En esta esquina / Que te lo digo yo…

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Por: Carmen Lepage

Para quienes vivimos aquí en Venezuela, quienes hacemos el intento de observar con algo de atención, quienes andamos por la calle, en distintos municipios de la llamada Gran Caracas, quienes queremos indagar de distintas maneras, no necesariamente a través de los medios, sin aceptar como verdad el procesamiento de los sucesos, propio de los medios de comunicación en el mundo que vivimos, es imposible creer lo que nos dicen por la radio, por las redes sociales, por la prensa, que afirma que estamos en una crisis humanitaria.

No es que no haya una fuerte crisis-guerra, político-económica, una guerra declarada contra la democracia y por lucha de poderes grupales (también político-económicos), de parte de quienes han asediado al presidente electo Maduro, no es que no hayan amenazas públicas y privadas, asesinatos perpetrados por sicariato a chavistas de las bases populares y del oficialismo, y focos de violencia que han significado ya más de setenta muertes, no es que no hayan vandalizado, disparado y quemado CDI, escuelas y comandos policiales en pleno “régimen” desde que la oposición venezolana decidió entrar en esta nueva fase. No es que no haya un caos arrecho que nos afecta a nivel individual-íntimo-espiritual y colectivamente por los odios convocados, la tranca de calles, saboteos a las líneas telefónicas, internet, acceso al gas, cortes de luz en algunos lugares y la zozobra que eso crea. No es que no le quiten la comida de la boca a lxs venezolanxs, con la variedad y balance adecuados de la dieta, mediante la especulación, etc.  No es que no hayan logrado replicar situaciones de escasez gravísimas para un sector de la población históricamente más robado, no es que las medicinas para las que ha habido presupuesto no estén y eso genere condiciones riesgosas para la salud.

Lo aleatorio también se impone, la agenda cotidiana enloquece, no podemos predecir o planificar las próximas horas como usualmente lo hacemos para poder hacer nuestras cosas, aquí en Caracas y en otras ciudades, y eso nos trae consecuencias.  Pero crisis humanitaria se refiere a unos niveles de emergencia nacional que solo existe en el mundo virtual y en la fabricación de un discurso. Aquí no hay legiones de desplazadxs como en Colombia, no hay una situación que entre en la calificación de desastre por sus cifras y devastación.

Eso que llamo el procesamiento de los sucesos, creo que debemos preguntarnos si es más bien la instalación de opiniones, cuando menos, tendenciosas, apoyando un proyecto político violento porque no se sustenta en verdades o ideales, un proyecto económico, una estructura que lo sostiene, unos mitos que lo alimentan (leamos la investigación de Pasqualina Curcio, Mitos sobre la economía venezolana (I) en este blog). Esos supuestos son fáciles de creer. Es decir, eso significa que estamos frente a una especie de fábrica de opiniones que se nos presentan como verdades, bajo chantaje, en buena parte de los casos.  Las redes nos asedian con sus opiniones, jugando a las dueñas de la verdad. Son “la fuente” de lo que se grita en la calle, se grita en el carrito, se “argumenta” en el metro. ¿Las pruebas constatables de lo que afirman…? Bien, gracias.

Periodistas, intelectuales, profesores universitarios, jubilados, dirigentes de distintos partidos de oposición, personajes de la farándula nacional e internacional, gente que vive aislada en sus privilegios con la brújula un tanto rota y gente que sí sabe perfectamente lo que hace, genera cantidades inmensas de contenido en las redes. Hablan en nombre del pueblo venezolano, como si estuvieran de su lado. Ta bien, pues. Dependiendo, cada unx busca la fama, dinero o ambas, y algunos otros casos variados.

En Venezuela como en ninguna parte del mundo, resulta que la gente con más privilegios materiales lucha por los derechos de un pueblo entero. Se disfrazan de superhéroes y todo.  En medio de una situación tan delicada, tan terrible, hacen performances por un lado y manifiestan su profunda tristeza por ver gente comiendo de la basura (con las respectivas fotos). Por el otro, lxs “periodistas” hacen propaganda a chalecos antibalas, carros lujosos, restaurantes, viajes y propiedades en Miami, y se les escucha como si nada, mientras siguen vociferando que existe la crisis humanitaria en todos los ámbitos, con la sensiblería propia de quienes solo sienten lástima, ni de vaina indignación por un sistema mundial de injusticias.

Acompañan sus opiniones y “análisis” de fotos y videos que no prueban, en la mayoría de los casos, lo que dicen, o hacen montajes para “probar”. Es muy jodido ver esto y no sentir repulsión, que de verdad nos invada una impotencia gigantesca. Porque sabemos el poder de convencimiento que el circo siniestro de las redes tiene, que la televisión tiene. Pero esa es la idea, darnos en el corazón, que es una de las fortalezas del chavismo popular, además de su inteligencia, claro. La idea es confundirnos bajo presión, engañar.

¿Será que en las universidades están dando clases y diciéndole a la gente que eso es el periodismo? Y no hablo de Venezuela, hablo de quienes deciden, de quienes dan línea académica desde los países donde está la gente que manda de verdá verdaíta. Si eso es así, ¿cuál sería el propósito?

