Pedagogía del especulado / Congelamiento de precios. Algunas consideraciones sobre la viabilidad y eficacia de esta medida

Congelamiento

Por: Luis Salas Rodríguez

Aunque en los últimos días el tema en sí mismo ha quedado como “congelado”, luego de nombrada una comisión para estudiar la viabilidad de la exigencia popular realizada al presidente en la pasada concentración del día del trabajador sobre la aplicación de un congelamiento de precios, dado el cuadro de precios actual es importante seguir debatiendo sobre la viabilidad de esta medida. En tal virtud, lo primero que habría que decir al respecto es que resulta entendible y más que justificada la solicitud, tanto por el nivel alcanzado por la especulación durante los últimos cuatro años, como por la certeza por parte de los trabajadores y trabajadoras, de que a cualquier aumento salarial, más allá de la voluntad del gobierno, le sigue un violento ajuste especulativo de precios que termina anulando los beneficios de la medida.

A propósito de esto último ya hemos comentado en anteriores ocasiones que es falsa la “explicación” según la cual los aumentos salariales hacen subir los precios. Y menos aún en la proporción que se acostumbra hacerlo. Desde el punto de vista técnico contable, porque los costos salariales suelen distribuirse aritméticamente en los precios, de manera que no es verdad que a un aumento salarial de, por ejemplo, 30%, signifique automáticamente que los precios deban aumentar 30%, cosa que hasta Adam Smith tenía muy claro. Y, en segundo lugar, porque es bastante obvio que los aumentos de precios se suceden sin necesidad de aumentos salariales, siendo que, de hecho, los sucesivos aumentos de salarios otorgados en los últimos años ocurren a posteriori de los aumentos de precios, de manera que lo que se busca es compensar a los trabajadores y trabajadoras en la pérdida de poder adquisitivo que estos últimos causan, y no al revés.

Así las cosas, lo que realmente cuenta para que ocurra el aumento de precios, es la decisión empresarial de trasladar el aumento de costos reales o esperados a los precios finales para mantener su margen de ganancia. En este sentido, lo que hace el empresario es exactamente lo mismo que el trabajador reclama para sí: incrementar su ingreso nominal para mantenerlo en términos reales, es decir, para mantener su poder adquisitivo. ¿Por qué entonces en un caso es “bueno” y entendible y en el otro “malo” y condenable? Todos los que demonizan los aumentos salariales invisibilizan la asimetría de poder que permite hacer eso, pues la diferencia entre ambos es que el empresario-comerciante puede aumentar el precio por decisión propia, cosa que el trabajador no puede hacer con su salario.

El congelamiento como exigencia de retorno de una política de precios

Pero más allá de este debate central y fundamental que ya hemos dado en profundidad en anteriores ocasiones (por ejemplo: ver acá y acá), en el caso concreto de la exigencia popular de congelamiento de precios, lo segundo que habría que decir es que se trata en el fondo de una exigencia casi desesperada de retorno del control de precios. Y este es un hecho que hay que resaltar, pues más allá de que formalmente aún exista, lo cierto es que en la práctica el control de precios ha sido desmantelado, o peor aún, ha sido arrebatado de las manos del Estado por parte de los especuladores, desencadenándose tras esto un espiral hiperespeculativo donde los agentes económicos caen en un juego suma cero no colaborativo de puja distributiva, independiente incluso de su voluntad o no de hacerlo.

Las causas de que esto haya pasado son varias. La primera es, por supuesto, la agudización de la guerra económica por parte de los agentes más concentrados que abusan de sus posiciones de dominio. Pero también, la debilidad institucional para enfrentar dicha guerra, tanto como la ambigüedad, e inclusive contradicción, de acciones tomadas. Solo para dar un ejemplo recordemos el caso del llamado PAC. Como quiera que sea, lo cierto, de todos modos, es que la debilidad institucional no es un problema exclusivo de la SUNDDE.

En fin, lo interesante del caso es que después de todo, la dura realidad del descontrol de precios (o del control abusivo de los especuladores sobre los mismos) se ha encargado de demostrar que el control de precios no es tan mala idea como se nos hizo ver y como han procurado demostrar sus detractores con mucha tinta de por medio. Hoy día, ya no tan solo son los trabajadores asalariados sino inclusive los propios comerciantes y empresarios pequeños y medianos quienes lo extrañan, en este último caso porque son tan víctimas como victimarios de la especulación, y de tanto especular el punto en el cual hacerlo era rentable hace rato que lo superaron: con lo que tiene que lidiar ahora es con una contracción de las ventas, dado el rezago del poder adquisitivo que ayudaron a causar.

