¿Vota siempre la gente con el bolsillo?

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Si una característica han tenido los resultados electorales de un tiempo a esta parte, es que desafían toda lógica convencional. Contra todo pronóstico, Trump terminó ganándole a la Clinton (si bien es verdad que el sistema de votación indirecto de Estados Unidos fue determinante: en la práctica, la segunda sacó más votos que el primero). Y contra todo pronóstico también los ingleses votaron por el Brexit.

En el caso venezolano reciente, todo el mundo esperaba una altísima abstención para las elecciones del 30-J. Y no solo porque era la ocasión de oro para que el electorado “pasara factura” al gobierno de Nicolás Maduro, dados, entre otros, los gravísimos problemas económicos que enfrenta el país. Sino porque todo un dispositivo interno y externo de amenazas y sabotajes se desplegó para evitar que la gente votara. Y sin embargo, la participación superó el 40%, lo que es mucho más de lo que puede decirse de una larga lista de votaciones a nivel mundial. Tan legitimado resultó el gobierno chavista en esta elección, que el levantamiento armado del oposicionismo se desinfló a partir de entonces.

En el caso argentino, los pronósticos auguraban un peor desempeño para la alianza Cambiemos encabezada por Mauricio Macri en las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) del 13 de agosto pasado. La brutalidad del ajuste económico desde su llegada a la presidencia en 2015, así lo hacía presagiar. Y sin embargo, aunque no les fue tan bien como al principio se hizo ver, tampoco les fue mal. En el acumulado superó los 8 millones de votos a nivel nacional, un millón y medio más que el kirchnerismo.

Así las cosas, lo primero que podría decirse es que no es tan cierto eso de que las personas votan siempre con el bolsillo. O en todo caso, el voto de bolsillo es algo más complejo de lo que a primera vista se piensa. Si la cosa fuera tan simple como parece, lo lógico hubiera sido que el macrismo se hundiera en las PASO, al tiempo de que Maduro habría sido apaleado en la votación constituyente.

En tal virtud, lo cierto es que los votantes parecen privilegiar otras cosas tanto o más que el bolsillo. En el caso venezolano, todo indica que la gente superpuso la amenaza de una mayor violencia al malestar económico, por lo que terminó dándole un voto de confianza al gobierno, apostándole a la paz. Mientras que en Argentina la fuerza del relato macrista, no solo para excusar su accionar en la “pesada herencia recibida”, sino para validarlo apostando a un discurso movilizador basado en el aspiracionismo de cara al futuro, puede que haya tenido más impacto que el discurso meramente acusador en el que en parte cayó el kirchnerismo.

Lo que nos lleva a la pregunta del millón: ¿será o  no el bolsillo el determinante del voto este domingo de elecciones regionales? El diciembre de 2015 lo fue, por lo que si bien es verdad que la gente no siempre vota con el bolsillo, también lo es que a veces sí. A todas estas, el resultado pasa por saber a quién responsabiliza el pueblo de la crisis económica. En diciembre de 2015 responsabilizó al gobierno y le dio el voto a la oposición –o se abstuvo‒ con los desastrosos resultados vistos. El 30-J le dio el voto al gobierno y la espalda a la golpista oposición, pero los precios se triplicaron mientras se discuten las leyes habilitantes y los precios acordados no terminan de llegar. Todo el mundo en este país sabe que de ganar la oposición tendrá una nueva excusa para empeorar aún más las cosas, lo cual es su estrategia para llegar al poder. Sin embargo, el miedo a esto no necesariamente alcanza para movilizar, y, de hecho, lo que la gente demanda con toda legitimidad son soluciones concretas. En fin, ¿cuál será el veredicto esta vez? Lo sabremos el domingo en la noche una vez salga Tibisay Lucena a dar los resultados.

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