio, en una entrevista que le hiciera Vladimir Villegas, luego de repetir lo que un sector del país quiere escuchar y con el tono bucólico de un académico que sabe lo que está diciendo, concluye que estamos en una situación de ANOMIA, producto de la descomposición del tejido social. Solo faltó una cita suelta de E. Durkheim para darle un aura de autoridad aún mayor.

Por su parte, Edgardo Lander, también profesor del doctorado en Ciencias Sociales de la UCV, reconocido nacional e internacionalmente por su aporte a la crítica latinoamericana a la colonialidad y por su crítica al neoextractivismo, en una entrevista realizada por Natalia Uval desde Montevideo, luego de iniciar la conversación en torno a la “implosión del modelo rentista”, termina afirmando que nos encontramos frente al “socavamiento del tejido social”. Lander recurre a la misma cláusula sociológica que el profesor Márquez.

Para tratar de explicar mejor esto, recordaré que el profesor Lander en una entrevista publicada el 9 de agosto de 2015 presentaba un argumento un poco más completo, allí afirmaba que “el tejido solidario devino en bachaqueo individualista y competitivo”. De modo que su “socavamiento del tejido social” parece un tanto distinto a la “descomposición” de la que habla Trino Márquez, este último se refiere a una Venezuela toda e idílica de cuya destrucción es responsable el chavismo. Mientras Lander, interesado en el movimiento popular, parte de una valoración positiva de las formas de agregación solidaria que emergieron durante los primeros años del gobierno de Hugo Chávez y caracteriza su actual situación como socavamiento.

El mismo camino que Lander parece recorrerlo mi amigo Emiliano Terán, quien en un reciente artículo titulado “Venezuela desde adentro: siete claves para entender la crisis actual”, señala:

“Proponemos que el horizonte compartido de los dos bloques partidarios de poder es neoliberal, que estamos ante una crisis histórica del capitalismo rentístico venezolano y que comunidades, organizaciones populares y movimientos sociales se enfrentan a un progresivo socavamiento del tejido social”.

Terán no solo recurre a la misma cláusula sociológica que Márquez, sino que escoge en su uso la misma palabra que ha decido usar Lander: socavamiento. Si para el profesor Márquez la actual situación representa no solo una crisis, sino la oportunidad de constituir un tejido social de mercado (al que no quiero dedicarle tiempo ahora), la preocupación de Lander y Terán parece orientarse a hacer visible la fragilidad del movimiento popular y su disolución (socavamiento) al enfrentar la actual situación. Aunque Terán también indica que ante tal situación el movimiento popular se encuentra generando alternativas creativas para enfrentarla.

Sin embargo, a pesar del análisis impecable de Terán y tras señalar que: I. No es posible comprender lo que pasa en Venezuela sin tomar en cuenta la intervención foránea; II. El concepto de “dictadura” no explica el caso venezolano; III. En Venezuela se está desbordando el contrato social, las instituciones y los marcos de la economía formal; IV. La crisis de largo plazo del capitalismo rentístico venezolano ha llevado a su agotamiento definitivo; V. En Venezuela no hay socialismo, sino que se está llevando a cabo un proceso de ajuste y flexibilización económica progresivo; VI. El proyecto de los partidos de la “Mesa de la Unidad Democrática” (MUD) es neoliberal; cuando llega a la última clave solo queda remitirse a la cláusula sociológica: “VII. La fragmentación del ‘pueblo’ y el progresivo socavamiento del tejido social”.

Las preguntas que me surgen frente a estos análisis (el de Lander y Terán) son: por qué partiendo del diagnóstico que advierte nuestro tránsito por la crisis histórico-estructural del modelo rentista, una coyuntura que inicia en 1983 y anuncia el fin del largo siglo XX venezolano, recurren a la metáfora del tejido social. Más aún, por qué no se decantan por llevar su crítica tan lejos como para hablar del tejido social rentista en vez de aquello que llama Lander “el tejido solidario”, por qué se prefiere no hablar de cómo, en la disputa por el control y distribución de la renta, el movimiento popular y los movimientos sociales han sido una parte activa y no simplemente las pobres víctimas de políticas clientelares que ahora sufren la descomposición, producto de la intensificación de la crisis estructural.

Por qué cuando se habla de la afectación del tejido comunitario se decide no hablar sobre cómo el tejido comunitario se estructura desde el tejido rentista, descartando así todo el análisis primero e inclinándose por una fórmula abstracta que afirma que la única solidaridad irrenunciable que debería impulsarse desde la izquierda en América Latina y el mundo es con el pueblo trabajador, esta fórmula usada por Terán es la misma a la que recurre Lander cuando habla de la incondicional de la izquierda con el chavismo.