A todas estas, no está de más tomar en cuenta que desde el punto de vista de los números agregados e indicadores esta nostalgia se justifica. Y es que digan lo que digan, la verdad real es que en la década anterior al control de precios, la inflación promedio anual fue de 42,9%. En cambio, en los años del control de precios en su fase original (2003-2012), la inflación fue de 23,1% anual, es decir, casi 50% menos. Ahora bien, luego de que comerciantes y empresarios se embarcaron en el “sinceramiento” y el control menguó, la inflación remonta el 101,8% anual, a la espera claro de los resultados oficiales de 2016 que sin duda aumentarán el promedio.

Pero, si bien es deseable y justificado, ¿es viable el congelamiento de precios?

En una nota publicada en este mismo portal por Luis Gavazut, y en otra publicada por mí en Ciudad Ccs, se planteaba que el congelamiento de precios en cuanto tal no es viable en este momento. Varias son las razones esgrimidas. Pero, para resumirlas en las más importantes, digamos que esta medida solo puede funcionar bajo dos escenarios: en uno donde el Estado tenga suficiente poder y eficacia para hacer que se respete por la vía de la imposición. O en otro –más deseable– donde sobre la medida exista un amplio consenso social y sea validada y apoyada por la ciudadanía. El primer escenario no lo tenemos. Pero el segundo tampoco, pues por más que sea deseable por las mayorías, eso no quiere decir que lo validen.

Ahora, la buena noticia es que el que estos escenarios no existan no quiere decir que no pueden existir o generarse. En tal sentido, y para no alargarnos más de lo necesario, digamos en lo concreto que el congelamiento de precios puede ser viable, pero sí y solo sí se crean las condiciones para su viabilidad, incluyendo el que no se le conciba como una medida aislada sino como parte de un plan de estabilización de los precios, del abastecimiento, de la economía y del país en términos globales. Desde este punto de vista, puede ser, de hecho, una base a partir de la cual se establezcan nuevos mecanismos de un diálogo social, poniendo sobre la mesa que la estabilidad política depende de la económica y viceversa.

A este respecto, partiendo del hecho planteado líneas arriba según el cual el Estado por sí solo no cuenta con la fortaleza institucional suficiente para hacer cumplir el congelamiento, se puede avanzar hacia un consenso social en torno al mismo, lo que implica involucrar a la ciudadanía, pero sin que esto suponga que deba la gente asumir responsabilidades que solo le competen al Estado. Tampoco debe asumirse el tema como un problema de los chavistas únicamente: es un problema de todos y todas los venezolanos y las venezolanas, pero mientras se siga enfocando la contraloría social sobre los precios como un problema de los chavistas nada más, el resto de la población no chavista no lo percibirá como algo que le competa, o lo que es peor, lo politiza también, pero en sentido contrario, adoptando la especulación como un problema de militancia antichavista, como, de hecho, viene siendo y fue en su momento el raspacupismo. El exitoso programa de Precios Cuidados aplicado en Argentina durante la última etapa del gobierno de Cristina Fernández, es un claro ejemplo de una política pública que apuesta al acompañamiento ciudadano en términos amplios y de manera sencilla, utilizando, entre otros recursos, sencillas aplicaciones tecnológicas para web y teléfonos inteligentes y apostando fuertemente a la información y formación de la gente en materia de precios y derechos del consumidor.

Algunas recomendaciones para viabilizar un congelamiento de precios y hacerlo efectivo

Lo primero que podría hacerse entonces, es convocar a un gran espacio de diálogo que replique en parte la experiencia de otros países como Israel, México y Perú, donde ante situaciones hiperinflacionarias se convocaron Pactos de Estabilidad Solidaria, con la idea de alcanzar acuerdos que procuraran el mayor equilibrio posible entre las partes, de manera que ninguna se sintiera perdedora dentro de la estabilización de precios (en el sentido de que se estabiliza a costilla de sus ingresos). Esto último no siempre se logró, pero en buena medida porque los gobiernos convocantes no tenían la vocación de justicia social que tiene el venezolano.

