Chávez y la Ley del Trabajo: 5 años

Editorial

En un tuit que circulaba por estos días en web, alguien hacía la siguiente observación:

“Mientras en el mundo los trabajadores protestan contra los despidos y en defensa de los derechos laborales, en Venezuela lo hacen a favor de lo contrario”.

Habría que aclarar que en Venezuela no son exactamente los trabajadores los que protestan a favor de que haya despidos y eliminen derechos laborales, por más asalariados que se puedan contar en las filas del oposicionismo. Pero no deja de ser verdad que en las propuestas oposicionistas lo que subyace es esa idea: que para salir de la actual crisis hay que tomar varias medidas drásticas, entre ellas, la eliminación de derechos laborales garantizados en la actual legislación nacional, pues en la visión de los empresarios que dirigen la MUD y de los “expertos” económicos que le hacen el coro, son estos derechos adquiridos durante el chavismo las principales trabas al desarrollo económico, en cuanto no permiten que la industria nacional sea competitiva.

Es decir, no es el atraso tecnológico tras años de desinversión privada ni el comportamiento parasitario del “empresariado” nacional, que hasta expertos de derecha han reconocido en momentos de mayor lucidez y menos maniqueísmo. Así como tampoco todas las veces que se han embaucado en aventuras golpistas con saldos lamentables, como la actual: son los trabajadores y trabajadoras con sus derechos excesivos y costosos. Es más, según esta misma “explicación”, los trabajadores y trabajadoras venezolanos también son culpables de que haya inflación y escasez. Pues dado que se mal acostumbraron con Chávez a tener salarios excesivos y precios subsidiados, ahora deben pagar las consecuencias de haber pretendido vivir por encima de sus posibilidades. Entonces, de nuevo: los empresarios no solo no son culpables ni siquiera cuando especulan, acaparan, cometen fraude importador o contrabandean, sino que de hecho son hasta víctimas, pues todas esas cosas las hacen defendiéndose de los “altos costos laborales” y la “demanda excesiva” generada por el populismo chavista al otorgar a los asalariados y asalariadas un poder adquisitivo que no se correspondía, aseguran los expertos, con su nivel de productividad.

Lo mas triste de esta “explicación” es que en buena medida ya ha trascendido las filas oposicionistas para convertirse en una suerte de sentido común compartido por opinadores del chavismo e incluso de “izquierda marxista”, algunos de ellos con funciones de gobierno. Y es aquí que es bueno recordar las palabras de Chávez el 30 de abril de 2012, cuando un día antes de los actos del día del trabajador de ese año y en vísperas también de viajar a Cuba para cumplir la última etapa de su tratamiento a fines de enfrentar la campaña electoral, firmó en cadena nacional la actual Ley Orgánica del Trabajo, los trabajadores y las trabajadoras.

Comenzaba Chávez aquella alocución dejando claro que estaba cumpliendo con un mandato constitucional con 13 años de mora. Pero además que dicha mora no solo se debía a lo delicado que en condiciones normales y en cualquier lugar del mundo resulta toda legislación laboral, sino por la oposición que la misma suscitaba a lo externo, pero también a lo interno, del propio chavismo (basta ver en el video algunas caras de los asistentes para darse cuenta). Tras esto, comentaba el presidente Chávez que la estrategia escogida por él fue ir adelantando materias en legislaciones parciales, de modo de avanzar poco a poco, pero de manera sostenida, en la consolidación de los derechos laborales, hasta cristalizar en la ley. De tal suerte, al momento de firmarla ya varias de las cosas garantizadas en la misma venían funcionando en la práctica, como por ejemplo la protección a la lactancia materna y todo lo referido a la seguridad e higiene laboral, así como el bono de alimentación.