Una fórmula abstracta que, aunque advierte que la situación venezolana no puede comprenderse sin tener en cuenta el panorama de la abstracta “intervención foránea”, aboga por una solidaridad sin consecuencias prácticas/factibles en el marco de una coyuntura local implicada metabólicamente con el momento histórico-estructural por el que atraviesa el sistema-mundo. Una solidaridad postpolítica que sin proponérselo se sitúa fuera de las disputas que pretende tematizar.

Pareciera, en la interpretación de estos tres sociólogos, que las ciencias sociales, en vez de abrirse como propone I. Wallerstein en su famoso texto, han decido cerrarse.

9 Comentarios en Cerrar las Ciencias Sociales: Venezuela y la Cláusula Sociológica

  1. en verdad, no se si es un tema del autor, pero su analisis sociogicoes citar opiniones para opinar sobre ellas, sin argumento o evidencia mayor q su posicion magistral. No brinda elementos analiticos objetivos, datos o elaboraciones mas situadas sino el uso de significaciones vacias. es a lo mas comentario filosifico con sesgos partidistas. No es ni sociologia no filosifia, es comentario social con cierto estilismo literario. para calificar la ciencia se debe ha large con evidencia no con interpretaciones. el lenguaje calificativo floreado no lo hace menos subjectivo. la ciencia requiere mayor rigurosidad y menos opinion.

  2. Excelente comentario José. Analizar los procesos sociales desde “el guayabo de lo que pudo ser y no fue”, desde un donde” yo traté y ahora me desmarco” es comprensible, se sabe que las oportunidades en la historia de los procesos sociales no abundan (pero podrían) y tienen ilusiones y emociones asociadas, que ante la no consolidación producen un luto, que si bien es sicológico se plasma en lo académico. El tejido social venezolano (de base) puede leerse desde el medio vaso de agua vacío (socavamiento) o desde el agua que está en el vaso (a pesar de su matriz rentista y la avalancha de presiones) existe un tejido social que se mantiene y reinventa en los actuales necesarios, como diría Edgardo “son miradas” y éstas son selectivas.
    Quizás, y tomando la palabra de otro sociólogo venezolano (Ignacio Avalos), pensar que en el partido (imagen de juego de fútbol) “el otro” no jugaba es una limitación en el análisis. Creo que dedicarle miradas al otro (u otros) en el terreno de juego, son hoy necesarias.

  3. Interesante articulo que devela el enunciado de tres catedráticos de las ciencias sociales egresados de la UCV, en referencia de poner en una puesta común el conflicto social de Venezuela en reduccionismo al tejido social alejado de interpretar lo que está permeando en la estructura económica y la visión política.

  4. Muy buen artículo de José Romero. Y en cuanto al primer comentario que acusa de falta de objetividad. Debo señalar que José Romero hace uso del análisis del discurso, estrategía metodológica ampliamente desarrollada por las metodologías cualitativas. Y en este análisis del discurso encuentra una narrativa acerca de lo social que en el caso de Edgardo Lander es profundamente pesimista. Y en Emiliano Terán (del cual tengo un gran respeto por su acertada critica al neo/extractivismo) quien menos pesimista, igual comparte la noción de sovacamiento del tejido social.
    Finalmente, y para todos. Las dinámicas sociales de estos últimos 4 años deben evaluarse mejor. Creo que nos falta una cabal comprensión de lo que ha venido ocurriendo. Somos mas propensos a leer lo que se evidencia de inmediato. Pero el registro de las profundidades, en ello si el hacer ciencias sociales en Venezuela tiene una gran deuda.

  5. Aunque en lo particular me parece una visión muy miope de la discusión que plantean los 3, me parece interesante tu análisis a los criterios y conceptos que usan cada autor (Aunque fuese bueno ver que quiere decir Trino con descomposición social). En este sentido lo que plantea es “un análisis sociológico a sociólogo” que aunque suena como satira es un medio para ver los argumentos académicos y no académicos en la realidad actual. Felicidades.