El gobierno del presidente Maduro ya de hecho avanzó en esta dirección a través de la convocatoria del Consejo de Economía Productiva. El problema con este es que casi exclusivamente incorpora a empresarios y comerciantes, y entre poco y nada al factor trabajo. De este modo, en cuanto instancia, ha tenido un sesgo hacia el ajuste de precio para recomponer ganancias, pero a costa del sacrificio salarial de la mayoría trabajadora. En tal virtud, se debería incorporar activamente a las centrales de trabajadores y organizaciones de consumidores al mismo, de manera que sean los actores del factor trabajo y los agentes del consumo protagonistas corresponsables de la defensa de sus derechos, lo que, por lo demás, le daría más fuerza al gobierno a la hora de negociar con los empresarios. Se debería incorporar también el Poder Ciudadano, particularmente la Defensoría del Pueblo en calidad de observadora (es la defensora de los derechos colectivos y difusos constitucionales).

La convocatoria debería hacerse a partir de un balance de los adelantado en la Agenda Económica Bolivariana, y muy especialmente en los acuerdos logrados con empresarios, de manera de exponer que una vez que el gobierno se ha sentado a negociar con ellos queda de estos cumplir con su parte de los compromisos, que pasan por activar la producción, etc. Pero también, se hace necesario incorporar a los otros agentes económicos como parte del esfuerzo nacional por estabilizar la situación excepcional que se atraviesa, de manera solidaria, en una relación ganar-ganar para todos. Esto último es importante, pues la base del discurso y la convocatoria oficial pasa por hacer entender a los actores que la única salida posible es la de un acuerdo de partes solidario, y no el comportamiento egoísta y del “sálvese quien pueda” actual, que lo único que logra es profundizar la crisis.

Es sobre este marco que podría decretarse un congelamiento general, pero momentáneo, de precios, y facultar ampliamente a la SUNDDE (junto al SENIAT y otros órganos) para su vigilancia y aplicación expedita de sanciones. En cuanto tal, el congelamiento puede hacerse simplemente haciendo un corte en las facturaciones, tomando una fecha como referencia para discutir precios, costos y salarios. El mismo debe incluir también las empresas públicas proveedoras de servicios, productos e insumos (por ejemplo, fertilizantes), que, como vimos en el caso de Pequiven, entran también en la carrera  de aumentar precios, convirtiéndose en un factor motorizador de mayor inestabilidad.

Desde luego, esta congelación, mientras dure, debe abarcar todos los precios de la economía, incluyendo salarios, tipo de cambio y tarifas de servicios. Esto tendría el efecto  de incorporar la estabilidad de precios que permitiría hacer una suerte de “corte de cuenta” para negociar entre las partes y concertar. Se elimina así el componente inercial y de expectativas inflacionario (mayormente especulativo), quedando por resolver la inflación provocada por otras causas (cuello de botellas sectoriales, rezagos de precios, de salarios, falta de insumos, de divisas, etc.).

El congelamiento tendría que  acompañarse con la publicación de las cifras oficiales sobre evolución del INPC, así como de asignación de divisas por sector y por actor. También la proyección oficial del INPC (el que sería sin los congelamientos) y del tipo de cambio. Todo esto le da transparencia al proceso y ayuda a construir confianza.

Los precios en la medida de lo posible deben concertarse. Pueden implicar ajustes hacia arriba, pero también necesariamente hacia abajo, y deben estar validados por la SUNDDE y no negociados por otros entes o ministerios unilateralmente.

En paralelo debe funcionar un Plan Especial de Abastecimiento, que dé respuesta a la coyuntura de escasez que enfrenta la ciudadanía. Dicho plan debe tener un alcance mayor al actualmente desarrollado en torno a los CLAP, si bien desde luego no los excluye.

A la estabilización de precios de bienes y servicios, debe incorporarse la de sinceración del precio factor trabajo (salarios), ya que el rezago actual no solo es injusto y políticamente peligroso, sino que compromete la política económica toda, en la medida que al deprimir el poder adquisitivo deprime la demanda necesaria para reactivar la economía nacional. Para ello es necesario incorporar un esquema de coordinación entre aumentos salariales y estabilización de los precios. De lo que se trata en este caso es de pasar del escenario de indexación descontrolada de los precios a un escenario de indexación coordinada, que dé paso a la desindexación de precios, sobre todo del tipo de cambio tanto oficial como no oficial. Para ello, son necesarias unas instituciones con capacidad para negociar e imponer acuerdos.

En fin, y ya para cerrar, es obvio que todo esto necesita para funcionar, obviamente, de la mayor coordinación posible con el BCV y estar articulado plenamente con la política cambiaria. Esta última, inevitablemente debe marchar hacia una coordinación y coherencia mayores, sin que esto suponga mayores flexibilizaciones ni devaluaciones, pues tales cosas son plenamente contradictorias –como se ha demostrado en este 2016– con la pretensión de estabilizar precios y abastecimiento, y, más aún, en condiciones de justicia social y solidaridad.