En aquella oportunidad Chávez deja claro también otras cosas: que la idea era avanzar hacia una redistribución más justa de la riqueza, tanto por un problema elemental de justicia social, como porque mientras más justa es una sociedad más productiva y eficiente en la generación de riqueza es. Pero además, que no tenía sentido avanzar en modelos económicos que a cuenta de la productividad implicaran la imposición de modelos vejatorios de la dignidad humana. Por eso se introdujo en la ley la reducción de la jornada laboral (pasó de 44 a 40 horas semanales), la obligatoriedad de los días libres consecutivos semanales para todos los trabajadores y trabajadoras, el doble pago por jornada nocturna o durante feriados, por despidos, y el cálculo de prestaciones del modo que más favoreciera al beneficiario o beneficiaria, etc.

El corolario de todo esto ha sido el mantenimiento hasta la actualidad de la inamovilidad laboral, un mecanismo de protección de los trabajadores y trabajadoras frente a la amenaza de despidos injustificados. Y este es un tema muy sensible, pues si de algo necesita el capitalismo hoy día, como nunca antes, es del chantaje del despido para disciplinar y precarizar lo más posible a los trabajadores y trabajadoras, pagándoles menos o conculcándole derechos. Y decimos chantaje, pues como bien lo expuso un día el actual ministro del Trabajo de Mauricio Macri, frente a la ola de despidos masivos que sacude a ese país, los trabajadores que piden aumento de salarios o preservar derechos adquiridos, deben tomar en cuenta que la opción a no aceptar los salarios actuales o a trabajar con menos derechos es quedarse sin trabajo.

Volviendo al inicio, los críticos de la ley del trabajo y partidarios de la eliminación de derechos laborales por ser “una traba a la productividad”, deberían recordar que fue el mismo Henry Ford –insospechado de cualquier inclinación chavista o comunista– quien dijo que el mejor modelo económico es el que paga mejores salarios y ofrece mejores derechos a sus trabajadores y trabajadoras, pues además de lo obvio desde el punto de vista político (Ford estaba claro que un trabajador bien remunerado es menos proclive a hacer huelgas), había que considerar el detalle, para nada menor, de que en ninguna sociedad por más ricos que haya (que nunca son la mayoría) y por más consumistas que estos sean, jamás alcanzarán para comprar todas las mercancías que se produce y requiere vender. En toda sociedad los principales consumidores son los propios trabajadores, por lo que en términos amplios buenos salarios no deben ser considerados un costo sino una inversión: es la inversión que realiza el empresario/comerciante para garantizar sea comprada su mercancía.

Pero ya sabemos que los comerciantes/empresarios de hoy día, y más aún los venezolanos, se caracterizan por no tener visión más allá de sus ombligos. Y lo más paradójico del asunto es que la rebelión que armaron contra la Ley del Trabajo en estos cinco años que lleva de vigente (así como contra el control de precios, complemento de la política laboral salarial en cuanto garantía de conservación del poder adquisitivo y la demanda agregada), ha terminado por afectarlos a ellos mismos. La operación de hacerle miserable la vida a la gente los está volviendo miserables a ellos mismos. Tal vez nunca se darán cuenta, y si llegan a hacerlo seguramente jamás serán capaces de reconocerlo: que mientras mejor funcionaba el control de precios y la progresividad del ingreso salarial más vendían y mejor les iba, mientras que ahora que han hecho todo lo posible por desmantelar el primero e invertir lo segundo, menos venden y peor les va.

Por lo pronto, los trabajadores y trabajadoras sí entienden esto, de allí que más allá del generalizado y más que justificado malestar actual (que incluye no solo conciencia sobre la responsabilidad de los privados con sus prácticas especulativas, sino también la debilidad institucional y todas sus contradicciones internas que hacen tan difícil enfrentarlas), no se dejan embaucar en propuestas que saben van contra ellos así se hagan en su nombre.

1 Comentario en Chávez y la Ley del Trabajo: 5 años

  1. Y mirándose los ombligos, hace ya dos semanas empezaron a aumentar afanosamente los precios temiendo los aumentos del 1° de mayo…….ahora, ya decretados, volverán a aumentar rabiosamente para reforzar el efecto “golpe-guerra económica” y anticipándose a Dolar Today que “viene pa'rriba”….el egoismo no les permite pensar, creen estar haciendo lo que mas les conviene.

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