La larga noche de las bestias oposicionistas

Editorial-Bestias

De los 26 fallecidos que hasta el día de ayer han sido producto de la nueva oleada de violencia desatada por el oposicionismo, solo dos fueron causados por fuerzas de orden público. Uno, el extraño caso del joven de Montaña Alta, Jairo Ortiz, que sin estar formando parte de las acciones de alteración del orden público que se escenificaban en dicho sector ese día, resultó muerto del disparo de un policía de tránsito que tampoco se encontraba formando parte de las fuerzas de control del orden. El otro caso fue el del joven de Valencia, muerto de un disparo ejecutado por policías cuando una turba atacó de manera irresponsable un puesto de vigilancia donde estos últimos se encontraban de guardia. Los tres policías involucrados en ambos hechos se encuentran detenidos.

De las otras 24 víctimas mortales la responsabilidad recae directamente en los propios oposicionistas, incluyendo las 8 personas que murieron electrocutadas en el saqueo a una panadería en El Valle, promovido por el diputado de Primero Justicia José Guerra. Está el niño Brayan Principal, de apenas 13 años de edad, herido en la espalda por disparos efectuados desde un vehículo que participaba en una actividad de hostigamiento a un urbanismo de la Misión Vivienda Ciudad Socialista “Alí Primera”, en el norte de Barquisimeto, capital del estado Lara. La señora Almelina Carrillo, quien murió por una botella de agua congelada lanzada desde un edificio en La Calendaria (Caracas), contra una concentración chavista, pero que impactó en el cráneo de la señora, quien solo transitaba por allí rumbo a su trabajo. Valga destacar que el intelectual y profesor de derecha, Tulio Hernández, instigó a los oposicionistas a través de twitter a lanzar “incluso materos” contra los chavistas la noche antes del 19 de abril, día que ocurrió el lamentable hecho. La joven Paola Ramírez, del estado Táchira, muerta por el disparo de un empresario importador militante del partido de derecha Vente Venezuela de María Corina Machado. El Guardia Nacional Bolivariano Niumar José Sanclemente, muerto en San Antonio por un disparo originado desde una concentración oposicionista. Los dos jóvenes chavistas muertos en Mérida por disparos de otra concentración oposicionista. El joven militante del PSUV, Johan Medina, muerto en El Tocuyo. El líder comunal Efraín Sierra, muerto en el estado Táchira al intentar pasar por una calle cerrada por fuerzas de choque oposicionistas. Caso similar al del joven empresario Oliver Villa,  muerto en la urbanización clase media de El Paraíso en Caracas. Y así hasta culminar la serie.

Valga resaltar que en cada uno de estos casos, cuando las muertes ocurrieron por disparos, todos los impactos fueron recibidos por las víctimas entre pecho, cabeza o cuello, lo que dice mucho de la puntería de los victimarios, evidentemente profesionales. Y valga resaltar también que líderes de derecha han anunciado con antelación sus intenciones. El día sábado 22 de abril, al cierre de la marcha de la derecha “por los caídos”, Henry Ramos Allup habló tanto en nombre de las víctimas ya existentes, como por las que vendrían “en los próximos días”.

Es necesario resaltar, además, que estas acciones han venido acompañadas de ataques contra bienes públicos, escuelas, universidades y hasta centros de salud, lo que en este último caso comporta un crimen de lesa humanidad. El ataque con piedras y bombas incendiarias contra la maternidad Hugo Chávez, de El Valle, no pasó a mayores por la oportuna intervención de las autoridades y la comunidad vecina, quienes lograron evacuar a  54 niños recién nacidos junto a sus madres, y otra serie de mujeres en labores de parto. Han incendiado incluso ambulancias, incluyendo una de las que atendió a varios oposicionistas el día que se lanzaron al río Guaire. Esta unidad fue destrozada, y sus equipos de atención para partos y problemas cardíacos, robados.

Asumiendo que todas las víctimas mortales fruto de la violencia política son venezolanos y venezolanas que deben dolernos a todos por igual, no es un dato menor que sumando las del 15 de abril de 2013 (luego del desconocimiento de los resultados electorales por la derecha y el llamado a salir a la calle del entonces candidato Capriles Radonski), las de las guarimbas de 2014 y las actuales acciones de golpe de Estado, de las 80 personas fallecidas, al menos 55 eran claramente militantes del chavismo, y 11 funcionarios del orden público, siendo que las víctimas restantes o no tenían filiación política alguna o, siendo oposicionistas, fueron asesinadas por sus copartidarios: por manipulación de armas (un joven murió en 2014 en el estado Zulia cuando le estalló una suerte de bazuca casera), o por accidentes (otro joven fallece en 2014 en el estado Táchira cuando cayó de un techo al intentar saltar hacia otro). En el caso de las 7 personas fallecidas por uso excesivo de la fuerza pública, los responsables se encuentran identificados y detenidos.

Como en  La Purga: la noche de las bestias o La noche de la expiación, aquella película cuyo argumento narra que una noche al año las autoridades permiten a la gente salir a matar a todo el que quiera, todos estos crímenes de la derecha oposicionista venezolana son posibles porque cuenta con la complicidad de países e instancias internacionales que la financian, promueven y protegen. Esto es lo que la diferencia, por ejemplo, de las FARC o Sendero Luminoso, quienes cuando promovían sus tomas de ciudades o “paros armados” eran repudiados (y con mucha razón) por la gran prensa y la opinión pública mundial. Sin embargo, acá son alcahueteados, pues se trata de hordas de derecha funcionales a los grandes intereses que se abaten contra Venezuela, por lo que recuerdan más la Al Qaeda, el ISIS o las falanges neonazis que persiguen en Ucrania a todo aquel que no les cuadra.

Todo lo ocurrido hasta aquí y que pueda ocurrir en lo venidero, debe quedar claro para el mundo, no sería posible sin la vergonzosa complicidad de Luis Almagro y compañía.

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