7 Comentarios en Pedagogía del especulado / Congelamiento de precios. Algunas consideraciones sobre la viabilidad y eficacia de esta medida

  1. Al respecto me tomo la libertad de enviarle mis impresiones sobre el círculo vicioso alrededor de la dinámica especulativa adoptada por el sistema económica producto de la coyuntura politíco-socioeconómica por la que se atraviesa nuestro país. Por cierto, ya lo había comentado en un artículo de Gavazut, pero como dice Walter Martínez, lo reiterativo no desgasta el concepto, más vale lo refuerza. El comentario es el siguiente:

    Dice un viejo adagio que para ganar una guerra primero es necesario entenderla, algunos estudiosos de ciencias y artes gerenciales afirman que para resolver un problema, primero es necesario reconocer la existencia y la naturaleza del problema.
    En efecto, toda esta coyuntura económica por la que atraviesa el país y la sociedad toda es producto de una brutal y despiadada guerra económica, desatada contra el proceso revolucionario por parte de la llamada derecha (yo prefiero llamarlos, los de arriba) para retomar el poder político y en consecuencia el poder económico para imponer su modelo neoliberal. Hasta ahí vamos bien, hemos reconocido que existe una guerra económica; ahora, ¿ como se materializa el ataque económico en contra de las masas?, induciendo una escalada inflacionaria producto de artificios especulativos que tienen su origen en la manipulación sesgada de la paridad cambiaria en el mercado paralelo, los enemigos de la patria descubrieron que a través de un mecanismo mediático que dio cierta credibilidad y hasta legitimidad a este mercado de divisas, encontraron la estrategia perfecta para disminuir el poder adquisitivo del venezolano y crear desabastecimiento y escasez, esto estableciendo a través de dicha paridad la referencia para fijar precios de bienes y servicios, algunos de forma directa y otros de manera indirecta reajustando las estructuras de los costos en los que se tienen que incurrir, los cuales fueron afectados por dicha paridad. Esto hace que cualquier medida económica que se adopte en pro de nuestro pueblo como puede ser los aumentos salariales, se tornen vulnerables ante la manipulación de dicha paridad, bien sea por efecto mediático o por efecto de mercado, esto para conceder el beneficio de la duda a quienes creen en el dios mercado. Suponiendo que así fuere, ¿son las operaciones cambiarias en Cúcuta (un pueblo de menos de 600.000 habitantes) lo suficientemente representativas como para determinar el tipo de cambio oficial para un país de casi 30 millones de habitantes, cuya dinámica comercial es proporcionalmente muchísimo mayor?. La lógica pareciera indicar que no tiene ningún tipo de asidero, sin embargo ¿qué le da legitimidad a esa paridad? que entre el Banco Central de Venezuela y el Banco de la República de Colombia existe un acuerdo de libre convertibilidad de Bs y Pesos para tranzar en monedas propias, esto aunado a la Resolución Nro. 8 de Banco de la República de Colombia que les permite a las casas de bolsa en la frontera fijar la tasa cambiaria en base a la dinámica de las operaciones cambiarias. Este acuerdo es el origen del mecanismo de guerra en contra de nuestro pueblo, ya que estamos a merced de la paridad que se establezca en Cúcuta, sea cual sea la forma como se determine y como bien lo señala Gavazut, acá en el país quien posea o genere divisas, de requerir cambiarlas lo va a hacer aplicando la tasa que más le convenga, que en este caso es la paralela que proviene de Cúcuta. ¿Cómo acabar con esto? Eliminando este acuerdo de libre convertibilidad de entre el Banco Central de Venezuela y el Banco de la República de Colombia para tranzar en monedas propias; el comercio binacional debe desarrollarse solo en divisas libremente convertibles reconocidas por el FMI a nivel global. Así pues, el colombiano que requiera tranzar con Venezuela, que convierta sus pesos en divisas allá en Colombia, traiga sus divisas para Venezuela y acá en casas de cambio venezolanas las cambie por Bs. ¿Por qué? porque de esta manera el arbitraje cambiario quedaría a nuestro favor, ya que todo lo que se consume en la frontera es producido en Venezuela, o sea, ellos necesitan más Bolivares que nosotros Pesos, en todo caso lo que necesitamos es divisas y bajo este esquema que propongo, ellos la traerían. Mantener el esquema actual es como aplicar un torniquete después de una hemorragia, mientras que eliminando dicho acuerdo, la paridad real se establecería acá en Venezuela y sería la referencia válida para la reestructuración económica y le recuperación del valor del Bolívar, aunado a que el contrabando de extracción perdería el incentivo, ya que con un Bolívar fortalecido el mercado interno comenzaría a ser de nuevo atractivo, esto elimanaría progresivamente el desabastecimiento y la escasez.