  6. ¿Ventajas de la gente que piensa? (*)
    Gregorio J. Pérez Almeida (29/04/2017)
    Queda uno como el tango “Uno” cuando lee los análisis de algunos de los pensadores decoloniales acerca de Venezuela y el proceso revolucionario iniciado, institucionalmente, en 1999. No hay paz ni sosiego, estamos perdidos.
    En sus discursos, “uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias”, y no encuentra más que negaciones y desmentidos. Sus análisis, llenos de inteligentísimas y morrocotudas disertaciones basadas en datos, hechos y reflexiones desde la perspectiva de sistema-mundo, con su tiempo de larga duración y ciclos de crisis y expansión, se pueden sintetizar, sin tanta tinta, en la frase que acuñó un “camarada” que saltó la talanquera hace rato: “Esto no es más que una revolución de otoño, que ni es revolución ni un coño”, y se metió a adeco.
    El pueblo chavista, es decir, María Pérez, Jesús Acosta, Rosa Rodríguez, Víctor González, Julio Martínez, Viviana Rosales, Martín Salazar, y unos cuantos millones más, saben que “la lucha es cruel y es mucha, pero luchan y se desangran por la fe que los empecina” y cuando leen a los decoloniales, si es que entienden algo, presienten que esos tipos nunca han pasado hambre ni han dependido del mísero salario de una empresa maquiladora y que, casi seguramente, ni hijos tienen, pero se expresan con tanta sabiduría que ni el viejo Bartolo Correa cantando Cambalache.
    Mirando su cartesiana inteligencia, que no distingue entre una piedra y un ser humano, porque ambos son cosas extensas con la única diferencia de que el humano tiene un punto en su cerebro donde hace contacto con dios, uno se da cuenta de que “un frío cruel, que es peor que el odio, punto muerto de las almas, tumba horrenda del amor, los maldijo para siempre y les robó toda ilusión”, por eso analizan la realidad concreta de su pueblo con la misma frialdad con la que el científico occidental, que dicen criticar y superar, analiza un objeto en el laboratorio.
    ¿Dónde están el sentimiento de identidad, el afecto por su terruño y sus congéneres, que el “Sistema-Mundo-Colonial-Patriarcal-Capitalista-Extractivista –que conocen a profundidad- le negó al ser humano que habla desde la “herida colonial”, es decir, desde los países destruidos por el colonialismo europeo y estadounidense? ¿Están heridos ellos de colonialidad o su sapiencia les cicatrizó las heridas y superaron el trauma? ¿Cuál es el lugar de enunciación de su corazón?
    Como todo científico cartesiano, tienen prohibido mirar su objeto de investigación con algo más que no sea la razón y, como Descartes, no le hablan al pueblo llano, sino a la reina de Holanda, que lo salvó de la inquisición. Pero, a diferencia del filósofo, sus ombligos están enterrados en esta tierra de gracia amenazada por el imperialismo estadounidense y sus secuaces y por mucha objetividad que le impriman a sus sesudos análisis, cuando comiencen a caer misiles y mueran miles y miles de venezolanos, “tendrán que arrastrarse entre espinas, y en su afán de expresar un amor que les es ajeno, sufrirán y se destrozarán, hasta entender que se han quedado sin corazón”… y sin patria.
    Una advertencia muy clara chorrea desde sus juicios “occidentalocéntricos” –aunque ellos crean lo contrario- hasta las ignorantes y engañadas existencias que apoyamos este proceso bolivariano: “lloren, cómo aquel que sufre en vida la tortura de llorar su propia muerte”. Advertencia que no les toca a ellos. No porque su coraza racional les proteja el pecho o porque no sufran del complejo nacionalista moderno, sino porque de seguro no morirán en este intento porque su cuerpito decolonial estará a salvo, en otro país, de estas innecesarias muertes.
    Ventajas de la gente que piensa… ¿demasiado?

    (*) Artículo escrito bajo la influencia de la película argentina Fermín.

  7. Está bien, gracias por su amplio criterio editorial. Así es que se favorece la libertad de pensamiento y expresión.

  8. En esa verborrea alcanforada lo que se deja ver es su irresponsabilidad en no incluir explícitamente en su texto (digo, para dejarle claro al pueblo) estos 18 años de slogans vacios y rentismo populista exacerbado en el discurso y práctica del padre y del hijo, como si no tuvieran su cuota en la crisis. Le cuesta tanto verlo o hacerlo ver que torea la situación haciendo hipérbole de la “crisis estructural” que inicia en 1983 pero que extrañamente no paso por 17 años de la década del 2000. Irresponsable!! Desde dispositivo