Hay quienes creen arrechamente en la necesidad de esta vorágine comunicacional. Hay quienes piensan que no. Que nos distrae, que nos desocupa de lo verdaderamente importante para meternos en una especie de ilusión colectiva de que estamos en todas, que sabemos burda y que nos importa, que estamos “haciendo”. Para frivolizarnos, alejarnos del pensamiento creativo-productivo, porque al fin y al cabo pocas cosas no están relacionadas con lo político-económico, despolitizarnos mientras parece que estamos politizadísimos. Nos aleja con la perversa ilusión de acercarnos. Esta concepción de política puede acabar con ella. Sobre todo, con la política y el poder que podemos ejercer desde nuestra cotidianidad.

Yo creo que es una media verdad esto del periodismo distractor, pero es complejo el tema.  Tal vez lo que pasa es que no tenemos un periodismo orgánico, universitario y de a pie, que se ocupe de la investigación y del debate de asuntos verdaderamente transcendentales, relacionados con nuestra vida, con la política que nos toca en nuestras posibilidades de participar, la economía del lugar donde estoy, sino una masa globalizada de lo “noticioso”. Bueno, no es que no tenemos, lo tenemos, pero es escandalosamente minoritario.

Las grandes preguntas son: ¿de quiénes son los medios digitales que se han reproducido exponencialmente en este momento?, ¿tiene eso relación con la posibilidad de una intervención internacional con “pruebas”?, ¿a qué intereses sirven los medios que ahora pululan en las redes que casi de manera exclusiva, cuando no de manera absolutamente exclusiva, hablan de Venezuela, pasando por los distintos aspectos que pueden armar el rompecabezas: “crisis humanitaria”?, ¿quieren probar cuál cosa y para qué, de dónde sale ese dinero?, ¿por qué es tan importante el tema como para que haya tantas páginas en Facebook, en Twitter, etc? Más o menos estas son sus líneas: 1) Maduro es un dictador y punto, masacra todos los días al pueblo venezolano. 2) Hay legiones de gente en la calle reclamando pacíficamente, legiones de pueblo en la calle. 3) No hay libertad de expresión, dicen en la mayoría contundente de medios privados nacionales e internacionales a gritos. 4) Hay héroes y heroínas que están dispuestos a morir por salvar al pueblo de la hambruna y la dictadura asesina de Maduro. 5) Las manifestaciones son todas pacíficas y son reprimidas, ha habido asesinatos y todxs son de los organismos de seguridad del Estado y de los colectivos chavistas. 5) La gente muere de hambre, hasta los ricxs. 6) El socialismo y la revolución nos hicieron odiarnos porque la polarización es mala y violenta. 7) El chavismo es corrupto, inepto, niche, violento y hay que acabar con eso. 8) Todos los presos de la oposición son presos políticos, los conocidos y los que no importan tanto.

Para respondernos las preguntas podemos hacer lo usual, seguirle la pista a las lucas, es decir a nuestros recursos naturales tan codiciados y el dinero que devenga. Si es eso lo que pasa, bien vale la pena la inversión comunicacional, dirán ellxs, ¿no? Normal entonces, que digan que necesitamos una intervención internacional en nuestros asuntos. O sea que somos un paisito que necesita de un país de verdad que nos resuelva los problemas trayendo fuerzas represivas porque estas que tenemos son dictatoriales (¿?). Implicando esto último que hay venezolanxs a lxs que les parece maravilloso el panorama mundial de invasiones coloniales que tienen como premisa que cualquier cultura distinta a la de lxs invasores es una amenaza y debe ser destruida. Como en video juego facho, sobre todo si es una cultura que apuesta por el pueblo organizado política y económicamente.

5 Comentarios en En esta esquina / Que te lo digo yo…

  1. Hay también una regla no escrita, que cuando en un artículo se habla de todo todo, menos de la hambruna y la corrupción e incompetencia del gobierno, entonces suponemos que el autor del artículo o es fanático chavista o es tarifado, no hay más que decir….

    • Buenos días. Le invito a leer la parte del artículo donde se habla de la crisis-guerra económica y sus consecuencias. Hambruna es un término que habla de unos niveles de emergencia nacional que hasta el momento no han podido ser comprobados. Y como lo digo, quien sale a la calle y se mueve puede corroborarlo. Saludos Luis, no te desanimes, el debate siempre puede continuar, siempre habrá algo que decir!

  2. La corrupción esta presente por el gobierno de la oposición porque ellos también son gobierno de igual modo son incompetente por no desarrollar políticas dirigidas a las masas,no convencen a sus seguidores a quienes los defrauden para sus convocatorias, en los actuales momentos manejan un poder el cual lo han despalillado con la ayuda de sus medios audiovisuales, por las redes, con sus viajes por el mundo entregando documentos falsos del país para nefastas intensiones…quienes serán los tarifados.

  3. Ante el artículo, Luis Lopez, se esconde come el avestruz utilizando el argumento que es tarifado. Por otra parte habría que preguntarse cómo considera él a periodistas y quienes escriben en El País de España, El Nacional, Universal, New York Times, La patilla, Televen, Globovisión, las emisoras de Colombia, las agencias de noticias estadounidenses etc. o a expresidentes Fox, Pastrana, Chinchilla, ¿Los verá también como tarifados?

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