    En virtud de lo antes expuesto y en ocasión de la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, a continuación muy humildemente y bajo la óptica de trabajador asalariado y consumidor final, como lo es la inmensa mayoría de nuestro pueblo, siendo a quienes de manera keynesiana nos toca asumir la carga inflacionaria de la coyuntura económica, comparto una propuesta para que sea considerada por quienes conformarán las mesas de economía, o por lo menos con los asesores técnicos; la propuesta es la siguiente:

    PROPUESTA DE RECUPERACIÓN DEL VALOR DEL BOLÍVAR A CONSIDERAR PARA LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE.

    En estos momentos de fuertes coyunturas que atraviesa el proceso revolucionario, donde el enemigo arrecia y enfila toda su artillería para despojarnos de las conquistas alcanzadas por nuestro pueblo, se abren nuevos espacios de lucha para salirles al paso, neutralizar todos sus planes y preservar dichas conquistas. El proceso constituyente convocado por nuestro comandante presidente obrero Nicolás Maduro, es sin lugar a dudas el mejor de los terrenos para dar dicha batalla en paz y en democracia, este ofrece la oportunidad de derrotarlos estratégicamente en los ámbitos: político, social, económico, geointernacional, mediático, cultural y hasta ambiental.

    En esta ocasión y dada la fuerte crisis que atraviesa el capitalismo a nivel mundial, donde estamos a punto de ver el colapso del dólar y la salida de un nueva divisa respaldada en oro por parte de Rusia y China, se dan las condiciones para replantearnos la política cambiaria y monetaria de nuestro país para no seguir contribuyendo con nuestro petróleo la posibilidad de subsistencia del dólar, dándole a la FED la hegemonía con su moneda que no vale más que la tinta y el papel que se utiliza para imprimirlos. Cabría hasta retomar la propuesta de “El Petro” de Cháves, una divisa internacional respaldada con las reservas petroleras de cada país, ver en youtube https://www.youtube.com/watch?v=c_FgNrSsHwI .

    Ahora bien en cuanto a nuestros problemas domésticos de corte canbiarios y especulativos, para nadie es un secreto que la principal arma empleada por la derecha para someter al pueblo es la manipulación arbitraria de la paridad cambiaria en el mercado paralelo a través del portal Dólartoday, la cual en cierto modo es legitimada gracias al acuerdo de libre convertibiliidad del Peso-Bs. entre el BCV y el Banco de la República de Colombia; paridad esta que es utilizada por la cadena de comercialización para fijar los precios de bienes y servicios, con lo cual han inducido de forma artificial una inflación meramente especulativa, que en modo alguno se corresponde con las estructuras de costos de producción de tales bienes y servicios, lo cual adicionalmente crea escasez, ya que por efecto de un arbitraje fraudulento a su favor, estimulan el contrabando de extracción porque obtienen más ganancias y a la vez crean malestar en el pueblo para que este le endose la culpa del desabastecimiento al gobierno, capitalizando políticamente el descontento popular.

    En este sentido, el llamado es a elevar una propuesta constitucional para que el gobierno elimine ese nefasto acuerdo de libre convertibilidad Peso-Bs. entre el Banco Central de Venezuela y el Banco de la República de Colombia y cualquier otro acuerdo para tranzar en monedas propias, preservando el valor de nuestra moneda, el Bolívar, recuperando el poder adquisitivo del trabajador y creando estímulos para que las inversiones se orienten a la producción y comercialización en el mercado interno. Así pues, el comercio binacional entre Colombia debe ser solo en divisas libremente convertible a nivel global reconocidas por el FMI, de tal manera que el colombiano que requiera comerciar con Venezuela, cambie sus pesos por divisas allá en Colombia, se las traiga para Venezuela y cámbielas por Bolívares acá para hacer sus operaciones. Con esta medida , se obtendría la paridad real y nos liberaríamos del nefasto Dólartoday.

    Independencia y Patria Socialista, viviremos y venceremos.