  9. Esto lo escribió desde la tapa de la barriga mi pana William Serafino
    “Desde que llegaron los conquistadores españoles hasta principios del siglo XX, la región de occidente no sabe que existe algo llamado Caracas, oriente ni puta idea de qué son los llanos, los llanos no conocen a los andinos, los andinos ni saben que eso llamado Venezuela tiene costas y playas. Salvo por las guerras de caudillos la gente que habita el territorio no se conoce ni se comunica. Los pocos canales de navegación y las precarias carreteras de la colonia fueron desvastadas por la guerra, agudizando la fragmentación del territorio en términos físicos y culturales. Hasta los múltiples agentes (Humboldt, Codazzi, etc.) que vinieron a hacer cartografía de minerales y de la flora y fauna venezolana se volvieron un culo para entrar y salir a los llanos; otros desistieron más de una vez de seguir su camino a Cumaná, Trujillo o Monagas por ser prácticamente imposible por lo complicado del terreno. Producto de esta complejidad no hay policías, leyes, jueces, horario de trabajo, integración económica, escuelas, vías de comunicación ni autoridad legal para imponer la civilización moderna a todo el territorio y sus pobladores, el sueño de Bolívar y del mantuanaje caraqueño que soñaba con imitar aquí lo que habían visto en Europa. Páez en su autobiografía ofrece una clave brutal: “en los llanos nunca se escuchó una campana que nos llamara a los deberes religiosos”. Nadie conoce de república, modernidad, desarrollo, libertad, igualdad, fraternidad, primero porque las ideas de Bolívar no tienen por donde coño transitar y segundo porque la mayoría de la gente es analfabeta. Fue imposible implantar la civilización en Venezuela por un problema de naturaleza física. Pal Rosti, un agente húngaro de mediados del siglo XIX, comentaba que el pueblo más bárbaro del mundo era el venezolano. “No tiene conciencia ni del tiempo ni del espacio”, nunca sabe qué hora es ni dónde está ubicado con respecto a otras zonas del país. La gente hace lo que le da gana sin que ninguna autoridad le diga qué es correcto y qué no lo es. Entonces aparece el petróleo y se comienza a medianamente a conectar al país comercialmente y a cumplir precariamente el sueño europeo (hospitales, escuelas, cárceles, carreteras, integración económica, elecciones, sistema de partidos políticos, sindicatos, unidad monetaria y el monopolio de la violencia en el ejército). Sin embargo, el petróleo creó una dinámica de relaciones sociales y una lógica cultural específica, basada en los tres cimientos de las nuevas ciudades petroleras: el burdel, la tagüara y la bodega. Los accesorios de la modernidad, entonces, no son lo base sino la platabanda de estos tres cimientos. Todo comienza a funcionar bajo esa lógica y esquema de relaciones (el Estado, los partidos políticos, los sindicatos, las industrias, etc.), pero en el mismo marco de desconocimiento, violación y de falta de respeto hacia la civilización arrastrado desde siglo XIX y antes. En los 70-80 con un país conectado e integrado, esa lógica tuneada por el petróleo encuentra las autopistas y las carreteras por donde circular libremente, sin ninguna restricción, arropando y homologando todo a un mismo patrón de comportamiento. Comenzamos a preguntarnos entonces, ¿por qué el terminal de la bandera está tan atravesado y mal ubicado?, ¿por qué las autopistas y carreteras están hechas así?, ¿por qué el transporte público es una mierda?, ¿por qué todos los anaqueles están repletos de chucherías como doritos y coca cola?, ¿por qué las pocas industriales industriales están todos amuñuñados en el centro del país?, ¿por qué casi todos vivimos en ciudades?, ¿por qué tanta corrupción en todos los niveles de la sociedad?. Y la respuesta está ahí mismito: los encargados de llevar a cabo (al fin) la tan ansiada civilización moderna (llámelos los adecos, los copeyanos, La Cuarta) lo hicieron como si estuvieran administrando un burdel, una tagüara o una bodega: a los coñazos, sin preocupación por el futuro porque el petróleo siempre mantiene la gavera full de cerveza, despreocupados y rápido para cumplirle la tarea sus empleadores (las corporaciones petroleras) y así poder echarse unos palitos, lo mismo que hubiera hecho un cuatrero del llano si viajará a la Venezuela saudí y tuviera una posición de mando. Y bajo está lógica también se configuró la legitimidad política del Estado: si la bodega (el Estado) está full todos lo queremos, si está vacía nos queremos robar hasta las estanterías. Más allá de realizar un juicio de valor, de si “somos buenos o malos”, lo cierto es que este peo es de raíz. Todo lo que causa molestia o incomodidad tiene su explicación ahí, no en la “mala gestión”, porque eso ha existido siempre desde que se diseñó el país como una bodega. Quizás en esa incapacidad de imitar bien a la civilización y a la modernidad está la llave para salir de la cárcel, o quizás sólo seguiremos siendo la pesadilla incomprensible de los civilizadores e incluso de nosotros mismos.”

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