    • Para analizar
      Interesante su articulo, sin embargo tengo una duda con respecto al acuerdo entre el banco de colombia y Venezuela por que hace unos meses atras un personaje venezolano reconocido publicamente manifesto que ese acuerdo
      no existe como tal,,,,,, creo que fue el mismo merentes quien dijo esto……

      Por otro lado no creo yo que si hay un acuerdo con tanta desventaja para venezuela el gobierno no halla tomado medidas hace rato …….

  2. EXCELENTE ARTÍCULO, PERO MEJOR AUN ME PARECIÓ EL COMENTARIO DE ANGEL RIERA. BUENA PREGUNTA LA DE HERRE MON HAYER, SI EXISTE ESE ACUERDO, PORQUE EL GOBIERNO NO LO DEROGA Y SE ACABA EL PERRO Y LA RABIA???

  3. Sino se ha derogado, es porque esta beneficiando a alguien y no es al pueblo precisamente…… Pudiera ser una quinta o sexta columna. Misterio de la ciencia.
    Por demás excelente el artículo y el comentario de Alexander!
    Que se comparta masivamente la información de este articulo.

  4. Me parece excelente la explicación del camarada Luis Salas. Sin embargo, discrepo de su postura política sobre la forma de llevar la creación de las condiciones para el congelamiento de precios. Reconozco que no soy un ducho en materia económica, pero me parece que hay una contradicción política muy seria en sus planteamientos, desde el mismo momento en que argumenta que tal creación de condiciones es posible crearla bajo el consenso social en que los empresarios vean, que sus intereses y los del Estado coinciden.
    Esto es en extremo peligroso en términos de clase, pues sugiere que el Estado se alinee a los intereses del empresariado y por tanto este dialogo permita inicialmente la congelación de precios, pero a la larga, derive en el repunte de la economía venezolana, desde la perspectiva de la explotación. Seria una victoria ficticia. Pues en ningún momento se toca el sistema de extracción de plusvalía que perpetua la posición de la burguesía.

    Por otro lado, si asumimos que la guerra económica existe de hecho, no hay ninguna razón para pensar que el empresariado haga concesiones a menos que le aporte beneficios, esto es, que no peligre su posición y sus privilegios. Por esto, con todo respeto, resulta ilusa su pretensión de que haya mas participación de los trabajadores en este dialogo promoviso por el estado. Realmente, la cuestión es la misma. Dialogar con la burguesía para lograr la estabilización del mercado e impulsar la producción es una verdadera trampa para los trabajadores. En esta clase de dialogo los trabajadores no tienen nada que opinar porque no somos dueños de medios de producción.

    Ahora, es cierto que el Estado esta destinado a dialogar en tanto que no sea verdaderamente de los trabajadores. Pero si ese fuera el caso, la medida seria indudablemente la imposición de la congelación de precios, que parece haber desestimado desde el comienzo. La nacionalización de la banca y la expropiación real a la empresa privada son las únicas medidas que pueden darle a los trabajadores el poder económico y político necesario para imponer esta congelación y negociar con la burguesía cualquier situación coyuntural. Mientras la revolución se pretenda realizar por intermedio del propio Estado burgués, los resultados están cantados para los paliativos del control de precios.

  5. excelente artículo de Luis teran aclarando las ideas y conceptos sobre la congelación de precios y los agentes o elementos que intervienen en dicho proceso para no confundirlos y el comentario de riera reforzando el camino a seguir. a los dos felicitaciones

  6. aqui se han expuesto varias propuestas bastante pertinentes para contraatacar en esta guerra economica, y las posturas de Riera y Salas no se excluyen….pero en primer lugar hay que aplicar la terapia que propone Alexander Riera para luego desde una posicion de poder el estado convocar a un consenso en materia no solo de precios, sino tambien para la reactivacion del aparato productivo en aquellas areas donde tenemos muchas virtudes y han sido abandonadas casi en su totalidad para favorecer las importaciones, me refiero a la industria del vestir, calzado y afines por citar una que no requieren transferencia tecnologica y para las cuales tenemos bastante mano de obra para reabordar esos rubros con celeridad, pero primero lo primero, el contraataque al dolar cucuta ¿INTERESES O INTERESADOS EN QUE CAMBIE POCO LA SITUACION? no hay que ser muy suspicaz para darnos cuenta de que los hay y pasa por reestructurar el BCV removiendo toda esa directiva que poco o nada han aportado en la solucion a este flagelo a este virus que inocularon en el quehacer economico de la nacion.

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